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Domingo 12 de Octubre del 2008

La vida cristiana normal
Pastor Tony Hancock

Introducción

Hace muchos años, un hombre llamado Watchman Nee escribió un libro muy conocido titulado "La vida cristiana normal". Mi propósito en esta mañana no es resumir el contenido de este libro, pero me llama la atención el título. ¿Cuál es, en realidad, la vida cristiana normal? Y si sé cuál es, ¿la estoy viviendo?

No es una pregunta de interés académico. Reza el dicho: "En tierra de ciegos, el tuerto es rey", lo cual me lleva a hacer la pregunta: ¿nos estaremos comparando con la medida equivocada? Me explico: en la tierra de los ciegos, el tuerto parece tener buena visión, porque quienes lo rodean no pueden ver nada. Sin embargo, si llegara a visitar algún lugar donde todos los residentes tuvieran vista perfecta, se daría cuenta de su discapacidad.

¿Cuál es la medida correcta para la vida cristiana? ¿Cuál es la vida cristiana normal? ¿Será una vida de temor, de preocupación, de frustración y de amargura? ¿Será una vida de derrota frente al pecado, cediendo una y otra vez a la tentación? ¿Será una vida de desesperación y hastío?

Para ser honesto, en algún momento he experimentado todas estas cosas en mi vida de creyente. Creo que tú las has experimentado también. Sin embargo, cuando leo la Biblia, me doy cuenta de algo muy importante: Conocer a Cristo trae cambio. La vida no puede seguir igual después de conocer a Jesús.

En esta mañana, entonces, quiero que consideres conmigo el cambio que Cristo trae para ver si lo has experimentado, si lo estás viviendo, si lo conoces en tu vida actual; en otras palabras, si estás viviendo una vida cristiana normal. Si no la estás viviendo, te aseguro que sí la puedes vivir.

Lectura: Romanos 8:12-17

8:12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;
8:13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
8:15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

¿Recuerdas nuestro verso de memoria de la semana pasada? "Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús" (Romanos 8:1). Si tú, por fe, estás en Cristo, si tú has confiado en El para recibir la salvación y le has entregado el control de tu vida, ha sucedido un cambio total en tu vida.

Cuando Cristo viene a tu vida, El trae un cambio. Cuando leemos en el verso 12: "Por lo tanto, hermanos, tenemos una obligación..." , la base de esta declaración es nuestro nuevo estado en Cristo. La primera cosa que Cristo cambia es ésta:

I. Cristo cambia tu relación con la carne

Observa lo que dicen los versos 12 y 13 acerca de la relación normal del cristiano con la carne - es decir, con su naturaleza pecadora, con sus deseos que van en contra de la voluntad de Dios. La primera cosa que nos dice es que ya no tenemos ninguna obligación para con la carne.

Antes sí vivíamos bajo esa obligación. Vivíamos para satisfacer nuestros propios deseos. Vivíamos bajo el control de la borrachera, de la pornografía, de las drogas, del afán por el dinero, del egocentrismo que deseaba controlar a los demás - vivíamos para servir la carne.

Ahora, Cristo te está llamando a ser desobediente. Cristo quiere que seas un malcriado, un rebelde que no sigue órdenes. Sí, Cristo te ha cambiado para que seas desobediente a la voz de tu carne. Más bien, El te está llamando a dominar tu carne, a hacer morir sus obras en tu vida. Si tú estás en Cristo, tu carne ya no debe ser tu amo, sino tu víctima.

Cuando tú te unes por fe a Cristo, lo que le sucedió a El te sucede a ti. Así como su carne murió en la cruz, así tu carne también es crucificada con El. Por esto dice Pablo: "He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí" (Gálatas 2:20).

Tienes que darte cuenta de que, cuando Cristo fue colgado en la cruz, tu carne también fue colgada con El allí. Tú carne fue condenada a muerte aquel día en que Jesús colgó, bajo el cielo oscuro, sobre una cruz en Palestina. Ya no tienes que vivir bajo el control de esa carne, de esos deseos, sino que la vida cristiana normal es una vida que domina la carne.

Sin embargo, la carne es como un niño tramposo a quien sus padres dejan con la niñera. Los padres le han dicho: Tienes que acostarte a las 8:00. Sin embargo, cuando la niñera le pregunta: ¿A qué hora te acuestas?, el niño dice: ¡A las 10:00, siempre! Yo sé que ninguno de sus niños serían capaces de tal trampa, pero he oído que hay algunos por ahí que lo harían.

Pero ¡así es la carne! ¡Te trata de engañar! Trata de convencerte de que todavía estás bajo su control, que no puedes ser feliz si no te rindes a sus demandas. Te dice: Es imposible vivir como te dice el pastor. Todo eso de vivir en santidad está bien para el domingo, pero aquí en el mundo real hay que echarse unas chelas, mirar a las muchachas y divertirse un rato.

Fíjate a dónde te llevará esa forma de pensar. Aquí está la respuesta (v. 13): "Si ustedes viven de acuerdo a [la carne], morirán" . Si tú estás viviendo bajo el dominio de tu carne, entonces no estás bajo el dominio de Cristo. La fe en Cristo te llama a conquistar la carne, y te da las herramientas para hacerlo. "Si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán."

Conocer a Cristo trae cambio. La vida normal de creyente es una vida de victoria sobre la carne. Ahora dime: ¿has aprendido a dominar tu carne? O más bien, ¿te dejas dominar por ella? La vida cristiana normal es una vida de decirle que no a la carne. Ahora bien, para hacer esto, necesitas ayuda. Cristo te la da, porque

II. Cristo cambia tu relación con el Espíritu Santo

Nosotros sabemos que el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros cuando conocemos a Cristo. Cuando tú recibes a Cristo como Señor y Salvador, el Espíritu Santo de Dios, una de las personas de la Trinidad, viene a morar dentro de tu corazón.

Considera el cambio que esto representa. Jesús nos dijo que el Espíritu Santo convencería al mundo de su error en cuanto al pecado, la justicia y el juicio. Esto significa que, para el incrédulo, el Espíritu Santo habla con voz de acusación. Le demuestra su error, le señala su pecado, le enseña que está lejos de Dios. Aunque muchos ignoran la voz del Espíritu que les habla por medio de su conciencia, El les señala su pecado.

Cuando tú te entregas a Cristo, todo cambia. Ahora El no te acusa, porque ya te has arrepentido; te señala tu pecado cuando fallas, pero su obra principal es la de guiarte. "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios." (v. 14) Cuando tú llegas a conocer a Cristo, te conviertes en hijo de Dios, y su Espíritu te guía.

Esa dirección toma diferentes formas. A veces te llega en sueños, a veces viene por medio de una sensación muy fuerte de que debes de hacer algo o evitar algo, pero en la mayoría de los casos, el Espíritu te hablará por medio de la Biblia. El te señalará algo que es lo que tú necesitas en ese momento. El te guiará en tus decisiones, en tus acciones, en tus palabras - si tú le entregas el control.

Esa dirección no es sólo para momentos especiales de tu vida; debe de ser algo normal. La guía del Espíritu Santo es algo que debe ser constante en la vida del creyente. Podríamos traducirlo así: "Los que son guiados por el Espíritu de Dios - los que viven bajo su dirección constante - son hijos de Dios".

En otras palabras, lo normal para un hijo de Dios - lo normal para un creyente - es vivir guiado por el Espíritu Santo. No en ratos, no de vez en cuando, no cuando enfrenta una decisión grande y quiere evitar el fracaso, sino en todo tiempo - vivir guiados por el Espíritu.

Tengo que reconocer que todavía estoy aprendiendo a vivir guiado constantemente por el Espíritu. Sin embargo, puedo identificar momentos, decisiones, ideas que han sido claramente guiadas por el Espíritu, y que han resultado ser de gran bendición. Conforme más nos dejamos guiar por el Espíritu, más grande es la bendición.

El Espíritu Santo generalmente no te grita. Te habla en un suave susurro que fácilmente puedes ignorar. Tienes que aprender a silenciar todas las otras voces que te están hablando para poder escuchar la voz del Espíritu, pero cuando lo haces, descubres un guía sin igual.

Cristo trae un tercer cambio a tu vida, que define la vida cristiana normal:

III. Cristo cambia tu relación con el Padre

Leamos nuevamente los versos 15 al 17. Cuando tú llegas a conocer a Cristo, cuando te arrepientes del pecado y lo aceptas como tu Señor y Salvador, en ese momento eres adoptado por Dios como su hijo. Lo dice Juan 1:12: "A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios".

Antes de llegar a ser hijo de Dios por medio de la fe en Jesucristo, muchos le tienen miedo a Dios. Los que no le tienen miedo no han llegado a entender quién es Dios. Merecidamente le tenemos miedo a Dios si no estamos en Cristo, porque le tendremos que responder por todos los pecados que hemos cometido.

Sin embargo, cuando somos adoptados como sus hijos, el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu acerca de la nueva relación que ahora tenemos con Dios. Ya no tenemos que vivir atemorizados de lo que Dios nos hará, sino que - como hijos - le decimos, "Padre".

La palabra "Abba" era la forma en que los niños judíos se dirigían a sus padres. Sería como "papá" o "papi" en nuestro lenguaje. Es un término de cariño y de dependencia. Cuando llegamos a conocer a Cristo, nos es natural hablarle a Dios así. Llegamos a sentir la confianza de dirigirnos a El como hijos queridos, porque Cristo nos ha comprado el perdón, y ya no le debemos. Hemos llegado a ser sus hijos.

Dime, ¿sientes esa confianza con Dios, la confianza de decirle "papá"? El quiere que vivas en esa confianza. Si Cristo vive en ti, puedes tenerla. La vida cristiana normal es una vida de confianza en Dios como Padre, una vida de seguridad como hijos queridos.

Conclusión

Dime: ¿estás viviendo una vida cristiana normal? Si no, ¿qué te falta? Te invito en esta mañana a cambiar lo que tienes que cambiar en tu vida para vivir esa vida cristiana normal. No te conformes con una vida limitada y anormal. Vive la vida hoy que Dios tiene para ti.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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