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Domingo 28 de Septiembre del 2008

La disciplina cristiana
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un niño se había estado portando mal en el culto, haciendo ruido e interrumpiendo el mensaje del predicador. Después de callarlo varias veces, su padre lo recogió y lo llevó sobre el hombro hacia fuera, para disciplinarlo.

Cuando el niño y su padre iban saliendo, el niño miró hacia la congregación y dijo: ¡Oren por mí! Posiblemente no era una mala petición, aunque el niño iba a recibir su merecido por su mal comportamiento. El padre hizo bien en disciplinar a su hijo, a pesar de lo que podrían pensar los demás.

Tales casos, sin embargo, parecen ser menos y menos comunes. Hoy en día hemos aceptado la idea de que la disciplina, en sí, es algo malo. Alguien nos vendió la idea de que cada persona - niño y adulto - se merece el derecho de hacer lo que le dé la gana.

La Biblia, sin embargo, nos presenta un cuadro muy diferente. La Biblia nos presenta la disciplina como algo bueno. La disciplina, para los padres, es algo que tenemos que recibir para poderlo dar. Hoy en día hay muy pocos padres que saben disciplinar bien; o abusan de sus hijos en lugar de disciplinarlos, o los dejan sin ningún control ni límite.

¿Por qué será así? Creo que es porque no hemos aprendido a aceptar la disciplina. No estamos bajo disciplina nosotros mismos. Si no hemos aprendido a vivir bajo disciplina, ¿cómo podemos esperar que lo hagamos nuestros hijos?

Por este motivo, vamos a hablar hoy acerca de la disciplina cristiana, usando esa frase en su sentido más amplio. Vamos a hablar tanto de la disciplina que recibe el cristiano, como también de la disciplina que da el cristiano a sus hijos. Empecemos en el Salmo 94:12:

94:12 Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes

Este versículo nos dice algo muy importante. Nos dice que

I. La disciplina es una bendición

Esta idea va completamente en contra de los valores de la gente que nos rodea. Ellos dicen: "¡A mí nadie me dice qué hacer!" Su valor supremo es la independencia y la autodeterminación. "Yo hago con mi vida lo que a mí me da la gana".

Esta es la clase de persona que se ha descrito como el paquete más pequeño del mundo. ¿Sabes cuál es el paquete más pequeño del mundo? Es un hombre envuelto en sí mismo. Desgraciadamente, esto es lo que nuestro mundo nos ha enseñado a valorar.

Si tú crees que tu propia vida es el centro del universo, es lógico que no vas a querer que nadie más te diga que hacer. Si crees en Dios, lo vas a ver como alguien que existe para darte lo que tú quieres. Cuando El no te cumple todos tus antojos, lo dejas atrás.

Sin embargo, el salmista inspirado nos dice que la corrección, la disciplina, es algo bueno. La persona que Dios corrige es una persona dichosa. ¿Habías pensado alguna vez que la disciplina es una dicha? Solemos pensar que la bendición viene cuando Dios nos da lo que nosotros queremos - la sanidad, un ascenso en el trabajo, un carro nuevo.

Pero ¡aquí se nos dice que es una bendición - que somos dichosos - cuando Dios nos corrige! Va a ser muy difícil que avances en tu vida cristiana hasta que comprendas esta realidad. La disciplina que Dios realiza en tu vida - usando las pruebas para formar tu carácter y para ayudarte a madurar - es algo bueno.

A mí no me gusta cuando Dios me disciplina. No me gusta cuando El permite que las pruebas entren a mi vida. No me gusta cuando enfrento luchas. Sin embargo, Jesús mismo dijo que "el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él" (Mateo 11:12).

Todos los avances que he visto en mi vida espiritual han venido por medio de las luchas. Ningún crecimiento viene sin esfuerzo. El reino de Dios es de los valientes, de los esforzados; no es de los que sólo buscan una vida fácil, donde puedan cumplir todos sus antojos.

Te llamo a ti que estás resistiendo la disciplina de Dios a dejar de hacerlo, y aceptar su mano de corrección en tu vida. Sólo así vas a poder crecer y avanzar en tu vida cristiana. De igual manera, sólo vas a poder disciplinar bien a tus hijos si aprendes a aceptar la disciplina de Dios. De otra manera, no te van a respetar.

El cambio empieza, entonces, reconociendo que la disciplina es una bendición. Dilo conmigo: La disciplina es una bendición. ¿Estás convencido de ello? Si lo estás, vamos a ver otra verdad en Apocalipsis 3:19: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete". Según este verso, ¿a quiénes disciplina Jesús? ¿A los que odia? ¿A los que desprecia? No, a los que ama. Por eso,

II. La disciplina es una expresión de amor

Métete esto en la cabeza: si Dios te disciplina, es porque te ama. Es porque El sabe que es bueno para ti. Cuando El te llama a hacer un cambio en tu vida, es porque El sabe lo que te conviene. Cuando El deja que enfrentes una situación adversa, es porque El quiere hacer algo bueno en tu carácter. Quiere enseñarte a confiar, quiere quitar de ti alguna mala costumbre, te quiere refinar.

Leemos más acerca de esto en Hebreos 12:4-11:

12:4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
12:5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
12:10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Vemos otra vez que la disciplina es una expresión del amor de Dios hacia nosotros. Si estamos viviendo bajo disciplina, es porque Dios nos ama. Observen lo que nos dice este pasaje acerca de la disciplina.

En primer lugar, nos dice que la disciplina es el derecho de un hijo. Cuando Dios nos disciplina, es porque nos está tratando como sus hijos. Quizás no nos gusta la disciplina divina, pero es mucho mejor que la alternativa. ¿Prefieres dejar de ser parte de la familia de Dios? ¿Prefieres perder todos los derechos que tienes como su hijo?

Cualquier hijo tiene el derecho a ser disciplinado. Si nadie lo disciplina, es porque es un hijo ilegítimo. Las estadísticas nos dicen que los jóvenes que crecen sin padre, que son fruto de una relación donde no existía el compromiso matrimonial, son mucho más propensos a fracasar en sus estudios, a usar alcohol y drogas y a terminar en la cárcel.

¿Por qué? Porque les faltaban el amor y la disciplina de un padre. Obviamente, no queremos terminar así; es por esto que Dios nos disciplina, como sus hijos. Igualmente, entonces, el padre que ama a su hijo lo disciplina para que llegue a ser una persona de bien, para que sepa la diferencia entre el bien y el mal y para que pueda controlar sus impulsos.

La segunda cosa que vemos es que la disciplina crea respeto. Aunque a nadie le gusta ser disciplinado, sin embargo, nosotros respetamos a nuestros padres humanos cuando nos disciplinan. El padre que no sabe disciplinar a sus hijos pronto pierde su respeto. De hecho, los niños suelen probar a sus padres, para ver si les harán respetar los límites que han puesto.

La tercera cosa que vemos es que la disciplina produce un buen resultado, aunque es doloroso. Muchas veces es doloroso tanto para el padre como para el hijo. Yo sé que Dios me ama, y no creo que le dé gusto verme sufrir. Sin embargo, El sabe que a veces es necesario.

Si Dios te corrige, si El te permite sufrir las consecuencias de tus acciones equivocadas o si El te permite vivir una prueba, no creas la mentira del diablo que Dios no te ama. Es precisamente por su amor que El te disciplina. El no es ningún sádico; no lo hace por el gusto de verte sufrir, sino para lograr algo bueno en ti.

Apliquemos ahora estas verdades a la disciplina dentro del hogar cristiano. Recuerda que, si quieres disciplinar bien a tus hijos, tienes que aprender a aceptar la disciplina de Dios. Si no has aprendido a vivir en sumisión a su disciplina, no podrás disciplinar eficazmente a tu familia.

Recuerda, entonces, que la disciplina es el derecho de cada hijo. No trates a tus hijos como hijos ilegítimos. No dejes que hagan todo lo que quieran. Más bien, enséñales a disciplinarse, a tomar buenas decisiones, a evitar lo malo. Enséñales que hay consecuencias cuando toman malas decisiones.

Recuerda que la disciplina debe de crear respeto. Esto sólo va a suceder si ellos ven que tú también eres capaz de disciplinarte. Eso de "haz lo que digo, no lo que hago" simplemente no funciona. Ellos tienen que ver en tu vida que eres capaz de someter tus impulsos y sentimientos al control del Espíritu Santo si van a tomar en serio la disciplina que les das.

Recuerda que la disciplina produce un buen resultado, aunque es doloroso. Lo más fácil siempre es no disciplinar a tus hijos. Lo más fácil es dejar que hagan lo que ellos quieran, con tal de que no te fastidien cuando estás mirando la televisión. Sin embargo, si tú así los tratas, no te sorprendas cuando traen deshonra a tu hogar.

Dicho todo esto, tenemos siempre que recordar que la disciplina tiene que ser una expresión de amor. Si tú disciplinas a tus hijos con coraje, para desquitarte, esa disciplina fácilmente se puede convertir en abuso. Es por eso que es tan importante que tú mismo estés bajo disciplina - bajo la disciplina del Señor.

Conclusión

Frente a una sociedad que ha dejado atrás la disciplina, Dios está llamando a los suyos a someterse a su disciplina, y a aprender a vivir la disciplina en su familia también. Quizás tú estás aquí en esta mañana, y no te estás sometiendo a la disciplina de Dios. Quizás hay algo que El te está llamando a hacer, y te estás rebelando.

Te invito hoy a recapacitar, a dejar que el Señor obre en tu corazón y a comprometerte con El en someterte a su disciplina. Recuerda que la disciplina es una bendición, y que es una expresión de amor. Sólo así podrás ser el hijo o la hija obediente que Dios desea tener. Sólo así podrás disfrutar de su bendición.


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