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Domingo 6 de Abril del 2008

Morir para multiplicarse
Pastor Tony Hancock

Introducción

Jesucristo no fue ningún maestro de matemática, pero El quiso que su Iglesia supiera multiplicarse. Desde que la Iglesia del Nuevo Testamento empezó en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo ha llamado a las personas a recibir la salvación que Cristo ofrece y unirse a su pueblo, la Iglesia.

En ese primer día, hubo una multiplicación extraordinaria: de ser doce discípulos más unas cuantas mujeres y otras personas, la Iglesia llegó a tener más de tres mil miembros. ¡Qué buena multiplicación! Conforme el evangelio se extendía, la Iglesia seguía agregando miembros - no sólo sumándolos a la Iglesia, sino multiplicando el alcance del pueblo de Dios.

En muchas partes del mundo, esto sigue sucediendo. El evangelio ha crecido fenomenalmente en los últimos años en muchas partes del mundo. Sin embargo, cuando miro a mi alrededor, no veo multiplicación. Veo sumas; veo que una y otra persona se une a la Iglesia, pero no veo multiplicación.

¿Por qué será? Quizás estamos en un lugar duro. Quizás la gente está siendo distraída por lo material. Quizás no hemos encontrado el método correcto. Todas estas cosas podrían ser correctas, y estoy seguro de que cada una de ellas tiene su lugar en el cuadro. Sin embargo, me llama la atención una cosa más.

Jesús nos enseñó un principio de multiplicación que no cuadra con nuestras ideas humanas y carnales, pero que es absolutamente esencial si queremos ver la multiplicación.

Lectura: Juan 12:23-24

12:23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

Jesús ha hecho más para cambiar la humanidad que cualquier otro personaje de la historia. Nuestro calendario se define por su nacimiento; los años se describen como a.C. - "antes de Cristo" y d.C. - "después de Cristo".

Nuestro sistema de gobierno tiene su origen en las ideas suyas. Sus enseñanzas acerca de la igualdad de cada persona han formado la base para nuestras sociedades democráticas; la democracia de Atenas fue muy distinta a la democracia moderna, y la diferencia nace de las enseñanzas de Jesús.

Nuestra libertad para adorar a Dios de acuerdo a nuestra propia conciencia viene de Jesús, porque El dijo: "Dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:21). Con esta frase, enseñó que la fe y el gobierno civil pertenecen a dos ámbitos diferentes, que no se deben de mezclar - la base de la libertad de conciencia.

Pero todo esto carece de significado a comparación con lo que hizo Cristo al rescatar a un pueblo para sí mismo. La Biblia nos dice que Dios cargó en El los pecados de todos nosotros, ofreciendo a cada persona la oportunidad de recibir el perdón de sus pecados y tener la seguridad de la vida eterna.

Con su muerte, Cristo compró la vida para todo aquel que deposita su fe en El. Si tú quieres tener la vida eterna, la decisión es tuya. La Biblia dice que así "como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Juan 3:14-15).

Al ir voluntariamente a la muerte, Jesús ganó la salvación de miles de millones de personas. ¡Qué increíble acto de multiplicación! El indica que había llegado el momento culminante de su tiempo en la tierra al decir: "Ha llegado la hora". En el evangelio de Juan, Jesús dice varias veces: "Mi hora aún no ha llegado". Pero ahora dice: "Ha llegado la hora".

Su exaltación - la revelación de su gloria - venía. Pero ¿cómo llegaría? Jesús nos dice que llegaría como el fruto que da un grano de trigo. ¿Cuántos de ustedes han sembrado alguna semilla en su jardín? Quizás han sembrado tomates, o cilantro, o la semilla de alguna fruta.

Para que dé fruto esa semilla, algo tiene que suceder. Tiene que brotar. Crece la planta, y bajo las condiciones adecuadas de agua, abono y luz solar, la planta da su fruto. Ahora bien, después de que la planta da su fruto, ¿puede uno volver a usar la misma semilla para sembrar otra planta? Si busco la semilla que sembré, ¿la encontraré?

¡Claro que no! Esa semilla tuvo que morir - tuvo que perder su propia existencia como semilla - para que la planta pudiera crecer y producir una buena cosecha de semillas. Jesús aquí nos dice que así fue con El. Para producir una buena cosecha de personas salvas, de personas como tú y yo, Cristo también tuvo que morir. El sufrió la muerte física y la separación espiritual de su Padre para que nosotros pudiéramos recibir la vida.

Jesús te está ofreciendo un canje. Dale tu vida - llena de pecado y destinada a la muerte - y El te dará su vida perfecta. Fue para eso que El murió - para entregar su vida a nuestro favor. Si no lo has aceptado, la invitación está abierta hoy. La Biblia dice que hoy es el día de salvación. Hoy puedes aceptar a Cristo.

Pero - ¿será que este principio sólo es aplicable a Cristo? ¿Será que El es el único que tuvo que morir para llevar mucho fruto? Vamos a seguir leyendo donde dejamos la lectura.

Lectura: Juan 12:25

12:25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

Aquí Jesús te dice que tú también debes de morir. Debes de morir a tu vida en este mundo si quieres recibir su vida eterna. El dice: "El que se apega a su vida la pierde". ¿Qué significa esto? Significa que, si tú insistes en vivir tu vida a tu manera, como a ti te da la gana y para ti solamente, vas a perder la vida. Vas a llegar al final de tu vida y darte cuenta de que se te fue, y no tienes nada para mostrar a cambio de la vida que derrochaste.

Jesús te llama, más bien, a aborrecer tu vida en este mundo. Aquí es importante entender exactamente a qué se refería Jesús. ¿Quería decir El que la vida del cristiano es una vida de puro sufrimiento y aburrimiento, y su único consuelo es saber que algún día irá al cielo?

Esto no es lo que significa. Jesús aquí usa una expresión hebrea para comparar el valor de dos cosas. A comparación con nuestro amor hacia Dios, nuestro amor a nuestra propia vida debe de parecer odio. Pero hay una gran ironía: cuando perdemos la vida, la encontramos.

En otras palabras, ¡esa vida "muerta" - la vida dedicada a Cristo, la vida que vivimos para su gloria y buscándole a El - resulta ser más vida que la vida que vivíamos antes, cuando vivíamos sólo para nosotros mismos! La vida sin Cristo es una vida de placer que no satisface, de posesiones que no nos llenan, de pasatiempos que sólo sirven para opacar la inseguridad que tenemos acerca del futuro.

La vida con Cristo, en cambio, es una vida de gozo, de propósito y de paz. Pero esa vida viene cuando morimos. Yo sé que hay personas aquí que están entre sí y no. Quizás te llama la atención lo que Cristo ofrece; sientes la atracción de sus enseñanzas y su ejemplo. Sin embargo, no quieres dejar tu autosuficiencia. No quieres dejar de hacer las cosas a tu manera.

¿Sabes qué? Sólo vas a encontrar lo que estás buscando cuando aprendes a morir. Cristo te está llamando hoy a morir. Pero hay algo más. Así como entramos a este caminar con Cristo por medio de la muerte, sólo podremos dar fruto en El si aprendemos a morir también.

Al principio les planteé la pregunta: ¿Por qué no vemos la multiplicación? Yo creo, hermanos, que la respuesta está aquí. No hemos aprendido de verdad a morir. Si queremos que Cristo nos use para la extensión de su Reino, tenemos que morir.

En primer lugar, tenemos que morir a nuestras propias metas. Si yo te preguntara: ¿qué metas tienes para tu vida?, quizás contestarías que quieres estudiar, o que quieres casarte, que quieres comprar una casa o terminarla de pagar - en fin, nos proponemos muchas metas. Pero yo te pregunto: ¿Son tus metas, o son las metas de Dios? ¿Siquiera te has preguntado qué es lo que Dios quiere hacer con tu vida?

No es malo estudiar, o casarse, o comprar una casa; al contrario, son cosas muy buenas. Pero si vamos a multiplicarnos, si vamos a llevar fruto para el Señor, tenemos que morir a nuestras propias metas y decirle a Dios: "Señor, quiero lo que tú quieres más que cualquier otra cosa".

Leí recientemente acerca de un misionero que había trabajado por 25 años en un país musulmán sin ver un solo convertido. ¿Misionero fracasado? Lo dudo. Pero si alguien le hubiera preguntado al inicio de su carrera misionera cuántos conversos esperaba ganar, no creo que haya respondido: "Ninguno". Sin embargo, la voluntad de Dios para su vida fue que trabajara sin ver frutos aparentes.

De hecho, cuando uno estudia las historias de los pueblos donde se han convertido grandes números de personas, es común descubrir que hubo una generación inicial de misioneros que trabajó sin ver mucho fruto. Esa generación preparó el terreno, y la siguiente generación cosechó el fruto. Y tú: ¿Estás dispuesto a abandonar tus metas y aceptar las de Dios?

En segundo lugar, tenemos que morir a nuestro propio mapa. Nuestro mapa es la manera en que pensamos llegar a nuestras metas. ¿Sabes? Dios casi siempre trabaja de una forma sorpresiva. Lo que yo pensaba que iba a ser de mi vida no es lo que Dios ha hecho con ella. Sin embargo, su voluntad ha sido buena. ¿Estás dispuesto a dejar el mapa de tu vida en manos de Dios, y dejar que El te guíe paso a paso?

En tercer lugar, tenemos que morir a nuestros propios métodos. Quizás nos hemos propuesto algo bueno, pero pretendemos dictarle a Dios cómo lo vamos a realizar. Queremos hacerlo en la carne, en lugar de depender del Espíritu.

Esta es una gran tentación para los que servimos al Señor. Muchos empezamos dependiendo del Espíritu, pero en algún momento empezamos a depender más de los métodos. Pensamos que si encontramos el método perfecto, podemos ganar a cualquier persona para el Señor. Olvidamos que sólo el Espíritu Santo puede cambiar un corazón.

Dejamos de depender del Espíritu en nuestra enseñanza, y dependemos más de nuestro estudio, de nuestros ejemplos, de nuestros chistes. Si tú eres creyente, puedes tener la seguridad de que Dios también te ha llamado a trabajar en su viña. Ahora te pregunto: ¿Estás dispuesto a depender del Espíritu Santo, y no de tus propios métodos?

Conclusión

Hermanos, yo sé que Dios quiere ver multiplicación entre su pueblo. Por eso, yo quiero invitarte hoy a hacer un compromiso que yo también haré - un compromiso de morir a tus propias metas, tu propio mapa y tus propios métodos, y dejar tu vida completamente en manos de Dios. ¿Estás listo para hacerlo?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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