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Domingo 26 de Octubre del 2008

El mejor ayudante
Pastor Tony Hancock

Introducción

Una señora decidió invitar a varias personas a su casa para comer. Llegó el día, y se encontraba atareada con los preparativos de último momento. Cuando su hija pequeña se ofreció para ayudarle en lo que necesitara, su madre le dijo que pusiera la mesa.

Llegaron todas las visitas, y pasaron al comedor. Fue en ese momento que la señora se dio cuenta de algo inusual. Todos los visitantes tenían cubiertos al lado de sus platos, menos uno de los hombres. La mujer le preguntó a su hija: Hija, ¿por qué no le diste cubiertos al señor? Su hija le respondió: Yo pensé que no los iba a necesitar. ¡Papá dice que come como un león!

Todos, en algún momento, necesitamos que alguien nos ayude, pero a veces la ayuda nos deja mal. Con las mejores intenciones del mundo, esta niña hizo quedar mal a su madre frente a las visitas. A veces los ayudantes, en lugar de resolver nuestros problemas, nos causan más.

Sin embargo, la Biblia nos habla de un Ayudante que es mejor que cualquier otro. El nunca empeora nuestros problemas, sino que, más bien, nos ayuda a resolverlos. Vamos a aprender hoy acerca del mejor ayudante.

Lectura: Romanos 8:26-30

8:26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
8:27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Es increíble, pero la Biblia describe a Dios como Ayudante de su pueblo. Por ejemplo, el Salmo 46:1 dice: "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia". Que Dios mismo se digne a ayudarnos es una increíble realidad.

La presencia del Espíritu Santo para ayudarnos es un gran recurso en nuestras luchas y pruebas. De hecho, Dios nos ayuda de muchas formas, y hoy vamos a ver tres de ellas. Si no vives conciente de la ayuda constante de Dios, te animo hoy a considerar cómo El quiere ayudarte.

I. Cuando no sabemos qué decir, Dios oye la intercesión de su Espíritu

Nos lo dice el verso 26: "en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos". Llegan momentos en nuestra vida cristiana en los que no sabemos cómo orar, no sabemos qué pedir, o a veces en nuestra inmadurez, nuestra oración no se acopla a la voluntad de Dios.

Somos como niños que apenas aprenden a hablar. Los que son padres saben a qué me refiero. Un niño puede pronunciar una serie de sílabas incomprensibles, y sólo su madre sabe que tiene hambre, o que le gusta mi reloj, o que quiere jugar. La madre se convierte en intérprete para este niño, hasta que aprende a hablar bien.

El Espíritu es nuestro intérprete. El sabe lo que queremos decir, aun cuando nosotros mismos no lo sabemos, o no lo podemos expresar. El interpreta perfectamente lo que le queremos decir al Padre. En esos momentos en los que nuestros sentimientos son imposibles de expresar con palabras humanas, El intercede con gemidos profundos.

Es importante notar que el pasaje nos dice que el Espíritu acude a ayudarnos. El viene a apoyarnos en nuestras oraciones, cuando enfrentamos luchas, pruebas o tentaciones. Esto implica que nosotros tenemos que responder con oración frente a estas cosas, para que El nos venga a ayudar.

Imaginen por un momento que tengo problemas con el carro, y les pido a uno de ustedes que me ayude a componerlo. Nos ponemos de acuerdo en un día que nos vamos a ver en la casa para componer el carro. Llegado el día, el que me va a ayudar llega con sus herramientas, y yo le digo: ¡Gracias por ayudarme! Avísame cuando hayas terminado, y mientras tanto, yo voy a descansar un rato.

Díganme: ¿sería eso ayudar? ¡Claro que no! Eso sería hacer el trabajo. Es decir, si alguien nos va a ayudar, significa que nosotros estamos trabajando, y ellos nos acompañan para hacer el trabajo. No significa que se lo dejamos todo a ellos.

A lo que voy es a lo siguiente: si queremos que el Espíritu Santo nos ayude de la forma tan poderosa que describen estos versos, tenemos que enfrentar nuestras luchas y pruebas con oración. Si no estamos orando, no podemos esperar que El nos ayude en nuestra oración. No podemos decir: Espíritu Santo, ora por mí mientras hago mis cosas. ¡Tenemos que orar!

Ah, pero cuando lo hacemos, podemos tener la seguridad de que El está a nuestro lado, guiando nuestra oración, expresando lo que no podemos expresar, llevando nuestras palabras al Padre con poder. A esto se refiere Pablo cuando dice en Efesios 6:18: "Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos".

Cuando tú enfrentes una lucha o una tentación, ora. Ora. Ora. Recuerda, cuando lo hagas, que el Espíritu Santo está a tu lado, guiando tu oración, expresando lo que tú no puedes expresar, traduciendo tus balbuceos al lenguaje celestial. Cuando no sabemos qué decir, Dios nos ayuda - su Espíritu intercede por nosotros.

Ahora bien, ¿qué debemos de esperar cuando enfrentamos situaciones difíciles, y lo hacemos con oración? Podemos saber lo siguiente:

II. Cuando no entendemos lo que sucede, Dios obra para nuestro bien

Lean conmigo el verso 28. Reza el dicho: "el hombre propone, pero Dios dispone". Lo que no menciona el refrán es que Dios lo dispone todo para el bien de los suyos. ¿Cómo sabemos si somos de Dios? Hay dos identificadores. Habiendo sido llamados por Dios, lo amamos.

Consideremos cada una de estas cosas. En primer lugar, si Dios lo dispone todo para bien, es porque El nos ha llamado. Aquí no se refiere al llamado general que nace del evangelio, porque en este sentido todos son llamados. Por medio de la predicación, Dios llama a todos a conocerle.

Más bien, se refiere al llamado eficaz, el llamado que resulta - bajo obra del Espíritu Santo - en una respuesta afirmativa. En otras palabras, sabemos que somos llamados por Dios si hemos respondido a su llamado, entregándonos por fe a El mediante Cristo Jesús.

Si hemos respondido a este llamado, hay algo más que nos define: amamos a Dios. Dios lo dispone todo para bien si lo amamos. No podemos amar a Dios porque lo queremos hacer. Sólo podemos amar a Dios en respuesta a lo que El ha hecho por nosotros. Lo dice 1 Juan 4:19: "Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero".

No trates, entonces, de fabricar en tu corazón sentimientos de amor hacia Dios. Más bien, medita en lo que El hizo por ti cuando Cristo murió en la cruz, lo que El ha hecho por ti a través de tu vida, y deja que su amor despierte en ti el amor hacia El.

Si tú ves en tu vida esas evidencias de que le perteneces a Dios - que has respondido a su llamado, y que ha despertado en tu corazón el amor hacia El - puedes tener la seguridad de que todas las circunstancias de tu vida tienen un propósito en el plan de Dios. ¿Me oíste? Todas las circunstancias de tu vida tienen un propósito en el plan de Dios.

Esto no significa que todas las circunstancias de tu vida se van a arreglar a tu antojo. A veces confundimos las cosas, y pensamos que si Dios nos ama, El hará que todo nos salga bien. Pero eso no es lo que dice. No dice que todo les saldrá bien a los que aman a Dios, sino que El dispone todas las cosas para su bien.

Eso significa que, aun cuando las cosas no te van bien, cuando no entiendes lo que está pasando, cuando te sientes frustrado, puedes saber que hay una mano poderosa que está obrando para tu bien. El no dejará que nada suceda sin propósito. Esto nos lleva a lo siguiente:

III. Cuando no comprendemos el propósito de las cosas, Dios nos está moldeando para conformarnos a Cristo

Este es el propósito magno de Dios: que lleguemos a ser como Jesús. En lugar de ser personas desdichadas, derrotadas, desgraciadas, Dios nos quiere convertir en vencedores - así como lo es Cristo. Cristo venció la tentación, venció la muerte, y Dios quiere que hagas lo mismo.

Hay una cadena de acciones que Dios realiza en la vida de los suyos. Observa conmigo los versos 29 y 30. En la eternidad pasada, mucho antes de que El creara el mundo, Dios ya conocía a los suyos. Ya los había escogido. Creó, entonces, un propósito inquebrantable: el propósito de transformarnos para que fuéramos como Cristo.

Al enviar a su Hijo al mundo para que se hiciera hombre, el propósito de Dios fue que El llegara a ser el primero de muchos hermanos. ¡Y nos llama hermanos! ¡Qué gran honor! Habiéndonos destinado tal fortuna, Dios nos llamó mediante la predicación del evangelio; cuando respondimos en fe, El nos declaró libres de culpa; y cuando Cristo regrese, nos glorificará. Nos dará nuestros cuerpos nuevos.

Este es el proceso más importante de la vida. Lo más importante que te puede suceder es que respondas al llamado de Cristo y llegues a ser como El. Nada más importa frente a esto. Es por esto que Dios permite que entren en tu vida luchas y pruebas. No es porque Dios quiere verte sufrir, sino porque El quiere que llegues a ser como Cristo.

Ahora dime, ¿estás cooperando con El en ese proyecto? Dios te conoció, te predestinó, te llamó, te justificó y un día, te glorificará; tú no tienes nada que ver con eso. Pero sí tienes que cooperar con el en este proceso de ser moldeado para conformarte a la imagen de Cristo. Tienes que entregarte en su mano, dejando que El te moldee; tienes que aprender a buscarle a El, en lugar de decir: ¿por qué a mí?

Conclusión

Cuando pienso en la ayuda que el Espíritu Santo nos da, pienso también en lo que solíamos hacer de niños cuando algún adulto nos ofrecía ayuda. ¡Yo puedo! - decíamos, y lo echábamos todo a perder. ¿Sabes? Creo que le hacemos lo mismo a Dios, muchas veces.

Lo tratamos de hacer todo en nuestras propias fuerzas, con nuestra carne, en lugar de comprender que tenemos el mejor Ayudante del mundo a nuestra disposición. Cuando enfrentes luchas, no lo hagas solo. Recuerda que tienes a Alguien en ti para ayudarte a orar, a enfrentar la vida con seguridad y a vivir con propósito. Y si no lo tienes, ven hoy a Cristo.


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