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Domingo 13 de Julio del 2008

El Dios que ve
Pastor Tony Hancock

Introducción

Seguramente todos han oído el refrán: "Ojos que no ven, corazón que no siente". No sé si sea cierto o no; creo que el amor verdadero sabe superar la distancia y mantenerse fiel, aunque su amada no esté presente en ese momento.

Sin embargo, ¿cuántas veces nos sentimos así acerca de Dios? Por una parte, nosotros no lo vemos; por este motivo, nos resulta fácil olvidarnos de El. También podemos sentir que El no nos está viendo a nosotros. Quizás nos sentimos atraídos a los ídolos; tienen ojos, aunque con esos ojos no pueden ver.

Dios no tiene ojos, pero El sí ve. En la historia de hoy, veremos lo que sucede cuando pensamos que Dios no ve - y aprenderemos que El sí ve todo lo que nos sucede.

Lectura: Génesis 16:1-6a

16:1 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.
16:2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.
16:3 Y Sarai mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su marido.
16:4 Y él se llegó a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora.
16:5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo.
16:6a Y respondió Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella lo que bien te parezca.

Dios luego cambiaría los nombres de Abram y Saray a Abraham y Sara. El ya le había hecho las promesas a Abraham que son tan importantes para su plan redentor - las promesas acerca de la tierra, acerca de sus descendientes y acerca de la bendición que vendría a todas las naciones del mundo por medio de la descendencia de Abraham.

Sin embargo, pasa el tiempo y Abraham no ve que esa promesa se cumpla. Ya era anciano, y su esposa también; no habían podido tener hijos. ¿Cómo, entonces, se cumpliría la promesa? Parecía que Dios no los veía. Ellos pensaron que era hora de buscar un plan B.

Fíjense en lo que dice Sara. Ella le dice a Abraham: "El Señor me ha hecho estéril". Supongo que, en cierto sentido, era verdad; Dios está en control de todas las cosas. Sin embargo, la conclusión que sacó ella estaba muy equivocada. Viendo su esterilidad, ella concluyó que era hora de hacer otro plan, porque el Señor no les estaba respondiendo.

Nosotros muchas veces hacemos precisamente lo mismo. Usamos el nombre del Señor para aparentar que somos muy espirituales, pero nuestros planes reflejan que estamos lejos de El. Lo que resulta es

I. Un plan mal pensado

Era un plan que seguía las costumbres de su día, bajo las cuales una mujer podía entregarle su sirvienta a su esposo para que él tuviera hijos con ella. Los hijos de la sirvienta eran entonces considerados como si fueran hijos del matrimonio.

Sin embargo, las costumbres del día iban en contra del propósito de Dios. El le había prometido a Abraham descendencia, y no se la iba a dar por medio de la sirvienta de su esposa. Desde el principio, cuando Dios creó a Adán y Eva, su plan para el hombre y la mujer había sido que se unieran en matrimonio para toda la vida, y que nadie más entrara en esa relación. Dios no creó para Adán a Eva y María y Sonia, sino a sólo una mujer.

Aunque El toleró la poligamia durante los tiempos del Antiguo Testamento, nunca fue su plan; y siempre resultó en malas consecuencias para quienes la practicaban. Sus muchas mujeres llevaron a la caída del rey Salomón, por ejemplo.

Observen lo que pasó cuando se puso en práctica la sugerencia de Sara. Cuando Agar tuvo el hijo de su amo, empezó a despreciar a su ama; Sara entonces viene a Abraham y le dice: "¡Tú tienes la culpa de mi afrenta!" Ahora me pregunto: ¿de quién había sido la idea? ¿Quién le había sugerido a Abraham que Agar tuviera su hijo?

Cuando nuestros planes mal pensados fracasan, inmediatamente buscamos a quién culpar. La verdad es que esta situación de Abraham y Sara tiene mucho en común con lo que les sucedió a Adán y Eva. En ambos casos el hombre abdicó su posición de responsabilidad.

Cuando la serpiente le tentó a Eva con el fruto prohibido, Adán debió de ser el que le dijo que no estaba bien que la comiera. Sin embargo, él se dejó influenciar por su esposa. En este caso, Abraham debió ser el que le dijo a Sara que lo que le sugería no estaba bien. El debió ser el que confiara en el Señor para cumplir su promesa.

Sin embargo, no lo hace; cede primero ante la sugerencia de Sara, y luego permite que ella haga una injusticia con Agar, la sirvienta. Hace algunos años salió un libro titulado "El silencio de Adán". Aquí podríamos hablar del silencio de Abraham.

Una de las diferencias que existen entre los hombres y las mujeres es que las mujeres suelen ser más empáticas, más enfocadas en las emociones, mientras que los hombres solemos enfocarnos más en las reglas y en lo que es justo.

En una familia que funciona como debe de funcionar, estos dos instintos se balancean. El amor cariñoso y empático de la madre se balancea con el amor fuerte y justo del padre. Cuando las cosas no funcionan de acuerdo al plan de Dios, sin embargo, hay un desequilibrio. Cuando el hombre se calla y no defiende la justicia y la rectitud, deja un hoyo.

Hay miles de jóvenes en la cárcel hoy porque no tuvieron un padre que les supo enseñar a respetar la justicia y la verdad. Hay miles de niños que viven inseguros, porque su padre no les ha enseñado que existe una estructura divina de reglas que vale la pena respetar.

Hombre, no te calles. No seas como Adán y como Abraham. Conoce la verdad, y defiéndela. Cuando tú ignoras la responsabilidad que Dios te ha dado - la responsabilidad de ser una torre de integridad en tu familia y en tu sociedad - todo se desmorona. Dios está levantando una generación de hombres de integridad, hombres de verdad, y te invita a ser uno de ellos.

Abraham y Sara fracasaron en su plan mal pensado, pero Dios no ha fracasado. Leamos acerca de

II. Un Dios que ve

Lectura: Génesis 16:6b-16

16:6b Y como Sarai la afligía, ella huyó de su presencia.
16:7 Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.
16:8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora.
16:9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano.
16:10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud.
16:11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.
16:12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará.
16:13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?
16:14 Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered.
16:15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre del hijo que le dio Agar, Ismael.
16:16 Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael.

Agar decidió regresar a su casa en Egipto; esto lo indica el camino junto al cual el ángel del Señor la encuentra. Seguramente pensaba que era la única opción que le quedaba a una humilde sirvienta como ella. Se habrá imaginado que el Dios de Abraham y de Sara no estaría interesado en alguien tan insignificante.

Sin embargo, Dios aquí nos demuestra la grandeza de su amor y de su conocimiento. El ve a esta mujer humilde, esta extranjera, y le muestra el camino a la restauración. Sin embargo, en medio de este bello cuadro, la primera cosa que noto es algo que, francamente, me choca. ¿No les chocó a ustedes?

Me refiero al hecho de que Dios le manda a Agar regresar a su ama, Sara. A fin de cuentas, esta ama la había maltratado; la había humillado, y había sido muy injusta con ella. ¿En realidad quería Dios que Agar regresara a ese lugar de dificultad y de abuso?

La única conclusión que puedo sacar es que, aunque Dios es un Dios de justicia y de misericordia, El también es un Dios que bendice al humilde y al sumiso. Le dio una promesa a Agar, pero la condición de esa promesa era que ella volviera a Sara y fuera sumisa a ella.

Hay personas que abusan de su autoridad, y tales personas deben de ser descubiertas y castigadas. Sin embargo, hoy en día vivimos en una sociedad que desprecia cualquier autoridad. Recuerdo ver en mi juventud las calcomanías que decían: "Cuestiona la autoridad". Con esta actitud se han criado muchos, pero no es una actitud que lleva a la bendición.

Examina tu propio corazón. ¿Tienes un corazón rebelde, un corazón que se levanta en contra de cualquier autoridad? Ten cuidado con esa actitud; te va a alejar de lo que Dios quiere para tu vida. No es el camino a la bendición.

Después de llamar a Agar a someterse a su ama, el ángel le asegura que Dios ha visto su necesidad, y que El responderá. Su hijo sería un gran hombre, padre de una gran descendencia. Es por esto que Agar le puso como nombre a ese lugar: "El Dios que me ve".

Tú también tienes un Dios que te ve. No sé cuáles circunstancias estés viviendo, qué injusticia hayas sufrido o que errores hayas cometido, el Dios que vio a Agar y la rescató es el mismo Dios que también te ve a ti. No tiene ojos como los ídolos que no ven; El ve y responde al clamor de su pueblo.

Es más, a pesar de todos los errores de la gente, el plan salvador de Dios sigue en pie. Si continuamos leyendo los próximos capítulos, nos damos cuenta de que los errores de Abraham y Sara no lograron descarrilar el plan de Dios. El les promete nuevamente que ellos tendrán un hijo, Isaac, y que por medio de él se realizaría la promesa.

Estos eventos sucedieron 2.000 años antes del nacimiento de Jesucristo, pero Dios ya estaba preparando al mundo para su venida. Ya había escogido el linaje por medio del cual vendría su hijo a este mundo. Sería por medio de Abraham y la nación de la cual él sería padre.

Aunque Sara y Abraham hicieron un plan mal pensado, el plan perfecto de Dios siguió en pie. Dios tiene un plan y un propósito para este mundo, y para tu vida también. A pesar de los errores, a pesar de los planes mal pensados que has hecho, ese plan todavía se puede realizar. Dios sigue estando en control.

Conclusión

Nunca olvides que el Dios de la Biblia, el único Dios verdadero, es un Dios que ve. Nunca creas la mentira del enemigo, que te susurra que Dios no te ve. El es un Dios de restauración y de esperanza. Sobre todo, es un Dios que lleva a cabo sus propósitos - a pesar de cualquier interferencia.

Si tú estás en Cristo, puedes tener la seguridad de que El llevará a cabo sus propósitos en ti también.


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