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Domingo 9 de Junio del 2002

La fiera indomable
Pastor Tony Hancock

Algún tiempo atrás, un hombre solitario y amargado entro en el santuario de una Iglesia Bautista en Texas donde un grupo de estudiantes se había reunido para un concierto cristiano. Calmadamente sacó su pistola y empezó a tirar. Algunos pensaron que era parte del programa; otros no se dieron cuenta de lo que pasaba por el ruido de la banda. A fin de cuentas, siete personas murieron. Finalmente, el hombre se suicidó, así poniendo fin a un evento que quizás jamás se entenderá perfectamente.

Cuando oímos las noticias de tal suceso, nos estremecemos al pensar que alguien podría ser tan inhumano. Nos cuesta creer que una persona fuera capaz de matar en sangre fría a un grupo de personas que no conocía, y que jamás le había hecho daño alguno. En todo el país, los medios de comunicación llevaron la historia de este evento, y millones de personas se preguntaban: ¿Podría esto suceder en nuestra iglesia?

Sin embargo, hay un poder que destruye muchas iglesias más que la violencia. Hay una fuerza destructiva que ha quebrantado a millones de familias, amistades, y vidas individuales. ¡Y es un poder que tú posees! Hoy veremos cuál es ese poder, y qué tenemos que hacer para controlarlo.

Lectura: Santiago 3:1-13

3:1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
3:2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
3:3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
3:4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
3:5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
3:6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
3:7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;
3:8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
3:9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
3:10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
3:11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?
3:12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
3:13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

La humanidad ha dominado mucho en el mundo natural.

  • Hemos tumbado grandes bosques.
  • Hemos abierto grandes canales.
  • Hemos construido tremendos edificios y sistemas de carreteras.

Y sin embargo, hay una gran fuerza que el hombre solo no ha podido dominar. Es el tremendo poder de la lengua.

El apóstol Santiago nos habla de la lengua, y nos enseña que su buen uso es una gran parte de la sabiduría. La sabiduría es el conocimiento que hace posible que vivamos bien sobre la tierra. Es la forma de pensar y actuar que conlleva la aprobación y la bendición de Dios. Es el camino al verdadero éxito en la vida. Y una gran parte de la sabiduría es saber usar bien la lengua.

Para saber cómo usar sabiamente la lengua, hay tres cosas que tenemos que ver. Hay algo que tenemos que reconocer, algo que tenemos que temer, y algo que tenemos que aprender.

I. Tenemos que reconocer el poder de la lengua (versos 3-5)

La idea central de esta sección es que el poder de la lengua no va de acuerdo con su tamaño. Existe un dicho en inglés: Los palos y las piedras pueden quebrantarme los huesos, pero las palabras nunca me herirán. ¡Este dicho no es verdad! Más bien, Dios nos dice que lo que decimos tiene tremendo poder. Vemos dos ejemplos que lo ilustran:

    A. El freno

  • Si Ud. ha montado a caballo, sabe que la dirección del caballo se determina jalando las riendas en la dirección que uno quiere ir. Las riendas están conectadas a un freno puesto en la boca del caballo, y cuando el caballo siente la presión, voltea en la dirección de la presión.
  • ¡Qué raro pensar que un animal tan grande, tan pesado, y tan fuerte como lo es un caballo pueda ser controlado por un aparato tan pequeño! Y sin embargo, así es. Por medio de la boca se controla todo el animal. Y así es con nosotros: nuestra boca tiene tremendo poder. Con ella podemos destruir a otra persona con nuestras críticas, o podemos cambiarla para bien con palabras de aliento.

También vemos un ejemplo segundo:

    B. El timón

  • Aún el barco más grande se navega por medio de un pequeño timón. En los días de Santiago, todos los barcos viajaban empujados por el viento. Hoy en día tenemos tremendas naves que viajan por poder nuclear, pero el modo de manejo no ha cambiado. Todavía se dirigen por medio de un pequeño timón.
  • Otra vez vemos el tremendo poder de la lengua. ¿Cuántas veces nos detenemos para pensar en lo que decimos? ¿Cuántas veces consideramos el efecto de nuestras palabras sobre la persona que nos está escuchando, o de quien estamos hablando? Tenemos que reconocer el poder de la lengua. ¡Nuestras palabras tienen gran poder!

Pero no se acaba allí; también:

II. Tenemos que temer la maldad de la lengua (6-8)

¡La lengua es capaz de gran destrucción! Otra vez, dos ejemplos:

    A. El fuego

  • Una pequeña chispa puede encender un gran bosque. En tiempos de sequía, se han quemado miles de hectáreas de tierra simplemente porque alguien tiró un cigarrillo encendido por la ventana de su auto.
  • De la misma manera, las cosas que nosotros decimos sin pensar pueden herir con gravedad a la gente.
    • Podemos destruir la iniciativa de nuestros hijos con nuestro constante desprecio. Si les decimos suficientes veces que son tontos, que no sirven para nada, que mejor no hubieran nacido, pronto lo van a creer - y se van a portar como quienes no valen nada.
    • Podemos destruir a nuestra pareja cuando sólo notamos y criticamos lo que hace mal, y nunca le mostramos nuestro aprecio por lo que hace bien.
    • Podemos destruir una amistad con los chismes que contamos a los demás.
    • Y ¿quieren saber la mejor manera de destruir a una iglesia? No es la persecución; por lo general, cuanto más cueste seguir a Cristo, más gente hay que lo quiere hacer. No, la mejor manera de destruir a una iglesia es usando la lengua. Las críticas, las quejas, los chismes, éstas son las armas favoritas de Satanás para destruir a la iglesia de Jesucristo.

Pero el problema es que la lengua no es fácil de controlar. En el segundo ejemplo se compara con el animal salvaje.

    B. La domesticación

  • La increíble maldad de la lengua humana se destaca en esta comparación. Es todo un mundo de maldad, se nos dice. Es un contaminante, como un depósito de material radioactivo, o un tiradero de basura en medio de un parque. El mismo infierno, símbolo de la actividad satánica, es el que enciende la lengua.
  • Es decir que, a través de la lengua, se expresa el estado caído de nuestra naturaleza humana. El Señor Jesús mismo lo dijo: De lo que abunda en su corazón habla su boca (Lucas 6:45). Las cosas que decimos, y la manera en que las decimos, demuestran el estado de nuestro corazón.
  • Es por esto que el apóstol compara la lengua con una fiera que no se puede dominar. Los lobos son animales rapaces, destructivos, y salvajes; fácilmente pueden matar a una persona. Sin embargo, una prima mía tiene como mascota a un lobo. ¿Por qué? Porque lo amansó, lo entrenó, y lo domó. Pero, ¿qué persona en su fuerza natural puede dominar la lengua? Es una fuerza que parece incontrolable.
  • ¡Parece que no hay esperanza! Nos encontramos ante esta fuerza letal, incontrolable, que todos traemos, y ¿qué hacer? La clave es que la lengua es indomable por el hombre natural. Pero no lo es para la persona que ha recibido la sabiduría de Dios, es decir el Espíritu Santo. Cuando llegamos a reconocer su poder y temer su maldad, reconoceremos que

III. Tenemos que aprender el control de la lengua (9-12)

La clave es la consistencia. Tenemos que aprender a ver toda nuestra vida como una totalidad, que no puede ser dividida. Tenemos que recordar que nuestro Dios nos está mirando en todo momento, no sólo cuando estamos en la iglesia.

Una señora que conozco siempre decía, cuando un niño echaba una mala palabra: ¿Tú comes con esa boca? Dando a entender, por supuesto, que era raro pensar que con esa boca ensuciada con tal manera de hablar la persona también se alimentara.

Es por esto que Santiago nos da ejemplos:

    A. Los manantiales y las matas

  • Si Ud. hundiera un pozo, y descubriera que el agua que rendía era salada, ¿esperaría que luego se volviera dulce? Claro que no - sabemos que eso no sucede. Tampoco saldríamos al naranjo en la mañana esperando encontrar manzanas, ni buscaríamos rábanos en la raíz del cilantro.
  • ¿Cómo, entonces, podemos alabar a nuestro Dios aquí en la iglesia, y luego salir para criticar a nuestro hermano, hecho a la imagen de Dios? ¿Cómo podemos declarar nuestro amor a Dios, a quien no hemos visto, y hablar ásperamente con nuestro hermano, que aquí está? Obviamente, es algo irracional, algo completamente fuera de la lógica. Es por esto que llegamos a la siguiente conclusión:

La sabiduría divina se demuestra cuando aprendemos a controlar la lengua.

Hemos visto que la lengua es poderosa y destructiva; pero con la ayuda de Dios, podemos aprender a usarla apropiadamente. Es más, si no lo hacemos, somos necios - pues el mal uso de la lengua demuestra que somos inconsistentes. En un momento alabamos a Dios, y en otro destruimos al hermano.

Hablemos, entonces, de cómo usar bien la lengua. Vamos a otro pasaje bíblico para ver en más detalle cómo usar bien la lengua. (Efesios 4:29-32)

    B. La forma sabia de hablar

  • Busque la edificación de la persona. ¿Cómo servirá lo que voy a decir para ayudar al otro? ¿Lo animará? Si no, ¿por qué decirlo?
    • Padres: En vez de decirles a sus hijos que son torpes, malcriados, etc., ponga énfasis en sus buenos puntos. Alábeles por sus logros. Anímeles a hacer mejor.
    • No critique a otros públicamente. Si piensa que otro debe saber algo, dígaselo privadamente y en un espíritu de amor

  • Sea bueno y compasivo
    • Sólo la persona perfecta puede criticar. Un espíritu áspero y legalista no es de Dios; Dios nos ha perdonado en Cristo. Él nos ha mostrado su gracia. Ahora, él nos llama a mostrar esa misma gracia a los demás.
    • ¿Qué es hablar con gracia? Significa considerar los sentimientos de la otra persona, y no los de uno. Significa estar dispuesto a ignorar las fallas de otros, y animar en vez de desalentar. ¿Cómo le gustaría que otros le hablaran? Pues ¡hábleles así!

  • Si pensamos en lo que sentirá la otra persona, si buscamos el bien de ellos, estamos viviendo el amor que Dios nos ha demostrado. Todo esto es simplemente una aplicación del amor. Es vivir la sabiduría que Dios nos da.

Imagínese a un niño de 2 años jugando con una ametralladora. Piense en un niño de 3 paseando a su tigre. O dele a su niño de brazos un machete. ¿Situación peligrosa, no? Y sin embargo, estamos en esa situación. Tenemos una fiera brava que nos acompaña a todo lugar. Está lista para destruir a nuestra familia, nuestros amigos, y nuestra iglesia. Es la lengua. Y si no la aprendemos a usar bien, podemos estar seguros de que nos meteremos en problemas. Ponga en práctica la sabiduría divina. Demuéstrela aprendiendo a controlar su lengua.


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