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Domingo 21 de Abril del 2002

El favorito de Dios
Pastor Tony Hancock

Introducción

Se dice en muchas partes que Dios no tiene favoritismos. Esto es cierto, si lo que queremos decir es que Dios no favorece a alguien simplemente porque es rico, o mexicano, o inteligente. Dios no basa su amor en ningún factor externo. El no juzga según las características que miramos los humanos, como la belleza o la posición social.

Dios mostró esto cuando seleccionó al rey David. Cuando el Señor envió al profeta Samuel a la casa de Isaí para ungir al próximo rey de Israel, vio a Eliab, hermano de David, y pensó que seguramente éste era el hombre que Dios había escogido para guiar a su pueblo Israel. Era alto y bien parecido, y según Samuel, sería un buen rey. Pero Dios le dijo algo muy importante: "No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón." (1 Samuel 16:7 - NVI)

Pasaron seis más de los hermanos de David, y ninguno de ellos era el que Dios había elegido. Finalmente tuvieron que mandar a buscar a David de los campos, porque estaba cuidando a los borregos. Era el más pequeño de todos, pero era el que Dios había escogido. Dios realmente no tiene favoritos, si juzgamos según las apariencias.

Pero la verdad es que Dios sí tiene preferidos. Hay personas que le llaman la atención. Lo bueno es que cualquiera de nosotros puede ser una de esas personas. Para ser uno de los favoritos del mundo, tenemos que nacer con ciertas ventajas, con cierto dinero, con cierta apariencia, con cierta habilidad intelectual o atlética. Pero para ser uno de los favoritos de Dios, se necesita otra cualidad - una cualidad que es accesible para todos.

Lo que Dios está buscando es cierta clase de corazón. Veamos cuál es.

Lectura: Isaías 66:1-4

66:1 Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?
66:2 Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
66:3 El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones,
66:4 también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada.

En los días de Isaías, había muchas personas que estaban siguiendo la letra de la ley, pero no conocían el espíritu. Estaban muy fijados en lo exterior de su religión, y no se habían dado cuenta de que lo que realmente le interesaba a Dios era que se acercaran a El con el corazón.

Dios les dice, entonces, ¿No fui yo el que hice todo lo que existe? ¿No es mi trono el cielo, y la tierra el estrado de mis pies? ¿Cómo, entonces, me van a hacer una casa ustedes? ¿Cómo van a creer que yo necesito dónde vivir?

Y en cuanto a los sacrificios, Dios les dice que éstos se han vuelto inútiles. Les da a entender que los sacrificios le son desagradables si no los ofrece una persona sincera y arrepentida.

Debemos tener algo de cuidado aquí. En esta era de la revelación bíblica, era aún parte del plan de Dios que se adorara en el templo en Jerusalén; era también parte de su plan que la gente ofreciera sacrificios. No eran sus prácticas religiosas las que estaban equivocadas; ellos lo estaban haciendo todo bien, según la letra de la ley. Pero no tenían un corazón entregado. No se habían humillado ante Dios.

Hay una fuerte lección para nosotros también. Podemos estar haciendo todas las cosas que Dios quiere que hagamos - orar, leer la Biblia, asistir a la iglesia, tomar la Santa Cena, hablar a otros de Cristo - podemos hacer todo esto, pero si nuestro corazón no está bien, entonces todas esas cosas se vuelven inútiles.

Enfoquemos el versículo dos para ver cómo podemos tener ese corazón que a Dios le agrada.

I. La persona que Dios prefiere tiene un espíritu contrito y humilde

Dice el versículo, "Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu". Esas son las personas que le llaman la atención a Dios. Son las que El mira.

En un desfile de belleza, lo que llama la atención es el cabello bien arreglado, la cara perfectamente maquillada, el cuerpo bien formado. Pero a Dios le llama la atención el corazón contrito y pobre en espíritu.

Jesús repitió esta misma enseñanza cuando dijo: "Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece" (Mateo 5:3 - NVI). Lo que Dios busca no ha cambiado con la venida de Jesús; tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios ha buscado a esta clase de corazón.

La clave para tener este corazón es la forma en que respondemos al sufrimiento. El espíritu contrito literalmente es el espíritu "golpeado". Representa a la persona que ha sido azotada por la vida, y ha buscado su refugio en Dios. Hay otras maneras de responder al sufrimiento; podemos responder con amargura, o con una decisión de que nunca volveremos a sufrir; podemos buscar consuelo en los vicios o en la venganza; pero la persona que Dios estima, cuando sufre, busca consuelo en Dios.

Podemos ver un ejemplo de esto en la vida del Rey David. Después que Samuel le ungió para ser el rey de Israel pasaron varios años antes de que Saúl muriera para que David pudiera tomar el trono. Mientras tanto, David llegó a ser un gran guerrero, de tal modo que Saúl se puso celoso de él e intentó matarlo.

Ahora, David es por derecho el rey de Israel. Ha sido escogido por Dios para reinar, y el profeta le ha ungido. Saúl, el rey que se había rebelado contra Dios y tenía que ser reemplazado, persigue a David y lo obliga a dejar su casa, su familia, todo lo que tenía y huir de un lado a otro, refugiándose finalmente en una cueva.

Si tú fueras el rey David en ese momento, ¿cómo te sentirías? Tú eres, por derecho, el rey de Israel, y sin embargo te encuentras acorralado por un rey que te tiene envidia. ¿Sentirías rencor, deseos de venganza, frustración con Dios? ¿Buscarías solaz en una botella?

Veamos cómo respondió David. Podemos leer su reacción en el Salmo 57.

57:1 Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.
57:2 Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece.
57:3 El enviará desde los cielos, y me salvará de la infamia del que me acosa; Selah Dios enviará su misericordia y su verdad.
57:4 Mi vida está entre leones; estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua espada aguda.
57:5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.
57:6 Red han armado a mis pasos; se ha abatido mi alma; hoyo han cavado delante de mí; en medio de él han caído ellos mismos. Selah
57:7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré, y trovaré salmos.
57:8 Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; me levantaré de mañana.
57:9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; cantaré de ti entre las naciones.
57:10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.
57:11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.

¿Te das cuenta de la manera en que David respondió a los golpes de la vida? En vez de preguntarle a Dios por qué permitió que sucedieran estas cosas, en vez de injuriar a Saúl, en vez de buscar solaz en alguna otra parte, él se refugia en Dios. Dice: "a la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro" (v. 1 - NVI).

La persona que Dios busca tiene un espíritu contrito y humilde. Es una persona que, como David, permite que los sufrimientos de la vida le acerquen a Dios. Es una persona que se refugia en Dios cuando vienen las tormentas de la vida, en vez de reconfortarse con la venganza, los vicios, la amargura, o la desilusión.

David llegó a ser el rey más grande de Israel. Dios dijo que era un hombre conforme a su propio corazón. David tuvo que vivir esas experiencias duras para aprender a confiar en Dios y encontrar en El su sostén.

¿Cómo respondes tú a los sufrimientos? ¿Buscas a Dios? ¿Confías en El, hasta que pase la tempestad? ¿Te refugias bajo la sombra de sus alas? Si lo haces, serás una de esas personas que El prefiere.

Hay otra cualidad que distingue a la persona preferida de Dios.

II. La persona que Dios prefiere tiembla al oír su Palabra

Dice el versículo, "Yo estimo...a los que tiemblan ante mi palabra" (Isaías 66:2). Dios está buscando a las personas que tengan temor de El, que muestren reverencia por lo que El dice, que respeten su palabra y la pongan en práctica.

Si respetamos a alguien, nos importará lo que ellos dicen. Los expertos en la mercadotecnia saben esto muy bien. A menudo buscan a las celebridades para vender sus productos. El ejemplo más ridículo de esto fue un comercial que salió hace algunos años, en la que un actor conocido dijo lo siguiente: "Yo no soy doctor, pero interpreto el papel de doctor en la televisión. Cuando tengo un dolor de cabeza, tomo el analgésico X."

¡Qué ridículo! ¡El hecho de que este hombre interpreta el papel de doctor no le da ningún conocimiento especial sobre los analgésicos! Sin embargo, tal es el respeto que las personas tienen por sus actores preferidos que toman sus consejos sin pensar en el conocimiento que ellos tendrán.

Si tenemos un aprecio por Dios que sobrepasa nuestro aprecio por los actores, entonces nos importará conocer y obedecer su Palabra.

El rey David demuestra la humildad de su corazón en su manera de responder a la Palabra de Dios. Después de cometer adulterio con Betsabé y maquinar la muerte de su esposo Urías, David fue confrontado por el profeta Natán con su pecado. Fue la Palabra del Señor para él en aquel momento.

¿Cómo respondió David a la exposición de sus pecados? ¿Exigió la muerte de Natán en su furor? ¿Se defendió diciendo que realmente había sido Betsabé quien le sedujo? No hizo ninguna de estas cosas. Más bien, se arrepintió y dijo, "¡He pecado contra el Señor!" (2 Samuel 12:13). David sufrió un gran castigo por su pecado; perdió a su hijo. Pero Dios se complació en la respuesta arrepentida y sincera que tuvo hacia su Palabra.

La Palabra de Dios aún nos confronta, tal como lo hizo Natán, con nuestros errores. Nos muestra cuál es el camino que Dios desea que tomemos, y debemos entonces tomar una decisión: ¿temblaremos ante la Palabra de Dios, o nos defenderemos con pretextos?

Existe un gran peligro cuando conocemos algo de la Palabra de Dios. Podemos dejar de permitir que la Biblia nos critique a nosotros, y más bien nos volvemos críticos de la Palabra. Por supuesto, nunca diríamos nada negativo acerca de la Biblia; pero encontramos maneras de escapar de las partes que no nos gustan. Hallamos modos de solapar nuestro pecado, mientras usamos nuestros versículos favoritos para señalar los pecados de otros.

Si quieres temblar ante la Palabra de Dios, si quieres desarrollar un corazón humilde que respeta su revelación, entonces no pienses que ya sabes lo que la Biblia dice cuando la lees. En vez de encontrar en cada pasaje el significado que te es cómodo, acércate a la Biblia buscando lo que Dios realmente dice en el pasaje.

Deja que su verdad te confronte, que te incomode, que te quite las bases cómodas que tienes y te vuelca de cabeza para poderte transformar. No recurras siempre a los mismos versículos favoritos; métete en los lugares que te incomodan. Cuando lees, no busques solamente los pasajes que te animan; busca también esos pasajes que te llaman a ser transformado, que te demuestran tus fallas, que Dios puede usar para convencerte.

Así llegarás a ser una de esas personas que Dios prefiere. El está buscando hombres y mujeres que tiemblen ante su Palabra.

Conclusión

Cuando yo estaba en la primaria, llegué a ser el favorito de una de las maestras. Bueno, no tenía mucha competencia; las clases eran muy pequeñas. Quizás sintió lástima por mí. De todos modos, ella me mostró su aprecio regalándome un lápiz con cabeza de perro que aún conservo, aunque ya no está en muy buenas condiciones. Era algo especial ser el preferido de la maestra.

¿Quieres ser uno de los preferidos de Dios? A fin de cuentas, eso es lo que importa. Realmente no importará cuánto dinero ganaste en tu vida, o cuáles experiencias tuviste, o qué pensó la gente de ti. Importará lo que Dios piensa de ti. Las ventajas se extienden mucho más allá de los lápices decorados.

Lo que El busca es un espíritu contrito, y un corazón que tiembla al oír su Palabra. Humíllate hoy ante Dios para que El te exalte, y para que seas uno de sus preferidos.


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