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Domingo 19 de Julio del 2009

Un ejército que avanza de rodillas
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un día, Dios llamó a uno de sus profetas a llevar un mensaje a cierto pueblo. En esto no había nada de inusual. Los profetas de Dios tenían como encargo estar a su disposición para llevar su mensaje cuando El se lo diera. Para esto habían sido llamados.

Este profeta, sin embargo, no quiso cumplir con su encargo. Más bien, se fue en la dirección opuesta. Compró un boleto y se subió a un barco que iba lejos, muy lejos del lugar al que el Señor lo había mandado. En medio del océano, estando este profeta tranquilamente dormido, se desató una tormenta feroz.

Los marineros lucharon con todas sus fuerzas, tirando por la borda la carga y usando toda su destreza para salvar la nave, pero sin resultado. Por fin, el profeta se apareció y les dijo: La culpa es mía. Es que estoy huyendo del Señor. Tírenme al mar, y la tormenta se calmará.

Aun así, los marineros no quisieron hacerle caso. Sin embargo, después de más intentos, se vieron obligados a seguir las instrucciones del profeta. Tan pronto lo tiraron al mar, se vino la calma. Mientras tanto, el profeta estaba conociendo muy íntimamente a un residente del mar. Un pez se lo tragó.

Ustedes saben, por supuesto, que me refiero a Jonás. ¿Por qué le sucedieron todas estas cosas a Jonás? ¿Por qué, para empezar, no quiso ir a Nínive, adonde el Señor lo había enviado? ¿Por qué insistió el Señor en mandarlo para allá? La respuesta, aunque sencilla, es chocante.

Jonás no quiso ir a Nínive porque no quería que los ninivitas se arrepintieran. Tal fue su odio hacia ellos que no le interesaba que fueran salvos del castigo de Dios, y más bien deseaba su destrucción. Dios, en cambio, tenía una actitud muy diferente. El amaba a los ninivitas, aunque no pertenecían al pueblo escogido de Israel, y deseaba que ellos también fueran salvos.

La historia de Jonás es, en realidad, la historia del encuentro entre la voluntad de Dios y la voluntad de Jonás. Dios deseaba la salvación para Nínive, mientras que Jonás deseaba su destrucción. La pregunta para ti en este día es: ¿con quién te identificas más? ¿Con Dios, o con Jonás?

Antes de contestar, considera tus reacciones a los que viven en otros países, que hablan otros idiomas, que no son como tú - que quizás tú ves como extraños o aun enemigos. Quizás tu actitud es simplemente la de vivir y dejar vivir. Pero ¿cuál es el corazón de Dios hacia las naciones?

Es éste: Dios "no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan" (2 Pedro 3:9). El desea que el mensaje de salvación en Cristo alcance a toda persona, en toda nación, en toda lengua y toda etnia del mundo. Dios tiene un corazón para las naciones.

Dios te está llamando a unirte a El en su misión de alcanzar a todos con el mensaje de Cristo. Es por esto que el libro de Jonás termina con una pregunta abierta. Cada uno de nosotros puede ser como Jonás, pero Dios nos invita a abandonar nuestras actitudes reacias y unirnos a El en alcanzar al mundo.

Pero ¿cómo podemos tú y yo ser parte del avance del reino en lugares lejanos? ¿Qué podemos hacer para que personas que hablan otros idiomas, viven en otros lugares y tienen otras costumbres puedan llegar a la fe en Cristo? Hay varias cosas, pero hay una que es sumamente importante. Me refiero a la oración.

El ejército de Cristo, su Iglesia, es un ejército que avanza de rodillas. Es sólo cuando oramos que se ganan las victorias espirituales. Aunque Dios está en control de todas las cosas, El nos ha hecho socios con El en su obra. Esto es algo que todos podemos hacer. No está fuera del alcance de nadie. De hecho,

I. Jesús nos enseñó a pelear de rodillas

¿Qué fue lo que les enseñó a sus discípulos a orar? Digan conmigo la oración modelo que El nos dejó: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. " (Mateo 6:9,10) ¿Qué significa, "Venga tu reino"? Es la expresión de nuestro deseo de que más personas entren al reino de Dios, sometiéndose al gobierno de Cristo como Rey y Salvador.

Ahora bien, nos podríamos preguntar: ¿por qué es necesario que oremos por el establecimiento del reino de Dios, si El es soberano? ¿Qué importancia tienen nuestras oraciones? La mejor respuesta que he hallado a esta pregunta es la siguiente.

Cuando Dios creó a Adán y Eva, El les dio dominio sobre la tierra. Aunque Dios es soberano sobre toda la creación, El puso a la raza humana como gobernadores sobre la tierra. Satanás se aprovechó del hombre, tentándole a pecar para que ese dominio fuera pervertido. Ahora nos toca, mediante nuestras oraciones, ejercer nuestro dominio orando en contra del dominio usurpador de Satanás e invitando al Señor a establecer su reino en este mundo rebelde.

Somos como infiltrados, soldados a la vanguardia que abren el camino para la invasión liberadora. Nuestras oraciones en el poderoso nombre de Jesucristo preparan el campo espiritual para la llegada y la recepción del mensaje de salvación. Por eso, es tan importante seguir las instrucciones de nuestro general, Jesús, y pelear de rodillas. No sólo esto, sino que

II. Nuestra salvación nos impulsa a pelear de rodillas

Leamos 2 Tesalonicenses 3:1: " Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros". Observen la razón por la que Pablo nos anima a orar: para que el evangelio sea recibido con el mismo honor con el que lo recibimos nosotros. Dime: ¿ha sido una bendición para ti conocer a Cristo? ¿Es mejor vivir con Cristo que vivir sin El?

Si es así, tenemos que orar para que otros también reciban esta misma bendición. Sería muy egoísta de nuestra parte simplemente disfrutar de las bendiciones que Dios nos da en Cristo, sin buscar la forma de que otros los puedan conocer también.

Si Cristo te ha liberado, ora para que otros puedan ser liberados también. Si el evangelio te ha transformado, ora para que otros puedan ser transformados también. Ora para que otros puedan compartir lo que tú has recibido. No seas como Jonás. Nuestra salvación nos impulsa a pelear de rodillas. Y finalmente,

III. La urgencia del momento nos impulsa a pelear de rodillas

Leamos 1 Timoteo 2:1: " Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres". La Palabra nos llama a hacer de la oración nuestra primera reacción. Dice: "Recomiendo, ante todo..." ¡Ante todo! ¿Por qué? La respuesta está en el verso 4: Dios "quiere que todos sean salvos". Nosotros colaboramos en la misión de Dios mediante nuestras oraciones y ruegos.

Vivimos en tiempos críticos. Alrededor del mundo hay grandes necesidades - pobreza, guerra, persecución. Debemos de hacer lo que esté a nuestro alcance para ayudar a resolver estos problemas, pero hay un problema que es aún mayor. Es la necesidad de miles de personas que se mueren sin Cristo.

¿Qué harás tú para resolver ese problema? ¡La solución está en tus manos! Puedes alcanzar alrededor del mundo con tus oraciones. Por ese motivo, yo te invito hoy a comprometerte durante los próximos treinta días a orar por una etnia diferente cada día. Veremos ahora un video que demuestra el poder de la oración, y luego les invitaré a hacer el compromiso de unirse al ejército que avanza de rodillas.

Nota: el video que se mostró al final de este mensaje está disponible actualmente (19.7.2009) en hispanos.imb.org.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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