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Domingo 8 de Junio del 2008

Jesús y el reino de David
Pastor Tony Hancock

Introducción

El editor de un pequeño periódico se enfureció tanto por las fechorías de los legisladores de su distrito que decidió imprimir un editorial con el titular, en letras enormes: LA MITAD DE LOS LEGISLADORES SON RATEROS.

Muchos de los políticos locales se enfurecieron con el editor, y lo presionaron para que retirara su declaración. Por fin, cedió ante la presión e imprimió una disculpa con el titular: LA MITAD DE LOS LEGISLADORES NO SON RATEROS.

Quizás estés pensando que aquel editor tuvo mucha suerte, pues vivía en un lugar donde sólo la mitad de los legisladores eran rateros. En realidad, es muy fácil desilusionarse con el proceso político bajo el constante bombardeo de corrupción y mal manejo descubiertos entre los que deben de ser líderes del pueblo.

¿Qué podemos decir frente a esto? ¿Dice algo la Biblia acerca del gobierno? La Biblia tiene mucho que decir acerca de este tema. Nos da la esperanza de que las cosas puedan ser diferentes de lo que vivimos ahora.

Para empezar, leamos Proverbios 28:12:

28:12 Cuando los justos se alegran, grande es la gloria; Mas cuando se levantan los impíos, tienen que esconderse los hombres.

Aquí vemos que

I. Los países prosperan cuando poseen un gobierno justo

Este corto versículo envuelve una gran verdad: cuando el liderazgo de un país es justo, hay motivo de regocijo. En cambio, cuando los líderes carecen de un respeto sincero por las leyes de Dios y un deseo verdadero de hacer lo que le agrada, las cosas se ponen tan mal que hay que esconderse.

Esta última frase refleja la realidad de muchos de nuestros países. Recuerdo de mi niñez que la última persona que uno quería ver era a un policía, porque lo más probable era que se trataría de aprovechar de su autoridad de alguna manera. Era mejor esconderse. Estas personas, que deberían de ser respetadas como guardianes del orden público, más bien se convertían en monstruos.

Ante esta realidad, era muy fácil perder las esperanzas de ver un cambio y simplemente tratar de sobrevivir. Sin embargo, si queremos que nuestro país - cualquiera que sea - prospere, tenemos que orar y trabajar para que tenga buenos líderes. José de Maistre escribió que cada país tiene el gobierno que se merece.

Si nos quejamos de las cosas, ¿estamos trabajando para que cambien? En los países democráticos, tenemos la oportunidad de elegir a nuestros gobernantes. Por lo menos, debemos de valernos de nuestra responsabilidad y votar por hombres de conciencia.

Si tú no votas en las elecciones, no tienes ningún derecho a quejarte de los resultados. Si no has cumplido con tu deber cívico, no puedes quejarte de que el país no marche bien. Como creyentes, debemos de amar a nuestro país y buscar su bienestar. Debemos de orar por nuestros líderes.

Ahora que se acercan las elecciones en este país, debemos de considerar cuál de los candidatos tiene el mejor carácter. Según el proverbio que hemos leído, esto es aun más importante que su política; desde luego, el carácter se demostrará en su política también.

Debemos de tener cuidado de no buscar líderes que cumplirán con nuestros deseos en alguna área u otra, sino buscar líderes que demuestren buen carácter. Es cuando los justos triunfan que se hace gran fiesta.

Llegó un punto en la historia del pueblo de Israel en que ellos también quisieron tener un rey. Al principio, le dijeron a Dios que querían tener un rey como todas las demás naciones - y Dios les concedió su deseo. Les dio un rey alto, fuerte, buen guerrero - y fue un fracaso. Este hombre - llamado Saúl - rechazó a Dios, y Dios lo rechazó a él.

Cuando esto sucedió, Dios escogió a otro hombre. Saúl había sido un hombre bien visto a la mirada del pueblo. Ahora Dios buscaba a otra clase de persona. Cuando Dios envió a Samuel a ungir al próximo rey de Israel, le dijo unas palabras muy importantes. Leámoslas en 1 Samuel 16:7:

16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

Saúl había sido un hombre de buena apariencia, pero David era un hombre de buen corazón. Hemos perdido de vista la importancia de que nuestros líderes sean hombres de buen corazón, hombres justos, hombres de integridad. La cosa más importante que podemos hacer por el bien de nuestro país es orar para que Dios levante hombres de integridad para dirigirlo.

David era un hombre conforme al corazón de Dios. El fue la expresión de este principio dentro de la historia de Israel. En su sabiduría,

II. Dios levantó a David y le dio una promesa

Por medio de Natán su profeta, Dios le dio a David una promesa maravillosa. Leámosla en 2 Samuel 7:8-16:

7:8 Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel;
7:9 y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
7:10 Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio,
7:11 desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.
7:12 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.
7:13 El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.
7:14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;
7:15 pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.
7:16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.

Dios le hizo recordar a David cómo había empezado; había sido pastor de ovejas cuando el profeta Samuel lo fue a ungir, y su padre había hecho pasar a todos sus hermanos antes de mandarlo llamar.

Del pastizal había sacado Dios a David para levantarlo y hacer de él un gran rey. Ahora le prometía que lo haría famoso, que prepararía un lugar para Israel y que daría a David descanso de sus enemigos. La vida de Israel había sido una batalla constante contra los pueblos que los rodeaban; ahora Dios le prometía a David que le daría paz.

Cuando Dios encuentra a una persona que tiene un corazón sensible y dispuesto, es capaz de sacarlo del pastizal para meterlo al palacio. Nosotros miramos la apariencia, observamos la preparación de la persona, nos dejamos llevar por su carisma; pero a Dios no le importa nada de eso.

Yo creo que Dios quiere levantar de entre nosotros a personas que cambien incluso el trayecto de la historia - hombres y mujeres que transformen sus comunidades y avancen el reino de Dios. Yo sé que El puede sacar de aquí al próximo David - pero sólo lo hará si tenemos el corazón preparado. Lo más importante que podemos hacer para serle útiles a Dios es preparar nuestro corazón.

Fue por tener un corazón preparado que Dios también le hizo a David una promesa que trascendería su vida. Le prometió que establecería una casa - es decir, una dinastía - para David, empezando con su hijo Salomón. Es a él a quien se refieren los versos 14 y 15. Esta dinastía sería eterna; nunca se acabaría.

Si estás pensando, te das cuenta de que aquí hay un problema. ¿Dónde está la dinastía de David? ¿Dónde está su descendiente que reina? La actual nación de Israel no es una monarquía; tiene gobierno democrático. ¿Será que falló esta promesa de Dios?

La promesa no ha fallado, aunque los descendientes de David sí fallaron. Uno tras otro cayeron en la desobediencia, adorando a los ídolos y deshonrando al Dios que había hecho su morada entre ellos. Por fin, Dios tuvo que castigarlos mandando al pueblo al destierro.

Sin embargo, Dios no abandonó su promesa. Aunque Israel tuvo que pagar las consecuencias de su pecado, Dios no se olvidó de lo que le había prometido a David. Levantó a un hombre para ser ese rey para siempre. De El leemos en una parte de la Biblia que solemos esquivar, una de las genealogías. Leamos Mateo 1:1:

1:1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

Aquí vemos que

III. Jesucristo es el rey justo que cumple las promesas a David

Esa promesa que Dios le había hecho a David se cumplió parcialmente en sus descendientes, hombres como Salomón, Josías y Ezequías. Sin embargo, no se cumplió perfectamente hasta llegar Jesús. Jesús es el cumplimiento completo de la promesa que Dios hizo a David, que su linaje reinaría por siempre.

Es por esto que es tan importante lo que dice Mateo 9:27: "Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!".

Fíjense que, cuando se inventaron los apellidos hace mucho tiempo, una de las formas de crearlos era simplemente decir "hijo de fulano". Por ejemplo, mi apellido puede significar, entre otras cosas, "hijo de Juan". Es posible que haya tenido algún ancestro llamado Juan, cuyo nombre se convirtió en el apellido de mi familia.

Cuando estos ciegos le llaman a Jesús "hijo de David", están haciendo mucho más que darle una especie de apellido. Están declarando que Jesús es ese Rey nacido del linaje de David, ese gran líder que reinaría en perfecta paz y perfecta justicia, por siempre.

En este mundo, debemos de trabajar para conseguir el mejor gobierno posible. Sin embargo, debido al pecado humano, no lograremos construir el paraíso aquí en la tierra. Todos los que lo han intentado - Stalin, Mao, Pol Pot - han fracasado terriblemente.

Sólo uno puede gobernar en perfecta justicia. Su nombre es Jesús. El volverá un día para establecer un gobierno de perfecta justicia aquí en la tierra. Esto sucederá durante el milenio, después del regreso visible de Jesús entre las nubes y la primera resurrección.

Tú puedes pertenecer - ahora - a ese reino perfecto que Jesús está estableciendo. Si tú aceptas a Cristo, llegas a tener una doble ciudadanía. Eres ciudadano de algún país en este mundo, y debes de cumplir cabalmente con tus responsabilidades cívicas. Sin embargo, también podrás decir, con Pablo: "Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo" (Filipenses 3:20).

Si El es ahora el Rey de tu vida, serás para siempre parte de su reino. Pero el tiempo de someterte a su reinado es ahora. Un día, El volverá con poder para establecer su reino. En ese día será muy tarde. Hoy es el día en que debes de entregarte de corazón a Cristo.

Conclusión

En estos meses estamos viviendo el tiempo de las promesas. Todos los candidatos prometen hasta la luna. Después de enero, cuando se inaugura el nuevo presidente, empezar el tiempo de los pretextos.

Con Jesús hay promesas, pero no hay pretextos. Lo que El promete, lo cumple. Su reino es el único que tiene un gobierno perfecto, y que jamás desaparecerá. En su reino puedes vivir - de veras y para siempre. El te invita a vivir en su reino - sometiéndote a sus leyes, aceptando su liderazgo, sirviendo en su ejército. ¿Lo harás?


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