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Domingo 12 de Mayo del 2002

Secretos de la Guerra
Pastor Tony Hancock

Introducción

Según el dicho, todo vale en el amor y en la guerra. La realidad de este dicho se ha mostrado innumerables veces en la historia humana. Las artimañas que se han usado para ganar batallas y guerras son de gran variedad.

Por ejemplo, se cuenta que durante la Guerra de Siete Días entre Israel y varios de sus vecinos, el ejército israelí construyó aeródromos artificiales, hechos de madera y cartón, completos con aviones de fantasía. Mientras sus enemigos atacaban estas aparentes instalaciones militares, los aviones israelíes se lanzaban contra las posiciones de sus enemigos.

En este momento, hay varias guerras que arden alrededor del mundo. Se ha declarado la guerra contra el terrorismo, se ha declarado la guerra contra las drogas, y en varias partes del globo terráqueo las personas se matan unas a otras simplemente porque son de diferentes tribus.

Pero hay una guerra que sobrepasa todas estas guerras. Es una guerra espiritual. Y al igual que en las guerras del mundo, el enemigo usa muchas estrategias para tratar de ganar la victoria. A nivel cósmico, esta guerra ya fue ganada cuando Cristo murió y resucitó; pero a nivel personal y mundial, la guerra sigue ardiendo - y es una guerra por el alma y la vida de cada ser humano.

Si queremos experimentar la victoria personal sobre las trampas de Satanás, tenemos que entender cuáles son. Hoy vamos a ver tres cosas, tres secretos de guerra, que Satanás nos quiere ocultar para podernos vencer. Dios nos revela estas artimañas en su Palabra para que no nos engañemos.

Lectura: Santiago 1:12-18

1:12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.
1:13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;
1:14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
1:15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
1:16 Amados hermanos míos, no erréis.
1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
1:18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Cuando resistimos la tentación, hay un premio. Dios tiene honores reservados para los que se mantienen firmes frente a las tentaciones.

En el mundo antiguo, el atleta que ganaba un concurso era coronado con una guirnalda de hojas, sea de laurel, de encino, o hasta de apio. Era un honor muy grande.

Hoy en día acostumbramos usar trofeos para el mismo fin. Podríamos decir, El que resiste la tentación recibirá el trofeo de la vida. Qué gusto siente una persona cuando recibe un trofeo, aunque sea hecho de plástico. ¡Cuánto más gusto sentirá el cristiano victorioso, al entrar en la vida celestial y saber que ha vencido!

Para llegar a esa dicha, esa gloria de la victoria, tenemos de saber cómo soslayar las trampas que el enemigo pone en nuestro camino para poder alcanzar la victoria. Si quieres tener victoria sobre la tentación, antes que nada,

I. Reconoce la fuente de la tentación

Imagina que algún día soleado salimos a pasearnos sobre el lago en una lancha. Todo va de maravilla, hasta que de repente se empieza a notar un poco de agua en el fondo del barco. El charco empieza a crecer, y la nave se empieza a hundir en el agua. ¡Rápido! Hay que agarrar un balde, y empezar a sacar el agua. Mientras tanto, otro empieza a tirar al lago cualquier cosa pesada, para alivianar el bote. Pero - ¡faltó una cosa! ¡Se nos olvidó buscar el agujero para taparlo!

Así es con la tentación. Satanás quiere mantenernos entretenidos, culpando por la tentación a cualquier cosa, para que no veamos la realidad. En vez de tapar el agujero, nos quiere entretener con los baldes. Por esto, Dios aquí nos hace ver cuál es la verdadera fuente de la tentación.

La tentación no viene de Dios. Antes de pensar que nunca le culparíamos a Dios por la tentación, piensa un momento: ¿Alguna vez has pensado que no te sentirías tentado si no fuera por alguna situación o algún problema? Quizás piensas, por ejemplo, que no te sentirías tentado si las circunstancias de tu vida fueran diferentes - que nunca sentirías rencor si la gente no te agrediera, que nunca dirías mentiras si no fuera necesario, que no dirías groserías si no las oyeras todo el tiempo.

Es sólo un corto paso de ahí a lo que dijo Adán: "La mujer que tú me diste me dio del fruto, y comí" (Génesis 3:12). O sea, no es mi culpa; tú tienes la culpa, porque me pusiste en esta situación. ¡La verdad es que muchas veces queremos culpar a Dios por la tentación!

Pero esto no puede ser. Dios no puede ser tentado para hacer el mal; por ende, El no tiene ningún interés en tentarnos a nosotros. Satanás, en cambio, como ya ha caído en la maldad, está muy interesado en que nosotros le sigamos también.

Pero Satanás no puede tentarnos si no hay algo en nosotros que responda a sus intentos. Por eso nos dice la Biblia que son nuestros malos deseos los que nos arrastran y seducen. Es como la pesca: el pez mira la carnada que el pescador tan cuidadosamente ha preparado, ve que es suculento y agradable, y lo muerde - enganchándose en el anzuelo.

Así es con la tentación: nuestros propios malos deseos miran esa carnada tan bonita, y son los malos deseos que nos llevan a morderla. Sin esos malos deseos, no existiría la tentación. Seríamos sordos a la voz del maligno.

Es supremamente importante nunca olvidar esta verdad. El momento en que empezamos a exteriorizar la culpa por la tentación - sea echándosela a las circunstancias, a Dios, o a otra persona - entonces nos empezamos a dar permiso para ceder ante ella. Tenemos que reconocer que nosotros somos cómplices en la tentación, para entonces renunciar nuestra participación en la maldad y buscar la ayuda del Espíritu Santo para resistir.

Dicho de otra manera, si la tentación tiene su fuente en nuestro ser, podemos tapar el agujero rindiendo esos deseos a Dios, sometiéndonos a su voluntad, y dependiendo del Espíritu Santo para vencer. Pero si seguimos creyendo la mentira de que la tentación viene de afuera, entonces seremos impotentes ante sus ataques.

Si quieres tener victoria sobre la tentación, tienes que reconocer que su fuente está dentro de ti. Si dejas que Cristo entre en tu corazón, si confías en El para guiarte, y si dependes de su dirección, puedes superar esos malos deseos.

Pero quizás estás pensando, ¿Por qué debo de preocuparme por tener victoria sobre la tentación? La realidad es que no le veo nada de malo en disfrutar un poco de la vida. A ti te digo,

II. Recuerda la seriedad de la tentación

Si Satanás no logra distraernos con buscar a quién echarle la culpa, entonces nos trata de convencer de que el pecado realmente no es una cosa tan seria. El hace esto de muchas maneras.

Puede ser, por ejemplo, que nos señale todas las personas que parecen pecar con impunidad - viven vidas realmente depravadas, y todo parece irles bien. Pensamos entonces, si ellos pueden cometer pecados tan grandes y no sufrir, ¡seguramente no me pasará nada con cometer un pecadillo!

Por el otro lado, podemos pensar, bueno, soy creyente; si cometo este pecado, después simplemente se lo confieso a Dios, y todo está bien. O podemos llegar a pensar que realmente es un pecado muy chiquito; a comparación con el homicidio y la violación y tantas otras cosas que pasan en el mundo, no es nada, en realidad.

Pero Dios desenmascara estas mentiras y señala a lo que realmente lleva el pecado. Dice el versículo 15, "el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte". La muerte es la consecuencia del pecado - de todo pecado.

El pecado siempre es una cosa seria. Su paga siempre es la muerte. Por la misericordia de Dios, quienes creen en Cristo son librados de pagar esa deuda; pero eso no quita de la seriedad del pecado. Alguien tiene que morir por el pecado; si somos creyentes, fue Cristo quien murió por nuestro pecado. ¿Por qué añadiremos más a la carga que El tuvo que llevar en la cruz?

Además de eso, aunque nuestros pecados sean perdonados por Cristo, el pecado siempre tiene consecuencias. Este es otro sentido en el cual el pecado lleva a la muerte. En algunos casos, esas consecuencias son obvias; en otros casos, no se ven con tanta facilidad. Por ejemplo, el joven que empieza a usar pornografía puede pensar que simplemente se está divirtiendo; no se da cuenta de que está aislándose en la prisión de su propia mente, volviéndose más y más incapaz de tener una relación de amor verdadero con su esposa.

No dejes que Satanás te engañe con sus mentiras. El pecado es una cosa seria. Siempre te costará. Es como las ofertas que anuncian: ¡Sin intereses! ¡Sin pagos! ¡Sin enganche! Después, habrá pagos, habrá intereses, y te tendrán enganchado. El pecado te promete diversión sin consecuencias; pero siempre trae un precio, y es un precio demasiado caro.

Si quieres tener victoria, recuerda la seriedad de la tentación. Y en tercer lugar,

III. Responde a la bendición de resistir la tentación

Si resistes la tentación, no sólo te evitas las graves consecuencias del pecado; también recibes gran bendición. Hay una corona de honor que recibe el que termina bien la carrera. También vemos que nuestro Padre celestial nos da regalos buenos.

El pecado nos separa de Dios. Dice Isaías 59:2: "Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios". Si el pecado nos separa de Dios, y si Dios es la fuente de toda buena dádiva y todo don perfecto, es obvio que sólo podemos conocer las bendiciones más plenas si aprendemos a resistir la tentación.

No hablo sólo de las bendiciones materiales. Las riquezas pueden bien ser una maldición en vez de una bendición. Las mejores bendiciones son el gozo, la paz, la seguridad, el propósito, y la presencia de Dios en nuestras vidas. Son riquezas que nadie nos podrá quitar. Pero el pecado nos podrá quitar estas bendiciones.

A veces se pregunta: ¿podré perder la salvación si peco? La respuesta es simple: no. Pero si persistes en pecar, pones en tela de juicio la realidad de tu salvación. Y lo seguro es que te perderás muchas bendiciones de Dios. Llegarás al final de tu vida y te darás cuenta de lo que te costó el vivir en pecado.

Dios quiere bendecir a sus hijos de muchas maneras; pero cuando persistimos en el pecado, nos alejamos de Dios y de la fuente de bendición para nuestras vidas. La bendición más grande que Dios ha dado es la bendición de la salvación. "Por su propia voluntad", dice el versículo 18, "él nos hizo nacer mediante la palabra de verdad".

Cuando oímos el evangelio, y lo creemos de todo corazón, Dios nos da vida nueva. El nos hace renacer. En esto vemos la voluntad de Dios hacia nosotros. Su voluntad no es de hacernos daño, no es de abusar de nosotros, no es de destruirnos. Más bien, su voluntad es buena.

Por eso, podemos confiar en El. Podemos saber que sus normas para nuestra vida son correctas. Podemos saber que cuando El nos prohíbe algo, es para nuestro bien.

Un niño que siempre ha recibido cariño y amor de su padre sabe que sus prohibiciones son para su bien. Cuando su papá le dice que no se acerque a la estufa caliente, el niño no piensa que es porque al papá le gusta ser duro. Por el otro lado, cuando el valentón de la primaria le reta a hacer algo, será mejor que lo piense dos veces; ese muchacho no está interesado en su bienestar, sino más bien en provocarle daño para poder burlarse luego.

Así es con la tentación. Cuando Dios nos prohíbe algo, es para nuestro bien. Satanás es como ese valentón que nos está retando a desobedecer. Nos conviene resistirle, aunque no veamos siempre la razón.

Conclusión

Quizás en esta mañana tú nunca has experimentado ese nuevo nacimiento que se menciona en el versículo 18. Quizás se te hace muy difícil resistir la tentación, porque nunca has conocido el poder de Dios para la victoria. Quizás no puedes domar tus propios deseos, porque no conoces ese poder superior que te puede ayudar.

Se cuenta la historia de dos cristianos que estaban parados a la orilla de la carretera con un anuncio: ¡Se acerca el fin! ¡Cambie de dirección antes de que sea muy tarde! Un conductor pasó a toda velocidad, diciendo: ¡Estos fanáticos religiosos! ¿Por qué no se van a otro lado? En eso llegó a donde se había caído el puente, y se encontró en las frías aguas del río.

Las palabras de Dios no son un chiste. El pecado te llevará a la muerte, a menos que cambies hoy de dirección, y entres en otro camino. Hoy puedes entrar en ese camino de la bendición. Hoy puedes conocer al único que te puede dar victoria sobre la tentación, nuestro Señor Jesucristo. El derrotó a Satanás, resistió la tentación, y murió para pagar por tus pecados. Ahora todo lo que tienes que hacer es arrepentirte, confiar en El, y entregarle el control de tu vida.


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