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Domingo 18 de Enero del 2009

¿Para qué usas el dinero?
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un chofer de camión fue contratado para llevar cien pingüinos a un zoológico en otra ciudad. Subió las aves a su camión de carga y se dirigió hacia el zoológico. Sin embargo, a mitad de camino, se le descompuso el camión. ¿Cómo hacer para que los pingüinos llegaran al zoológico a tiempo?

Por fin se le ocurrió parar a otro chofer y ofrecerle quinientos dólares para llevar a los pingüinos a su destino. Después de tres horas, logró que otro chofer se detuviera, y le propuso el intercambio. El otro chofer aceptó, subió a los cien pingüinos a su camión y se dirigió hacia la ciudad.

Al día siguiente, el chofer original llegó por fin a su destino. Para su sorpresa, vio al chofer al que había contratado caminando por la calle, con una fila de cien pingüinos detrás. Se fue corriendo para hablar con él y le preguntó: "¿Qué pasó? ¡Yo te pagué quinientos dólares para llevar a esos pingüinos al zoológico!"

El otro chofer le respondió: "Sí, ya los llevé al zoológico, y les gustó mucho. Nos sobró dinero, y ahora los estoy llevando al cine". Vaya malentendido, ¿verdad? En esta historia, además del malentendido, me llaman la atención dos cosas: una es la generosidad del segundo chofer. En su lugar, otros se hubieran quedado con el dinero que sobraba. La otra cosa es que el chofer, con una sencilla acción, se ganó cien amigos. Estoy seguro que, si hubiera tenido deseos de visitar la Antártida, habría encontrado muchos lugares a donde llegar.

La realidad es que, con el dinero, podemos hacer amigos y podemos hacer enemigos. Es miope la persona que sólo piensa en reunir más dinero para gastar en sí misma. Jesús nos contó una historia muy interesante para ayudarnos a considerar la forma en que usamos el dinero que tenemos.

Lectura: Lucas 16:1-9

16:1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.
16:2 Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de tí? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
16:3 Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
16:4 Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.
16:5 Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?
16:6 El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.
16:7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.
16:8 Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.
16:9 Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

Esta es una de las parábolas más extrañas de nuestro Señor Jesús, pues en ella nos pone como ejemplo a una persona deshonesta. ¿Será que Jesús aprueba la deshonestidad? ¿Estará cancelando el noveno mandamiento? No lo creo. El mismo enseñó que ni una jota ni una tilde de la ley podrá ser cancelada, sino que todo debe de cumplirse.

Más bien, El nos cuenta esta historia para llamarnos a considerar la forma en que la gente de este mundo puede ser muy lista en su uso del dinero, y a pensar cómo nosotros podemos ser sabios también. Observen lo que sucede en esta historia contada por Jesús.

Un administrador, gracias a su propia falla, llega a saber que está a punto de ser despedido de su trabajo. Ha sido trabajador de oficina, y no está adaptado para hacer trabajo físico. No tiene ganas de ponerse a mendigar. ¿Qué hacer? Se le ocurre un plan: antes de abandonar su oficina, llama a todas las personas que le deben dinero a su patrón y las pone a cambiar la cantidad de su deuda.

Ahora él sabe que, cuando tenga que irse de su trabajo, habrá otras personas que lo recibirán. En gratitud por el favor que les ha hecho, le darán un lugar para hospedarse - y quizás un trabajo también. Su astucia en el uso del dinero de otra persona le ha ganado un beneficio.

Jesús no te está llamando a copiar la deshonestidad de este hombre, pero observa las demás formas en que su caso es como el nuestro. En primer lugar, la única cosa que él tuvo a la mano para beneficiarse eran los bienes de otra persona. ¿Sabes qué? Tú no tienes nada que sea tuyo tampoco.

Cada uno de nosotros es simplemente un administrador de lo que le pertenece a otro. Dios es el dueño de todo lo que tenemos. No muy lejos de aquí hay una propiedad de un acre que, según los registros oficiales, está a nombre del Dios Todopoderoso. La realidad es que todas las propiedades lo deberían de estar, porque todo es de El.

Lo que tú tienes, entonces, le pertenece a Dios. Sin embargo, tú puedes usar esos bienes que no son tuyos para beneficiarte, así como lo hizo el hombre de la parábola. ¿Cómo? Aquí está la clave: usándolos para beneficiar a otros. Si usas los bienes que Dios te ha encomendado para beneficiar a otros, te beneficiarás tú mismo también.

Esos beneficios muchas veces se ven aquí en esta tierra. Sin embargo, su expresión completa se verá en la era venidera. Cuando Jesús regrese, veremos plenamente todo lo que nos hemos ganado con nuestra generosidad a otras personas. Al llegar al cielo, habrá muchos que saldrán a darnos la bienvenida porque les hemos ayudado aquí en la tierra.

Cuando tú ayudas a otra persona, entonces, no pierdes. Al contrario: ¡ganas! Cuando ayudas a un hermano necesitado, cuando das para que otros puedan oír el evangelio, cuando apoyas la extensión del Reino de Dios tú mismo saldrás beneficiado. No se te ocurra pensar, entonces, que cuando das, estás perdiendo ese dinero. En realidad, lo estás ganando.

Sigamos leyendo ahora lo que Jesús nos enseña.

Lectura: Lucas 16:10-12

16:10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
16:11 Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?
16:12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

Aquí encontramos un principio muy importante. Es algo que se aplica en la vida de la Iglesia. Cuando se prepara a alguien para una posición de liderazgo, la primera cosa que se ve es su fidelidad en lo pequeño. Quizás tú tienes una responsabilidad que te parece insignificante, y por ese motivo, no te dedicas mucho. Dices: Cuando me pongan a hacer algo importante, entonces sí me aplicaré más.

Déjame decirte que no hay trabajos insignificantes en el Reino de Dios. Aparte de eso, lo que tú consideras insignificante puede ser la prueba para ver si realmente estás capacitado para recibir más responsabilidad. Si no muestras dedicación en lo pequeño, no se te podrá encomendar lo grande.

Comparativamente hablando, las cosas de este mundo son insignificantes. No son eternas; no tienen poder real. Hace tiempo había un anuncio que decía: Un diamante es para siempre. No es cierto. Los diamantes son muy duraderos, pero cualquier cosa en este mundo algún día dejará de existir.

Sin embargo, aunque insignificantes, las cosas de este mundo son la forma en que Dios prueba tu fidelidad. Si eres fiel con las cosas de este mundo, con los bienes que Dios te confía, entonces El también te confiará las riquezas espirituales, que son mucho más importantes. En cambio, si usas las cosas de este mundo a tu antojo en lugar de agradar a Dios con ellas, no te encomendará cosas mejores.

Leamos ahora un principio más.

Lectura: Lucas 16:13

16:13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

¿Alguna vez has estado en un trabajo donde había dos patrones? A menos que los dos estén en perfecto acuerdo, puede ser una experiencia muy confusa. Uno te dice: Has esto, y cuando lo empiezas a hacer, el otro te dice: ¿Qué estás haciendo? ¡Ponte a hacer esto otro ahora mismo!

Sólo si están completamente de acuerdo es posible servir a dos patrones. Déjame decirte que, como patrones, Dios y el dinero nunca van a estar de acuerdo. Al contrario; van a estar en desacuerdo total. Por eso, Jesús te dice que, si deseas amar y servir a Dios, tendrás que poner el dinero en su lugar.

Eso no significa que te tienes que convertir en un mendigo. Es posible tener a Dios y tener dinero. Lo que es imposible es servir a Dios y servir al dinero. Más bien, pon tu dinero al servicio de Dios y de los demás, y no tendrás problemas. Pero si crees la mentira que el diablo te susurra al oído, esa mentira de que el dinero te puede hacer feliz, te convertirás en su esclavo.

Por eso, te quiero preguntar: ¿de quién es el dinero que tienes? ¿A quién le pertenece el cheque que recibes cada semana? ¿De quién es tu carro, y todo lo demás que tienes? Si no te has dado cuenta todavía de que todo es de Dios, empieza con esa realidad. Reconoce que todo lo que tienes es de El.

Ahora que sabes a quién le pertenece, pregúntale cómo quiere que lo uses. ¿Vas a ser siervo del dinero, o pondrás tu dinero al servicio de Dios? Si lo haces, El es fiel para proveer lo que necesitas. Cuando tú le entregas a Dios todo tu dinero, El te ayuda para que alcance.

Conclusión

Un predicador dijo en alguna ocasión: Hay dos formas en que podemos ver el dinero. Podemos preguntarnos: ¿cuánto de mi dinero usaré para el Señor? O podemos preguntarnos: ¿cuánto del dinero del Señor usaré para mí mismo?

En realidad, la segunda pregunta es la más acertada; todo es de Dios. Volvemos, entonces, a la pregunta que encabeza este mensaje: ¿para qué usas el dinero? ¿Lo usas para servir a otros y a Dios, sabiendo que así recibes bendición? ¿Consideras que todo es de Dios, y que El es la fuente de todo lo que tienes? ¿Confías en El para suplir tu necesidad?

Aprende del administrador deshonesto - no de su deshonestidad, sino de su astucia. Reconoce de quién es todo lo que tienes, y tendrás gran ganancia.


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