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Domingo 1 de Marzo del 2009

Entrando a la conquista
Pastor Tony Hancock

Introducción

Había llegado el momento para la conquista. Mediante muchas muestras de su fuerza, Dios había sacado a los israelitas de su cautiverio en Egipto, los había hecho cruzar el mar en tierra seca, les había dado agua de una roca cuando tenían sed, pan del cielo cuando tenían hambre - y ahora estaba listo para hacerlos entrar a la tierra que les había prometido.

Sólo había un problema. Cuando los espías israelitas revisaron la tierra por primera vez, se desanimaron. No fue por la tierra; la tierra era fértil y buena. No; el problema eran sus habitantes. Eran gigantes. Los israelitas se olvidaron de que su Dios es más grande que cualquier gigante, y se quedaron atrás.

Dios los había sacado de su esclavitud para conquistar esta tierra, pero no lograron cumplir ese propósito; tuvieron que esperar cuarenta años para tener otra oportunidad. El los había rescatado para llevarlos a la conquista, pero no lograron cumplir ese propósito.

Si tú conoces a Cristo, ¿para qué te ha salvado Dios? ¿Con qué propósito te ha alcanzado? Quizás dirás que te ha salvado para que no tengas que sufrir el castigo eterno, y esto es verdad. En su amor, Dios no quiere que nadie se pierda.

Quizás dirás que Dios te ha salvado para que vivas una vida mejor, y esto también es verdad. Con Cristo se vive mucho mejor que sin El; con El tenemos esperanza, paz, provisión y ayuda para enfrentar las luchas de la vida.

Estas cosas son ciertas, pero si tú conoces a Cristo, tienes un propósito que va más allá de esto. Dios te ha salvado para que tú participes en su plan de conquistar esta tierra para El. Te ha llamado a ser parte de su ejército.

Antes de continuar, tenemos que aclarar que la lucha a la que Dios nos llama no es una lucha física. Dios no nos llama a pelear en su ejército con pistolas, con rifles o con metralletas; Efesios 6:12 nos dice: "Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales."

Dios nos está llamando a una conquista espiritual que consiste en ganar almas para su Reino, en llevar su luz a este mundo de maldad al vivir vidas de integridad y justicia en medio de la oscuridad, en mostrar amor hacia los necesitados y suplir sus necesidades en el nombre de Jesús. Esta es la conquista a la que nos llama Dios.

Al ver cómo el pueblo de Israel fue guiado por Dios para conquistar la tierra prometida, podemos ver cómo Dios también quiere llevarnos a nosotros a la conquista espiritual. Les invito a abrir sus Biblias conmigo en el libro de Josué, capítulo dos.

Encontramos al pueblo de Israel, con su líder Josué, al otro lado del río Jordán, frente a la tierra prometida. Josué envía secretamente a dos espías para ver lo que está pasando en la tierra, y ellos llegan a la ciudad de Jericó. Esta ciudad fortificada protegía el paso por la zona montañosa por la que tendrían que pasar los israelitas.

Cuando los espías entran a Jericó, se refugian en la casa de una mujer de la calle. Me pregunto: ¿por qué irían dos hombres del pueblo de Dios a tal lugar? ¿Será que se estaban portando mal? En realidad, creo que no. Más bien, este tipo de lugar era el único en la ciudad adonde no sería extraño que se metieran un par de hombres desconocidos. Además de esto, Rajab, la propietaria, estaría al tanto de todo lo que sucedía en Jericó.

Quiero que observen conmigo lo que esta mujer les dice a los espías. Leamos los versos 8-11:

2:8 Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo:
2:9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros.
2:10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.
2:11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Recuerden que estas palabras vienen de la boca de una mujer de mala vida, de una mujer que no había sido criada con enseñanza acerca del Dios verdadero. Sin embargo, ella había llegado a creer que el Señor es el Dios verdadero. ¿Qué vemos aquí? Vemos que

I. Dios nos está preparando el camino a la conquista

Me imagino que estos espías israelitas no esperaban encontrar a nadie que creyera en su Dios, pero el Señor ya tenía a alguien separado en Jericó. Esta mujer, a pesar de los errores que había cometido, llegó a ser parte del linaje del rey David, y del Señor Jesús. Dios había preparado su corazón.

Cuando tú sales a compartir la Palabra de Dios, recuerda que El va delante de ti también. El ya está preparando corazones para recibir el mensaje. El ya está obrando en la vida de las personas. El ya les está ayudando. Aun en los lugares más inesperados, Dios tiene gente preparada para recibir su mensaje.

Cuando era niño, un hombre llegó a nuestra iglesia porque iba caminando borracho por la calle y escuchó los cantos de las damas. Cuando se metió para escuchar más, se le habló del Señor y más tarde fue salvo. Llegó a ser uno de los pilares de la Iglesia. Dios lo alcanzó inesperadamente.

Se podrían multiplicar historias como ésta, pero lo que quiero que recuerdes es que Dios va delante de ti en el camino a la conquista. ¡No tengas temor! No dudes que tus esfuerzos, hechos en fe, tendrán el resultado que Dios desea - porque El te está preparando el camino.

No sé si te sucede, pero a veces me desanimo en evangelizar porque pienso que no hay mucho resultado. Parece que lo tengo que hacer todo solo. Este pasaje me dice que Dios va delante de mí, y que El tiene una conquista preparada para mí - y para ti también.

Volvamos ahora a la historia de los espías. Ellos volvieron al pueblo con un buen reporte, y todos se prepararon para entrar a la tierra prometida. Quiero que leamos ahora el capítulo 3, verso 5: "Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. " Aquí vemos un llamado, y una razón. El llamado es un llamado a la pureza, y la razón es lo que Dios haría.

II. Dios nos llama a prepararnos para la conquista

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios se manifestaba físicamente entre su pueblo. Por esto, la purificación que Dios demandaba tenía un aspecto físico - en cuestiones, por ejemplo, de la limpieza personal - y no sólo moral. Hoy en día, la Biblia nos dice que nosotros somos el templo del Espíritu Santo. Dentro de cada creyente mora la presencia de Dios.

Esto significa que la purificación principal que Dios busca en nosotros es la purificación espiritual. Si nosotros no nos purificamos, no veremos los grandes prodigios que Dios quiere realizar entre nosotros. Dios no se manifiesta en un pueblo que no se ha preparado.

Es por esto que los grandes avivamientos siempre comienzan con un mover de arrepentimiento. Cuando el pueblo de Dios es avivado hay llanto por el pecado, hay arrepentimiento sincero, hay acciones de quitar la maldad de las vidas. En el avivamiento de Irlanda en los años 20, los trabajadores de los astilleros devolvieron tantas herramientas robadas que fue necesario construir almacenes para guardarlos. Cuando el pueblo de Dios se despierta, la purificación espiritual siempre viene como resultado.

¿Cómo te puedes preparar para la conquista? Prepara tu corazón mediante la confesión y el arrepentimiento de cualquier pecado que tú encuentres en él. Reconoce la seriedad del pecado. No pienses que esa mala costumbre que tienes no es más que un pecadillo, que todo el mundo lo hace y no importa. Esa costumbre de decir mentirillas, de albergar en tu corazón fantasías lujuriosas, de fallarle a Dios - esa costumbre puede costarte mucho.

Dios nos está llamando a prepararnos para la conquista. Ahora observa algo más en el capítulo 3, verso 6: "Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo." Josué ordena a los líderes - los sacerdotes que cargaban el arca - que se pusieran al frente del pueblo. Saltemos ahora a los versos 14 al 17:

3:14 Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto,
3:15 cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),
3:16 las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó.
3:17 Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.

¿Qué observan aquí? ¿Cuándo fue que se partieron las aguas del Jordán para que el pueblo pudiera cruzar en tierra seca? Sólo fue cuando los sacerdotes en fe avanzaron hasta la orilla del río y se mojaron los pies. Dios lo tenía todo - como se dice - fríamente calculado. Era necesario que los sacerdotes mostraran su fe siguiendo las instrucciones de Dios antes de que se partieran las aguas.

III. Dios nos muestra su poder cuando actuamos en fe

Imagina lo que hubiera sucedido si los sacerdotes hubieran dicho: "¡No nos queremos mojar los pies! Mejor que el río se detenga primero, y después podemos cruzar." El río se estaba desbordando; las lluvias primaverales lo habían dejado lleno. No era una extensión tranquila de aguas cristalinas; se trataba más bien de un torrente de aguas turbias y violentas.

Sin embargo, era necesario que los sacerdotes mostraran su fe llegando hasta la orilla y mojándose los pies, como si estuvieran a punto de meterse al agua, para que el río se detuviera. De igual manera, en nuestro servicio a Cristo y en nuestra vida para El, Dios nos llama a actuar en fe.

Cuando Dios te llama a hacer algo, no siempre te muestra cómo lo vas a hacer. No siempre te muestra cómo va a proveer. El te llama a actuar con inteligencia y sobriedad, pero también te llama a mostrar fe en su capacidad para guiarte y sostenerte. Si Dios te llama a hacer algo, confía en su provisión. El provee cuando te mojas los pies.

Conclusión

¿Para qué te ha salvado Jesús, si lo conoces? Te ha salvado para participar en la conquista. El te llama a confiar en que El va delante de ti preparando el camino, a purificarte y a actuar en fe. ¿Quieres participar en la conquista? ¿Estás preparado para ser parte de la invasión? Toma hoy la decisión de ser un buen soldado.

Si tú no conoces a Cristo, te invito a conocer más de El. Durante el tiempo de invitación, pasa para que podamos hablar y orar contigo. Dios tiene un propósito para tu vida.


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