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Domingo 18 de Mayo del 2008

La marcha triunfal de Cristo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Al echar un vistazo al mundo en el que vivimos, podemos sacar una conclusión: a Dios le encanta la variedad. Ha creado una enorme variedad de plantas, de animales, de paisajes y de culturas alrededor del mundo. Si has viajado o si llegaste a este país procedente de otro, sabes a lo que me refiero.

Cada cultura tiene sus propias costumbres, y puede ser difícil para la persona de afuera acoplarse a las diferencias que encuentra en un lugar nuevo. Recuerdo que, cuando llegué a vivir a este país, había varias cosas que me sorprendieron. Quizás les sucedió lo mismo a ustedes. Por ejemplo, era un choque llegar a la tienda y ver la enorme variedad de productos disponibles - hasta un pasillo entero sólo para cereales.

Cuando mis padres llegaron al Perú hace muchos años, un hermano le comentaba a mi padre que debía asegurarse de que el pollo que comprara en el mercado estuviera vivo. Mi papá le respondió: "Jamás en mi vida me he comido un pollo vivo". El hermano le quería dar a entender, por supuesto, que viera al vendedor matar el pollo; pero mi papá no conocía esa costumbre.

Seguramente todos podríamos compartir cosas que nos sorprendieron al cambiar de una cultura a otra. Hay un ajuste que tiene que hacer la persona que cambia de cultura o de lugar, aun dentro de su propio país. Siente que no es de allí, que no pertenece a ese lugar.

Como creyente, quizás hayas tenido la misma sensación - tratándose ahora de tu posición aquí en este mundo. Lo extraño es que eres de aquí, pero ya no perteneces a este lugar. Sin haberte mudado, te encuentras de repente en un lugar extraño y, hasta cierto punto, hostil.

¿Por qué ha sucedido esto? Hoy veremos el por qué, y también veremos cómo podemos vivir en este mundo con nuestra nueva identidad.

Lectura: 2 Corintios 2:14-16

2:14 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.
2:15 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden;
2:16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

En la antigüedad, los generales victoriosos solían desfilar por las calles de la ciudad llevando en pos a los cautivos de guerra. Los ciudadanos bordeaban la calle, celebrando la victoria de su ejército y burlándose de los desgraciados que habían sido capturados, y que ahora servirían como esclavos.

El apóstol Pablo aprovecha este cuadro para explicarnos lo que nos ha sucedido a los que estamos en Cristo, habiendo creído en El. Lo que él nos dice es esto:

I. Compartimos una victoria que no es nuestra

Cristo es el guerrero victorioso que peleó una batalla que no era suya. Piénsalo: ¿qué razón tenía Jesús para dejar su gloria celestial como Hijo de Dios y venir a este mundo? ¿Qué necesidad tuvo El de ensuciarse las manos y arriesgar su comodidad llegando a este mundo?

Seamos claros. La acción de Jesús al venir a este mundo no fue una acción defensiva. El diablo no estaba atacando el cielo; más bien, él fue expulsado del cielo después de su rebelión. El cielo es una fortaleza invulnerable que jamás puede ser invadida.

Jesús no salió a la guerra para defenderse; El vino a conquistar. Jesús invadió este mundo para ganar la batalla contra las huestes del mal y quitarle al diablo su botín. Su forma de triunfar, desde luego, fue inusual. En lugar de matar a su enemigo, El mismo fue matado; pero al ofrecerse como sacrificio perfecto y sin mancha, derrotó al enemigo, pues el poder del enemigo es el pecado. Al quitar el poder condenador del pecado, Jesús ganó la batalla.

Nosotros ahora somos aquel premio que Jesucristo ganó con su victoria. Somos aquellas personas capturadas que lleva en desfile el guerrero victorioso. Normalmente, se considerarían desdichadas a estas pobres personas. Pero ¡qué desdicha! Si hemos llegado a ser esclavos de Cristo porque El conquistó nuestro corazón, es para ser librados del dominio de Satanás. Ahora, dice el verso 14: "Cristo siempre nos lleva triunfantes", frase que en el idioma original se refiere a ser conducidos en ese desfile victorioso por Cristo, el ganador.

Hemos sido quitados del reino más cruel y ruin que pueda existir, para entrar a un imperio de gozo, de paz y de luz. ¡Vaya conquista! ¿no? Es un honor tan grande pertenecer a Cristo que aun ser su prisionero es un gran honor. El domingo pasado por la noche aprendimos lo que es el enemigo: un mentiroso y un homicida. Su meta es matarte, y su método es mentirte.

¿Prefieres pertenecerle a él, como ciudadano de este mundo, o ser prisionero y esclavo de Cristo? ¿Prefieres vivir para agradar a uno que te quiere matar, o pertenecer al que se dio por ti? ¿Prefieres pertenecer a un reino de aparente placer que arruina y destruye, o a un reino de vida abundante?

Si te has entregado de corazón a Cristo, compartes una victoria que no es tuya. Ahora perteneces a Cristo, caminando en pos de El en ese desfile triunfal. Es por eso que dice la Palabra que ahora somos más que vencedores en Cristo. Si tú estás en Cristo, puedes triunfar en medio de cualquier circunstancia, porque sabes a quién perteneces.

Ahora tu vida tiene otro enfoque. Si somos de Cristo, entonces

II. Complacemos a Dios con nuestro testimonio

"Para Dios", escribe el apóstol, "somos el aroma de Cristo". Con estas palabras el apóstol sigue desarrollando la imagen del desfile triunfal, porque llegaba un punto en el desfile romano en que se quemaba incienso como una forma de agradecimiento al dios que, según ellos, había dado la victoria.

En el desfile triunfal del que formamos parte tú y yo, también hay un olor fragante que sube ante el Señor. Ese olor es la fragancia de nuestras vidas, de nuestro testimonio y de nuestra alabanza. Dice Pablo que nosotros somos el aroma de Cristo. Conforme más rindamos nuestra vida al control del Señor, en mayor medida oleremos a Cristo.

Hace poco instalé en mi casa un aromatizante. Siempre había tenido un pequeño problema con un olor a aire encerrado en la casa, así que por fin decidí hacer algo al respecto. Compré un pequeño aparato que se enchufa a la pared, y ahora toda la casa tiene una fragancia fresca.

Cuando llego a casa de noche, aún antes de abrir la puerta puedo detectar el olor fresco del aromatizante. Así es con Dios. En medio de este mundo rancio, pasado, desagradable, a sus narices sube el olor fragante de los suyos, el incienso que le ofrecemos por medio de nuestras vidas de entrega y de sumisión.

Este aroma que producimos es para Dios. Así lo declara la Palabra. Si formamos parte del desfile triunfal de Cristo, lo que ahora vivimos es para El. Esto significa que hay una reorientación radical de la dirección de nuestra vida. Lo que antes vivíamos para nosotros mismos, para impresionar a otros y - sin saberlo - para el diablo, ahora lo vivimos para Dios.

Hoy en día existen telescopios con capacidades que, hace pocos años, habrían sido imposibles de imaginar. Como resultado, podemos ver mucho más del universo de lo que antes podíamos. Cada uno de estos finos instrumentos tiene que disponer, además de su sistema de amplificación visual, de un sistema de enfoque y de dirección.

Dicho de otra forma, el mejor telescopio es totalmente inútil si no está orientado hacia el objeto que deseamos ver. Nuestras vidas ahora son útiles, son agradables a Dios en Cristo, cuando vivimos hacia arriba. No es tan importante complacer a nuestros familiares o a nuestros amigos; para quien vivimos es para Dios.

¿Quieres que tu vida sea un olor fragante para el Señor? Si ése es tu deseo, díselo en este momento. Dile: Señor, yo quiero que mi vida sea un olor fragante para ti. Muéstrame lo que no te agrada, y ayúdame a cambiarlo. Quiero que mi vida sea incienso que sube ante ti.

Si somos creyentes, hemos sido llamados a complacer a Dios con nuestro testimonio. Al hacerlo,

III. Confrontamos a todos con una decisión

Dice Pablo: "Somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para éstos somos olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquéllos, olor de vida que los lleva a la vida. ¿Y quién es competente para semejante tarea?"

Las vidas que llevamos - vidas de justicia, de paz, de amor - confrontan a los que nos rodean con una decisión. Al ver el cambio que Cristo produce en nosotros, ellos mismos tienen que tomar una decisión acerca de su propia vida. A veces nos sorprenden las reacciones de las personas, pero aquí encontramos la explicación de sus diferentes reacciones.

Para algunos, somos un olor de muerte. Ahora dime: ¿cómo reaccionas cuando hueles algo muerto? Seguramente tú, como yo, has estado manejando por la carretera cuando ves adelante una congregación de zopilotes. Ya sabes que pronto vas a pasar junto a un animal atropellado, y aquel olor que a los zopilotes les encanta a ti te da náuseas. Cierras las ventanas y prendes el acondicionador de aire hasta dejar atrás esa escena de muerte.

¿No nos tratan así algunas de las personas del mundo también? Quizás lo esconden un poco, pero en realidad no las da gusto estar con nosotros. Quizás digan: "Fulano de tal ya es un aguafiestas desde que dejó de tomar. Esos aleluyas no se divierten para nada." Para ellos, ¡somos olor de muerte! - porque ellos se están muriendo.

Para otros, sin embargo, somos olor de vida. Ven lo que ha pasado en nosotros, y se dan cuenta que les hace falta lo mismo. La fragancia de nuestra vida les llama la atención y les da sed de Dios. Jesús dijo que somos la sal de la tierra, y la sal da sed. Nuestras vidas - para los que se salvarán - dan sed de Dios.

Pero ¿quién es competente para semejante tarea? La respuesta está en el capítulo 3, verso 5: "No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios." Sólo podremos soltar esa fragancia si vivimos agarrados del Señor. Desconectados de Cristo, no podemos hacer nada.

Conclusión

Creyente, si estás en Cristo, vas marchando hacia la victoria. No te sueltes de El. No dejes de vivir hacia arriba, complaciendo a Dios con tu testimonio. Sólo El sabe cuántos serán salvos gracias a tu vida. No te sorprendas si te evitan tus viejas amistades; ora por ellos, para que Dios cambie su corazón.

Si no conoces a Cristo, únete hoy por fe a su desfile de victoria. El te invita.


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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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