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Domingo 21 de Septiembre del 2008

La comunicación familiar
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de una pareja que viajó al lejano oriente de vacaciones. Llegaron a un restaurante para cenar, y además de su propia comida, deseaban algo especial para su perrito. Debido a que el mesero no hablaba su idioma ni ellos el de él, se vieron obligados a señalar hacia el perrito y hacer muecas de comer.

El mesero inclinó la cabeza, recogió al caniche y se lo llevó. Media hora después, regresó con el perro, ahora asado, adornado y colocado sobre una fuente. Obviamente, ¡algo faltó en la comunicación entre la pareja y el mesero!

La comunicación es esencial en todos los ámbitos de la vida en los que nos relacionamos con otros seres humanos. Uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado es la capacidad de comunicarnos con otras personas - de no tener que vivir aislados, sino poder expresar nuestros sentimientos, nuestros deseos y nuestros pensamientos.

Como cualquier otra bendición de Dios, sin embargo, el enemigo de nuestras almas pretende destruir la buena comunicación y cambiarla por algo que, en lugar de edificarnos, nos destruye. En la familia, sobre todo, él busca formas de dividir, de derrotar, de destruir por medio de la comunicación.

La comunicación es importante en cada aspecto de la vida, y este mensaje contiene pautas para la buena comunicación en todo ámbito. Hablaremos primero de un par de principios básicos para la buena comunicación, y luego consideraremos específicamente de la comunicación entre diferentes miembros de la familia.

Lectura: Proverbios 22:11

"22:11 El que ama la limpieza de corazón,  por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey."

Este corto versículo nos da dos pautas muy importantes para la buena comunicación. Son tan importantes que se valoran hasta en los lugares más elevados. Aun el rey, si es sabio, busca personas que reflejan estas cualidades. Así que, si quieres que tu hogar sea un palacio, aprende a expresarte de esta manera.

¿Cuáles son estas dos cualidades tan importantes? Son la pureza de corazón y la gracia al hablar. En otras palabras, estamos hablando de la sinceridad y el tacto. La persona que refleja estas dos cosas en su hablar tendrá comunicación edificante y productiva.

La primera cualidad que se menciona es la pureza de corazón, o la sinceridad. Nosotros generalmente queremos que los demás nos vean bien, y esto a veces nos lleva a no ser del todo sinceros con ellos. Es una tentación muy grande manipular la verdad, inventar pretextos y ponernos a nosotros mismos en la mejor luz posible.

Sin embargo, lo que es más fácil en el momento nos puede meter en problemas después. Seguramente todos conocemos a alguien en quien no tenemos mucha confianza, simplemente porque nos hemos dado cuenta de que nos han mentido en alguna ocasión.

Aprendí esta lección cuando era muy pequeño. Tenía quizás 3 o 4 años, y saqué unas monedas de la cartera de mi madre. Cuando mis padres me preguntaron qué había pasado, les dije que no lo sabía. Parecía ser el camino más fácil, pero ellos se dieron cuenta de lo que yo había hecho. Me dijeron que ya no podrían tener confianza en mí, porque les había mentido. Tuve que volver a ganarme su confianza.

Es crucial la sinceridad en nuestra comunicación. Por ejemplo, si tú no te sinceras con tu pastor acerca de lo que estás viviendo o los errores que has cometido, él no te puede ayudar ni aconsejar. Si tú no eres sincero con tus amigos, perderás su confianza.

¡Cuánto más se necesita la sinceridad dentro de la familia! Deja de esconderte detrás de las mentiras. Deja de defenderte diciendo sólo parte de la verdad. Comprométete hoy en ser sincero con las personas que te rodean, y sobre todo con tu familia.

La sinceridad, sin embargo, puede ser cruel si no usamos el tacto. Esto es tener gracia al hablar. Me llama la atención el hecho de que, cuando El se comunicó con nosotros, Dios empleó estas dos cualidades para definir su comunicación, la Palabra que es Jesucristo.

Leemos en Juan 1:17: "La gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo." ¿Te das cuenta? Cuando Dios nos habló por medio de Jesús, nos habló con verdad y con gracia. Así debes de hablarles a los de tu familia también - con sinceridad, con verdad, pero también con gracia. Pregúntate: ¿cómo puedo decir la verdad sin lastimar innecesariamente? ¿Cómo puedo tomar en cuenta los sentimientos de la otra persona?

Si quieres tener una buena comunicación, recuerda la sinceridad y la gracia. Veamos ahora cómo se aplican estas dos pautas a la comunicación dentro de la familia. Consideremos primero a las esposas.

Se dice, de hecho, que las mujeres hablan el doble de lo que hablamos los hombres. Una mujer compartió esta estadística con su marido. Le dijo: "Querido, ya sé por qué las mujeres hablamos el doble de lo que hablan ustedes. Es que siempre tenemos que repetir lo que decimos." Su marido, que estaba leyendo el periódico, respondió: "¿Qué dijiste, querida?"

El apóstol Pedro da consejos a las esposas en 1 Pedro 3:1-6:

3:1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,
3:2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa.
3:3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,
3:4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.
3:5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos;
3:6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

La verdadera belleza de la mujer cristiana no debe de basarse en lo externo. Esto no significa que la mujer no debe de arreglarse, sino que no debe de basar su autoconcepto en su apariencia. Tú no eres bella por lo que eres por fuera, sino por lo que eres por dentro.

La cualidad más bella para la mujer es ésta: tener el deseo de apoyar a su esposo. Este es el concepto de la sumisión. Por influencia del machismo hemos torcido el concepto de la sumisión y lo hemos convertido en la opresión - que el esposo domine a su esposa, controlándola y dictando su cada movimiento. Esto no es bíblico.

Más bien, Dios llama a las esposas a no tratar de convertirse en el centro de atención, a dejar de manipular a sus esposos, y más bien apoyarlos. Este apoyo se expresa aun en las palabras. Pedro nos cita el ejemplo de Sara: ella llamaba a Abraham su señor. Le expresaba su apoyo y su compromiso de ayudarle y apoyarle.

Lo opuesto de esta actitud es la mujer manipuladora o regañona. Es como la esposa que acompañó a su marido al hospital, porque él se sentía muy mal. Después de examinar al hombre, el doctor habló en privado con la mujer y le dijo: "Su esposo está muy enfermo. Durante las próximas dos semanas, es esencial que él no tenga ningún estrés. Usted no puede regañarlo ni ser rezongona. Sólo así se podrá recuperar; de otro modo, se va a morir."

En el camino a casa, el esposo le preguntó a su mujer: "¿Qué dijo el doctor?" Ella le respondió: "Lo siento, mi amor, pero te vas a morir". ¡Le era imposible a la mujer dejar de regañar a su esposo!

Pero la esposa cristiana no debe ser como ella. Debe de buscar formas dentro del hogar de apoyar a su esposo, de hablar bien de él. No puedo enfatizar esto lo suficiente, porque hay algunas mujeres que dicen: Es que si no lo regaño, no hace nada. La realidad es que, si empiezas a animarlo en vez de regañarlo, es posible que descubras un esposo distinto.

La esposa cristiana, entonces, debe de buscar la forma de afirmar a su esposo con su forma de hablar. Pedro habla a los esposos cristianos en el verso siguiente. Leamos 1 Pedro 3:7: "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. "

Observen lo que Dios llama a los esposos a mostrar: comprensión, respeto, y un reconocimiento de que la mujer es más delicada que el hombre.

La mujer no sólo es más débil que el hombre en el aspecto físico, por lo general; también suele ser más sensible en el ámbito emocional. El conflicto dentro del matrimonio generalmente afecta más a la mujer que al hombre. Esposo, cuando tú le hablas a tu esposa con palabras duras y un tono de voz áspero, esas palabras son como flechas agudas lanzadas a su corazón.

Sólo vas a poder comprender a tu esposa si pasas tiempo con ella, escuchándola, conociendo su corazón. Sólo así podrás proteger su corazón, en lugar de lastimarlo con tus palabras y acciones. Cuando se trata de la comunicación entre el hombre y su mujer, la gracia es especialmente importante; y es lo que muchas veces nos falta.

Hermano, considera que el corazón de tu esposa es un valioso cristal, delicado y bello. Ten mucho cuidado con la forma en que tratas ese corazón. No lo lastimes con tus palabras, con tus críticas, con tus gritos. Más bien, muéstrale comprensión y cariño.

Consideremos ahora la forma en que los padres tratan a sus hijos. Para esto, vamos a ir a Colosenses 3:21: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten." Este verso dice a los padres que no exasperen a sus hijos, es decir, que no los traten con desigualdad o con desprecio. ¿Cuál es la consecuencia de no seguir este consejo? Los hijos se pueden desanimar. Pueden decir: ¿por qué sigo estudiando, si mi padre no me apoya? ¿Por qué trato de portarme bien, si él no se da cuenta?

Cuando hablas con tus hijos, ¿estás tratando de edificarlos, o estás tratando de controlarles? ¿Les estás tratando de apoyar, o sólo te preocupas por la forma en que ellos te hacen ver a ti? Unas pocas palabras pueden tener un gran impacto sobre sus corazones. Las palabras de aliento pueden ser recordadas durante toda la vida. Las palabras de desprecio o de ataque pueden destruir toda una vida.

María era una niña que había nacido con labio leporino. Desde su niñez había sabido que era diferente de los demás niños - sus burlas y risas cuando ella hablaba lo delataban. Con todas las burlas y miradas de desprecio que recibía ella quedó convencida de que nadie sería capaz de amar a una niña como ella.

Una de sus maestras de primaria, la señora Leonardo, era una mujer de sonrisa amable, cara redonda y cabello brilloso. A todo el mundo le caía bien esta maestra. En aquellos años, era común darles a los niños una prueba sencilla de audición. La maestra les susurraba al oído una frase, que los niños tenían que repetir. María estaba acostumbrada a oír de sus otras maestras frases pedestres como "el cielo es azul", o "¿de qué color son tus zapatos?"

De la señora Leonardo, sin embargo, María oyó siete palabras que le cambiaron la vida. Cuando se acercó para escuchar, oyó estas palabras: "Quisiera que tú fueras mi propia hija". Esas palabras cambiaron la vida de María, porque ella llegó a creer que alguien la podría amar.

Padres, ustedes no se imaginan el impacto que sus palabras pueden tener sobre sus hijos. Ojala pudieran ver los resultados - para bien y para mal - de lo que ustedes les dicen. Sus palabras de ánimo - ¡Bien hecho! Me siento orgulloso de tener un hijo como tú - pueden darles el aliento para sobresalir. Sus palabras destructivas - ¡Eres un niño malcriado! Tú nunca vas a hacer nada - pueden marcar sus vidas.

Ahora dime: ¿qué clase de comunicación quieres tener en tu familia? ¿Quieres aprender a hablar con sinceridad y con gracia? Dios quiere transformar tu familia, si tú se lo permites. Invítale hoy a ser el centro de tu familia. Entrégale tus labios, y dile que de hoy en adelante quieres que sean usados para edificar, y no para destruir.


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