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Domingo 2 de Diciembre del 2007

El niño de Belén
Pastor Tony Hancock

Introducción

Dos señoras estaban disfrutando de un elegante almuerzo en un hotel de lujo. Una amiga se acercó, y les preguntó cuál era la ocasión de su celebración. Una de ellas exclamó: ¡Hace poco tuve un hijo! Mi cuñada me invitó a celebrar su nacimiento.

La amiga le dijo: ¡Felicitaciones! Pero, ¿dónde está el bebé? La nueva madre respondió: Está en la casa. No quería que interrumpiera nuestra celebración.

En esa pequeña conversación podemos ver la forma en que muchas personas celebran el nacimiento de nuestro Señor. Se supone que toda la temporada navideña tiene como propósito celebrar la venida de Cristo al mundo, pero parece que Jesús mismo no fue invitado a la fiesta.

El reto para nosotros es asegurarnos de que El no se quede afuera de esta celebración que se ha hecho en su honor. Padres, asegúrense de que sus hijos sepan lo que estamos celebrando. En las costumbres navideñas, incluyan un recordatorio de la venida de Cristo.

En mi niñez, recuerdo que siempre leíamos juntos la historia navideña en la Biblia antes de abrir los regalos. A veces era difícil para un niño inquieto aguantarse las ganas de abrir los regalos que llevaban su nombre debajo del árbol, pero mis padres pusieron esa costumbre al centro de nuestra celebración navideña, y hasta el día de hoy no la he olvidado.

Vale la pena poner a Cristo al centro de nuestra celebración. El nacimiento de Cristo fue el nacimiento más anunciado de la historia, y sin embargo, muy pocas personas se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo cuando El nació. Solamente unos pastores y algunos cuantos extranjeros llegaron para visitar al bebé que había nacido.

El nacimiento de Jesús fue el más anunciado de la historia, porque se había profetizado desde siglos antes. Hoy vamos a leer una profecía que se hizo más de setecientos años antes de su nacimiento, y que da detalles muy precisos acerca de este acontecimiento.

Lectura: Miqueas 5:1-4

5:1 Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel.
5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.
5:3 Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.
5:4 Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.

Este pasaje contiene sólo una de cientos de profecías que aparecen en el Antiguo Testamento, anunciando el nacimiento de Jesucristo. Dios preparó al mundo para recibir a su Hijo, anunciando de antemano muchos de los detalles de su nacimiento, vida y muerte. De esta forma, no cabría duda que Jesús era el verdadero Salvador.

Cuando nosotros vemos el gran número de profecías que se cumplieron en Jesús, podemos creer más firmemente en El también. Podemos saber que El es nuestro Salvador, el único que nos puede salvar de la condenación que nuestro pecado merece.

Aquí, Dios anunció de antemano varias cosas acerca del Salvador que iba a venir. En primer lugar,

I. El lugar de nacimiento de Jesús fue anunciado de antemano

Tenemos que saber algo acerca de la nación de Israel para comprender la importancia de esto. El pueblo de Belén no era una ciudad grande. Hasta el día de hoy no lo es. Era un pueblo pequeño, entre muchos pueblos pequeños que yacían regados por la tierra judía.

Acertar en el lugar de nacimiento de Jesús, entonces, no era algo que sucedería al azar. Para tomar un ejemplo: si alguien profetizara que un gran líder de México nacería en el Distrito Federal, nadie se sorprendería; en esa ciudad vive casi la tercera parte de la población de ese país.

En cambio, si se anunciara que nacería en Tangamandapio, sería un poco más interesante. Si llegara a surgir algún personaje ilustre de aquel poblado, se tomaría como un claro cumplimiento de lo previsto. Sería muy poco probable que tal cosa podría suceder como coincidencia.

Cuando leemos en Lucas, entonces, que María y José tuvieron que ir a Belén para ser censados, distinguimos la mano de Dios detrás del decreto imperial asegurándose de que la profecía se cumpliría. Desde ya, vemos que este bebé que nació en Belén no es cualquier bebé. Su lugar de nacimiento había sido anunciado de antemano.

Dios no solamente anunció el lugar de nacimiento del Salvador; vemos también que

II. La misión de Jesús fue anunciada de antemano

Cuando profetiza Miqueas, él anuncia que un gran desastre está a punto de venir sobre el pueblo de Dios. El verso uno anuncia que la ciudad de Jerusalén, la capital de Judá, sería sitiada. A pesar de todas las defensas que levantaría el pueblo de Dios, los ejércitos del enemigo lograrían capturar al rey y humillarlo.

Esto se cumplió cuando Jerusalén cayó ante los ejércitos babilonios. El rey Sedequías fue capturado y llevado ante el rey babilónico, para allí ser sentenciado. Miqueas, el profeta, anuncia de antemano este triste evento que sucedería a causa de la desobediencia del pueblo de Dios.

Luego de anunciar el castigo, sin embargo, también anuncia que hay esperanza. Aunque el pueblo de Dios sufriría, había esperanza - y esa esperanza vendría por medio del nacimiento de un bebé, en un pueblo pequeño, ignorado por los poderosos de su día.

Ese bebé vendría con una gran misión. Vendría para reinar sobre su pueblo, para pastorear a su pueblo y traerle seguridad. El verso 2 nos dice que el que iba a nacer gobernaría a Israel. Es una gran ironía que, cuando crucificaron a Jesús, pusieron sobre su cabeza como acusación: Rey de los judíos. ¡Esto es precisamente lo que era!

Jesús nació para reinar. Un día, El reinará físicamente sobre esta tierra. De hecho, su reinado no será sólo sobre Israel, porque leemos en el verso 4 que "él dominará hasta los confines de la tierra". Un día, Jesús volverá para reinar sobre todos los confines de la tierra.

Es más, dice la primera frase del verso cinco: "¡El traerá la paz!" Me gusta la traducción de la Biblia de las Américas: "El será nuestra paz". Jesús mismo es nuestra paz, porque El ha hecho la paz entre Dios y nosotros por medio de la cruz, y así garantiza la paz de cada persona que está en El.

Esta es la misión de Jesús: El vino para reinar, pero su reino no se conforma a las expectativas de este mundo. El vino a traer paz, pero no la paz que se consigue con armas y con guerras. Sin embargo, tan seguro como su primera venida, El volverá para establecer su reino con poder.

Cuando El vuelva, será muy tarde para cambiar de lado. Por eso, si no te has unido a Cristo por fe, debes de tomar esa decisión antes de que sea muy tarde. Si quieres que El sea tu paz, tienes que arrepentirte y aceptarlo ahora.

Si ya lo conoces, has sido llamado a llevar ese mensaje a otros. Ese rey que nació en Belén quiere extender su reinado por todo el mundo - no por guerra, sino por medio de la predicación del evangelio. Si tú estás anunciando el evangelio, formas parte de ese gran ejército. No te canses de proclamarlo.

Hemos visto que tanto el lugar de nacimiento de Jesús como su misión fueron anunciados de antemano. Vemos también que

III. La naturaleza de Jesús fue anunciada de antemano

Miqueas no nos anuncia la llegada de un simple rey humano. Queda claro que la figura que él anuncia es sobrenatural. Para empezar, él nos dice que "sus orígenes se remontan hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales". Algunas personas piensan que esto significa que el rey que nacería - Jesús - vendría de un linaje largo e ilustre.

Aplican la idea de la antigüedad de sus orígenes a sus antepasados. Esta idea, sin embargo, no concuerda con las palabras hebreas, que literalmente significan sus salidas y entradas. Es una forma hebrea de referirse a las actividades de una persona; no se refiere a sus antepasados.

Lo que nos está diciendo Miqueas, entonces, es que nacería un rey que ya había estado activo desde hace mucho tiempo. ¿Cómo podría ser posible esto? Solamente sería posible si Dios, el que ha estado obrando siempre, decidía hacerse hombre. El niño que nacería no sería un simple hombre; su vida no empezaría con el embarazo de María. Este niño sería Dios hecho hombre.

Yo no alcanzo a comprender como fue posible que Dios se hiciera hombre. Creo que nuestra mente humana no es capaz de comprenderlo perfectamente. Esta enseñanza bíblica ha servido como piedra de tropiezo para muchas personas, quienes han rechazado esta verdad acerca de Jesús porque no la pueden entender.

Simplemente porque no la entendemos, sin embargo, no debemos de rechazar la verdad. Y la verdad es ésta: en Cristo, Dios mismo se hizo hombre. Aunque sus orígenes se remontan a la eternidad, El tomó sobre sí nuestra humanidad y nació como bebé en un pesebre en Belén.

Conclusión

Esto es lo que celebramos en la Navidad. Por favor, no pierdas entre las luces y los regalos a la verdadera Estrella de la celebración, el niño que nació para reinar. Más bien, considera cómo puedes honrarlo en tu celebración y en tu familia.

¿Qué puedes darle al Señor para mostrarle tu agradecimiento por lo que El ha hecho por ti? ¿Cómo puedes honrar a Cristo, tu Salvador?


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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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