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Domingo 14 de Junio del 2009

La verdadera autoridad
Pastor Tony Hancock

Introducción

Cierto día, un granjero estaba trabajando en sus tierras cuando llegó un inspector del gobierno. Al bajarse de su camión, el inspector le dijo: "Voy a inspeccionar su terreno para asegurarme de que no haya ninguna violación de la ley aquí." El granjero le dijo: "Muy bien, señor, pero no se meta al campo de atrás."

El inspector sacó su placa de identificación y le dijo: "¿Ve usted esta placa? Esta placa indica que yo tengo autoridad para inspeccionar donde yo quiera, y usted no me puede prohibir la entrada a ninguna parte de su terreno. ¿Entendido?" El granjero se disculpó y le dijo que fuera a inspeccionar donde él quisiera. Luego, volvió a su trabajo.

Al rato, escuchó unos gritos de desesperación. Al acercarse al lugar de donde provenían, observó que el inspector se había metido precisamente al campo de atrás, y que un toro muy bravo lo estaba persiguiendo. Desesperado, el inspector pedía ayuda. En eso, el granjero le gritó: "¡La placa! ¡Enséñele al toro la placa!"

No estoy seguro si le habrá servido la placa al inspector en esa situación. Dudo que le haya importado mucho al toro, y sospecho que más bien lo habría enfurecido más. La autoridad es importante, pero no significa mucho si no viene acompañado con poder.

Hoy leemos acerca de un evento al principio del ministerio de Jesús en el que mostró su autoridad, confirmada con poder.

Lectura: Marcos 1:21-28

1:21 Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba.
1:22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
1:23 Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces,
1:24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.
1:25 Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!
1:26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.
1:27 Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?
1:28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

Recordemos que la Iglesia no se estableció hasta después de la ascensión de Jesús. El vivió bajo el sistema del Antiguo Testamento. Durante este tiempo, el templo principal donde se ofrecían los sacrificios se encontraba en Jerusalén. Cada varón israelita debía ir al templo tres veces al año para celebrar las tres fiestas grandes de su fe.

En los pueblos, y alrededor del imperio romano, los que temían a Dios y seguían el camino que había trazado para su pueblo en el Antiguo Testamento se reunían los sábados en un lugar llamado sinagoga. En este lugar de reunión, se leían las Escrituras, se hacían oraciones y quizás se entonaban cantos. Se parecía en muchos aspectos al culto de la Iglesia de hoy en día.

En las sinagogas, existía la costumbre de que los maestros reconocidos que visitaban las sinagogas podían dar un mensaje en base a las Escrituras. Jesús ya era reconocido como maestro, así que se le invitó a dar el mensaje en esta ocasión. El tomó los rollos de la Ley y los Profetas que por costumbre se guardaban en un arca elevada, en la pared del edificio más cercana al monte Sión.

La gente lo habría estado viendo desde sus asientos que rodeaban la plataforma. Jesús leyó las Escrituras puesto de pie, y luego se sentó para enseñar. Saben, me gusta la idea de enseñar sentado. Quizás tenga que traerme un asiento la próxima semana.

Jesús enseñó sentado, en una posición de autoridad. No sabemos qué enseñó; qué lindo habría sido si en aquellos días hubiera existido la tecnología para grabar estos mensajes, pero Dios no nos ha dejado registro de lo que Jesús dijo en esta ocasión. Lo que sí sabemos es que El enseñó con autoridad.

La gente que acudía a la sinagoga estaba acostumbrada a escuchar a los maestros decir: el rabino fulano dice así, y el rabino zutano dice asá - siempre citando a otros, ocultando la Palabra de Dios con sus múltiples tradiciones. Jesús enseña de una forma directa, sin tener que basarse en los comentarios de otros. El enseñaba con autoridad.

Sin embargo, cualquiera puede hablar de forma autoritaria. Si no tenemos forma de probar su autoridad, ¿cómo sabemos a quién creer? A veces la gente que más insiste es la que menos sabe. Por eso es tan importante lo que sucede en seguida. Jesús no sólo enseñó con autoridad, enseñando la placa, por decirlo así. El demostró que tenía autoridad y poder.

Había en la congregación un hombre endemoniado. Este hombre estaba bajo el poder de un espíritu maligno que lo controlaba. La Biblia misma discierne entre la locura y la posesión demoniaca, y no debemos de pensar que cada problema mental o médico es de origen demoniaco.

Sin embargo, los demonios son reales. Son seres espirituales que se oponen a Dios, y que tratan de destruirnos incitándonos a pecar y alejarnos de Dios. Jesús mostró su autoridad completa sobre estos seres. Cuando se identificó el hombre que estaba endemoniado, o más bien, cuando el demonio empezó a hablar por medio de él, Jesús lo echó fuera en seguida.

Surgen varias preguntas acerca de este suceso. En primer lugar, ¿cuántas veces habrá asistido este hombre a la sinagoga sin encontrar ninguna liberación, y sin que los demonios se molestaran? Ciertamente la religiosidad no fue suficiente para liberar a este hombre. Sólo el poder de Jesús lo pudo hacer.

Algunas personas creen que se pueden defender de los demonios usando crucifijos, veladoras, hierbas y otras cosas. Creen que con artículos religiosos se pueden proteger. Sin embargo, cuando Jesús habló acerca de la expulsión de los demonios, El no mencionó ninguna de estas cosas.

Más bien, El dijo: "Este género no sale sino con oración y ayuno." (Mateo 17:21) En ese mismo contexto, El también habla de la fe. La fe y la oración poderosa en la autoridad de Jesús, no los amuletos religiosos o la práctica religiosa, es lo que tiene poder para traer liberación del poder demoniaco.

La segunda pregunta que surge es ésta: ¿por qué identificó el demonio a Jesús? El espíritu maligno declara: "Yo sé quién eres - el Santo de Dios". En la antigüedad, existía la creencia de que era posible lograr controlar a una persona si se sabía su nombre. Probablemente el demonio estaba tratando de controlar a Jesús, declarando quién era.

Sin embargo, la autoridad de Jesús es tal que estos débiles intentos en defensa por parte del demonio no tienen ningún efecto sobre El. Jesús simplemente dice la palabra - sin conjuros, sin ritos extraños, sin meterle algo a la nariz - como lo hacían algunos - y el demonio salió al instante.

Jesús había enseñado con autoridad; ahora El demuestra su autoridad liberando a este hombre del poder del demonio con la simple palabra. Cuando Jesús mandó a sus discípulos a predicar las buenas nuevas de salvación, El les dijo: "Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra." (Mateo 28:18)

Aquí El demuestra que no sólo eran palabras, sino que Jesús realmente tiene toda autoridad, en toda esfera. Ahora bien, ¿qué significa esto para nosotros? En primer lugar, la autoridad de Jesús trae seguridad.. Mucha gente vive la vida temiendo los poderes malignos que existen en este mundo. Temen que en cualquier momento alguien les hará daño.

Si tú conoces a Cristo, si vives por fe en El, no tienes que vivir en temor. Cristo ya mostró su poder sobre las fuerzas del mal. Si tú sospechas que algún poder maligno te está atacando, el nombre de Jesús es tu fuerte defensa. La Biblia declara: "El nombre del SEÑOR es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo." (Proverbios 18:10)

El Señor se ha revelado en la persona de Jesús, y ese nombre es torre fuerte. En El nos podemos refugiar - si lo conocemos, lo amamos, lo obedecemos, confiando en El. No tienes que vivir en temor. La autoridad de Cristo es una gran fuente de seguridad para quienes lo conocemos.

En segundo lugar, la autoridad de Jesús trae responsabilidad. Me doy cuenta de algo muy interesante. Al instante en el que Jesús le dio la orden al demonio, éste obedeció. Déjame preguntarte: ¿Te consideras mejor que un demonio? Si es así, ¿eres tan obediente a los mandamientos de Jesús como lo fue este demonio?

La autoridad demostrada de Jesús significa que El merece ser obedecido. Cristo nos ha llamado sus amigos, pero no con eso desciende a nuestro nivel. El no es nuestro compa, nuestro pana a quien podemos escuchar o no, según queramos; es el Señor, que merece toda nuestra obediencia. Sus enseñanzas son ciertas, y merecen obediencia.

De hecho, la Biblia declara que las falsas doctrinas que seducen a muchos tienen su origen con los demonios. Leamos 1 Timoteo 4:1: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios". Hay doctrinas novedosas, enseñanzas atractivas que no tienen nada que ver con lo que Jesús nos enseñó. Aunque parecen usar la Biblia, no reflejan su verdad.

Es por esto que es tan importante que tú mismo conozcas las enseñanzas de Jesús. Siéntate a leer uno de los Evangelios. Toma una o dos horas para leer Mateo o Juan. Si tienes tiempo para mirar una novela de una hora, ¿por qué no estudias las enseñanzas de Cristo, para poder reconocer las imitaciones?

Jesús no sólo enseñó con autoridad, El demostró la verdadera autoridad. Te invito hoy a comprometerte de nuevo con El en seguir sus enseñanzas. Quizás en este momento el Espíritu Santo está trayendo a tu memoria alguna enseñanza de Jesús que estás desobedeciendo o ignorando. Recibe su amonestación, y decide ahora que vas a obedecer.


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