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Domingo 6 de Septiembre del 2009

Nacer de nuevo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Alguien preguntó una vez, bromeando: Si hay un más allá, ¿habrá un menos acá? Bueno, yo sé que hay un más allá, una realidad que supera lo que nosotros vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos; y también me doy cuenta que el "acá" muchas veces es menos de lo que pensamos.

Y tú, ¿qué crees? ¿Crees que haya un mundo espiritual, más allá de este mundo que vemos? ¿Crees que nosotros, como seres humanos, seamos simplemente una colección de moléculas, y que cuando morimos, allí se acaba todo? ¿O crees que hay algo más allá?

Yo sí creo que hay algo más. La Biblia nos enseña que la realidad más antigua, el comienzo de todo, es invisible. Me refiero, por supuesto, a Dios. Por Dios, que es invisible, fue creado este mundo visible. Hay otros seres invisibles también - ángeles y demonios - y lo eterno de cada persona, su alma, es invisible. Después de la muerte de este cuerpo, Dios nos dará otro.

Sin embargo, veo a muchas personas que viven como si este mundo fuera todo lo que hay. Cada día, se preocupan solamente por la comida, por la ropa, por las cosas materiales - y se olvidan de que hay más. Pero Dios nos está llamando a vivir de una forma diferente, a vivir para la eternidad.

Cuando Jesús llegó a este mundo, El empezó a predicar acerca del reino de Dios. "Arrepiéntanse", dijo, "porque el reino de Dios está cerca" (Mateo 4:17). En cierta ocasión, los fariseos le preguntaron cuándo vendría el reino de Dios. Ellos querían verlo. Querían medirlo y palparlo. "Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: "¡Mirad, aquí está!" o: "¡Allí está!" Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está. " (Lucas 17:20-21 LBLA)

El reino de Dios no es visible; no es un lugar al que podamos viajar para encontrarlo y conocerlo. Es una realidad invisible, pero no menos real por no ser palpable. Al contrario, cuando los Estados Unidos y México y el Perú y todos los demás países de este mundo ya no existan, el reino de Dios seguirá siendo.

¿Cómo, entonces, podemos entrar a ese reino? ¿Cómo podemos participar de sus bendiciones y conocerlo? Jesús responde a esta pregunta durante la conversación que tuvo con un hombre que vino a El de noche. Su nombre era Nicodemo, y él fue líder y maestro entre los judíos. Sin embargo, aunque era maestro, quería aprender. Veamos qué aprendió.

Lectura: Juan 3:1-15

3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
3:13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Si observamos este pasaje, nos damos cuenta de que Nicodemo habla tres veces, y Jesús responde a cada una de sus preguntas u observaciones. Vamos a tratar de entender mejor el pasaje, entonces, analizando cada uno de estos intercambios.

Nicodemo, habiendo venido de noche para ver a Jesús, empieza diciéndole así: "Rabí, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él." Nicodemo sabía que había algo de especial en Jesús, al ver todos los milagros que El hacía.

Al mismo tiempo, detrás de su pregunta, hay otra. Todos los judíos esperaban ansiosamente el establecimiento del reino de Dios. Tenían la expectativa de que vendría de forma repentina, y que se establecería con gran bendición para ellos. Detrás de su pregunta, entonces, Nicodemo estaría pensando: ¿Serás tú el que va a establecer el reino? Jesús sabía lo que estaba pensando, y contestó su pregunta silenciosa.

Lo que le dijo a él sigue siendo verdad hoy en día:

Sólo puedes conocer el reino de Dios si naces de nuevo

En las notas al pie de la página de tu Biblia, es probable que encuentres esta información: la palabra "de nuevo" también puede traducirse "de arriba". En otras palabras, Jesús le decía a Nicodemo que, para conocer las cosas celestiales, es necesario experimentar un nacimiento desde arriba, un nacimiento espiritual.

Pero, ¿por qué es necesario nacer de nuevo? Simplemente porque espiritualmente hablando, estamos muertos. ¿Alguna vez has visto que un cadáver visite un museo, o vaya al zoológico o visite el cine? ¡Claro que no! Una persona muerta no puede conocer ninguna de estas cosas.

Espiritualmente hablando, nuestra situación natural es la muerte. Efesios 2:1 nos dice que, aparte de Cristo, nosotros estamos muertos en nuestras transgresiones y pecados: "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados". Aunque tengamos vida física, no tenemos ninguna vida espiritual. Es por esto que tenemos que nacer de nuevo para conocer el reino de Dios; es porque estamos muertos, y tenemos que recibir vida espiritual.

Quizás tú estés aquí en esta mañana oyéndome y pensando: Yo no estoy muerto; al contrario - ¡me siento muy vivo! ¿Para qué necesito nacer de nuevo? Yo a ti te pregunto: ¿No sientes que algo te falta? La Biblia nos dice que Dios ha puesto la eternidad en el corazón de cada persona; cada uno de nosotros sabe que hay algo más allá de lo que vemos. ¿No te gustaría conocerlo?

Si te gustaría conocerlo, quizás te preguntés cómo es posible. Esta fue la pregunta de Nicodemo también; él preguntó: "¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?" Claramente estaba pensando en un nacimiento físico, mientras que Jesús habla de algo espiritual. Jesús nos enseña que:

Sólo puedes nacer de nuevo por obra del Espíritu Santo

Leamos de nuevo los versos 5 al 8. Observa lo que Jesús dice aquí. Primeramente, hay una comparación entre la vida física y la espiritual. Lo que nace de carne o del cuerpo es carne; es físico. Cada uno de nosotros tenemos vida física porque hemos nacido físicamente, sea en casa o en un hospital o en algún otro lugar; todos recibimos vida física de nuestros padres.

Para recibir la vida espiritual, tenemos que nacer del Espíritu. Ese nacimiento no lo podemos explicar; así como no podemos explicar el soplar del viento. Sentimos sus efectos; sentimos el calor del viento veraniego, y la frescura del viento en el otoño, pero no conocemos sus recorridos ni su movimiento. Sólo sentimos los efectos.

Así es cuando recibimos la vida espiritual también. Sabemos que algo nos ha pasado, pero no podemos explicar cómo sucedió. No comprendemos al Espíritu Santo, porque El es Dios; pero sí podemos sentir su obrar en nosotros, y experimentar sus efectos.

Nos hemos quedado con una referencia sin explicar en el verso 5. ¿A qué se refiere Jesús cuando habla de nacer de agua y del Espíritu? Algunos piensan que la referencia al agua es una referencia al bautismo. Sin embargo, tenemos que recordar que Jesús está conversando con un líder de los judíos, un hombre estudiado en el Antiguo Testamento. Es en el Antiguo Testamento, entonces, que debemos de buscar la explicación - y la encontramos en Ezequiel 36:25-27: "Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.  Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra."

En esta profecía, Dios habla del futuro de su pueblo - un pueblo que había sido desterrado debido a su desobediencia. Sin embargo, Dios profetiza que habrá restauración. Esta restauración se extiende más allá del pueblo físico de Dios, los judíos, y abarca a todos los que han sido incluidos por medio de Jesucristo.

Dios promete tres cosas: limpieza, una transformación de corazón y la presencia del Espíritu Santo. Jesús declara que esta profecía se cumplía mediante su ministerio; que habría purificación como con agua, que recibiríamos un nuevo corazón y que el Espíritu Santo moraría en nosotros. La limpieza es espiritual, no física; el bautismo señala hacia esto, pero el cumplimiento no es el bautismo mismo, sino la purificación que Dios hace en nuestro corazón cuando nacemos de nuevo.

Pero entonces, ¿cómo podemos experimentar esta obra del Espíritu Santo? La respuesta está en los versos 9 al 15. Nicodemo no entiende, pero Jesús te explica que:

Sólo puedes conocer la obra del Espíritu Santo por medio de Jesús

Para empezar, sólo El tiene autoridad para hablar de estas cosas. Es el único que ha bajado del cielo, con autoridad divina para enseñarnos la verdad de Dios. Y El sería levantado en la cruz para que todo el que crea en el tenga vida eterna. La obra del Espíritu Santo, la obra que nos trae el nuevo nacimiento y que nos da la vida eterna, sucede cuando confiamos en Cristo Jesús.

En cierta ocasión en la historia de Israel, la gente fue castigada por Dios con una plaga de víboras venenosas. Cuando clamaron por ayuda a Dios, El le dio a Moisés esta solución: que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera en medio del campamente. De allí en adelante, cualquier persona que fuera mordida por una serpiente podría mirar hacia la serpiente de bronce, y ser curada.

Jesús dice que El así también sería levantado; su cuerpo, igual al nuestro - pero sin pecado - sería levantado en la cruz. Todos nosotros hemos sido mordidos por la víbora del pecado, y nos estamos muriendo - pero si miramos hacia El con fe, recibimos la vida. Es en el momento de arrepentirnos de nuestros pecados y confiar en Jesús, viéndolo con los ojos del corazón, que nacemos de nuevo.

Y tú, ¿has nacido de nuevo? ¿Has experimentado esa transformación inexplicable en tu corazón que sólo el Espíritu Santo puede realizar? ¿Has mirado con fe a Jesús? Si no lo has hecho, puedes hacerlo en esta mañana. Hoy puede ser tu cumpleaños espiritual. Si tú sientes que Jesucristo te está llamando, no esperes más. Ven hoy a recibir una vida nueva.


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