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Domingo 11 de Noviembre del 2007

La verdad acerca de la revelación
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Te acuerdas de aquella fascinación que tuviste en tu niñez con todo lo secreto? Los espías, los mensajes secretos y los códigos te parecían sumamente interesantes. Si eras como yo, durante esta etapa, la tinta invisible era una de tus mayores fascinaciones.

La tinta invisible más fácil de usar es el jugo de limón. Se escribe con el jugo, y después de secarse, parece que no hay nada en el papel. Con simplemente calentar el papel, sin embargo, aparece el mensaje escrito con el jugo - el mensaje secreto.

Cuando se calienta el papel, se vuelve visible lo anteriormente invisible. Lo que no se podía ver, lo que era un secreto oculto, de repente se vuelve claro.

Hay algo invisible que es mucho más importante y más grande que cualquier otro secreto. Es un ser que no podremos conocer si no se hace visible para nosotros. Me refiero, por supuesto, a Dios. Conocer a Dios es lo más importante en nuestras vidas, y sin embargo, El es invisible. Si El no se da a conocer a nosotros, somos incapaces de conocerlo.

¿Cómo, entonces, se hace visible Dios a nosotros? Es una pregunta sumamente importante. Estamos hablando, en realidad, acerca de la revelación. Cuando hablamos de la revelación, nos referimos al descubrimiento de lo escondido. Aunque Dios, siendo espíritu, es invisible, El se ha dado a conocer a nosotros. Podemos conocer a Dios porque El se nos ha revelado.

¿Cómo se revela Dios a la humanidad? ¿Cómo podemos conocer a Dios? Existe mucha confusión acerca de este tema. En realidad, hay varias maneras en las que podemos conocer algo acerca de Dios. El problema surge cuando tratamos de conseguir un conocimiento completo de Dios por medio de una revelación parcial.

Es importante, entonces, comprender las diferentes formas en que Dios se ha revelado a nosotros, para saber recibir correctamente esta revelación. Podemos ver que

I. Dios se revela parcialmente en su creación

Lectura: Salmo 19:1-6

19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
19:2 Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría.
19:3 No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz.
19:4 Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol;
19:5 Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino.
19:6 De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor.

El testimonio de nuestros sentidos, al percibir la creación de Dios, nos enseña que hay un Dios. Su poder y su sabiduría son reflejados en el diseño de nuestro mundo, de nuestro ambiente, de nuestros cuerpos.

El cielo mismo cuenta de la gloria de Dios. Los días, ordenados por la salida y la puesta del sol, demuestran su sabiduría al crear un mundo de orden. Dios creó el mundo de tal forma que es un hábitat ideal para la humanidad, y para la flora y fauna que nos rodean.

Cuando vemos la gloria de una puesta del sol, cuando observamos la belleza de una noche clara que demuestra la gran cantidad de estrellas y planetas que llenan nuestro universo, nos damos cuenta de que algún ser grande y sabio hizo todo esto.

Pongamos una comparación. Si llegáramos a una casa y encontráramos un jardín bello, con plantas y flores arregladas en diseños atractivos y con el césped corto y parejo, ¿qué diríamos? ¿Pensaríamos que los dueños de la casa habían sido muy afortunados en escoger un lugar donde todo crecía sólo? ¿O buscaríamos al jardinero para felicitarlo?

Claramente, nadie pensaría que tal arreglo había sucedido por casualidad. Cuando vemos, entonces, que vivimos en un mundo bello y ordenado, queda obvio que alguien hizo todo esto. El poder, la sabiduría y la existencia de Dios se revelan a todos por medio del universo. Cuando veas una puesta de sol bella, piensa en quién la hizo. Cuando veas la luna y las estrellas, considera al que las puso en su lugar. Ellas te hablan de Dios.

Sin embargo, el universo no nos revela cómo debemos de vivir. Para eso tenemos otra forma de revelación que también es universal.

Lectura: Romanos 2:14-15

2:14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,
2:15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

Además de revelar su poder, su sabiduría y su existencia en el universo, Dios nos revela su carácter moral en nuestra conciencia. La Escritura nos habla de personas que, sin conocer la ley de Dios revelada en la Biblia, demuestran una noción del bien y el mal.

En la conciencia, Dios nos demuestra a todos que existen el bien y el mal. Cada cultura tiene un concepto moral; todos saben que hay ciertas cosas que son buenas, y otras que son malas. La ley está escrita sobre el corazón de cada persona. Ahora bien, debemos de aclarar que la copia de la ley que aparece en nuestro corazón es una copia borrosa, y a veces incompleta.

En otras palabras, sin la instrucción de la Palabra de Dios, ninguna conciencia es perfecta. En algunas culturas, se acepta lo que casi todos condenan. En otras culturas, se condena lo que la mayoría acepta. Estas diferencias demuestran la imperfección de la conciencia.

Sin embargo, todos sabemos algo por intuición: sabemos que existen el bien y el mal; que algunas acciones son buenas, y otras son malas. Es más, todos sabemos que no cumplimos perfectamente con nuestros deberes. Como comenta el apóstol, a veces nuestra conciencia nos acusa, y en otras ocasiones nos excusa.

Todos tenemos algún conocimiento moral. Esta es otra forma en que Dios se revela a todos, porque Dios es un Dios de justicia. Sin embargo, ninguna de las formas de revelación que hemos mencionado es completa. La revelación de Dios en su creación nos demuestra su poder y su sabiduría; su revelación en la conciencia demuestra algo de su justicia.

Ninguna de estas cosas nos demuestra lo más importante: cómo conocer a este Dios. Para eso, necesitamos una revelación más completa. Sin embargo, es precisamente aquí que muchas personas se equivocan. Tratan de construir un conocimiento completo de Dios usando una revelación parcial.

Me explico: toman los datos de su experiencia y sus impresiones internas, y de éstos forman su propio concepto de Dios. Uno a veces los oye decir: Para mí, Dios es así. Lo que quieren decir es que su concepto de Dios es así, o asá. Pero si empiezan con información incompleta, su conclusión también será incompleta. No podemos tener un conocimiento completo de Dios en base a nuestra experiencia o nuestra intuición.

Por eso,

II. Dios se revela perfectamente en su Palabra

Lectura: Salmo 19:7-11

19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
19:9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
19:11 Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.

La Palabra de Dios nos da un conocimiento de El que ni la creación ni nuestra conciencia pueden. Nos demuestra cómo vivir. Dios nos ha revelado en su Palabra qué es lo que El espera de nosotros, pero sobre todo, nos ha revelado cómo podemos estar en paz con El.

Como ya mencionamos, aun la persona que no conoce la Biblia sabe de la existencia del bien y del mal. Sólo en la Biblia, sin embargo, podemos descubrir cómo resolver nuestro problema de desobediencia. Sólo aquí podemos saber cómo existir en una relación restaurada con Dios.

La Palabra escrita de Dios nos da dirección. Al seguir sus consejos y creer su mensaje, llegamos a tener un conocimiento de Dios que supera el conocimiento general que podemos tener mediante la creación o mediante nuestra conciencia.

La Biblia es como un mapa para la vida. Nos demuestra nuestro origen y nuestro destino. Nos enseña el camino a seguir, y los errores que tenemos que evitar. Nos desnuda el alma para que podamos ser revestidos con la justicia de Dios. La Biblia es la Palabra que Dios nos ha hablado para que podamos saber cómo trata El con la humanidad y qué clase de Dios es.

La creación nos dice que Dios es grande y sabio, pero sólo su Palabra nos dice que El nos ama. Nuestra conciencia nos dice que existen el bien y el mal, pero sólo su Palabra nos dice que hay un sacrificio para pagar por nuestra desobediencia.

Esto nos lleva precisamente al otro sentido en el que se usa la Palabra de Dios. Dios nos ha pronunciado dos Palabras: una es la Biblia, su Palabra escrita. De la otra Palabra aprendemos en Juan 1:10-14.

Lectura: Juan 1:1, 10-14

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 
...
1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 
1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 
1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

La revelación final de Dios, su revelación completa, es su Hijo. Es por medio de Cristo que llegamos a saber cómo es Dios, porque en Cristo vemos a Dios hecho hombre. El Verbo o la Palabra, que era Dios, se hizo hombre y vivió entre nosotros.

Estas tienen que contar entre las palabras más increíbles de la Biblia. ¿Cómo pudo Dios, el Creador eterno del universo, nacer y vivir como hombre? ¿Cómo pudo El dejar atrás toda la gloria del cielo y caminar entre el polvo y la mugre de este mundo? No sé cómo lo hizo. Sólo sé que es verdad, porque la Biblia lo dice.

Cristo es la revelación perfecta de Dios. Entre las dos Palabras de Dios - la Palabra escrita y la Palabra encarnada - hay una gran relación. Cristo dijo de la Biblia: Estas son las Escrituras que testifican de mí. La Palabra escrita tiene como función testificar de Jesús.

Jesucristo es, a la vez, el intérprete perfecto y veraz de la Palabra escrita. El cumplió perfectamente todos los preceptos bíblicos. El concuerda completamente con la Palabra escrita. Al mismo tiempo, El la supera. No se puede decir de la Biblia que es Dios. Es su Palabra, pero no es El. De Jesús, en cambio, sí se puede decir esto.

Es sólo por medio de Jesús que podemos conocer la salvación. Es sólo en El que podemos conocer cómo es Dios, pero más allá de esto, entrar en una relación con Dios y vivir para siempre con El. Lo leemos en el verso 12: "Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios".

Conclusión

¿Conoces a Dios? No me refiero a saber que El existe, o saber que es justo. Como ya hemos visto, ese conocimiento está al alcance de todos. Conocer a Dios, en realidad, es cuestión de conocer su Palabra - su Palabra escrita, y su Palabra encarnada.

Si no has recibido a Cristo como tu Señor y Salvador, hazlo hoy. Sólo en El puedes conocer perfectamente a Dios. Sólo al estudiar su vida y sus palabras verás cómo es el Dios del universo. Sólo en su muerte en la cruz por ti puedes conocer el amor y el perdón de Dios.


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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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