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Domingo 12 de Julio del 2009

El poder de la proclamación
Pastor Tony Hancock

Introducción

Durante mi niñez en el Perú, varios movimientos revolucionarios estremecieron el país - principales entre ellos Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Muchos de los miembros de estos grupos eran jóvenes, incluso estudiantes, que habían sido inspirados por el sueño de transformar la sociedad peruana.

Sus maestros y líderes les habían enseñado que la manera de lograr un cambio radical era por medio de una convulsión económica y política catalizada por los esfuerzos desestabilizantes de estos dos grupos. Como resultado, se dedicaron a una serie de acciones "revolucionarias" que dejaron grandes estragos en la sociedad y la economía peruanas.

A final de cuentas, no lograron realizar el cambio que habían deseado, a pesar de apagar múltiples veces las luces en Lima, matar a muchos civiles y convertir grandes partes del país en áreas bajo su propio control. Ellos identificaron, con buena razón, los problemas que asedian nuestros países: injusticia social, corrupción, opresión.

Sin embargo, no identificaron el poder más revolucionario del mundo. Este poder no se encuentra en una metralleta o una bomba, sino que se encuentra en un mensaje. Sin menospreciar la importancia de la política y la acción social, hoy declaro que el poder más revolucionario del mundo se encuentra en una proclamación - en un mensaje.

Este poder fue desencadenado por Jesús. Hoy leemos acerca de la llegada de este mensaje.

Lectura: Marcos 1:35-39

1:35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
1:36 Y le buscó Simón, y los que con él estaban;
1:37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan.
1:38 El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.
1:39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

Hay una frase muy interesante en este pasaje. Jesús dice, después de decirles a sus discípulos que iban a ir a otros pueblos para predicar, "para esto he venido". Jesús declara que su misión, su propósito al venir a la tierra, es establecer el reino de Dios mediante la proclamación de las buenas nuevas.

Quizás dirás: Pero yo pensaba que Jesús había venido a la tierra para morir en la cruz para salvarnos. Es verdad; ésta es parte de su misión. Las buenas nuevas que se predican sólo son buenas porque abarcan la victoria que Cristo ganó con su muerte en la cruz. Sin embargo, la muerte de Cristo en la cruz tiene que ser conocida para tener su efecto salvador. El momento decisivo en el establecimiento del reino de Dios sucede cuando la persona escucha las noticias de que Dios está dispuesto a salvarlo, si se arrepiente y confía en Jesús.

Esto sólo sucede mediante la proclamación. Es por esto que el enemigo trata con todas sus fuerzas de lograr que la Iglesia se calle. En algunas partes usa la persecución y la presión política. En otras partes trata de lograr que la Iglesia se sienta tan cómoda que se enfoque en sí misma y deje de proclamar el mensaje de salvación.

Si queremos evitar ese error, tenemos que unirnos a Cristo en su misión de transformación. Observemos el modelo que El nos da. En primer lugar, vemos que

I. La oración impulsa nuestra proclamación

Marcos nos relata que, "muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó... y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar". Antes de hacer cualquier otra cosa, Jesús pasó tiempo en la oración. Esto marca muchos momentos críticos en la vida de Jesús. El también oró antes de escoger a sus doce discípulos. Oró antes de alimentar a los cinco mil. Oró antes de ser entregado a la muerte.

Cristo, siendo el Hijo de Dios y el único hombre perfecto, sintió la necesidad de orar. El encontraba fuerza y dirección en la oración. Si El no hubiera mantenido la comunicación con su Padre, habría sido fácil desanimarse ante la respuesta superficial de la gente. Ellos mostraron que sólo estaban interesados en la sanidad física, pero que no prestaban mucha atención al mensaje de salvación que Jesús les traía.

Es muy fácil desanimarnos cuando vemos las formas en que la gente responde a nuestra proclamación. Vemos personas que quieren que les ayudemos, pero no están interesados en experimentar la vida que Dios quiere darles. Nos podemos desanimar y pensar que no estamos logrando nada.

Para no dar lugar al desánimo, Jesús se puso a orar. Nosotros tenemos que hacer lo mismo también. Sólo vamos a encontrar fuerza para proclamar la Palabra y perspectiva para perseverar por medio de la oración. Si nos falta poder espiritual, es porque nos falta la oración.

Juan Bunyan, el autor de "El Progreso del Peregrino", comentó: "El que huye de Dios en la mañana difícilmente lo encontrará durante el resto del día". ¿Cuántos de nosotros huimos de Dios en la mañana? ¿Cuántos de nosotros nos levantamos pensando solamente en el trabajo, en alistar a los chiquillos, en las preocupaciones del día?

Sólo vas a poder encontrar victoria en tu diario caminar y serle útil a Dios en la proclamación si pasas tiempo en su presencia, empezando el día. ¿Estás dispuesto a pagar ese precio? Sólo así vas a poder cumplir tu misión. Es que

II. Nuestra misión se cumple en la proclamación

Ya lo hemos mencionado: Cristo está consciente de que su venida a la tierra tiene como propósito llamar a las personas a la fe mediante la proclamación de las buenas nuevas. El no se deja distraer por su aparente popularidad en Capernaúm. Todo el mundo lo está buscando, pero El se va a otro lado para continuar su ministerio.

A nosotros se nos ha encomendado la misma misión que Jesús. El dice en Juan 20:21: "Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes". Nosotros hemos sido enviados por Jesús para continuar su misión de llamar a las personas a unirse al reino de Dios mediante la fe en su Hijo.

Imagina cómo sería ir al trabajo todos los días sin saber en qué clase de empresa trabajas. Llegas al trabajo, encuentras algunos compañeros allí, pero nadie sabe lo que deben de estar haciendo. De repente, alguien se da cuenta de que hay algunas palas y picos cerca, así que algunos deciden que debe ser una empresa de construcción. Otros, sin embargo, creen que es más bien una empresa de demolición. Nadie se puede poner de acuerdo. ¿Qué van a lograr? ¡Nada!

Es ridículo, pero me temo que la situación en la iglesia muchas veces es similar. Se nos ha olvidado por qué nos ha llamado Dios a pertenecer a su pueblo. Se nos ha olvidado nuestra misión. Algunos vienen a calentar banca una vez a la semana por tradición. Otros vienen porque les gusta ver a sus amigos.

Aunque son importantes las demás cosas que hacemos en la Iglesia - adorar, tener compañerismo con nuestros hermanos, aprender de la Palabra - jamás se nos debe de olvidar nuestra misión principal, la de proclamar la Palabra de Dios a otros. Esta es nuestra misión. ¿Por qué? Porque

III. El reino de Dios se extiende mediante la proclamación

Jesús empezó a recorrer todas las sinagogas - los lugares de reunión - de aquella región, predicando y expulsando demonios. Hace algunas semanas vimos un ejemplo de la expulsión de un demonio. ¿Por qué se habrán manifestado tantos demonios durante el ministerio de Jesús?

La razón es ésta: los demonios se manifiestan frente al ministerio de Jesús porque saben que El ha venido para invadir y conquistar su territorio. Sin embargo, Jesús demuestra su autoridad echándolos fuera. De esta manera, el reino de Dios se establece, desplazando el reino del enemigo.

Cuando Jesús se fue al cielo, la misión no se acabó. El reino de Dios se sigue estableciendo mediante la proclamación de las buenas nuevas. Las vidas son transformadas. Las almas son liberadas. Las familias son redimidas y las ciudades cambiadas. Poco a poco, el reino se extiende.

Quizás a nosotros no nos toque enfrentarnos con demonios, como lo hizo Jesús, o quizás sí. En nuestra proclamación del mensaje, enfrentaremos oposición diabólica, pero también experimentaremos la victoria divina. Es por esto que tenemos que estar preparados. La vida cristiana no es para los flojos. En el poder de Cristo, mediante la oración y la fe, podemos ser victoriosos.

Conclusión

¿Qué estás haciendo para impulsar la extensión del reino de Dios aquí donde estás? Algunos de ustedes salen a visitar. Otros les hablan a sus compañeros de trabajo acerca del Señor. Otros son guerreros de oración. Gracias a Dios por los que han llegado a esta congregación mediante el testimonio de sus miembros.

Sin embargo, la misión no se ha acabado. Queda mucho por hacer. Quiero invitarte en esta mañana a hacer un compromiso. Si tú quieres comprometerte con Dios en ser fiel en la oración y participar en su misión de proclamar la Palabra a tus vecinos, parientes y compañeros de trabajo, te invito a tomar esa decisión en esta mañana. Ven para que oremos juntos.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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