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Domingo 22 de Marzo del 2009

¿Qué es lo que Dios quiere?
Pastor Tony Hancock

El día de ayer, nuestros jóvenes participaron en un seminario con el llamativo título: "Que sea lo que Dios quiera". Esto me puso a pensar: ¿qué es, en realidad, lo que Dios quiere? ¿Cuál es su voluntad? He observado que muchas veces hablamos de lo que Dios quiere, sin realmente preguntarnos qué será.

Por ejemplo, en innumerables ocasiones, me ha tocado invitar a alguien a la iglesia y recibir esta respuesta: "Allí estaremos, si Dios quiere". Esa respuesta suena bien; parece que la persona está haciendo un compromiso, dejando simplemente la posibilidad de que Dios, en su soberanía, podría impedir que asistan.

Sin embargo, ha notado algo extraño. La gran mayoría de las personas que responden de esa manera a mi invitación no llegan a la iglesia el domingo. Me pregunto, entonces, ¿será que hay tanta gente que Dios realmente no quiere que vaya a la iglesia? No lo creo. Más bien, me parece que hemos confundido lo que nosotros queremos con lo que Dios quiere.

¿Qué, entonces, es lo que Dios quiere? En realidad, hay muchas cosas que no sabemos acerca de lo que Dios quiere. Moisés comentó esto durante sus sermones al pueblo de Israel que tenemos registrados en el libro de Deuteronomio. Después de explicarles todas las condiciones del pacto que Dios estaba haciendo con ellos, les dijo algo muy interesante.

Leámoslo en Deuteronomio 29:29: "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.".

Aquí Moisés habla de dos clases de cosas: cosas secretas y cosas reveladas. Las cosas secretas son cosas que Dios no ha decidido revelarnos. Son secretos que El guarda en su mente, planes y propósitos que El tiene que no se ha dignado mostrarnos. Frente a estas cosas, tenemos que quedarnos callados y reconocer que El es Dios.

Muchas personas se meten en problemas precisamente porque quieren conocer las cosas secretas, cosas que Dios no ha decidido revelarnos. Desean, por ejemplo, saber más acerca del futuro de lo que Dios nos ha mostrado. Se meten entonces a leer su horóscopo, para tratar de saber lo que va a suceder mañana.

O se meten al ocultismo, consultan a los espiritistas o entran en religiones extrañas que les prometen una revelación secreta. El problema con todo esto es que, como dice Moisés, lo secreto le pertenece a Dios. El ha decidido no revelárnoslo, al menos por el momento.

Ten cuidado con el deseo de saber más de lo que se puede. La curiosidad es un instinto que Dios ha puesto en nosotros y que nos ha llevado a descubrir muchas cosas. Sin curiosidad, no habría ciencia. Sin embargo, tenemos que observar los límites que Dios ha puesto sobre nuestro conocimiento, y no ir más allá.

Ahora bien, si hay cosas secretas que Dios no ha querido revelarnos, también hay cosas que El sí nos ha revelado. Estas cosas, dice Moisés, nos pertenecen a nosotros, para que las obedezcamos. ¿Cuál es la reacción correcta a lo que Dios no nos ha revelado acerca de su voluntad? Respetarlo. ¿Cuál es la reacción correcta a lo que Dios sí nos ha revelado acerca de su voluntad? Obedecerlo.

Han pasado varios milenios desde que Moisés habló, aunque su palabra sigue siendo fresca y viva para nosotros por el poder del Espíritu Santo. Durante ese tiempo, el plan de Dios ha avanzado también. La historia del pueblo de Israel fue una serie de momentos de grandeza y victoria, y otros momentos de derrota y aflicción. La grandeza generalmente seguía la obediencia, mientras que la derrota venía después de la rebelión.

Por fin, de la cuna de su pueblo Israel, Dios levantó a Uno que cumpliría toda una serie de profecías, que representaría la esperanza de Israel y del mundo. El se llama Jesús. Con la venida de Jesús, hay menos secretos. De hecho, llega un momento en que El dice, en Juan 15:15: "Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes".

Jesús nos ha relatado muchas de las cosas acerca del plan de Dios que, durante el tiempo de Moisés, eran secretas. Nos ha dado muchas indicaciones acerca de la forma en que se acabará el mundo, por ejemplo. Nos ha contado cómo va a regresar, para que no podamos ser engañados por los farsantes que se presentan. Nos ha revelado mucho.

Durante esta etapa de la realización de su propósito para el mundo, Dios quiere algo muy importante. Veámoslo en 2 Pedro 3:9: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". El apóstol Pedro nos está hablando acerca de la venida del Señor, algo que sucederá inesperadamente. Cristo podría regresar en cualquier momento.

¿Por qué no ha regresado todavía? Porque Dios quiere que más personas se arrepientan. El quiere que más personas se vuelvan hacia El, dejando de seguir su propio camino para adorar y servir a Dios de todo corazón.

¿Te acuerdas de lo que dijo Moisés acerca de lo que Dios quiere? Las cosas secretas son para El, pero las cosas reveladas son para nosotros, para obedecer. Dios nos está llamando, entonces, a alinear lo que nosotros queremos con lo que El quiere. El quiere que todos se arrepientan y así sean salvos. Dime: ¿quieres lo mismo?

Esto significa dos cosas muy importantes. En primer lugar, significa que, si tú no has llegado a conocer a Cristo, ésta es la cosa más importante que Dios desea para ti. Quizás tú deseas algo diferente: quieres que tu vida sea más interesante, más fácil o más larga. Lo que Dios quiere es que tú lo conozcas a El.

Llegará un día en el que será muy tarde. Dios te está dando esta oportunidad para que tú vengas a El y lo conozcas. Fue por eso que El envió a Cristo a este mundo, para abrirte un camino para que lo pudieras conocer. Por medio del sacrificio de Cristo hay un camino abierto a Dios.

La segunda cosa que significa esto es que, si tú realmente quieres unirte a lo que Dios quiere, te dedicarás a trabajar para que otros lo conozcan también. Si Dios no quiere que nadie se pierda, y más bien quiere que todos se arrepientan, tú y yo debemos de querer lo mismo.

Si queremos esto, buscaremos maneras de hacerlo realidad. Oraremos por la salvación de nuestros amigos y parientes que no conocen a Cristo. Hablaremos con los que Dios pone en nuestro camino. Apoyaremos a los que Dios llama a las misiones. Si esto es lo que Dios quiere, nosotros no debemos desearlo menos.

Recuerdo que, cuando era niño, mi madre a veces me mandaba a realizar algún quehacer. Cuando volvía, ella me solía preguntar: ¿Hiciste lo que yo quería? Era su forma de asegurarse de que no me había distraído, haciendo lo que yo quería en lugar de cumplir sus órdenes.

Yo me pregunto: ¿qué le responderemos a Jesús cuando El nos hace la misma pregunta? ¿Hiciste lo que yo quería? Ya sabemos lo que Dios quiere. La pregunta queda: ¿lo haremos? ¿Harás lo que Dios quiere? Te invito hoy a tomar la decisión necesaria para poder hacerlo.


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