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Domingo 9 de Marzo del 2008

La realidad de las cosas
Pastor Tony Hancock

Introducción

Mientras viajaba por autobús, una señora iba leyendo su Biblia. El hombre que estaba sentado a su lado se burlaba de ella, diciendo: "Usted no cree lo que lee en ese libro, ¿verdad?" La mujer le respondió: "Sí lo creo. Creo cada palabra".

"¿De veras?" - respondió el hombre. "La historia de Noé, el diluvio, los animales... ¿cree usted eso?" " Indudablemente", respondió la mujer. "¿Qué de la creación del universo en seis días?" " Lo creo todo, cada palabra", dijo la mujer. "Y ¿qué de Jonás - cómo podría un hombre vivir por tres días en el estómago de una ballena?"

"Sí, eso lo creo también", dijo la mujer. "Pero ¿cómo puede ser? ¿Cómo podría respirar?" La mujer dijo: "No lo sé. Cuando llegue al cielo, se lo preguntaré." "¿Qué va a hacer si Jonás no está en el cielo?" - preguntó el hombre. La mujer le respondió: "En ese caso, ¡usted se lo puede preguntar!"

Como aquel hombre, hay muchas personas que hoy preguntan: ¿De veras crees todo eso? Les parecen increíbles las historias bíblicas que describen milagros y otros eventos sobrenaturales. Creen que la ciencia lo ha explicado todo, cuando en realidad la ciencia cambia a diario.

La realidad más básica en este universo es la realidad de cómo existe este mundo, y cómo existimos nosotros. Lo que creemos acerca de los milagros de la Biblia y las demás cosas que nos enseña depende de lo que creemos acerca del origen del universo. Si creemos que Dios creó el universo, no es difícil creer que El podría interferir con su función a su antojo.

Es por esto que el autor de Hebreos, después de describir lo que es la fe, pasa inmediatamente a hablar del asunto más básico que tenemos que creer.

Lectura: Hebreos 11:3

11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Es interesante notar que a los niños no se les dificulta creer en Dios. Ellos saben que Dios existe. Muchas veces hacen la pregunta, sin embargo, ¿de dónde vino Dios? Es una buena pregunta. Todo lo que vemos en este mundo tiene un comienzo. Cada persona tiene padres. Cada árbol nace de una semilla. Cada artefacto tiene fabricante.

¿De dónde, entonces, viene Dios? Si todo lo que conocemos tiene un inicio, ¿cuál fue el inicio de Dios? Es sólo por fe que podemos comprender que Dios no tiene principio, sino que El siempre ha existido. Dios es la realidad primordial.

La Biblia dice que "por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios". La palabra traducida aquí "universo" en otras partes se traduce "edades". Esto significa que todo lo que demarca nuestra existencia - tanto el espacio como el tiempo - fue creado por Dios, por su Palabra, de la nada.

El mundo material no es eterno. Tuvo un principio. Sólo Dios es eterno. ¿Cómo podemos saber esto? ¿Qué instrumento podemos usar para detectarlo? ¿Qué registros existen desde la eternidad? Es una verdad que esta fuera de la comprobación científica. Los científicos nos dicen que el mundo tuvo un origen, pero más de eso no nos pueden decir.

Sólo por fe podemos entender la realidad de las cosas. En otras palabras,

I. Por fe, vemos las cosas como son

Es tan fácil dejarnos cegar por lo que podemos ver. Me explico: el mundo físico parece ser lo más real, cuando en verdad es pasajero y carece de importancia. Sólo por fe vemos la realidad de las cosas. Y vemos la realidad de las cosas; vemos que las cosas que tanto nos llaman la atención realmente no son tan importantes como solemos creer.

En cierta ocasión, el profeta Eliseo enfrentó un ejército hostil. El rey de una nación enemiga se dio cuenta de que el profeta, por inspiración divina, estaba dando información al rey de Israel acerca de los movimientos de su ejército. El rey de los arameos decidió que tenía que acabar con Eliseo, así que mandó a su ejército para rodear el humilde hogar del profeta.

Cuando Eliseo y su sirviente se levantaron, vieron que un ejército con sus soldados y carros de guerra había rodeado la aldea en la que vivían. El siervo de Eliseo se asustó. "¿Qué vamos a hacer?" - le preguntó a Eliseo (2 Reyes 6:15). Eliseo oró: "Señor, abre sus ojos para que pueda ver" (2 Reyes 6:17). Cuando el siervo abrió los ojos, vio que las montañas estaban llenas de soldados y de carros de fuego alrededor de Eliseo .

Cuando se le abrieron los ojos al siervo de Eliseo, vio las cosas de una forma totalmente diferente. Donde antes había temor, ahora había confianza. Donde antes había decepción, ahora había reverencia. Lo mismo nos sucede cuando la fe nos abre los ojos para reconocer que todo lo que existe ha sido creado por Dios.

El salmista se refiere a esta misma realidad en el Salmo 33:6-9:

33:6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.
33:7 El junta como montón las aguas del mar; El pone en depósitos los abismos.
33:8 Tema a Jehová toda la tierra; Teman delante de él todos los habitantes del mundo.
33:9 Porque él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió.

Nos dice que la obra creadora de Dios no es como la de algún artesano, que trabaja con materias ya existentes y simplemente les da otra forma. Más bien, Dios habló, y los cielos llegaron a existir. Dio la orden, y la tierra llegó a tener existencia.

¿Cómo debemos responder a esta realidad? Aquí lo vemos: "Tema toda la tierra al Señor" (v. 8). Si llegamos a ver las cosas como son, la única reacción válida es temer al Señor. Cuando la fe nos abre los ojos, vemos que Dios es el que realmente se merece nuestra reverencia y nuestra devoción. En realidad,

II. Por fe, vemos lo que realmente importa

Sólo por fe vemos las cosas como son; vemos que lo físico, lo palpable, no es lo más importante ni lo más duradero. Esto nos libera de cometer el gran error de vivir por lo que nuestras manos pueden tocar, lo que podemos guardar o usar, lo que podemos ver. Si tú estás viviendo pensando sólo en lo material, en el dinero que puedes juntar o en los placeres de esta vida, estás perdiendo el tiempo. Este mundo fue creado; tuvo un principio. Así como tuvo un principio, también tendrá un final. La Biblia nos dice que todo será destruido por fuego.

¡Todas las cosas que tanto valoramos están destinadas para la destrucción! En otras palabras, son descartables. Imagina que fueras a visitar el hogar de algún amigo, y detrás del vidrio de la vitrina vieras exhibidos unos platos de unicel o poliestireno. Junto a los lindos platos de unicel se aprecian unos vasos de plástico cristalino, y unos cubiertos también de plástico.

¿Qué pensarías de tal decoración? Sería un poco extraña, ¿no? Lo que se guarda en la vitrina, lo que se exhibe a la vista de los invitados suele ser lo de mejor categoría - platos de cerámica fina, vasos de cristal, cubiertos de plata esterlina. ¡Nadie guarda platos de unicel en la vitrina! Son desechables.

Sin embargo, nosotros fácilmente mostramos una escala de valores igualmente loca cuando valoramos las cosas pasajeras de este mundo más que las cosas eternas de Dios. Nos hemos olvidado de lo que nuestra fe nos enseña: que lo visible es pasajero, mientras que lo espiritual es eterno.

Trabajamos para comprar nuestras alhajas de oro, olvidando que en cielo el oro será pavimento. ¡Es como si nos decoráramos con asfalto! ¡Ridículo! ¿no? Los tesoros más importantes son espirituales, no materiales. Lo más valioso de este mundo es celestial, no terrenal.

Si tú eres creyente, ya conoces al Creador de todo lo que ves. Puedes confiar en que El te suplirá de todo lo que necesitas para servirle. Jesús lo dijo: "Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas" (Mateo 6:33). ¿No crees que el Dios que creó todo el mundo con una sola palabra es capaz de suplir tus necesidades?

No te dejes cegar por lo que ves; recuerda lo que realmente importa. Mucho más importante que llevar la ropa más de moda o manejar un carro lujoso es tener tesoros en el cielo. Cuando sirves a Dios llevando su mensaje, ayudando a los necesitados, alabando a Dios y orando, demuestras que ves lo que realmente importa. Y es que:

III. Por fe, tenemos verdadera esperanza

Lee conmigo el Salmo 119:89-90:

119:89 Para siempre, oh Jehová, Permanece tu palabra en los cielos.
119:90 De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste.

El verso 89 es nuestro versículo de memoria para esta semana. El mismo Dios que estableció y afirmó la tierra es el que tiene su Palabra eterna establecida en los cielos. ¿Qué dice esta Palabra? En las palabras del apóstol Pablo: "Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo". (Romanos 10:8b-9)

Por fe, llegamos a comprender que el Dios que hizo los cielos y la tierra - y que nos hizo a nosotros - no nos ha abandonado en nuestro pecado, sino que nos ha dejado una salida. Este mundo se va a acabar en fuego. Lo dice el apóstol Pedro: "El día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada." (2 Pedro 3:10) Dios nos ofrece una salida a esa destrucción.

Si toda tu vida basada en lo que ves aquí en esta tierra, ¿con qué te vas a quedar? Aun más, ¿qué le pagarás a Dios por tus pecados? ¿Cómo escaparás la destrucción? La única forma de estar preparado para ese día es por medio de la fe ahora. Sólo por la fe puedes tener una esperanza que va más allá de este mundo.

Conclusión

San Agustín comentó: "La fe consiste en creer lo que no vemos; el galardón de esta fe es ver lo que creemos". Agregaría lo siguiente: algún día, todos van a ver a aquel en quien creemos. Un día, Jesús volverá - y todo ojo lo verá. En ese día, algunos lo verán como Salvador, como Amigo, como Rey.

Otros, en cambio, lo verán como Juez y como Conquistador. La forma en que vemos a Jesús en ese día depende de la respuesta de fe que tenemos hacia El hoy. Si creemos en El y lo confesamos como Señor y Salvador, no tendremos nada que temer en aquel día.

En cambio, si no tenemos fe, si no llegamos a conocerle a El, ese día será de destrucción y de perdición para nosotros. Hoy te toca decidir. ¿Verás - por fe - la realidad de las cosas? O ¿te dejarás engañar por la apariencia?


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