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Domingo 5 de Mayo del 2002

El águila entre los patos
Pastor Tony Hancock

Introducción

Se cuenta la historia de unos jóvenes, hijos de una familia agrícola, que un día hicieron una excursión al campo. Al subir una pequeña montaña, encontraron el nido de una águila, y al lado del nido, el cuerpo inerte de la madre. El astil de una saeta que sobresalía del costado del ave daba testimonio mudo de lo sucedido.

Dentro del nido se veía un huevo. Pensaron los adolescentes, ¿Por qué no lo llevamos a casa? De alguna manera podemos hacer que nazca, y tendremos una mascota muy especial.

Se llevaron el huevo, y al llegar a la casa, les pareció bien colocarlo en el nido de una pata para que ella lo incubara. El plan funcionó; después de su tiempo de incubación, el águila salió del cascarón. Junto con los patitos que eran sus compañeros de nido, aprendió de la pata a buscar gusanos en el suelo. El aprender a nadar no fue un éxito, pero la pequeña águila se conformaba con dar chapuzones en el agua a la orilla del lago.

Aprendió a graznar, aprendió a nanear como los patos, pero nunca aprendió a volar. Los patos no volaban; y él, creyéndose uno de ellos, nunca lo intentó. Un día, llegó a la laguna una ave que la pequeña águila jamás había visto antes. Era majestuosa, imponente, y llegó volando sobre un inmenso par de alas poderosas. Era otra águila.

El visitante lo saludó, y luego le dijo: ¿Qué hace una águila como tú aquí entre estos patos? ¿Por qué no vuelas a otro lado con tus alas? La pequeña águila exclamó: ¡No te burles de mí! Ojalá pudiera volar como tú. Pero no puedo; soy pato, y los patos no podemos volar.

El águila visitante insistió, pero era imposible convencer al otro de que podía volar. Insistía en que era pato. Finalmente, frustrado, se fue; y mientras ascendía a las alturas, la otra águila volvió a buscar gusanos en el suelo.

Desgraciadamente, hay muchos cristianos que viven como esa águila.  Se creen patos, porque el mundo que los rodea así les ha enseñado; y nunca se dan cuenta del gran destino que es suyo. Si queremos superar la mediocridad de este mundo y vivir con éxito, debemos de hallar la perspectiva de Dios sobre nuestra persona en vez de aceptar el valor que el mundo nos impone.

Veamos lo que Dios nos dice acerca de esto en su Palabra.

Lectura: Santiago 1:9-11

1:9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación;
1:10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.
1:11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Estos versículos dan la perspectiva de Dios sobre nuestra existencia aquí en el mundo, y nos enseñan a vernos como las águilas que somos, en vez de escuchar los graznidos de un mundo lleno de patos.

El problema es simplemente que los que no han aprendido a ver las cosas como Dios las ve buscan su significado en las cosas equivocadas. En otras palabras, se sienten orgullosos de cosas inconsecuentes.

El mundo está lleno de patos, diciéndose ¿No te gusta mi nuevo arreglo de plumas? y ¿Te fijaste en lo bien que nado ahora? Pero tú, si eres hijo de Dios, no eres pato; eres águila. Tú puedes volar.

En las instrucciones que Santiago da a dos grupos de hermanos en Cristo, podemos ver la aplicación de este principio. El mundo pone mucho énfasis en la riqueza. Se juzga el valor de la persona en base a lo que posee. Frente a esto, tenemos que ver la siguiente realidad:

I. Cuando el mundo te desprecia, recuerda que Dios te aprecia

En las palabras que él dirige a la persona pobre, Santiago da estas instrucciones: "El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su alta dignidad". En otras palabras, cuando el mundo te mira con desprecio porque no eres rico, o porque no perteneces a la crema y nata de la sociedad, recuerda que tienes de qué sentirte orgulloso.

Pero, ¿qué es eso? ¿Qué razón tenemos de sentirnos orgullosos? Ante Dios, por supuesto, no tenemos ninguna razón; pero ante el desprecio del mundo tenemos buena razón. La razón es simplemente ésta: que Dios nos ama y nos ha llamado a un gran destino.

El autor C. S. Lewis dijo en alguna ocasión que si pudiéramos ver a las personas que pasamos cada día en la calle como ellos algún día serán, tendríamos deseos de postrarnos a sus pies en reverencia, o huir espantados. Cada uno de nosotros tiene el destino eterno de ser increíblemente glorioso o espantosamente vil. Todo depende de nuestra respuesta a Cristo.

Si tú oyes esto y no eres creyente, no pienses que los cristianos nos creemos mejores. No tenemos nada que no hayamos recibido como un libre regalo de Dios. Es más, tú también puedes tener lo que nosotros tenemos. Dios da su salvación libremente a cualquiera que se arrepiente y confía en Cristo Jesús.

Todo ser humano tiene un valor básico por ser hecho a la imagen de Dios. Todo cristiano tiene un honor adicional, pues es hijo de Dios y vivirá por siempre con él.

Así que, si tú eres un creyente de condición humilde, no creas las cosas que el mundo te dice acerca de tu valor. Ellos no saben lo que es realmente importante. Dios mira detrás de las apariencias, y él sabe lo que realmente vales. Puedes sentirte orgulloso de tu alto valor. No tienes que tratar de ser rico o popular. Ya tienes un valor que sobrepasa cualquier cosa material.

Pero quizás algunos de nosotros nos sentimos cómodos en el mundo. Hemos llegado a alguna posición, tenemos cierto dinero, y las cosas marchan bien. ¿Qué nos dice este pasaje?

II. Cuando el mundo te aprecia, recuerda que Dios lo desprecia

En otras palabras, lo que el mundo valora es pasajero; no empieces a creer lo que el mundo te dice. Por eso dice que el rico debe sentirse orgulloso de su humilde condición. Ahora, antes de aplicar este pasaje a nuestras vidas, tenemos que tratar de entenderlo bien.

Una duda que surge cuando miramos el pasaje es ésta: ¿se refiere Santiago a un hermano rico, o simplemente al rico en general? Aunque algunos piensan que es la segunda opción, la manera en que se coordina al hermano humilde con el rico nos hace pensar que ambos son hermanos.

Lo que esto significa, entonces, es que el creyente que se encuentra en una posición de comodidad económica, que ha alcanzado cierto nivel social, o que por cualquier razón es respetado por el mundo, debe de recordar siempre que todas esas cosas que tiene son pasajeras.

Esa casa tan espléndida que tiene, esos carros tan lujosos, esa ropa de última moda y todo lo demás son simplemente pétalos de una flor silvestre - bella hoy, marchita mañana.

Lo que Dios llama al hermano rico a hacer, entonces, es recordar que su valor no tiene nada que ver con sus negocios, sus pertenencias, o su posición. Todo eso se desintegrará, toda esa vida se acabará, y sólo quedará lo espiritual. El hombre rico tiene que recordar que no es más que un hombre, para que pueda recibir la vida que Dios quiere darle y entender lo que realmente importa.

De otra manera, se encontrará como el emperador de la vieja fábula. ¿Recuerdan la historia? Llegaron unos sastres inescrupulosos a la corte real, y convencieron a todos que ellos hacían la ropa más bella y lujosa del mundo. Finalmente el emperador decidió contratarles para hacerle un traje nuevo. Tomaron las medidas y empezaron a coser. Pero ¡no se veía nada! Parecía que estaban cosiendo con tela e hilo invisibles.

La realidad, por supuesto, es que ellos no usaban ningún material. Sin embargo, fingían con tanto esmero que todos se convencieron de que los demás sí veían las maravillosas prendas que se estaban produciendo. Finalmente llegó el día de un gran desfile, y el emperador decidió usar su nuevo traje. Sólo que, por supuesto, la ropa era inexistente. Fue una gran vergüenza para el emperador.

Así será con el rico que cree que las cosas de este mundo realmente importan. Se dará cuenta un día que realmente no tiene nada - que está desnudo. Jesús le dijo a una iglesia de ricos: "Te aconsejo que de mí compres... ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez" (Apocalipsis 3:18). La única cosa que realmente vale es la salvación que Jesús da.

Quizás tú crees que no corres ese peligro. Ves tu condición económica, y dices: ¡Por lo menos no me tengo que preocupar de eso! Pero la realidad es que no tenemos que ser millonarios para caer en esta trampa. El momento en que empezamos a pensar que la vida sería perfecta si solamente tuviéramos más dinero, el momento en que creemos que un aumento nos va a comprar la felicidad, el momento en que sentimos que ahora sí tenemos valor porque hemos alcanzado algún avance profesional - estamos en grave peligro.

El momento en que empezamos a creer que nuestro valor, nuestra felicidad o nuestra vida dependen de algo en el mundo, empezamos a olvidar la lección del pobre y nos acercamos a la trampa del rico. Tenemos que recordar siempre que lo del mundo es pasajero, y sólo lo espiritual es eterno.

Conclusión

Examínate ahora. ¿Cómo estás respondiendo ante los graznidos de los patos de este mundo? Quizás has creído que no vales nada, porque te has juzgado por las normas del mundo. ¡No creas esas mentiras! Recuerda el gran valor que tienes para Dios.

Quizás has empezado a enorgullecerte en lo equivocado. Recuerda que todo eso es pasajero.

Cualquiera de las dos actitudes - de orgullo equivocado o de subestimar tu propio valor - te atarán a este mundo y te cortarán las alas. Aprendamos más bien a ver las cosas con la perspectiva de Dios. Sólo así encontraremos valor y felicidad que son de verdad y que duran.


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