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Domingo 28 de Abril del 2002

Cómo llegar a la madurez espiritual
Pastor Tony Hancock

Introducción

¡Qué bonito es para un padre ver a su hijo de 6 meses, con sus pañales puestos, gateando en el piso y diciendo palabras sin sentido! Al mirarlo, sabe que el niño está desarrollándose según su edad, probando sus pequeñas cuerdas vocales, y aprendiendo a usar los brazos y las piernas.

Pero, ¿qué sentiría si viera a su hijo joven de dieciséis años haciendo lo mismo - con sus pañales puestos, gateando en el piso, y diciendo palabras sin sentido? Bueno, sería una de dos cosas: algo ridículo y risible, o algo sumamente triste.

Lo que cualquier padre desea para su hijo es que madure y crezca hasta ser un hombre completo, juicioso, y preparado para enfrentar los retos de la vida. Ningún padre desea que su hijo se quede estancado en un nivel de crecimiento básico, pobre, lejos de la madurez y el gozo de ser una persona productiva.

¿Cómo se sentirá Dios, entonces, cuando ve a tantos de sus hijos estancados en su crecimiento? ¿Cómo se sentirá al ver que sus hijos de cinco, de diez, de quince años andan aún en pañales? El deseo de Dios para nosotros es que lleguemos a conocer el gozo y la satisfacción de crecer hacia la madurez.

Hoy damos comienzo a una serie de mensajes tomados del libro de Santiago. Este líder, medio hermano de nuestro Señor Jesucristo, escribió a un grupo de judíos que habían creído en Jesucristo y llegado a ser parte de su congregación en Jerusalén, pero por la persecución habían tenido que huir. Como pastor, Santiago escribe para animarles y darles dirección en su fe.

Este libro es sumamente práctico. Santiago desarrolla pocas doctrinas profundas; más bien, supone que sus lectores han sido instruidos en las creencias básicas de la fe cristiana y se dedica a aplicar estas verdades a la vida del creyente.

Las verdades que Santiago expone tan concisamente aún tienen poder para transformarnos y llevarnos a una mejor vida cristiana, si las ponemos en práctica. Hoy veremos lo que Santiago nos dice acerca de cómo alcanzar la madurez espiritual.

Lectura: Santiago 1:1-8

1:1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.
1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,
1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
1:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
1:7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
1:8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Cuando tomamos en cuenta la situación de los lectores de Santiago, el primer tema que él toma tiene mucho sentido. El se dirige a la situación de prueba que ellos están viviendo. Han tenido que dejar su hogar, su cultura, su trabajo o cultura, y todo lo que les era conocido para huir de una cruel persecución.

Pero lo que él les dice para animarles es realmente sorprendente. Nosotros esperaríamos que él dijera algo así: Hermanos míos, no se desanimen. Esta prueba no puede durar por siempre. Confiamos en Dios que pronto estarán otra vez aquí con nosotros, y mientras tanto, están bajo la protección de Dios. Así que, traten de mantener el ánimo y sigan adelante.

Eso parece muy lógico, ¿verdad? ¡Pero eso no es lo que Santiago dice! Más bien, él les dice que se consideren dichosos cuando enfrentan pruebas. Podríamos traducirlo así: "Considérenlo puro gozo cuando caen en distintas desgracias". ¡Qué idea!

Pero la razón que Santiago da es sumamente importante. Si entendemos esto, podremos encontrar gran gozo en las desgracias de la vida, y tomaremos el primer paso hacia la madurez espiritual. Porque

I. La madurez espiritual requiere perseverancia en las pruebas

Este pasaje está lleno de sorpresas. Podríamos pensar que lo que Dios nos está diciendo aquí es que la madurez se demuestra en las pruebas. Pero eso no es lo que dice, si sacamos la lupa y lo examinamos con cuidado. Noten el progreso en los versículos 3 y 4: la prueba produce constancia, y cuando la constancia termina de obrar en nosotros, seremos maduros.

La palabra "perfecto" habla de la madurez del creyente. No se refiere a la perfección que será nuestra en el cielo; habla más bien del nivel de madurez que Dios quiere que alcancemos aquí y ahora. Lo que esto significa, entonces, es que la prueba es una de las herramientas que Dios usa para madurar a sus hijos.

Éste no es el mensaje que el mundo quiere oír. El mundo busca a un Dios que no se mete en sus asuntos, pero le saca de cualquier apuro. El Dios que existe en realidad, sin embargo, es un Dios que se mete en nuestros asuntos precisamente porque nos ama, y que también nos permite pasar por apuros por la misma razón.

¿Qué sucede con los hijos mimados de padres pudientes, cuando llega el momento de salir al mundo para defenderse? Se ha visto caso tras triste caso de jóvenes que han arruinado sus vidas, simplemente porque sus padres nunca les dijeron que no, y porque nunca tuvieron que trabajar por lo que recibieron. Llegaron a creer que el mundo les debía.

Dios no desea que sus hijos sean así. Y tal como el único modo de crecer un músculo es hacer que supere la resistencia del peso, la única manera de crecer un creyente es hacer que supere la resistencia del mundo.

Pero quizás tú estás pensando, "Yo he tenido muchos problemas en la vida, pero no me siento muy maduro. ¿Qué me pasa?" Aquí viene la segunda parte:

II. La madurez espiritual es producto de la sabiduría divina

A primera vista, podríamos pensar que el versículo 5 empieza un nuevo tema: el de la sabiduría. Pero un momento de reflexión nos hace ver que Santiago no ha dejado su tema, sino que aún habla de la manera de superar las pruebas y llegar a la madurez.

Es que las pruebas, sin sabiduría divina, no producen la madurez. Es algo así como el agua. Si recuerdan sus clases de ciencia, sabrán que el agua consiste en dos gases: el hidrógeno y el oxígeno. Cualquiera de estas dos son invisibles al ojo humano, a menos que estén congelados. De hecho, el ambiente está lleno de ellos.

Cuando se combinan, sin embargo, se convierten en algo distinto: el agua. Sin agua, la vida aquí en el mundo no existiría. No importa cuánto hay de hidrógeno o de oxígeno, si no están combinados, no hay agua y no hay vida.

De igual manera, si hay sufrimientos sin sabiduría, no hay madurez; y de igual modo, si tenemos conocimiento de la sabiduría de Dios, pero no la hemos practicado en una prueba, tampoco habrá madurez.

¿Qué es esa sabiduría? Es simplemente la capacidad de ver las cosas como son en vez de como se pintan, y la habilidad de escoger la mejor opción en cada situación. Es, en otras palabras, la capacidad de seguir el camino que nos llevará al bien, a pesar de los engaños de Satanás.

En el libro de Job aparece esta pregunta: "¿De dónde, pues viene la sabiduría?" He aquí la respuesta: "Sólo Dios sabe llegar hasta ella" (Job 28:20,23). En este mundo, si alguien tiene información que otros desean tener, generalmente cobra por ella. ¿Cuántos latinos han invertido grandes sumas en cursos que prometen enseñarles inglés?

Dios, en cambio, no es así. El no cobra por la sabiduría; más bien, la da generosamente a quienes se la piden. Si te falta sabiduría, sólo tienes que pedírsela a Dios. A él no le importa quién eres, qué has hecho, o de dónde vienes; si tú quieres empezar a vivir según su sabiduría, sólo tienes que pedírsela.

Es el Espíritu Santo el que trae la sabiduría. Jesús les dijo a sus discípulos: "Si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!" (Lucas 11:13)

Por supuesto, el Espíritu Santo viene a morar en el creyente en el momento de la salvación; pero podemos experimentar más o menos de su presencia y su poder en nuestras vidas. Si le pedimos al Padre celestial, él nos dará más de la presencia del Espíritu para que podamos tener sabiduría en la prueba.

Cuando te encuentras en una prueba de tu fe - puede ser por algún problema en la vida que te agobia, o por alguna persona que te fastidia, o por alguna duda que te asedia - pídele a Dios su sabiduría. Recuerda que está en ti su Espíritu Santo, y deja que él te ayude a saber qué hacer.

Pero hay algo más.

III. La madurez espiritual se funda en la sinceridad de corazón

Miren la amonestación de los versos 6 al 8. Si somos de doble ánimo, no debemos de esperar nada de Dios.

Santiago no está hablando de ese viaje a Cancún que deseamos. Se refiere a la sabiduría. Si le pedimos a Dios que nos dé sabiduría y que nos guíe a alcanzar la madurez, pero al momento siguiente estamos deseando la sabiduría del mundo, no vamos a recibir lo que deseamos de Dios.

Ahora, todos tenemos momentos de duda. Todos enfrentamos ideas o situaciones que nos llevan a dudar por un momento. Este pasaje no se refiere a eso. Más bien, habla de la persona cuya vida va en dos direcciones. En un momento, pretende seguir a Dios. Al día siguiente, está totalmente metido en el mundo y lo que el mundo ofrece.

Esa persona, según Santiago, no recibirá nada de Dios, y mucho menos alcanzará la madurez. De hecho, puede ser dudoso que tal persona realmente sea salva. Es como una ola del mar; no como los grandes cachones que se ven en la playa, sino las olas en alta mar que sólo suben y bajan, suben y bajan, y jamás llegan a ningún lado.

Esta persona realmente no ha decidido qué es lo que quiere. Tambalea entre Dios y el mundo, entre el cielo y la tierra, entre lo carnal y lo espiritual. De repente le atrae la idea de estar bien con Dios y conocerle como Padre, pero al momento siguiente recuerda la diversión y el placer que el mundo promete - y queda indeciso.

Si tú eres así, debo decirte que andas en un camino muy peligroso. No vas a quedar bien con Dios; no vas a conocer el gozo de acercarte más a él; no vas a tener su ayuda para superar las pruebas de la vida, y te quedarás estancado.

Tú tienes que decidir qué es lo que realmente deseas. ¿Quieres tener la sabiduría de Dios para vivir tu vida como él quiere, para crecer como persona y llegar a la madurez espiritual? ¿O prefieres la sabiduría del mundo, la sabiduría que dice, Comamos y bebamos, porque mañana moriremos?

Conclusión

Dios quiere que tú llegues a ser una persona madura, integra, útil para él. El desea que llegues al fin de tu vida contento, porque has hecho y has sido lo que él desea. Pero la decisión está en tus manos.

¿Alguna vez has volado un cometa (papalote)? Si no hay viento, el cometa no sube. Es necesario correr para que el cometa suba con el viento. Sólo que el cometa no sube precisamente con el viento; sube en contra del viento. En la combinación del control de la cuerda y la presión del viento, vuela el cometa.

Asimismo nuestro crecimiento, nuestro vuelo como creyentes, sólo sucede en contra de las pruebas, con el control de la sabiduría de Dios. Búscalo hoy.


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