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Domingo 25 de Mayo del 2008

Jesús y la ley
Pastor Tony Hancock

Introducción

En el país de Escocia hay un lago conocido alrededor del mundo. Se llama el lago Ness. Es un lago de buena profundidad, alcanzando 226 m en su mayor profundidad. Es también un lago bello, rodeado de montañas y verdor.

Ninguna de estas razones, sin embargo, explica la fama del lago. Según las leyendas, en este lago vive un monstruo. ¿Será verdad o será mentira? No lo sé, aunque las expediciones científicas no han encontrado ninguna evidencia incontrovertible de que exista este monstruo.

Menciono el lago Ness porque me parece que, para muchos de nosotros, el Antiguo Testamento es algo parecido a este lago. Algunas partes, como muchos de los salmos, nos parecen sumamente bellas. Otras partes nos parecen demasiado profundas, como el libro de Levítico. Nos parece que en sus profundidades podrían existir monstruos desconocidos.

Para muchos, tanto creyentes como los que aún no lo son, el Antiguo Testamento es una puerta cerrada. Sin embargo, Jesús nos da la llave para abrir esta puerta.

Lectura: Juan 5:39

5:39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí

Jesús habla aquí con un grupo de fariseos, y les dice que ellos, aunque eran estudiantes diligentes de las Escrituras, ignoraban su mensaje central: todo el Antiguo Testamento señala hacia Jesucristo. Si no relacionamos el Antiguo Testamento con Jesucristo mismo, vamos a malentender su mensaje.

En las próximas semanas veremos algunas de las formas en que diferentes aspectos o secciones del Antiguo Testamento señalan hacia Jesús. Dios mediante, esto nos llevará a conocer mejor a nuestro Señor y a amarle más. Hoy consideramos la sección del Antiguo Testamento que se llama "ley". La palabra "ley" se usa con diferentes sentidos; por ejemplo, a veces se refiere al libro de Deuteronomio, a veces a los cinco libros de Moisés, y tiene otros sentidos también.

Usaremos la palabra ley en su sentido más común, que es la revelación de la voluntad de Dios para la vida humana individual y social. La ley es la forma en que Dios quiere que vivamos, lo que El quiere que hagamos y dejemos de hacer, y la manera en que podemos ser restaurados cuando fallamos.

La ley del Antiguo Testamento incluía reglas para la vida social, normas para el comportamiento personal y leyes acerca de los sacrificios que se hacían para hacer purificación de la impureza causada por la desobediencia. En Jesús se cumple perfectamente la ley. Para empezar:

I. Jesús interpretó la ley perfectamente

Toda comunicación está sujeta a la interpretación. Las interpretaciones pueden ser muy variadas. Por ejemplo, en el año 512 antes de Cristo, el rey Darío de Persia llevaba su ejército al norte del Mar Negro persiguiendo a algunos de sus enemigos.

Al rey le llegó una comunicación del ejército enemigo que consistía en un ratón, una rana, un ave y cinco flechas. Después de considerar este mensaje extraño, Darío llamó a sus capitanes y les anunció: "La victoria es nuestra. Las flechas indican que nuestros enemigos entregarán sus armas, el ratón significa que su tierra será nuestra, la rana significa que sus ríos y lagos también lo serán, y el ave indica que su ejército volará para escaparse de nosotros."

Al momento, sin embargo, uno de sus consejeros se le acercó para decirle: "No es así. Lo que significa es que, si ustedes no se convierten en aves para escaparse, en ranas para esconderse en las aguas o en ratones para refugiarse en sus madrigueras, morirán ante las flechas de sus enemigos."

¿Se dan cuenta? ¡Dos interpretaciones totalmente diferentes - basadas en la misma comunicación! Lo mismo puede suceder con la Biblia. Es posible proyectar sobre el Antiguo Testamento una gran variedad de ideas, sobre todo si sacamos versículos de su contexto. ¿Cómo podemos saber cuál interpretación es la correcta?

La respuesta es que Jesús es el intérprete perfecto del Antiguo Testamento. Conoce perfectamente la mente del autor. Esto lo podemos ver en Mateo 5:18-22:

5:18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
5:19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
5:21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.
5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Si queremos saber lo que significa el Antiguo Testamento, tenemos que empezar con Jesús. Es por esta razón que el nuevo creyente debe de leer el Nuevo Testamento antes del Antiguo.

Si queremos entender algún pasaje de la ley, si queremos saber cómo debemos de vivir ahora, tenemos que buscar los principios que nos han compartido Jesús y los discípulos a quienes El enseñó. De otra forma, es muy fácil que nos descarrillemos.

Jesús nos demuestra que la justicia que la ley requiere es una justicia de corazón. No basta con cumplir la ley de forma externa. Lo que Dios busca es nuestro corazón. Jesús también nos enseña que la aplicación de algunos de los principios de la ley ahora es diferente. Por ejemplo, El declaró que las leyes sobre los alimentos ya no se aplican al creyente.

Jesús comprendió mejor que nadie lo que significa realmente la ley, y su explicación es perfecta. Ustedes conocen el dicho: Haz lo que digo, no lo que hago. ¿Será que con Jesús fue así? ¿Será que El explicó bien la ley, pero no la supo vivir? De ninguna manera.

II. Jesús vivió como la ley requiere

El mismo nos da una declaración muy importante de su propia actitud hacia la ley en Mateo 5:17: "No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento." Cristo no vino para decir: Esa ley vieja estaba mal. Yo les voy a decir algo mejor. Más bien, El vino para honrar la ley cumpliéndola perfectamente.

Romanos 10:4 da eco a la misma idea: "Cristo es el fin de la ley". Aquí la palabra "fin" no indica que con Cristo se acaba la ley, como si con El llegara su fecha de vencimiento. Más bien, la palabra "fin" aquí tiene el sentido de "meta". Cristo es la meta de la ley; es hacia su perfección que la ley señalaba.

Es sólo así que El puede salvarnos. Sigamos leyendo Romanos 10:5-11:

10:5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.
10:6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);
10:7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).
10:8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10:10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
10:11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Aquí vemos que Cristo cumplió la ley para que El pudiera salvarnos, ya que nosotros somos incapaces de cumplirla perfectamente. Para nosotros, la ley es como una luz que alumbra un cuarto sucio y demuestra la suciedad. No es la escoba que lo limpia. La ley nos muestra nuestra necesidad de salvación, enseñándonos lo lejos que estamos de lo que Dios requiere.

Sólo Jesús - el único que ha guardado perfectamente la ley - puede salvarnos, dándonos perdón y transformando nuestro corazón. Cuando nosotros confiamos en Jesús, Dios nos ve como si viviéramos como El vivió. Ya no nos ve como desobedientes a su ley. A partir de ese momento, estamos en El.

Se cuenta la historia de un predicador cuyo mensaje había destacado la muerte de Cristo y la necesidad de creer en El para recibir la salvación. Al final del mensaje, un hombre desconocido se le acercó para decirle: "¿Por qué puso usted tanto énfasis sobre la muerte de Jesús? Creo que sería mucho mejor predicarlo como un maestro y un ejemplo a seguir."

El predicador le respondió: "Si yo le predicara a Jesús de esa forma, ¿estaría usted dispuesto a seguirle?" - "Seguro que sí", le replicó el hombre. "Muy bien", dijo el predicador, "empecemos con Jesús como ejemplo. Jesús nunca pecó. ¿Puede usted decir eso?" - "No", dijo el hombre, "reconozco que sí peco." El predicador le dijo: "¡Entonces lo que usted necesita es un Salvador, no un ejemplo!"

Es por esto que fue necesario que Jesús, como hombre, viviera como la ley requiere. Nosotros necesitábamos, más que un ejemplo, un Salvador; y sólo uno que había cumplido perfectamente la ley nos podría salvar de la condenación de la ley misma. Jesús vivió como la ley requiere.

Es por este motivo que El también pudo hacer lo siguiente:

III. Jesús se sacrificó como la ley predice

Encontramos un versículo muy importante en Hebreos 9:22: "Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión." Nos dice que, sin derramamiento de sangre, no hay perdón de pecados. La sangre es la única substancia que puede quitar la mancha del pecado que comete el ser humano.

Durante el periodo del Antiguo Testamento y bajo la ley, Dios dispuso un sistema temporal mediante el cual la sangre de animales lograba una purificación pasajera. Esta purificación, sin embargo, no pudo ser permanente. Así lo leemos en Hebreos 10:11: "Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados". Los sacerdotes del Antiguo Testamento nunca tenían que preocuparse de perder el trabajo, porque le gente seguía pecando y los sacrificios se tenían que hacer continuamente.

Durante su tiempo de servicio, los sacerdotes nunca se sentaban. Estaban de pie, porque su labor era constante. Los sacrificios que ofrecían sólo eran temporales; no podían lograr una limpieza permanente y completa del pecado. Comparemos eso ahora con lo que leemos en los versos 12-14: "pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,  de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados." (Hebreos 10:12-14).

¡El sacrificio de Jesús fue diferente! Con un solo sacrificio perfecto, de su propio cuerpo, El logró purificar por siempre a los que, por fe, son separados para El. Por este motivo, después de ofrecer su sacrificio, El se sentó - algo que ningún otro sacerdote pudo hacer.

Nosotros ya no tenemos que ofrecer sacrificios de animales, porque Cristo ofreció un sacrificio perfecto - el sacrificio de sí mismo - para purificarnos del pecado. El se dio a sí mismo por ti y por mí.

Conclusión

Se dice de Ciro, fundador del imperio persa, que capturó a un príncipe y a su familia. Cuando el príncipe compareció ante el emperador, éste le preguntó: ¿Qué me dará usted si le dejo ir? El príncipe respondió: le daré la mitad de mi fortuna. ¿Si dejo ir a sus hijos? El príncipe respondió: Todo lo que poseo. ¿Si dejo ir a su esposa? El príncipe respondió: Su majestad, me daría a mí mismo.

A Ciro le conmovió tanto esta muestra de devoción que libró a toda la familia. Al regresar a casa, el príncipe le comentó a su esposa: "Ese Ciro tiene buena apariencia." Su esposa le dijo: "No me di cuenta. Sólo pude verte a ti - al que estuvo dispuesto a entregarse por mí."

Cristo también se dio por ti. ¿Tienes ojos sólo para El? ¿Lo amas de todo corazón? No te dejes distraer por nada que hay en este mundo. Fija tu mirada en Cristo, y ámale sólo a El.


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