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Domingo 26 de Julio del 2009

Al este del Edén
Pastor Tony Hancock

Hay una bestia feroz que amenaza la seguridad de tu vida y la de tu familia. Esta fiera puede destruir matrimonios, trabajos, amistades, vidas - y hasta mandar a sus víctimas al infierno. Es más peligrosa que un león salvaje o una víbora venenosa. Sin embargo, te aseguro que te encanta jugar con esta fiera.

¿A qué me refiero? ¿Cuál es esa bestia que nos encanta y nos destruye? Es el pecado. Hoy en día no tomamos muy en serio el pecado. Lo vemos como algo leve, como un errorcito, como algo que todo el mundo comete. No comprendemos la gravedad del pecado.

Sin embargo, el pecado es algo tan serio que el Hijo de Dios, Jesucristo, tuvo que bajar del cielo y llegar a morir en una cruz para resolver los problemas que el pecado causa. Si la solución fue tan costosa, el problema tiene que ser grande. El pecado es el problema más grande que tú y yo enfrentamos.

Leamos Colosenses 3:6-10:

3:6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
3:7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
3:8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
3:10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,

Las cosas que menciona la Palabra inspirada son tan graves que traen como resultado la ira de Dios. Por la fe en Cristo, hemos recibido una nueva naturaleza. Somos llamados a vivir en esa nueva naturaleza, no a seguir las viejas costumbres de antes.

Por eso, en estas próximas semanas vamos a considerar más a fondo algunas de las cosas que nos llama este pasaje a dejar. Esto lo hacemos para aprender a vivir en victoria sobre el pecado. Quiero decirte que la victoria es posible. Podemos experimentar el poder liberador de Cristo en nuestras vidas para vivir en creciente santidad. ¿Quieren hacerlo? ¿Quieren aprender a vencer el pecado?

Si están listos para empezar este viaje de victoria, vuelvan conmigo al principio de la Escritura. Vamos a Génesis 4 para leer la historia de los primeros hermanos. Leamos, para empezar, los primeros cinco versículos:

Génesis 4:1-5
4:1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.
4:2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.
4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;
4:5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Veamos bien lo que sucede en estos versículos. Caín y Abel, los primeros dos hermanos en la historia humana, se dedican a diferentes profesiones. Caín es agricultor, mientras que Abel es ganadero. Llega el momento de dar su ofrenda al Señor, y la ofrenda de Abel es aceptable, mientras que la de Caín no lo es, y Dios la rechaza.

¿Por qué la rechazó? Algunas personas creen que fue porque no era un sacrificio de sangre. Sin embargo, cuando leemos el pasaje con cuidado, descubrimos que lo que ellos dieron no fue un sacrificio sino una ofrenda. En el Antiguo Testamento, las ofrendas no tenían que ser de sangre; podían ser del fruto de la tierra.

Esto significa que el problema con la ofrenda de Caín no radica en lo que ofreció, sino en cómo lo ofreció. Dios vio su corazón, y aunque le ofrenda de Caín cumplía exteriormente con los requisitos, Dios sabía que su corazón no estaba bien. Por esto la rechazó. Y ¿cómo reaccionó Caín? Se enfureció.

Sigamos leyendo los versos 6-7:

Génesis 4:6-7
4:6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?
4:7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

Escucha este llamado del Señor: "El pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo." (v. 7, NVI) Dios sabía que Caín, con su desobediencia y enojo, le había abierto la puerta al pecado. Estaba en una situación peligrosa.

¿Respondería Caín al llamado del Señor? ¿Se arrepentiría? Sigamos leyendo los versículos 8-16.

Génesis 4:8-16
4:8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
4:9 Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
4:10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
4:11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
4:12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.
4:13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.
4:14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.
4:15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.
4:16 Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

El enojo de Caín lo llevó a tomar una acción precipitada que causaría daños irreversibles en su familia y en su propia vida. Por su enojo, terminó con la vida de su hermano. Como resultado, fue expulsado por Dios del contacto con la sociedad y se fue a vivir al este del Edén.

Reflexionemos sobre esta historia por un momento. En primer lugar, observa de dónde nació este problema del enojo. Nació del legalismo de Caín. De hecho, Caín, el primer homicida de la Biblia, es también el primer legalista de la Biblia. ¿En qué consiste el legalismo? Consiste en hacer lo correcto, pero de mal corazón. Consiste en pensar que con cumplir con ciertas cosas externas hemos agradado a Dios.

Tanto Caín como Abel dieron sus ofrendas al Señor, pero Abel lo hizo bien - agradó a Dios, dando de un corazón sincero y agradecido. Caín dio sólo por cumplir, mientras que Abel dio por fe. Esto lo confirma Hebreos 11:4: "Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella." Fue por fe - por confianza y por amor al Señor - que Abel dio un mejor sacrificio que Caín.

¿Compartes tú la actitud de Caín? No quiero decir que seas homicida. Más bien, me refiero a su actitud legalista de solamente cumplir. Algunos de ustedes creen que, con que asistan a la iglesia y hagan algunos otros movimientos "religiosos" todo está bien entre ustedes y Dios. Luego, se preguntan por qué El no contesta sus oraciones ni se manifiesta con poder en sus vidas.

Nunca le han dado el corazón. Por fuera parecen cumplir, pero no hay fe detrás de sus acciones. Tengan mucho cuidado. El legalismo le abre la puerta al pecado, como lo hizo en la vida de Caín, y el pecado siempre trae malas consecuencias. Primera lección: ten cuidado con el legalismo.

La segunda cosa que notamos es el llamado de Dios. Dios exhorta a Caín a vencer el pecado. El estaba enojado, pero aún no era tarde. Todavía podía evitar el desastre. Dios te llama a ti también a vencer el pecado. Puede ser que haya situaciones en tu vida que, con o sin razón, te causan enojo, amargura, rabia. ¡No es tarde! Puedes tener victoria todavía. Cristo te la ofrece.

Sin embargo, Caín no escuchó la voz de Dios. Más bien, se dejó llevar por sus sentimientos de coraje y de envidia. Como resultado, fue castigado. El pecado produjo un fruto malo. Aunque él trató de negar lo que había hecho ante Dios, le fue imposible. Como resultado, se fue al este del Edén.

En el mundo de los patriarcas, ir al este siempre indicaba la rebelión y el castigo. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén, salieron hacia el este. Cuando la humanidad construyó la torre de Babel en desobediencia al Señor, fue en el este. En cambio, cuando Abraham salió de su hogar en obediencia al llamado de Dios, fue hacia el oeste. Durante esos tiempos, el oeste era la dirección de la bendición y la prosperidad, mientras que el este era la dirección de la rebelión y el castigo.

¿En cuál dirección fue llevado Caín por su enojo? ¿Hacia dónde lo llevó su ira? Hacia el este. Cuando tú dejas que el coraje te domine, también te llevará hacia el castigo y la separación de Dios y de los demás. El enojo se siente bien en el momento, pero no produce un buen resultado. ¿Qué dice Santiago 1:19-20? "Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere".

Cuando tú le das rienda suelta al coraje en tu vida, te llevará lejos del lugar de bendición y de comunión con Dios y con los demás. Así como Caín tuvo que huir hacia el este, te alejará de lo más precioso. Por eso es tan importante aprender a resolver el enojo en nuestras vidas. El enojo trae consecuencias alarmantes si no lo resolvemos.

La primera cosa que es importante cuando enfrentamos el enojo es resolverlo pronto. Leamos lo que dice Efesios 4:26-27. Estos versos son tan cruciales que las vamos a leer juntos en voz alta: "4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,  4:27 ni deis lugar al diablo." ¿Qué nos dicen acerca del enojo? Que no dejemos que el sol se ponga estando aún enojados. Si lo hacemos, si dejamos que el enojo se quede de un día a otro, damos cabida al diablo.

En un matrimonio, cuando se presenta un problema, hay que encontrar una resolución antes de que se acabe el día. Cada pareja debe tomar la decisión de jamás acostarse estando enojados. Los problemas se tienen que resolver antes de que se acabe el día.

Quiero que imaginen una escena contigo. Digamos que salen de la casa por unos momentos para revisar el buzón del correo, dejando la puerta entreabierta. Cuando regresan a la casa, ven una víbora cascabel que se está metiendo por la puerta de la casa. Ya está adentro.

Ahora bien, ¿qué vamos a hacer? ¿Decir: Luego lo encuentro? ¿Mejor mañana a ver si puedo sacarla? ¡Claro que no! Haríamos una de dos cosas: buscaríamos con qué matar la víbora y la encontraríamos de inmediato, o buscaríamos a alguien que la pudiera matar. Lo que no haríamos es dejarla adentro de la casa.

Así es con el enojo. Tan pronto se presenta en tu corazón, tienes que resolverlo. No puedes decir: Mañana lo saco. No puedes dejarlo para otro momento. Si no lo resuelves ya, le dejas la puerta abierta al enemigo para que te destruya. Cuando te enojas, tienes que resolverlo pronto. No puedes dejarlo para después.

La segunda cosa esencial para combatir el enojo es la gracia de Dios. Descubrimos en la historia de Caín que el legalismo le abre la puerta al enojo. Experimentar en nuestra vida y nuestro corazón la gracia de Dios es el mejor antídoto al legalismo que existe.

Medita sobre el amor que Cristo mostró por ti en la cruz. Considera el perdón libre que El te ha dado. Piensa sobre lo que El te ha librado de pagar. Si El te ha perdonado tanto, si El le ha dado tanto valor a tu vida y te ha aceptado tal como eres, ¿cómo puedes hacer menos que mostrar la misma gracia a los demás? La gracia hacia los demás nace de la gracia que recibimos de Dios.

Quiero invitarte en este mañana a responder a la voz de Dios que te llama a vencer el pecado en el poder de Cristo. Decide hoy que no dejarás que el coraje se arraigue más en tu corazón. Decide hoy que escogerás la gracia. Allí donde estás, habla con el Señor; si deseas oración, pasa adelante.


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