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Domingo 18 de Noviembre del 2007

La verdad acerca de la persona de Jesucristo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Hace algunos años se pusieron de modas las siglas, en inglés, WWJD. Por todas partes se veían estas letras: en pulseras, en calcomanías, en las marquesinas de las iglesias. Representaban la frase en inglés que se traduce: ¿Qué haría Jesús?

En cierta ocasión, un hombre llegó a una tienda cristiana para hacer algunas compras, y vio sobre el mostrador unas cachuchas que traían escritas las letras WWJD. Le preguntó a la cajera qué significaban esas letras, y ella le respondió que representaban la frase, ¿Qué haría Jesús? Según ella, las letras servían como recordatorio para que las personas se preguntaran qué haría Jesús antes de tomar alguna decisión.

Después de pensar un rato, el hombre respondió: Bueno, si me pregunto qué haría Jesús, ¡estoy seguro de que El no gastaría $17.95 en una de estas cachuchas! Creo que tenía razón.

Cito esta historia como ejemplo de las muchas formas en las que se considera la persona de Jesús. Para algunos, Jesús es una figura que cuelga en efigie sobre la pared, para traer protección o buena suerte. Para otros, Jesús es un ejemplo que los inspira a ser mejores personas. Para otros, Jesús es simplemente una forma de ganar dinero.

¿Pero quién, en realidad, es Jesucristo? Es, muy simplemente, la figura más importante de la historia humana. Al ser tan importante, sería de esperar que el enemigo hiciera hasta lo imposible para confundir a la gente acerca de su persona.

Cuando observamos el mundo que nos rodea, vemos efectivamente una gran confusión acerca de la persona de Jesús. El mundo islámico lo considera un profeta. Otros lo ven como un maestro humano. Entre las sectas, algunos lo consideran un ángel exaltado.

Hoy vamos a considerar lo que la Biblia nos dice acerca de la persona de Jesús. Jesucristo, a distinción de cualquier otra persona que haya vivido, es único porque posee dos naturalezas. Vamos a considerar estos dos lados de la persona de Jesús, para conocerlo mejor.

I. Jesucristo es hombre casi como nosotros

Dentro de la Iglesia primitiva se presentó una falsa doctrina que hoy se conoce como docetismo. Quienes creían esta enseñanza pensaban que Jesús realmente no era hombre, que El era como un fantasma o un espíritu sin carne y huesos. Parecía ser hombre, pero no lo era, en realidad.

Pero esto no es lo que la Biblia nos enseña acerca de Jesús. Vemos que Jesús tiene cuerpo, mente, alma y emociones humanas, como nosotros. Por ejemplo, después de resucitar, Jesús se apareció a sus discípulos y les hizo una declaración sumamente importante.

Leamos Lucas 24:39-43:

24:39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
24:40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
24:41 Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
24:42 Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel.
24:43 Y él lo tomó, y comió delante de ellos.

Jesús había resucitado con un cuerpo ya glorificado, es decir, un cuerpo que nunca volvería a morir ni a enfermarse. Sin embargo, así como lo había sido el cuerpo que tuvo mientras anduvo sobre la tierra, era un cuerpo de carne y hueso. Era un cuerpo tan real que podía comer, y lo hizo para que sus discípulos se dieran cuenta de ello.

Jesús también aprendió como cualquier otro ser humano. Por ejemplo, en Lucas 2:52 leemos acerca del niño Jesús que El creció "en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente". Al decir que Jesús creció en sabiduría, la Palabra nos da a entender que Jesús aprendió como lo hace cualquier niño. Aprendió a leer, aprendió los nombres de los animales, aprendió el trabajo de su padre y muchas otras cosas. Tuvo una mente como la que tenemos nosotros.

Además de esto, Jesús tuvo limitaciones humanas. El mismo les dijo a sus discípulos que desconocía el día de su segunda venida. Lo pueden ver en Marcos 13:32: "Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre". Esto significa que Jesús, como hombre, tenía conocimiento limitado. Jesús también se cansó, como nosotros nos cansamos; tuvo hambre; se preocupó.

En uno de los versos más conmovedores de la Escritura, que es también el más breve, leemos en Juan 11:35: "Jesús lloró". Frente a la tumba de su amigo Lázaro, Jesús lloró - como nosotros hemos llorado frente a la pérdida de nuestros seres queridos. Jesús fue hombre - en todos los aspectos - como nosotros.

Bueno, no en todos los aspectos; en el principio dijimos que Jesucristo es hombre casi como nosotros. ¿Cuál es la diferencia entre la humanidad de Jesús y la nuestra? Solamente un detalle, que encontramos en Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado".

Aquí vemos la única diferencia, y sin embargo, es una diferencia grande: Jesús vivió toda su vida sin pecado. El nació sin la contaminación del pecado original de Adán, y caminó sobre esta tierra sin ceder ni una sola vez a la tentación. Jesús es hombre, entonces, como cualquiera de nosotros, pero sin pecado.

Ahora bien, ¿por qué tanto énfasis sobre la humanidad de Jesús? ¿Qué importa, en realidad, si El fue hombre, o si sólo pareció hombre? La importancia es enorme. Para empezar, Jesús sólo pudo salvarnos y pagar el precio de nuestros pecados en virtud de ser hombre.

Leamos Romanos 8:3: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne" . Para que Jesús fuera el sacrificio perfecto que pagara por nuestros pecados, era necesario que El fuera hombre. Los sacrificios de animales del Antiguo Testamento sólo fueron temporales; no podían quitar, en realidad, el pecado del culpable. Sólo señalaban hacia algo mayor.

El sacrificio verdadero y final por nuestro pecado lo ofreció Jesús, precisamente porque fue hombre. Sólo el hombre le debía a Dios la pena de su pecado; por esto, el que pagaba el precio tenía que ser hombre. Si tú has aceptado a Jesús como Salvador, lo has podido hacer precisamente porque El se hizo hombre.

Además de esto, la humanidad de Jesús garantiza que El nos puede ayudar cuando somos tentados.

Leamos juntos Hebreos 4:14-16:

4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.
4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Ya hemos hecho referencia a uno de estos versos; ahora vemos el contexto, y aprendemos que Jesús nos puede socorrer cuando enfrentamos la tentación, precisamente porque El también la enfrentó en la misma carne que nosotros compartimos.

Por eso, cuando seas tentado, busca a Cristo. Sólo El te puede ayudar a resistir la tentación, porque El comparte nuestra humanidad - pero venció perfectamente cada tentación. Confía en El para fortalecerte. Pídele su ayuda cuando seas tentado.

Ahora bien, hay una segunda realidad acerca de Jesucristo que es tan importante como la primera. Es ésta:

II. Jesucristo es Dios eterno

Jesús tenía que ser hombre para poder ser el sacrificio por nuestros pecados, pero sólo Dios mismo era capaz de salvar al hombre. Por ejemplo, leemos en Jonás 2:9: "¡La salvación viene del Señor!" La Biblia declara precisamente esto: que Jesús, nuestro Salvador, es Dios y es hombre a la misma vez.

Leemos en Juan 1:1: "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios". El verso 18 lo repite: "A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer".

Cuando Jesús resucitó y se apareció a sus discípulos, el que más dudó fue el que hizo la declaración más importante acerca de su Señor. Todos sabemos de Santo Tomás, el incrédulo. Sin embargo, cuando Jesús finalmente se le apareció a él, hizo una de las declaraciones más trascendentes acerca de Jesús mismo.

Leemos en Juan 20:28, "Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!". El griego es muy claro: Tomás le está hablando a Jesús. Dice claramente el texto que él le dijo esto a Jesús. No representa una exclamación hacia el cielo, ni mucho menos una blasfemia. No; al ver a Jesús resucitado, Tomás reconoce que la persona que está frente a él es nada más ni nada menos que el Dios del universo, en carne propia.

Pablo repite esta misma idea en Colosenses 2:9, cuando escribe: "Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo". Esto significa que todo lo que Dios es está presente en la persona de Cristo. El no es un reflejo de Dios, ni una imagen como lo somos nosotros; El es Dios mismo, en la carne.

¿Por qué era necesario que Jesús fuera Dios? ¿Por qué no podía El ser simplemente un hombre, o un ángel? Por una parte, ya hemos mencionado que sólo Dios podía salvarnos. Nuestro Salvador tiene que ser Dios. Leemos en Isaías 43:11: "Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay ningún otro salvador".

Por más perfecto que fuera Jesús, si El no fuera Dios, no podría ser nuestro salvador. Por esto El se merece toda nuestra alabanza y nuestra adoración; porque El, siendo Dios, dejó las comodidades del cielo para hacerse uno de nosotros y morir en nuestro lugar. Démosle gracias al Señor por su gran amor hacia nosotros.

Por otra parte, sólo Jesús podría perdonarnos. ¿Se acuerdan de aquella ocasión en la que los amigos de un paralítico lo trajeron a Jesús para que lo sanara? Al no poder llegar a Jesús debido al gentío que lo rodeaba, subieron a la azotea y empezaron a escarbar un hoyo en el techo. ¡Cómo me habría gustado ver la cara del dueño de esa casa!

Cuando por fin lograron bajar a su amigo y colocarlo ante Jesús, éste le dijo una cosa muy sorprendente. ¡Le dijo que sus pecados quedaban perdonados! Creo que esto no es lo que esperaba oír el hombre, ni lo que esperaban oír sus amigos.

Más allá de esto, era sorprendente porque las personas presentes se preguntaban cómo era posible que Jesús perdonara pecados. Pongamos este ejemplo. Si yo te quitara cinco dólares, y luego te pidiera perdón, sería lógico que me perdonaras. En cambio, si yo te quitara a ti cinco dólares, y luego le fuera a pedir perdón a otro hermano, sería ilógico.

Le tenemos que pedir perdón a la persona contra quien hemos pecado. Ahora bien, cada pecado es contra Dios. Si el perdón de Dios iba a llegar a la humanidad, El mismo tenía que venir para poder perdonarnos nuestros pecados. No lo podría hacer otra persona.

Conclusión

Existe mucha confusión en este mundo acerca de la persona de Jesús. Muchos no han considerado la realidad de su humanidad. Otros niegan que El realmente sea Dios. Pero sólo uno que es Dios y hombre a la vez sería capaz de salvarnos.

¿Has venido a Cristo para recibir la salvación? El es el único que puede salvarte. No hay ningún otro salvador. Si no lo conoces, ven a El hoy. El te espera.


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