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Domingo 4 de Enero del 2009

El plan divino para el sostén de su obra
Pastor Tony Hancock

Introducción

Hay una cosa que todos queremos tener, pero de la cual nadie quiere hablar. Me refiero, por supuesto, al dinero. A todos nos gustaría tener más, pero no nos gusta que se nos hable del dinero - y sobre todo, en la Iglesia. Voy a ser muy honesto con ustedes: a mí tampoco me gusta hablar del dinero. Muchas personas tienen la impresión de que en la Iglesia sólo se habla de dinero, y no deseo que, al hablar del dinero, esto sirva como piedra de tropiezo para ellos.

Sin embargo, Jesús habló más acerca del dinero que de casi cualquier otro tema. Obviamente, si El lo hizo, sería un predicador infiel si esquivara el tema. La forma en que nosotros usamos el dinero es una de las medidas más importantes de nuestro estado espiritual.

Por este motivo, vamos a declarar que enero es el mes del dinero. ¿Qué les parece? Mi meta es que, al final del mes, todos veamos de forma diferente el dinero, y que lo aprendamos a usar de una forma que nos trae más gozo y menos preocupación. Hoy, para empezar el mes, vamos a hablar del dinero y su relación con la obra de Dios.

En esta conexión, me encanta la historia del predicador que empezó a decirle a su congregación: "Hermanos, ¡yo confió en el Señor que esta Iglesia puede caminar!" Toda la iglesia se emocionó y respondió: "¡Amén! ¡La Iglesia puede caminar!" Luego el predicador agregó: "Y hermanos, si Dios nos ayuda, ¡esta Iglesia puede correr!" Todos respondieron: "¡Amén! ¡Esta Iglesia puede correr!"

Finalmente, el predicador se emocionó tanto que gritó: "¡Hermanos! ¡Esta Iglesia puede volar!" Todos se entusiasmaron y respondieron: " ¡Amén! ¡Esta Iglesia puede volar!" Luego dijo el predicador: "Pero para que eso suceda, vamos a necesitar dinero". La congregación se quedó en silencio, hasta que por fin una voz solitaria dijo: "Que la Iglesia camine, pastor, que la Iglesia camine".

Pero ¿será que Dios sólo quiere que su Iglesia camine? ¡No lo creo! Por este motivo, Dios creó un plan para sostener y expandir la obra de su Reino. Hoy vamos a hablar de ese plan. Su plan consiste en dos partes. Para empezar,

I. Dios designó el diezmo para el sostén regular de su obra

Dios enseñó a su pueblo Israel que el diez por ciento de todas sus ganancias le pertenecía a El. Lee conmigo Levítico 27:30: "Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. ". De cada diez espigas de trigo que un israelita cosechaba, una le pertenecía al Señor. De cada diez becerros que nacían durante el año, uno le pertenecía al Señor. Si se trataba de un trabajador pagado, la décima parte de su salario le pertenecía al Señor.

¿Qué deseaba Dios que hiciera su pueblo con el diezmo? El diezmo servía para sostener a los siervos y a los servicios del Señor. En Números 18:26 vemos a quiénes se les entregaba el diezmo. Leamos juntos este versículo: "18:26 Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos. ". Los levitas eran miembros de la tribu de Leví, y habían sido destinados por Dios al servicio del templo. Los sacerdotes eran levitas, pero no todos los levitas eran sacerdotes. Muchos de ellos servían dentro del templo de diferentes formas, turnándose.

Estos siervos de Dios, entonces, administraban el diezmo. Como vemos aquí, usaban una parte del diezmo para los sacrificios regulares que se hacían en el templo. Usaban otra parte para su propio sostén. Leamos ahora Deuteronomio 14:23-29 para ver el otro uso que se daba al diezmo:

14:23 Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.
14:24 Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere,
14:25 entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;
14:26 y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.
14:27 Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.
14:28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.
14:29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.

Como pueden ver, una parte del diezmo también se destinaba para ayudar a los pobres y necesitados. El diezmo, entonces, tenía tres funciones básicas dentro del Antiguo Testamento: sostener a los siervos del Señor, suplir lo necesario para el templo y servir a los pobres y necesitados.

El diezmo, sin embargo, no era simplemente una especie de impuesto que todos tenían que pagar. Recuerdo una vez ver una calcomanía que decía: Si Jesús se conforma con el 10%, ¿por qué el gobierno me pide más? Es una buena pregunta, pero no debemos de pensar precisamente en el diezmo como un impuesto divino.

Para empezar, el diezmo es una forma práctica de reconocer que Dios es nuestro soberano y nuestro libertador. Hace algunos años prediqué acerca del encuentro entre Abraham y Melquisedec. En ese encuentro - que sucedió más de quinientos años antes de que Moisés diera la ley - Abraham le pagó a Melquisedec el diezmo del botín de una batalla.

Esto indica, entre otras cosas, que el diezmo es anterior a la ley de Moisés. No era simplemente parte de esa ley y, por ende, sólo aplicable a Israel; es un principio espiritual que antecede la ley. Aparte de esto, Abraham le pagó el diezmo al sacerdote Melquisedec como una declaración de que era su superior. En otras palabras, el pago del diezmo es un acto de sumisión.

Cuando tú y yo damos el diezmo, estamos reconociendo que Dios es nuestro Soberano. Estamos reconociendo que El reina sobre nosotros, que El es nuestro Rey y dueño. En cambio, si queremos quedarnos con todo lo que ganamos, estamos declarando con esa acción que nos creemos dueños de nuestra vida y de nuestras pertenencias.

Además de esto, el diezmo es una expresión de confianza. ¿Cuántos de ustedes están confiando en Cristo para salvarles de la muerte y del pecado? Me da gusto ver sus manos levantadas. Ahora bien, ¿cómo es posible que confíen en Cristo para la salvación eterna de sus almas - la cosa más importante del mundo - pero no puedan confiar en El para sostenerlos económicamente? Si tú le confías a Cristo tu destino eterno, ¿cómo no le vas a poder confiar tu vida en este mundo también?

Por eso, dar el diezmo es una expresión de confianza en Cristo. Pero es también una fuente de bendición. Dios le dijo esto a su pueblo en el libro de Malaquías. Leamos Malaquías 3:8-10.

3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
3:9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.
3:10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Es muy raro que Dios nos invite a ponerlo a El a prueba, pero es precisamente lo que El hace aquí. Nos invita a ponerlo a prueba, siendo fieles en diezmar, para ver si El no derramará sus bendiciones sobre nosotros.

Si no lo dijera este pasaje, no me atrevería a hacer la sugerencia. Sin embargo, sí me atrevo porque aquí está escrito: si tú no estás diezmando, en oración ponle a Dios un tiempo de prueba. Dile: Señor, voy a diezmar durante un mes o dos meses - lo que tú quieras. Al cabo de ese tiempo, si las cosas no me han ido bien y no has suplido mis necesidades, me sentiré libre para dejar de diezmar.

Quiero que me entiendas bien: no te quiero decir que, si empiezas a diezmar, de la noche a la mañana te convertirás en millonario. Lo que Dios está prometiendo es que, si somos fieles con El, El será fiel con nosotros - y tendremos lo que nos hace falta. Te invito a hacer la prueba tú mismo.

Pero, alguien preguntará: ¿No dejó de estar en vigencia el diezmo? Nosotros vivimos ahora bajo el nuevo pacto, y no bajo el antiguo. Sin embargo, mi estudio de la Biblia me ha dejado convencido de que Dios sigue deseando que su pueblo lo honre con el diezmo. Para empezar, ya hemos visto que el diezmo no empezó con Moisés, sino antes - con Abraham, el padre de la fe.

En segundo lugar, Jesús fue muy claro en hablar acerca de otros aspectos del pacto con Israel que no se aplican a nosotros. Por ejemplo, el declaró que todos los alimentos son limpios - que ya no tenemos que vivir bajo las leyes alimenticias del Antiguo Testamento. También declaró que la ley del sábado ya no tiene la misma aplicación desde que El vino.

Sin embargo, cuando El habló del diezmo, les indicó a sus oyentes que debían de seguir fieles en el diezmo. Esto lo vemos en Mateo 23:23: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello." Jesús habla con los fariseos acerca del diezmo. No los critica por dar el diezmo, sino por ignorar las cosas más importantes que Dios desea - la justicia, la misericordia y la fidelidad. Si Jesús quería cancelar el diezmo, ésta sería la oportunidad perfecta - pero ¡no lo hizo! Más bien, nos dijo que debíamos de seguirlo dando.

Tenemos que concluir, entonces, que Dios todavía quiere que su pueblo sostenga la obra de su Reino por medio de sus diezmos regulares. Parte de ser un seguidor fiel de Jesucristo es honrarle con nuestros diezmos, con el diez por ciento de nuestros ingresos. La Iglesia utiliza estos diezmos para sostener a los siervos del Señor, para servir a los necesitados y para suplir lo esencial para el funcionamiento de la Iglesia.

Al mismo tiempo, vemos otra cosa:

II. Dios instituyó ofrendas especiales para necesidades especiales

Esto lo podemos ver en la historia de la construcción del tabernáculo, el lugar movible de adoración que se construyó bajo la dirección de Moisés.

Leamos acerca de esto en Exodo 35:4-9:

35:4 Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado:
35:5 Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce,
35:6 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras,
35:7 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,
35:8 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático,
35:9 y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

Es importante notar que ésta fue una ofrenda voluntaria. Esto no fue parte del diezmo, sino algo aparte. La gente debía dar porque sentían en su corazón hacerlo.

Leamos ahora los versos 20-21: "20 Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. 21 Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras." Todos los que fueron movidos en su corazón para hacerlo dieron una ofrenda especial al Señor. Esto salía de su tesoro, de las joyas que tenían, de lo que habían podido reunir, y que ahora querían compartir para esta labor especial.

Lo mismo sucedió en la Iglesia primitiva. En el pasaje famoso en Hechos 2 que describe los primeros meses de la vida de la Iglesia, leemos algo muy importante. Leamos Hechos 2:44-46.

2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

Quiero que vean conmigo dos detalles importantes. Primeramente, nos dice que los creyentes en esas fechas seguían reuniéndose en el templo. Esto se refiere al templo judío, e indica que los creyentes, como buenos judíos, seguían fieles en sus diezmos.

Cuando leemos que los que tenían propiedades, entonces, solían vender alguno cuando veían una necesidad, se trata de una ofrenda especial, adicional al diezmo. En otras palabras, dentro de la Iglesia en sus comienzos, había momentos en los que se daban ofrendas especiales para necesidades especiales.

Hasta el día de hoy seguimos el mismo patrón. Recibimos ofrendas especiales para ayudar con necesidades especiales, para sostener a las misiones y para otros proyectos. Ahora bien, tomando en cuenta el ejemplo de la Iglesia primitiva, ¿deben estas ofrendas de salir de nuestro diezmo? ¡No! Son ofrendas especiales y voluntarias. Cada persona debe dar solamente lo que siente en su corazón, más allá del diezmo.

En conclusión, podemos ver que Dios tiene un plan para sostener su obra - para que su Iglesia crezca y avance. ¿Quieres ser parte de ese crecimiento y ese avance? ¿Quieres someter tu economía al control de Dios, y confiar en su sostén? Te invito a comprometerte con El hoy.


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