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Domingo 16 de Diciembre del 2007

Dime la historia de Cristo
Pastor Tony Hancock

Introducción

El gran evangelista Billy Graham cuenta la historia de algo que le sucedió hacia el principio de su largo ministerio. Llegó a un pueblo para realizar una serie de reuniones evangelísticas. Deseando enviar una carta, le preguntó a un niño en la calle cómo llegar a la oficina de correos.

Después de que el niño le había explicado cómo llegar, el reverendo Graham le dio las gracias, y luego le dijo: Si vienes esta noche a la Iglesia bautista, te diré cómo llegar al cielo. El niño respondió: No lo creo. ¡Usted ni siquiera sabe cómo llegar a la oficina de correos!

Era un niño listo, ¿verdad? Ahora observemos dos cosas en esta historia. En primer lugar, demuestra el interés que tenemos todos en oír una historia. Cuando oímos las palabras: "Quiero contarte una historia", empezamos a prestar atención. Es con buena razón que la mayor parte de la Biblia consiste en historias, no en discursos o explicaciones.

En segundo lugar, ilustra un problema que enfrentamos todos. ¿Cómo podemos llegar al cielo? ¿Quién sabe cómo llegar a ese lugar? Hay una historia que nos puede dar la respuesta. Es una historia antigua, pero jamás trillada. Veámosla.

Lectura: 1 Timoteo 3:16

    E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
    Dios fue manifestado en carne,
    Justificado en el Espíritu,
    Visto de los ángeles,
    Predicado a los gentiles,
    Creído en el mundo,
    Recibido arriba en gloria.

Alguien comentó una vez que los versos 3:16 de la Biblia suelen ser muy significativos. Podemos pensar en Juan 3:16, con su resumen del evangelio; en 2 Timoteo 3:16, con sus verdades tan preciosas acerca de la Palabra de Dios; y muchos otros ejemplos.

Este verso es otra muestra. Aquí encontramos, en un verso, un gran resumen de aquella gran historia, la historia de Cristo. Vemos, en primer lugar, que

I. La historia de Cristo es la revelación de la fe verdadera

La Palabra dice: "Grande es el misterio de nuestra fe". La Reina Valera lo traduce así: "Grande es el misterio de la piedad". ¿En qué sentido es un misterio? Cuando oímos la palabra misterio, solemos pensar en algún crimen que sólo un gran detective puede resolver, o en algún suceso que nadie puede explicar.

En la Biblia, sin embargo, la palabra misterio generalmente significa lo siguiente: verdad antes velada pero ahora revelada. Habla de verdades que antes eran desconocidas, pero que Dios ahora ha revelado en su sabiduría y bondad.

Este misterio consiste en la historia de Cristo, que había sido profetizada en el Antiguo Testamento, pero que nadie realmente conoció o entendió hasta que Jesús vino a este mundo. Este es el misterio de la piedad: la historia de Cristo, lo que El vino a hacer por nosotros. Es más, ese misterio es la verdadera religión. La palabra que se traduce piedad en la Reina Valera y fe en la Nueva Versión Internacional tiene que ver con la religión. En otras palabras, podríamos decir que en Cristo, se ha revelado la verdadera religión. Lo que Dios realmente desea de las personas se ve en Cristo.

El mismo lo dijo. Cuando le preguntaron: "¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?" Jesús respondió: "Esta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió" (Juan 6:28-29). En Cristo está la revelación de lo que Dios realmente desea de nosotros, esto es, que creamos en El como Señor y Salvador.

Hay muchas otras religiones, que el hombre ha inventado, pero aquí vemos lo que Dios desea de nosotros. Las religiones humanas son formas en que el hombre trata de llegar a Dios. Son como la torre de Babel; mediante ellas, el hombre pretende construir - por sus buenas obras, por sus costumbres religiosas - una forma de subir hasta llegar a Dios.

En Cristo, en cambio, Dios ha bajado hasta nosotros. Es por esto que la historia de Cristo es la revelación de un misterio. Por El, Dios nos ha mostrado lo que El quiere de nosotros. Cuando vienes a Cristo, tienes que dejar atrás la religión humana y reconocer que sólo Dios te puede salvar. Sólo Dios puede rescatarte y traerte a la victoria.

II. La historia de Cristo es una historia de sacrificio y victoria

Observen conmigo las tres frases que describen el sacrificio y la victoria de Cristo. Leemos: "El se manifestó como hombre, fue vindicado por el Espíritu, visto por los ángeles". ¿A quién se refiere con el pronombre El? Los versos anteriores nos dan como antecedente Dios.

Esto nos lleva al primer sacrificio. Jesús, siendo por naturaleza Dios y poseyendo todos los atributos de la divinidad, se hizo hombre. Compartió nuestra carne. ¿Cómo podemos nosotros comprender la profundidad de este sacrificio? Pongamos un ejemplo.

¿Alguna vez has tenido que dejar atrás una comodidad a la que te habías acostumbrado? Recuerdo algunos meses que pasé durante mis años de estudio universitario en los que se me había descompuesto el carro. No era esencial para mí tener carro, así que no lo compuse; pero ¡qué frustración no sentir la libertad de salir cuando yo quisiera!

Si nunca hubiera tenido carro, no me habría dolido; pero al haber tenido carro y luego perder esa comodidad, se produjo una desilusión y una sensación de pérdida en mí. Quizás tú has tenido una sensación similar cuando se ha descompuesto la televisión, o el teléfono.

Bueno, a comparación con lo que hizo Jesucristo, esas cosas son pequeñeces totalmente insignificantes. Si multiplicamos nuestros sentimientos al perder aquello que valorábamos, entonces, podemos empezar a comprender en pequeña medida lo que le significó a Cristo dejar atrás el cielo y manifestarse en carne humana.

Como Dios, El tenía miles de ángeles para cumplir cualquier deseo suyo. Como hombre, tuvo que sufrir como súbdito de un imperio cruel y humillante. Como Dios, jamás conoció el hambre, la sed, el cansancio; como hombre, experimentó todas estas cosas.

Y sin embargo, allí no se acaba el asunto. Su sacrificio llegó mucho más allá de eso; no sólo se hizo hombre, sino que sufrió una muerte humillante y dolorosa. Todo esto lo hizo por ti - y por mí. Su muerte fue lo que nosotros merecíamos. El tomó nuestro lugar, como substituto.

Pero no se quedó en la tumba; el poder del Espíritu Santo lo resucitó, mostrando así que El es quien dijo ser. Cualquiera podría decir lo que Jesús dijo, pero el hecho de que resucitó es la muestra de que era verdad; que El realmente es el Hijo de Dios y Salvador del mundo.

Luego regresó al cielo, siendo adorado por los ángeles, habiendo ganado la victoria sobre las fuerzas de la muerte y del mal. ¡Qué gloriosa victoria! Vino a través de su sacrificio. Por medio del sacrificio de Cristo, cualquiera de nosotros puede compartir esa victoria. Por eso,

III. La historia de Cristo es una historia que se debe compartir

En vista de la victoria que ha ganado Cristo mediante su sacrificio, tenemos algo para proclamar al mundo. Por esto dicen las últimas tres frases de nuestro verso: "proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria".

Hay un orden de eventos en estas frases. Primero, se proclama el mensaje. Jesús nos dejó como encargo: "Vayan y hagan discípulos a todas las naciones" (Mateo 28:19). Como resultado, muchos creerán en El de entre las naciones del mundo. Un día, El volverá de la gloria a donde subió, y nos llevará a estar con El.

Si tenemos esa esperanza, la debemos de compartir. Esta es nuestra misión. Si descubrieras un remedio para el cáncer, ¿no lo compartirías con todo el mundo para que se pudieran salvar muchas vidas? ¡Sería cruel no hacerlo!

Dios nos ha encomendado a nosotros un mensaje aun más importante que un remedio para el cáncer. Es un mensaje que tiene poder para transformar vidas, para cambiar al pecador más endurecido y dar esperanza al alma más abatida.

Se cuenta la siguiente historia de Guillermo Booth, el fundador del Ejército de Salvación. El caminaba en Londres con su hijo de 12 ó 13 años. Para sorpresa del hijo, repentinamente lo metió a un bar. El lugar estaba lleno de hombres y mujeres marcados por el vicio y el crimen, muchos de ellos embriagados. Los humos de tabaco y el olor a alcohol envenenaban el ambiente.

"Hijo", dijo Booth, "ésta es nuestra gente". "Quiero que vivas para ellos, y que los traigas a Cristo". El hijo de Booth recordó ese momento toda su vida; años después escribió, "la impresión nunca me dejó".

¿Qué vemos cuando miramos a nuestro alrededor? ¿Vemos "chusma"? ¿O vemos nuestra gente, las personas que Dios nos está llamando a evangelizar? Cuando miramos hacia otros países, ¿vemos extranjeros con costumbres extrañas? ¿O vemos nuestra gente, las personas a quienes Dios nos llama a enviar misioneros?

Conclusión

A un misionero en Africa se le preguntó si realmente le gustaba el trabajo que hacía. Su respuesta fue sorpresiva. "¿Me gusta el trabajo? No, no me gusta. A mi esposa y a mí no nos gusta la mugre. Nos gustan la limpieza y el orden. No nos gusta entrar de rodillas a asquerosas chozas rodeados por desechos de cabra. Pero... ¿será que no haremos nada para Cristo que no nos guste? Que Dios tenga misericordia de nosotros, si es así. Que nos guste o no nos guste no tiene nada que ver. Hemos recibido órdenes de "ir", y vamos. El amor nos impulsa."

Nosotros hemos recibido órdenes también - órdenes de ir y contar la historia de Cristo. Según la Junta de Misiones Internacionales, existen 11.362 grupos étnicos en este mundo, y 6.494 de ellos, unos 3.600 millones de personas, no han sido alcanzados. Ciertamente, en las palabras de nuestro Señor, "la mies es mucha, y los obreros pocos" (Mateo 9:37).

¿Qué haremos para que más obreros puedan ir a la mies? ¿Oraremos? ¿Ofrendaremos? ¿Iremos? Tenemos una historia que contar, una historia de salvación y de transformación. Si esa historia nos ha transformado, ahora nos corresponde llevarla a otros.

En esta Navidad, ¿qué harás para que más personas puedan oír la historia de Cristo?


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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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