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Domingo 8 de Febrero del 2009

Lo que tenemos y lo que debemos
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿De qué me sirve ser cristiano? Es una pregunta que muchos se han hecho. Las respuestas son variadas; algunos te dirán que ser cristiano significa una vida de salud y prosperidad sin problemas. Suena muy atractivo; el único problema es que el fundador de nuestra fe no tuvo una vida que se podría describir de esa forma.

Otras personas te dirán que ser cristiano realmente no sirve de mucho. Es simplemente una ayuda para las personas que necesitan apoyo, una superstición que ayuda a los débiles a enfrentar una vida sin sentido y sin esperanza. Está bien si lo necesitas, te dirán.

¿De qué me sirve ser cristiano? De mucho. En un mensaje no podríamos terminar de describir todos los beneficios que son nuestros en Cristo, pero vamos a considerar un pasaje que nos describe algunas de las cosas que tenemos en Cristo. Al considerar lo que tenemos, también tenemos que considerar lo que debemos.

Lectura: Hebreos 10:19-25

10:19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
10:20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
10:21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
10:22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
10:23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
10:24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
10:25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Vamos a hablar primero de

I. Lo que tenemos en Cristo

El otro día hablaba con alguien acerca del libro de Levítico, y le comentaba a esta persona que es un libro realmente edificante, pero que mucha gente ignora. La respuesta que recibí fue interesante. El comentario fue: Creo que se quedan espantados por toda la sangre.

En realidad, es una respuesta iluminadora. En el libro de Levítico hay mucha sangre; es un libro muy sangriento. Se describen con lujo de detalles todos los sacrificios que se tenían que hacer, y lo que era necesario hacerse con la sangre de estos sacrificios. ¿Por qué tanto enfoque sobre la sangre?

Simplemente porque el tema de Levítico es la santidad, y la forma en que un pueblo impuro puede convivir con un Dios santo. Cuando el ser humano peca, se produce una contaminación que sólo puede ser lavada con sangre. La sangre es el único detergente que puede quitar el pecado.

En el Antiguo Testamento, era la sangre de los animales la que se usaba. Ahora, sin embargo, todo eso ha pasado a la antigüedad; sólo hay una sangre que nos puede limpiar a nosotros. Es la sangre de Jesucristo. Es por medio de su sangre que nosotros tenemos el privilegio de entrar a la presencia de Dios.

En Cristo, tenemos confianza para entrar a la presencia misma del Dios santo. En los tiempos del Antiguo Testamento, la única persona que podía entrar al lugar santísimo, el lugar de la morada de Dios, era el sumo sacerdote. El sólo podía entrar una vez al año, y se perjudicaba cuando lo hacía.

Ahora, sin embargo, cualquiera de nosotros puede entrar - espiritualmente hablando - directamente a la presencia de Dios. Dice la Biblia que, mediante la sangre de Cristo, tenemos plena libertad para entrar en el lugar santísimo. ¿Te vales de esa oportunidad? ¿Tienes comunión con Dios?

En Cristo, también tenemos un representante perfecto ante Dios. Tenemos un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. El es nuestro capitán, nuestro abogado, nuestro defensor. Cuando el enemigo llega ante Dios para acusarnos con nuestros delitos pasados, Jesús no tiene más que enseñar las heridas de sus manos y sus pies para mostrar que ya no somos culpables.

Los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían como labor representar al pueblo ante Dios, haciendo sacrificios por los pecados e intercediendo por ellos. Cristo ofreció el mejor sacrificio de todos, y El es un sacerdote que nunca falla. En El tenemos un representante perfecto ante Dios.

Recuerdo leer una vez la historia de un proceso legal que involucró a algunos hermanos. Cuando llegaron a la audiencia, descubrieron algo insólito; el abogado que habían contratado para representarles también estaba representando a la oposición. Obviamente, era imposible que ese abogado hiciera un buen trabajo. Les había jugado mal.

Jesús nunca nos hará una mala jugada. El es el sacerdote perfecto, el representante ante el Padre que nunca nos fallará, que ha hecho el sacrificio que nos hace aceptables ante Dios y que nos da la dirección y la enseñanza perfecta que necesitamos. Si eres creyente, esto es lo que tú tienes en Cristo. Veamos ahora

II. Lo que le debemos a Cristo

El pasaje nos hace tres llamados en base a lo que tenemos en Cristo. En primer lugar, nos llama a acercarnos a Dios con seguridad. Nos dice: "Acerquémonos a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe." Tenemos el derecho de entrar a la presencia de Dios, pero tenemos que valernos de ese derecho, pasando tiempo en su presencia.

¿Por qué podemos entrar a su presencia? Porque hemos sido transformados y preparados. Cuando conocemos a Cristo, nuestro corazón es purificado; nuestra conciencia es limpiada. Todo el pecado que cargábamos es quitado, gracias a lo que Cristo hizo en la cruz. Como señal y sello de esto, nuestro cuerpo es lavado en el bautismo con agua pura.

Quizás tú estás aquí en este día y no has experimentado esa transformación. Quizás todavía cargas en tu conciencia el peso de los pecados que has cometido. Déjame asegurarte que Cristo te los puede quitar, si tú vienes a El arrepentido y le abres tu corazón en fe. Puedes tener una conciencia purificada. Dentro de algunos minutos daremos una invitación para los que quieran acercarse a Cristo.

Si tú ya has tomado esa decisión, si ya recibiste a Cristo, tienes la conciencia limpia y puedes acercarte a Dios. Ahora te pregunto: ¿lo haces? Cuando te sientes tentado, ¿qué haces? ¿Acudes a Dios para buscar ayuda para resistir la tentación? ¿O tratas de resistirla en tus propias fuerzas?

El mundo, la carne y el diablo nos tratan de mantener alejados de Dios, pero El nos ha abierto el camino a su presencia. Acerquémonos a El en oración confiadamente, con seguridad, sin temor. Es un privilegio, y un deber que tenemos como creyentes.

En segundo lugar, somos llamados a mantener la esperanza que hemos recibido. Observen lo que dice el verso 23. Cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador, recibimos una esperanza también. Es la esperanza de la vida eterna con Dios, que conlleva su presencia con nosotros aquí y ahora. Sin embargo, se nos dice aquí que tenemos que mantener la esperanza.

En otras palabras, podemos perder de vista la esperanza que tenemos en Cristo y desesperarnos. ¿Les ha sucedido esto alguna vez? Nos olvidamos de lo que tenemos prometido, y nos empezamos a desanimar. Nos empezamos a portar como si Dios no fuera capaz de guardar sus promesas.

Sin embargo, con lo que Cristo ha hecho por nosotros para darnos esa esperanza, le debemos guardarla. Cuida tu esperanza. Recuerda quién te ha prometido la vida y la eternidad. No te olvides de lo que te espera.

En tercer lugar, somos llamados a animarnos unos a otros. Tenemos que preocuparnos los unos por los otros, estimulándonos unos a otros al amor y a las buenas obras. La palabra "estimular" en el idioma original puede significar "molestar" o "irritar". Es una palabra fuerte. Nos dice que tenemos la responsabilidad de impulsarnos los unos a los otros a ser fieles en servir a Dios.

Muchas veces hemos creído la idea mundana de que cada uno es responsable por lo que hace, y que no tenemos que preocuparnos por lo que hacen nuestros hermanos. Aquí, sin embargo, nos dice que sí tenemos esa responsabilidad. Tenemos el deber de reunirnos con nuestros hermanos para podernos animar unos a otros, y para crecer en el servicio del Señor.

Esto significa que, cuando nos reunimos como Iglesia, tenemos que pensar en nuestros hermanos. ¿Cómo están? ¿Están creciendo? ¿Qué podemos hacer para ayudarles a crecer más en su conocimiento del Señor? Si vemos que alguien ha dejado de asistir, busquemos a esa persona. Quizás podamos salvarle de un gran error.

Conclusión

¿Qué tenemos en Cristo? Lo tenemos todo, en realidad - el futuro, una relación con Dios, un lugar en su reino. ¿Qué le debemos a Cristo? Le debemos todo también - y El nos pide que nos acerquemos a Dios con seguridad, que mantengamos firme nuestra esperanza y que busquemos cómo animarnos unos a otros.

Quizás tú estás aquí en esta mañana y no conoces a Cristo de forma personal. No tienes la seguridad de que tus pecados han sido perdonados y tu culpa lavada. Cristo murió en la cruz como el sacrificio perfecto por tus pecados. Si nunca lo has recibido, ven hoy a conocerle. No esperes más.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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