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Domingo 20 de Septiembre del 2009

La vida en el Reino
Pastor Tony Hancock

Introducción

Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de mudarnos de un país a otro, o de cambiarnos de una cultura a otra. Hemos descubierto que cada país tiene sus leyes, y cada cultura tiene sus costumbres; cuando llegamos a una cultura o un país nuevo, nos conviene aprender a adaptarnos.

Una vez, por ejemplo, mi abuelo nos vino a visitar, y salimos a comer a un restaurante. El se asombró mucho cuando le dijimos que simplemente mirara al mesero y escribiera en el aire para pedir la cuenta. En su pueblo, no existía esta costumbre. Lo tuvo que probar él mismo para ver que sí funcionaba.

Si los países y las culturas de este mundo tienen sus leyes y costumbres, ¿cuáles serán las leyes y costumbres que pertenecen al reino de Dios? Te aseguro que, así como las naciones de este mundo tienen sus costumbres, así también las tiene el reino de Dios. Si queremos vivir en ese reino, tenemos que saber cómo es que se vive allí.

La última vez que estuvimos juntos, hablamos acerca de la forma de entrar a ese reino. La forma más común de ser mexicano, por ejemplo, es nacer en México; la única forma de pertenecer al reino de Dios es nacer de nuevo, nacer del Espíritu. Esto no sucede en algún lugar particular del mundo, sino que sucede en nuestro corazón cuando nos arrepentimos del pecado y reconocemos a Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador.

Esa es la forma en que entramos al reino, y yo sé que la mayoría de nosotros ha tomado esa decisión. Si no lo has hecho, lo puedes hacer hoy. Al final del culto, puedes hablar conmigo o con algún otro líder de la iglesia para guiarte en tomar esa decisión. Pero ahora, vamos a hablar de la forma de vida que debemos de practicar como ciudadanos de ese reino.

Lectura: Mateo 18:1-4

18:1 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
18:2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
18:3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
18:4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

En cualquier país o sociedad, hay personas con poder, y personas marginadas. Decimos de la gente: Es un pez gordo. Decimos: Tiene palanca. Queremos identificar a las personas importantes para acercarnos a ellos. Los discípulos de Jesús estaban interesados en identificar a las personas importantes en el reino de los cielos también, pensando seguramente que ellos contarían entre aquellos personajes de peso.

Jesús les sorprendió con su respuesta. Tomó a un niño - una de las personas más ignoradas y marginadas en su sociedad - y lo puso como ejemplo. Jesús nos dice que tenemos que ser como niños para poder entrar en su reino, y que el que es más como un niño es el más importante.

¿A qué cualidad de los niños se refiere Jesús aquí? ¿Habla de la inocencia de los niños? ¿Se refiere a su confianza natural? Jesús mismo lo aclara; dice el verso 4: "el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos". Por eso, podemos decir que

I. La vida en el reino es una vida de humildad

Los niños, sobre todo los más pequeños, no se fijan mucho en las diferencias entre ellos y sus compañeros. Es común ver en las escuelas que juegan juntos niños de diferentes razas y de diferentes niveles sociales. Es sólo con la edad que se empiezan a fijar en esas cosas y a juntarse con los que son más como ellos.

Jesús nos dice que la vida en el reino es una vida de humildad; que los que entran al reino son los que se han humillado, y los más grandes en el reino son los que son humildes. La persona que constantemente trata de mostrar que es mejor que los demás, que se separa de otros porque tiene más dinero que ellos o porque su piel es de otro color tiene pocas posibilidades de avanzar en el reino de Dios. La vida en el reino de Dios es una vida de humildad.

Me temo que, dos mil años después de que Jesús pronunció estas palabras, aún no las hemos entendido. Aun en la Iglesia, vemos personas que hacen alarde de los famosos que conocen, que se consideran mejores que otros y que buscan sólo posiciones de importancia. Sospecho que, cuando lleguemos al cielo, encontraremos a algunas personas en baja posición que aquí han tenido mucha fama - porque no han aprendido la lección de la humildad.

Y tú - ¿vives en humildad? ¿Constantemente tratas de buscar la mejor posición, de lograr que la gente te admire y respete, de evitar a los que no consideras de tu categoría? ¿O te has humillado ante Dios para reconocer que no eres ni mejor ni peor que tu hermano? La vida en el reino es una vida de humildad.

Leamos ahora acerca de otro aspecto de la vida en el reino.

Lectura: Gálatas 5:19-21

5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

El apóstol Pablo hace una lista de cosas comúnmente practicadas en el mundo. Habla de la inmoralidad sexual, que incluye la fornicación, el adulterio, el libertinaje - todas las costumbres que se alejan de la pureza que Dios desea para su pueblo y el honor que se merece el matrimonio.

También habla de las fallas a la adoración: la idolatría y la brujería, cosas que buscan los que no conocen al Dios verdadero. Se refiere a las fallas de amor al prójimo: el odio, los pleitos, los celos, la falta de unidad, la envidia. Se refiere a la vida desordenada: borracheras y orgías, por ejemplo. Si vivimos en estas cosas - es decir, si estas cosas caracterizan nuestra forma de vivir - podemos estar seguros de que estamos fuera del reino de Dios, porque

II. La vida en el reino es una vida de santidad

¿Qué es la santidad? Considera tu Biblia: en la cubierta dice, Santa Biblia. La tierra de Israel es conocida como la tierra santa. La ciudad de Jerusalén es llamada la ciudad santa. ¿Por qué son santas estas cosas? Simplemente porque le pertenecen a Dios.

El pueblo de Dios, los que vivimos dentro de su reino, también somos llamados un pueblo santo. ¡Pertenecemos a Dios! Ahora bien, ¿querrá Dios que su pueblo viva en discordia mediante chismes y calumnias? ¿Querrá Dios que su pueblo contamine sus cuerpos en inmoralidad? ¿Querrá Dios que su pueblo adore también a ídolos y se meta en la hechicería? ¡Claro que no!

Dios no es ignorante, ni se deja tomar el pelo. Si nosotros vivimos dentro del reino de Dios, nuestras vidas serán vidas de santidad. De otro modo, nos engañamos a nosotros mismos. Creo que la mayoría de nosotros entendemos esto; cuando venimos a Cristo, dejamos el mundo atrás - como dice la canción, "He decidido seguir a Cristo... Atrás el mundo, la cruz delante".

Sin embargo, hay algunas personas que creen que pueden tener el pollo en el corral y en la cazuela. Piensan que pueden vivir como el mundo vive, y luego pedirle perdón a Dios - y así todo queda bien. Estas personas se están engañando, porque Dios no puede ser burlado. Lo que siembras, cosecharás.

No me refiero, por supuesto, a la persona que honestamente está tratando de dejar atrás un vicio o pecado. Quizás en el proceso de dejarlo, caiga algunas veces; pero Dios conoce su intención, y sabe qué hay realmente en su corazón. Dios es misericordioso con el débil que realmente lo busca, pero se muestra implacable con quien se trata de burlar de El.

La vida en el reino, entonces, es una vida de santidad. Te invito a examinar tu propia vida. ¿Vives en santidad? ¿Estás separado del mundo? ¿Has dejado las costumbres pasadas? Si no lo has hecho, déjalas ahora en la cruz. Ven a Cristo en fe, y pídele que su sangre te limpie y te lave.

Hay una cosa más que caracteriza la vida en el reino.

Lectura: Hechos 14:21-22

14:21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
14:22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Existe una idea por allí que la vida de la persona que conoce a Cristo es una vida sin problemas, de prosperidad material y comodidad. Sin embargo, la realidad es otra:

III. La vida en el reino es una vida de pruebas

El reino de Dios fue establecido por medio de lo que Jesús hizo en la cruz. Con su muerte, El rescató del poder del enemigo a todos los que se entregan a El. Ahora, el reino de Dios se encuentra en proceso de extensión. De un grupo pequeño después de la ascensión de Cristo, su pueblo se ha convertido en un grupo grande, de millones y millones de personas.

Un día, Cristo regresará para efectuar la consumación del reino. De allí en adelante, el reino de Dios será completo; sus enemigos lo reconocerán forzosamente y serán castigados, mientras que los que se han sometido a El ahora entrarán a su descanso. Por eso podemos hablar del establecimiento del reino que sucedió por la obra de Jesús; la extensión del reino, que sucede ahora; y la consumación del reino, cuando Jesús regresa.

Durante este tiempo de extensión, estamos conquistando el territorio del enemigo; es un tiempo de guerra. La mentalidad de los que pertenecen al reino de Dios no es la de quedarse tranquilos esperando que todo les salga bien, sino de salir a conquistar la victoria que Cristo tiene para nosotros. En lugar de esperar que el mundo se ajuste a sus antojos, el miembro del reino de Dios enfrenta las pruebas confiando en su Señor, buscando triunfar en Cristo.

Conclusión

Hay personas que hacen grandes sacrificios por vivir en algún país de este mundo, buscando mejor vida. ¿Cuánto mejor es sacrificarnos para vivir en el mejor reino de todos, el reino de Dios? Cristo te invita hoy a vivir en su reino, bajo su señorío. ¿Cómo responderás a su llamado?


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