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Domingo 11 de Enero del 2009

El gozo del trabajo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Cierto capataz en un proyecto de construcción tenía como trabajadores a diez hombres muy perezosos. Por fin decidió emplear un poco de astucia para lograr que trabajaran. Les dijo: "Tengo una tarea facilísima, y quiero que el más flojo de ustedes levante la mano y se ofrezca para hacerla."

De inmediato, nueve de los hombres levantaron la mano. El capataz le preguntó al décimo, al hombre que no había levantado la mano: "¿Por qué no levantaste la mano?" " Me dio flojera", respondió el hombre.

Quizás algunos de ustedes han trabajado con personas que se parecen a estos hombres. Estoy seguro que ninguno de ustedes podría verse descrito en esta historia - son demasiado trabajadores.

El mes de enero es el mes del dinero, y hoy hablaremos de la forma en que Dios quiere que nosotros consigamos el dinero. El sueño de muchos es volverse repentinamente ricos, ganando la lotería o recibiendo una herencia inesperada. Sin embargo, la Biblia declara claramente: "La herencia de fácil comienzo no tendrá un final feliz." (Proverbios 20:21)

El camino a la verdadera prosperidad económica, la prosperidad que Dios desea para nosotros, no empieza con oro caído del cielo; más bien, ese camino se encuentra en los campos del trabajo. Dios quiere cambiar nuestra perspectiva acerca del trabajo.

Pero, ¿será que el trabajo es algo bueno? Sí - Dios creó el trabajo como una parte íntegra de la vida humana. No debemos de verlo como algo que tenemos que hacer sólo para sobrevivir, sino más bien como algo bueno, de origen divino. Aunque el trabajo, como todo aspecto de la vida humana, ha sido afectado por el pecado, Dios quiere que su pueblo redima el valor del trabajo. Vemos que

I. Dios declara la dignidad del trabajo

Leamos las palabras de Jesús en Juan 5:17-18:

5:17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
5:18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Jesús hace esta declaración para defender su obra de sanar en día sábado. Los judíos entendieron que, al hacer esta declaración, El se hacía igual a su Padre celestial. Este verso es uno de los muchos que demuestran que Jesús sabía que El era Dios.

Pero observen lo que El dice. El declara que su Padre, Dios, trabaja, y que El también trabaja. Déjame hacerte una pregunta: cuando te imaginas a Dios, ¿cómo te lo imaginas? Sabemos que no debemos de hacernos imágenes de Dios, y es imposible representarlo físicamente. El es Espíritu, no carne como nosotros.

Sin embargo, si nos imagináramos a Dios, quizás lo veríamos sentado en su trono celestial, con los ángeles atendiendo cada uno de sus más mínimos antojos. Lo veríamos casi jubilado, con todo bajo control, simplemente dando órdenes. Quiero que prestes atención a lo que voy a decir ahora, porque es muy importante.

En eso que nos imaginamos, hay algo de verdad; es cierto que Dios está completamente en control de todo, y que El reina. Los ángeles están a sus órdenes. Sin embargo, El es Dios; ninguna idea humana lo alcanza a captar. Y si sacamos la conclusión de que Dios simplemente está descansando todo el tiempo, estamos equivocados. Aquí Jesús nos dice que Dios trabaja.

Ahora bien, si Dios lo hace, tiene que ser algo bueno, ¿no es cierto? Dios no hace cosas malas ni innecesarias. Por eso, cuando nosotros trabajamos bien, estamos imitando a Dios.

De hecho, esto forma parte del plan de Dios para nosotros. Leamos Génesis 2:15: "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase". Cuando Dios creó al hombre, su intención para él - su intención para la humanidad - fue que trabajara. El trabajo no es una maldición; no es un castigo. El trabajo es algo bueno, algo que Dios hizo para nosotros.

Lo que quiere decir esto es que es completamente falsa la idea de que seríamos felices si simplemente pudiéramos quedarnos en casa todo el día viendo la televisión. ¿Me oíste? ¡Quítate esa idea de la cabeza! Y enséñales a tus hijos también que el trabajo es algo bueno.

Ten cuidado con la forma en que les hablas del trabajo. Si tú dices: "Ay, otro día de trabajo. ¿Por qué no puedo descansar otro rato?", ellos van a adoptar tu actitud hacia el trabajo. Van a pensar que es algo malo, algo para esquivar. Van a pensar que la vida sólo sirve para divertirse.

Pero la Biblia nos enseña que Dios mismo trabaja, que El nos creó para trabajar y que El es quien premia nuestro trabajo. Leamos Colosenses 3:22-24:

3:22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
3:23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
3:24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Pablo aquí habla a los sirvientes. Todos nosotros somos sirvientes, en cierto sentido, de nuestros empleadores. Estas palabras son para nosotros también.

¿Qué nos dice? ¿Nos dice que trabajemos nada más cuando el jefe nos está mirando? ¿Nos dice que saquemos sólo el trabajo necesario para que no nos corran? Al contrario, nos dice que recordemos que Dios nos está mirando, y que El es quien recompensará nuestro esfuerzo. Cuando tú estés en el trabajo, recuerda que Dios te está viendo. ¿Quieres que te vea con gusto, y que te dé una recompensa por tu buen esfuerzo?

Alguien dijo: "Siempre me gusta dar el 100% en el trabajo. Doy el 12% el lunes, el 23% el martes, el 40% el miércoles, el 20% el jueves y el 5% el viernes." Pero ¡esto no es lo que Dios nos pide! El declara valioso el trabajo: tan valioso que El mismo lo hace, tan valioso que El nos creó para trabajar, tan valioso que El nos dará nuestra recompensa.

Además de esto,

II. Dios dice que el trabajo es parte de nuestro testimonio

Leamos 1 Tesalonicenses 4:10-12:

4:10 y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más;
4:11 y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado,
4:12 a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.

Me gusta la traducción de la Biblia de las Américas (v. 11): "que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado." ¿Cuál es tu ambición? ¿Tener dinero? ¿Ya no tener que trabajar?

Dios te dice que ambiciones una vida tranquila, donde trabajas con tus manos - ¿para qué? - para que puedas dar un buen testimonio de tu fe. Dice el verso 12: "para que por su modo de vivir se ganen el respeto de los que no son creyentes." Los creyentes en Cristo debemos de tener fama de ser buenos trabajadores, para que los demás se den cuenta.

Dime, en tu trabajo, ¿qué dicen de ti? ¿Das testimonio con tu dedicación al trabajo de ser seguidor de Cristo? Dios te dice que tu forma de trabajar es parte de tu testimonio ante el mundo que te observa.

Mira también lo que dice 2 Tesalonicenses 3:10: "Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma." Aquí hay un principio básico para la Iglesia: el que no quiera trabajar, que no coma. Es importante notar que aquí no habla del que no puede trabajar, sino el que no quiere trabajar. La persona que no puede trabajar, sea porque no encuentra trabajo o porque tiene limitaciones de otra índole, debe recibir ayuda compasiva.

En cambio, la persona que no quiere trabajar debe de ser motivada por el hambre. Hay un detalle muy interesante en el trasfondo de este pasaje. En la iglesia de Tesalónica, había mucha duda y mucha fascinación con la segunda venida de Cristo. En las dos cartas que Pablo les escribió él tuvo que aclarar ciertas dudas que ellos tuvieron acerca de este tema.

Parece ser que había en la congregación varias personas que habían dejado de trabajar, porque decían que Cristo iba a regresar en cualquier momento, así que ¿para qué trabajar? Tan fácilmente podemos encontrar pretextos que parecen ser muy espirituales para convertirnos en holgazanes.

Frente a esto, Pablo responde: ¡No! El que no quiera trabajar, que no coma. Hoy en día vivimos también con la expectativa de que Cristo va a regresar, y cuando miro las cosas que suceden en este mundo, creo que será pronto. Sin embargo, mientras esperamos su venida, tenemos que trabajar con nuestras manos y prepararnos para el futuro, porque no sabemos cuándo vendrá El.

El trabajo es parte de nuestro testimonio, y debemos de dar un buen ejemplo con él. Además de esto,

III. Dios dispone el trabajo como fuente de generosidad

Observa lo que dice Efesios 4:28: "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad." En Efeso, aun las personas de muy baja clase se estaban convirtiendo a Cristo. Algunos de ellos antes se habían dedicado a robar para sostenerse, pero ahora estaban aprendiendo un nuevo camino de vida en Cristo Jesús. Pablo les dice que ya no roben, sino que se pongan a trabajar.

Pero esto no es sólo para poder vivir honestamente; es para poder tener qué compartir con los demás. Yo me pregunto: ¿cuántos de nosotros vemos el trabajo como una fuente de generosidad? Me imagino que pocos los hacen. Sin embargo, es un gozo poder compartir con otros. Es un gozo poder ayudar a un hermano que tiene necesidad. Es un gozo poder apoyar a los misioneros.

Ese gran gozo se hace posible en la medida en que nosotros vemos nuestro trabajo no sólo como una forma de sostenernos a nosotros mismos y a nuestra familia, sino también como una fuente de generosidad. Si tienes la oportunidad de ganar un poco extra, ¿qué piensas hacer con ese dinero? ¿Lo piensas compartir con otros? ¿O sólo piensas en lo que puedes comprar con él? El trabajo te permite compartir y ayudar.

Conclusión

Alguien observó una vez que Dios da a las aves su alimento, pero no se lo avienta al nido. Nosotros también tenemos que trabajar para poder vivir. Pero para los que somos creyentes, el trabajo es mucho más que simple sustento. El trabajo tiene gran dignidad, porque Dios lo hace. El trabajo es parte del testimonio que le damos al mundo. El trabajo es una fuente de generosidad.

Te invito ahora a considerar tu propia actitud hacia el trabajo. ¿Cómo lo ves? En estos momentos de decisión, te invito a comprometerte con Dios en ver tu trabajo como El lo ve.


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