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Domingo 11 de Octubre del 2009

El poder de la Palabra
Pastor Tony Hancock

Introducción

En el año 303 d.C., el emperador romano Diocleciano decidió detener el progreso de una religión que, en su opinión, amenazaba con desestabilizar su imperio. Entre otras cosas, Diocleciano decidió destruir sus Escrituras. Decretó que cada copia de su libro sagrado debía ser capturada y destruida. Esa religión, por supuesto, era el cristianismo.

Los oficiales del imperio romano empezaron a dar vigor a la nueva ley. En el norte de África, un hombre llamado Félix, obispo de Tibyuca, se opuso. El alcalde de la ciudad le ordenó a Félix que entregara su copia de las Sagradas Escrituras. Félix se rehusó a darle su copia de la Biblia.

Al fin, Félix fue enviado a Italia, a la capital del imperio, donde pagó por su decisión con su vida. El 30 de agosto, registran las actas, entregó su vida "con obstinación piadosa" en lugar de entregar su copia de la Biblia. Ahora te pregunto: ¿cuánto costaría para que tú entregaras tu Biblia? ¿Qué sería necesario para que permitieras que te la quitaran?

Seguramente muchos de nosotros seguiríamos el ejemplo de Félix, y protegeríamos nuestra copia de la preciosa Palabra de Dios. Déjame hacerte otra pregunta. ¿Muestras con tu uso de la Biblia cuánto la amas? Si en verdad estás dispuesto a morir en lugar de entregarla a ser quemada, ¿muestras tu aprecio hacia la Biblia en tu diario vivir? ¿La lees? ¿La estudias? ¿Tomas tus decisiones en base a su verdad?

El capítulo más largo de la Biblia, el Salmo 119, muy apropiadamente se trata del poder de la Palabra. Leamos los versos 73-80 de este hermoso capítulo:

Salmo 119:73-80
119:73 Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
119:74 Los que te temen me verán, y se alegrarán, porque en tu palabra he esperado.
119:75 Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
119:76 Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo.
119:77 Vengan a mí tus misericordias, para que viva, porque tu ley es mi delicia.
119:78 Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; pero yo meditaré en tus mandamientos.
119:79 Vuélvanse a mí los que te temen y conocen tus testimonios.
119:80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.

En la mayoría de las Biblias impresas en español, podemos encontrar en el margen de las diferentes secciones de este salmo una palabra que no tiene sentido para nosotros. Junto a la sección que acabamos de leer encontramos la palabra yod. ¿Qué significa esto?

Resulta ser que el Salmo 119 es un salmo acróstico. Cada sección, y cada estrofa dentro de cada sección, empieza con la misma letra hebrea. Esta sección empieza con la letra yod, que se pronuncia como nuestra i griega. Ahora bien, ¿se trata simplemente de un detalle interesante, o habrá algún significado en esto?

Creo que hay un significado muy profundo en este detalle. El autor nos está diciendo algo muy importante acerca del lenguaje humano. Consideren las diferentes formas en que usamos el lenguaje: para mentir, para engañar, para contar chistes obscenos - todos estos son usos inapropiados del lenguaje. Por otra parte, usamos el lenguaje para cosas buenas - para prometer fidelidad en el matrimonio o para consolar a un hermano que sufre, por ejemplo.

Sin embargo, el mejor uso del lenguaje - el uso más exaltado de cualquier idioma - es para comunicar la Palabra de Dios. Dios se ha comunicado con nosotros en nuestro propio idioma, y hacemos bien en prestar atención a lo que El nos ha dicho. Consideremos entonces tres verdades que expresa el salmista acerca de la Palabra de Dios. Para empezar, vemos que

I. Dios nos ha creado y escogido con un propósito que sólo se realiza cuando obedecemos su Palabra

Leamos el verso 73. Observemos juntos la conexión entre las dos frases. Primeramente, reconocemos que Dios es nuestro Creador. El nos hizo. Es como si El mismo hubiera tomado en sus manos todos los elementos que forman nuestro cuerpo y dado forma, como maestro artesano.

Hoy día sabemos que Dios usa nuestro ADN heredado de nuestros ancestros para diseñar nuestros cuerpos, pero esto no niega la realidad de que El es nuestro diseñador y Creador. Quiero que lo repitas conmigo, y lo guardes en tu corazón: Soy creación de Dios. Soy creación de Dios.

Si soy creación de Dios, ¿cuál debe de ser mi actitud hacia la vida? La segunda frase del verso contesta esa pregunta: "Dame entendimiento para aprender tus mandamientos." Si reconocemos que Dios es nuestro Creador, debemos desear saber la razón por la que El nos creó. La respuesta a esta pregunta la encontramos en su Palabra. Nuestro propósito se cumple cuando obedecemos la Palabra de Dios.

Tristemente, hay mucha gente que camina por el mundo buscando su propósito en algo diferente. Algunos piensan que su propósito es divertirse, porque a fin de cuentas, sólo se vive una vez. No hay nada de malo en divertirse sanamente, pero ésa no es la razón de nuestra existencia.

Otros piensan que su propósito es llegar a ser famosos. No tiene nada de malo ser famoso, pero hay demasiados famosos decepcionados que nos indican que nuestro propósito en la vida tiene que ser algo más allá de la fama. Más bien, vamos a descubrir la vida que Dios nos diseñó para vivir sólo por medio de su Palabra. Por eso es tan importante conocerla.

La vida que Dios nos diseñó para vivir no es una vida solitaria. Al contrario;

II. Dios nos une a otros en base a su Palabra

Leamos juntos el verso 74. Cuando nos encontramos con una persona que tenemos tiempo de no ver, muchas veces expresamos nuestro placer en verlos diciendo "Qué gusto me da verte", dándoles un abrazo y una sonrisa. Ese mismo gusto, dice el salmista, sienten los que honran al Señor, los que realmente aman a Dios, cuando lo ven.

¿Por qué? ¿De dónde viene ese placer en su presencia que refleja una verdadera conexión personal? Viene del compromiso mutuo que tienen con la Palabra de Dios. Viene "porque he puesto mi esperanza en tu palabra". La Palabra de Dios es la mejor base para las amistades verdaderas.

La relación que podemos compartir basada en la Palabra de Dios - como las amistades que compartimos con nuestros hermanos de la Iglesia - será una relación de apoyo y edificación, no de manipulación y explotación. Será una relación eterna, pues se basa en la Palabra eterna de Dios.

Dios nos creó para vivir en armonía y unión con los demás. Primera de Juan 2:5 dice: "el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él." En 1 Juan 4:12 leemos esto: "Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente."

El amor que es la manifestación de la presencia de Dios se hace evidente cuando obedecemos su Palabra. Esta es la base de la verdadera unión, la verdadera armonía que podemos tener con otros. Encontramos esta misma idea en el verso 79 del Salmo 119. No debe de haber separaciones entre los que temen al Señor. Al contrario; cuando surjan diferencias, tenemos que buscar la reconciliación.

Cuando hemos aprendido a amar y apreciar la Palabra de Dios, descubrimos que

III. Dios nos sostiene en toda prueba por su fidelidad a su Palabra

Leamos de nuevo los versos 75-80. Notemos algo aquí. Hay quienes creen que un buen padre les da a sus hijos todo lo que quieren. Se portan así con sus propios hijos; ceden ante todos sus caprichos, y piensan que Dios se debe de portar así con ellos también. Creen que Dios como Padre celestial les da a sus hijos todo lo que quieren.

Claramente, el salmista no compartía esta opinión. El dice: "Sé que... con justa razón me afliges". En lugar de esperar que Dios lo saque inmediatamente de cualquier problema, él dice: "Que sea tu gran amor mi consuelo, conforme a la promesa que hiciste a tu siervo". En medio de los problemas, él reconoce que Dios tiene un propósito y se refugia en sus promesas.

No está mal expresarle al Señor nuestra confusión y frustración cuando parece que la vida es injusta. No está mal quejarnos con Dios; los salmistas lo hicieron en muchas ocasiones. Sin embargo, tenemos también que revisar nuestras expectativas. ¿Esperamos de Dios una vida sin problemas? Nos vamos a quedar decepcionados. ¿Esperamos que nos cumpla todos nuestros antojos? Nos vamos a quedar desilusionados.

Más bien, cuando enfrentamos pruebas y luchas, es en la Palabra del Señor que tenemos que buscar consuelo y sostén. Muchas veces, consultar la Biblia es la última cosa que hacemos cuando enfrentamos un problema. Más bien, debe ser la primera cosa que hacemos.

¿Alguna vez has visto una bandera en una tormenta? Tirada de un lado a otro por los vientos, golpeada por las gotas de lluvia y alumbrada solamente por los relámpagos, mantiene su posición. ¿Por qué? Porque está firmemente atada al asta. Nuestra asta es la Palabra de Dios. En las tormentas que vienen contra nosotros en esta vida, sólo podremos mantenernos firmes si estamos firmemente atados a ella.

Conclusión

La Palabra de Dios te mostrará tu propósito en la vida, será la base para las relaciones más duraderas y profundas que puedes tener y te ofrece sostén en las pruebas. ¿Quieres estas cosas? Sólo puedes tenerlas si estás pasando tiempo regularmente con la Palabra de Dios.

Te invito hoy a tomar la decisión de darle a la Biblia el lugar de importancia que se merece en tu vida. Busca oportunidades para conocerla mejor, en la Escuela Dominical, por ejemplo. Dedícate a leerla a solas y con tu familia. Memorízala. Sólo así puedes conocer el poder de la Palabra.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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