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Domingo 30 de Marzo del 2008

Lo que la fe reconoce
Pastor Tony Hancock

Introducción

Nuestra vida está llena de fe. Todos los días confiamos en miles de cosas diferentes. Confiamos en que el chofer del autobús no es un lunático que lo chocará. Confiamos en que los fabricantes de los productos enlatados que consumimos no nos están envenenando. Confiamos en que nuestros sentidos nos están reportando la realidad tal como es.

¿Por qué, entonces, se nos hace tan difícil confiar en Dios? ¿Será porque Dios es invisible? Es posible, aunque creo que esto no lo explica todo. Recientemente estuve de viaje, y me tocó estar sentado junto a las grandes hélices que impulsaban la aeronave. A simple vista, las aspas de las hélices daban vuelta en la nada.

¿Cómo podría yo confiar en que serían capaces de mover el avión? Es más, ¿cómo podría confiar en que el avión sería capaz de despegar de la tierra? Estaba confiando en algo invisible - en este caso, el aire, que era el medio de propulsión del avión y que también levantaba sus alas.

Confiamos todos los días en muchas cosas, e incluso confiamos en lo invisible. ¿Por qué, entonces, nos resulta tan difícil confiar en Dios? Tenemos un corazón reacio, un corazón que no desea reconocer la autoridad de nada ni de nadie. Aunque tenemos buenas razones para confiar en Dios, nuestro corazón se rebela contra El.

Ya hemos visto, sin embargo, que la fe trae grandes bendiciones. De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Sin fe estamos destinados a una eternidad de sufrimiento y perdición, simplemente porque la falta de fe nos condena a estar lejos de Dios.

La fe reconoce lo invisible; pero más allá de esto, reconoce lo que el corazón humano no quiere reconocer. Veamos en la vida de Moisés lo que la fe reconoce.

Lectura: Hebreos 11:23-28

11:23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.
11:24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón,
11:25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
11:26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.
11:27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.
11:28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.

Estas palabras fueron escritas a un grupo de personas que estaba tambaleando en cuanto a la fe. Hoy en día, los ataques a la fe no han menguado. Por todos lados enfrentamos ataques a nuestra fe en Dios. El mundo considera locura la fe que profesamos; los tradicionalistas nos consideran fanáticos; las sectas siembran confusión.

Frente a estos ataques, ¿qué diremos? Dios nos está llamando a reconocer, por fe, ciertas realidades que este mundo no reconoce. De la vida de Moisés aprendemos varias buenas lecciones. En primer lugar, vemos que:

I. La fe reconoce una autoridad superior

Moisés nació condenado a muerte. El rey egipcio había decretado que todos los bebés varones de los hebreos debían ser lanzados al río Nilo. De esta forma, pretendía detener el crecimiento de la nación hebrea. Moisés nació bajo este decreto, y debió haber sido ahogado como bebé también.

Sus padres, sin embargo, no lo sacrificaron. Vieron en él algo especial. Tuvo que ser algo más que la simple belleza física. A fin de cuentas, todos los padres creen que sus bebés son preciosos. De alguna forma, ellos vieron que Dios lo había destinado para hacer grandes cosas.

Ellos reconocieron una autoridad superior. Aunque el rey - la autoridad máxima en esa área, y en el mundo entero - había ordenado que mataran a su hijo, ellos reconocieron que había una autoridad superior a la del rey. Reconocieron la autoridad de Dios, y no temieron el edicto del rey.

Me viene a la mente la historia de las filas en el cielo. Había dos filas: una para hombres mandilones, y otra para hombres machos. La fila de hombres mandilones era muy larga, mientras que en la fila de hombres machos sólo había un hombre. Este hombre se veía muy asustado: brincaba cuando oía algún sonido, tenía una postura muy humilde, y parecía más conejo que lobo. Alguien se le acercó y le preguntó por qué estaba en la fila de los machos, y él respondió: Es que mi esposa me dijo que me tenía que parar aquí.

Muchas veces nosotros somos como ese hombre; no comprendemos quién realmente tiene autoridad sobre nosotros. Sólo hay una autoridad máxima en el universo, y si estamos bien con El, estamos bien.

Ahora te pregunto: ¿quién es tu máxima autoridad? En realidad, ¿quién manda en tu vida? Hay muchas autoridades en este mundo, y debemos de respetar la autoridad civil, dentro de sus límites. Sin embargo, hay una autoridad que supera a las demás. Como dijo Jesús, no temas a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden tocar el alma; teme, más bien, al que puede destruir cuerpo y alma en el infierno.

¿Quién manda en tu vida? ¿Tu jefe? ¿Tu vicio? ¿Tú mismo? Si por fe reconoces al que es la autoridad máxima en este mundo - Dios mismo - tendrás que hacer cambios en tu vida, pero hallarás la verdadera libertad. La fe reconoce una autoridad superior.

Moisés también nos enseña que:

II. La fe reconoce un premio superior

Moisés tuvo la oportunidad de disfrutar de muchos bienes y muchos placeres. Fue adoptado por la hija del faraón, el emperador egipcio. Se crió en el palacio con príncipes. Tuvo la mejor educación y las mejores posibilidades. De seguro podría haber tenido una vida muy buena, con todo el lujo que había en ese tiempo.

Sin embargo, en lugar de escoger los placeres del mundo, Moisés escogió el oprobio como hebreo. El había escapado de ese pueblo esclavo. Había subido socialmente - pero lo despreció todo. ¿Lo hizo porque era buen patriota, o porque su sangre lo llamaba?

Era algo más que eso. El pasaje nos dice que Moisés prefirió ser maltratado "con el pueblo de Dios". Esto significa que Moisés se unió a su pueblo en su sufrimiento no sólo porque era su pueblo, sino porque era el pueblo de Dios. La decisión que tomó Moisés nació de su fe en Dios.

¿Qué habrán pensado los compañeros de Moisés cuando se enteraron de su decisión? "¿Ya supiste lo que hizo Moisés? ¡Se puso a defender a unos miserables hebreos!" Los jóvenes egipcios con quienes se crió en el palacio se habrían quedado totalmente perplejos ante la decisión que tomó Moisés.

Pero - ¿tomó la decisión correcta? Considera lo siguiente: ni siquiera sabemos cómo se llamaba el faraón del día de Moisés, pero seguimos aprendiendo acerca de Moisés mismo. Aunque los de su día lo creían loco, el tiempo ha mostrado que tomó la decisión correcta.

El mundo nos ofrece premios. Ofrece el premio del placer sin responsabilidad, el premio del glamour, el premio del egocentrismo. Son premios que parecen ser muy buenos. La fe, sin embargo, reconoce un premio superior. Superior al placer es el premio de Cristo.

Mucho mejor que disfrutar de las cosas de este mundo es conocer a Jesús. Con El, puedes tener la victoria en cualquier situación. Sin El, estás perdido. Jesucristo es nuestra única esperanza. ¿Quién más podrá salvarnos? No hay ningún otro que pueda darnos vida.

No podemos ignorar la realidad de que este mundo ofrece premios. Pero la fe reconoce un premio infinitamente superior. Entonces te pregunto: ¿para qué premio estás corriendo esta carrera de la vida? ¿Estás corriendo para recibir las baratijas que este mundo te dará de premio? ¿O estás corriendo para recibir el premio mejor, el premio que Cristo te dará cuando te diga: "Bien hecho, buen siervo y fiel"?

La fe reconoce un premio superior. Es más,

III. La fe reconoce una liberación superior

Recuerden que Moisés se había criado en el palacio. El tenía palanca. Sin embargo, reconoció un poder mayor que trajo una liberación mayor. Para empezar, en su juventud tuvo que huir de Egipto después de causar la muerte de un capataz egipcio. Aunque él cometió un gran error, mostró fe en esto: en lugar de tratar de encabezar una revolución humana, su fe lo llevó a esperar el momento divino para actuar.

Llegó el momento en que Dios decidió actuar para liberar a su pueblo. Noten esto: Moisés tuvo miedo cuando Dios lo llamó. Tener fe no significa que no tenemos temor, sino que actuamos a pesar del temor. Moisés fue el instrumento que Dios usó para liberar a su pueblo.

Dios mandó una serie de juicios sobre la tierra de Egipto. Al final de estas plagas Dios declaró que mataría al primer nacido de cada familia en la tierra. Los israelitas podrían proteger a sus hijos matando a un cordero - el cordero pascual - y rociando su sangre sobre el dintel de sus casas.

Si tienes algún tiempo en la Iglesia, la historia ya te es conocida. Sin embargo, considera esto: en esa primera Pascua, los israelitas tuvieron que confiar en la palabra que Dios les pronunció por medio de Moisés y matar al cordero para untar su sangre sobre la puerta. ¿Qué garantía tenían de que esto funcionaría? ¡Nunca había sucedido nada similar!

Era necesario tener fe en la liberación superior que Dios les enviaría - superior al poder del faraón, que deseaba mantener a los israelitas bajo su poder, en esclavitud. Hoy también hay uno que quiere mantenerte bajo su poder, en esclavitud. Se llama Satanás. El quiere que sigas siendo su esclavo, pecando y viviendo en desobediencia a Dios.

Hay sólo un Cordero que puede librarte, pero es necesario que confíes en su Palabra - así como los israelitas tuvieron que confiar en la Palabra que Dios les envió por medio de Moisés. Sólo así podrás ser libre del castigo de tu pecado, libre de la muerte, libre del temor, libre del poder del enemigo.

Conclusión

La clave está en ver - como lo hizo Moisés - al invisible. ¡Qué ironía! ¿Cómo puedo ver algo invisible? Sólo se puede ver con los ojos de la fe. Sólo si el Espíritu Santo abre los ojos de nuestro corazón podremos ver a Dios y confiar en El.

Las cosas de este mundo parecen ser tan sólidas y reales. Sin embargo, todo esto se va a deshacer. Ese carro del año un día será sólo un montón de óxido. Esa casa será una ruina. Esa ropa se convertirá en trapos. ¿Lo que durará? Tu alma. Aprende a ver - por fe - lo invisible, y recibirás bendición. Mira a Cristo, y serás salvo.


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