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Domingo 19 de Abril del 2009

El camino a la bendición
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Cuántos de ustedes desean una vida de bendición? Si no les interesa la bendición, desde ya les aviso que este mensaje no les interesará. En cambio, si realmente queremos vivir bendecidos, hoy veremos el camino a la bendición.

Para encontrar ese camino, vamos a leer el primer salmo.

Lectura: Salmo 1

1:1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
1:2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
1:3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
1:4 No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento.
1:5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.
1:6 Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá.

Este pasaje nos habla claramente de dos caminos, que llevan a dos destinos muy diferentes. Consideremos cada uno.

I. El camino de bendición

La primera parte del salmo nos habla del camino de bendición. Cuando el autor nos habla de la "dicha" o la bendición", no se refiere a un sentimiento. No se refiere a lo que sientes. Puede ser que te sientas muy feliz, pero estés viviendo lejos de la bendición de Dios; o puede ser que estés pasando por pruebas y te sientas triste, pero igual, Dios está contigo.

Muchas veces cometemos este error, de confundir la bendición con la felicidad. Recuerdo una vez estar manejando hacia algún lugar, cuando de repente, me perdí. Al rato, sin embargo, encontré una carretera que me parecía conocida. Estaba seguro de que éste era el camino. Empecé a manejar a toda velocidad por esa carretera, sólo para descubrir al rato que estaba aun más perdido.

De igual forma, podemos sentirnos muy felices en el momento, pero ir por el camino equivocado. La bendición no es lo mismo que la felicidad. El hombre "dichoso" o "bienaventurado" es el que, ante Dios, está protegido del castigo y la condenación.

Fuera de la bendición de Dios, todo es un absurdo. Esto es lo que reflejó el autor del libro de Eclesiastés al considerar la vida de la humanidad "bajo el sol" - es decir, la humanidad sin Dios. El dijo: "Lo más absurdo de lo absurdo, ¡todo es un absurdo!" (Eclesiastés 1:2) Aparte de Dios, la vida no tiene sentido; simplemente vivimos y morimos, y parece que allí se acabó.

Sin embargo, cuando vivimos dichosos - bendecidos por Dios - nuestra vida tiene sentido. Tenemos futuro. Dios nos da alas. Esta dicha es un regalo de Dios, pero se promueve de ciertas formas. La dicha se promueve cuando nos distanciamos de los malos y nos asociamos con Dios.

Primeramente, nos distanciamos de los malos: no caminamos en sus consejos, no nos detenemos para platicar en su senda, no nos sentamos para burlarnos con ellos de las cosas de Dios. Si tú quieres caminar en bendición, tienes que alejarte de los que traen una mala influencia a tu vida.

El hombre bendecido cuida su familia, sus asuntos y sus relaciones sociales. No agarra locamente cualquier amistad que se le ofrece. Nunca deja de ser cortés y amable, pero es selectivo en sus amistades y asociaciones.

Hay muchos que se han perdido la bendición, alejándose de lo que Dios desea para ellos, por amistades que no convienen. Uno de ellos fue Roboán, el hijo de Salomón. Después de la muerte de su padre, él heredó el trono de Israel. El pueblo había sufrido mucho bajo los altos impuestos que su padre Salomón había cobrado. ¡Parece que las cosas no han cambiado mucho!

Por consecuencia, los líderes del pueblo le pidieron a Roboán que no les cargara la mano con los impuestos. Los sabios le aconsejaron a Roboán que les diera la razón. En cambio, los amigos de Roboán - los jóvenes que se habían criado con él - le dijeron que debía de ser aun más duro. Roboán decidió seguir el consejo de sus amigos mimados, y como resultado, perdió la mayor parte de su reino.

Ten mucho cuidado con las personas con quienes te asocias. Ten mucho cuidado con tus amigos. Reza el dicho: "Mejor solo que mal acompañado". Si eres sabio, tendrás cuidado con tu persona y tu familia en las personas que permites tener influencia. La mala compañía fácilmente corrompe el buen carácter.

Si quieres seguir el camino a la bendición, entonces, tienes que escoger con cuidado tus acompañantes en el camino. Además de apartarte de las malas compañías, tienes que asociarte con Dios. ¿Cómo haces esto? El salmo nos lo dice: deleitándote en su Ley, y meditando en ella.

La Ley de Dios es su instrucción, su revelación dada a nosotros. Hay una diferencia entre la revelación de Dios y la religión de los hombres. Dios nos da su revelación para que podamos vivir en armonía con su voluntad. La religión, en cambio, es el esfuerzo del hombre por ordenar y controlar su situación.

El hombre bendecido, el hombre dichoso, quiere saber lo que Dios desea para él, y por esto, se esfuerza por conocerlo. Como resultado, pasa tiempo considerando, indagando, estudiando la Palabra. Rumea sobre la Palabra.

Deleitarse en la Ley de Dios refleja la sabiduría y el temor de Dios. No es lo mismo que simplemente tener buenos sentimientos hacia Dios o pronunciar palabras piadosas. A veces asistimos a un evento muy conmovedor, que nos conmueve tan profundamente que derramamos lágrimas, y pensamos que hemos complacido así a Dios. Sin embargo, ¿qué sucede? Cuando salimos, le gritamos a nuestra esposa o nuestros niños, tenemos malos pensamientos o decimos una mentira.

Claramente, no estamos viviendo como Dios quiere. Lo que Dios busca no es simplemente que tengamos sentimientos - eso no es malo, pero no es lo principal. Lo principal, según el salmo, es que nos deleitemos en la Ley de Dios y meditemos en ella. Que todo el tiempo, nuestra pregunta sea: ¿qué me dice Dios acerca de esta situación? ¿Qué quiere El que yo haga? ¿Qué me dice su Palabra? Cuando lo hacemos, su Espíritu nos ayuda.

El resultado de todo esto - de apartarnos de los malos y de asociarnos con Dios - es que seremos como árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, es decir, junto a los canales de riego. En Lima, mi ciudad natal, la mayoría de los parques son regados mediante un sistema de acequias o canales de riego que tienen su origen en el tiempo de los Incas.

Aunque Lima se encuentra en medio de un desierto, sus grandes avenidas disfrutan de la sombra de majestuosos árboles - muchos de ellos sembrados juntos a las acequias. Aunque jamás les cae ni una gota de lluvia, se mantienen verdes y dan flores y fruto a su tiempo. Sus hojas nunca se caen.

De igual modo, cuando nosotros caminamos en la senda de bendición de Dios, nuestra vida prospera. ¿Significa esto que vamos a convertirnos en una versión cristiana del rey Midas, aquel rey mitológico cuyo toque transformaba cualquier cosa en oro?

No significa eso. Significa que nuestras acciones y palabras darán fruto; no serán estériles. Nuestra vida no será en vano. La bendición de Dios estará sobre nuestra vida. El mundo define la prosperidad sólo de manera material, y el malo también puede prosperar - durante un tiempo. La prosperidad que Dios da es de otra clase; incluye lo material, pero va mucho más allá.

Al pensar en esta prosperidad que Dios da al justo, pienso en la vida de algunos de los grandes misioneros. Una de ellas se llama Julia Anderson, y sirvió durante muchos años entre los quichuas de Ecuador. Su servicio misionero duró cinco décadas, y durante ellas, logró sembrar unas cuantas iglesias. Poco resultado, al parecer, por mucho esfuerzo.

Sin embargo, después de su muerte en 1960, la Iglesia entre los quichuas explotó. Hoy cientos de miles han respondido al evangelio, gracias al trabajo de Julia y de otros creyentes. Aunque ella no vio todo el fruto, su vida fructificó. Sé que ella ahora se está gozando en el cielo al ver lo que Dios ha hecho por medio de ella. Así es la vida del justo. Pero hay otro camino:

II. El camino de perdición

Aunque el malo puede prosperar durante un tiempo, su vida resulta ser totalmente inútil. El salmo lo compara con la paja que el viento se lleva. Así de fácil acabará Dios con la vida de los malos. Aunque hayan llegado a tener riquezas, poder, diversión, fama - al final, no habrá nada, ni siquiera un recuerdo de su vida.

Al final de los siglos, en la asamblea de los justos, no habrá ningún malvado. Aunque su palanca le haya abierto las puertas a muchos lugares en la tierra, no podrá entrar a ese lugar. Al final, Dios hará justicia.

Conclusión

Te pregunto en esta mañana: ¿a dónde te está llevando tu camino? Dios ve cómo estás viviendo. Aunque nadie más lo vea, El sí lo ve. ¿Estás viviendo en la dicha que Dios da, o vas hacia la destrucción?

No es tarde para cambiar de camino. De hecho, Jesús vino para que pudieras hacer precisamente eso. Con su muerte en la cruz, El te abrió el camino al Padre. Si tú te arrepientes hoy, El te aceptará. Escoge bien tu camino - porque así escoges tu destino final.


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