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Domingo 4 de Noviembre del 2007

La verdad acerca de la salvación
Pastor Tony Hancock

Introducción

Algunos días atrás, conversaba jocosamente con algunos hermanos acerca de la forma de expresión que comúnmente se utiliza en las carnicerías mexicanas. Cuando llega el cliente deseando saber si le pueden vender algún producto, acostumbra preguntar: ¿Tiene esto? ¿Tiene lo otro?

En algunos casos, la combinación puede ser chistosa. Alguien podría preguntar, por ejemplo: ¿Tiene cabeza de puerco? O ¿tiene piernas de pollo? ¿Tiene estómago de res? Nos reímos, por supuesto, de tales ocurrencias. Sin embargo, ilustran la forma en que solemos llegar a las tiendas para ver qué tienen.

La mujer que se pasea por la galería podría comentar: ¿Qué ofrecerán en esta tienda? Vamos a ver. De igual manera, muchas personas podrían preguntarle a la Iglesia: ¿Qué me ofreces a mí? ¿Qué producto tienes a la venta?

Desde luego, la Iglesia no es un negocio; no tiene ningún producto a la venta. Sin embargo, la Iglesia ha sido encomendada por Dios con una cosa que nadie más puede ofrecer. No se encuentra en las tiendas, no se encuentra en el cine, no se encuentra en el periódico o en alguna revista.

Me refiero, por supuesto, a la salvación. La Iglesia ha sido encargada por Dios con el mensaje de salvación para la humanidad. Acerca de esta salvación, sin embargo, existe gran confusión. Algunas personas niegan siquiera la necesidad de la salvación. Es muy común la actitud actual de que, a fin de cuentas, todos iremos al cielo - si es que tal lugar existe.

Otros creen que la salvación es algo que se gana por medio de las buenas obras. Tienen la idea de que Dios es como un maestro de escuela, y que toma en cuenta las tareas de cada uno para ver si lo va a reprobar, o si podrá entrar a su morada celestial. De hecho, si hiciéramos una encuesta para saber si las personas creen que irán al cielo al morir, la mayoría diría: No sé, espero que sí. No hay seguridad.

¿Cuál será la verdad acerca de la salvación? ¿Es necesaria, en realidad? ¿Cómo la podemos recibir? Hoy trataremos de contestar estas preguntas. Empezamos en Efesios 2:1:

2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados

Quiero que enfoquemos una palabra en particular en este verso, que describe nuestra condición natural como seres humanos. ¿Qué es lo que dice? En otro tiempo, ustedes estaban muertos. Este es el estado natural del ser humano. En otras palabras,

I. Sin Cristo, estás perdido

¿Qué puede hacer un muerto para mejorar su condición? ¿Qué pasos puede tomar, o qué estrategia podrá emplear para recobrar la vida? No puede hacer nada. El muerto no tiene ningún poder para cambiar su situación o su destino.

La Biblia nos dice que, sin Cristo, estamos muertos. No dice que estamos bien enfermos, pero si nos lo proponemos, podemos curarnos. Tampoco nos dice que sólo es cuestión de hacer un leve esfuerzo para mejorar nuestra situación. Nos dice que, sin Cristo, estamos muertos.

En Colosenses 2:13 ("Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados"), se repite la misma idea. Dice así: "Ustedes estaban muertos en sus pecados". Esto significa que lo que nos hace falta no es nada más ni nada menos que una resurrección. Nos hace falta recibir una vida nueva, porque - a causa del pecado - estamos muertos.

No nos hace falta algún plan de autosuperación, algún sistema para mejorar nuestros reflejos o una filosofía mejor. Nos hace falta algo mucho más profundo. Todas estas cosas serían como darle medicina a un cadáver. ¡No le serviría de nada! Nuestra solución no puede nacer de nosotros, si estamos muertos; tiene que venir de afuera.

El pecado ha afectado cada aspecto de nuestra persona. Por el pecado, nuestros sentimientos son traicioneros. Muchas veces deseamos cosas que no nos convienen. Nuestros deseos y nuestros impulsos están mal enfocados.

Por el pecado, nuestros pensamientos se enfocan en la lujuria, en el rencor, en la codicia. Por el pecado, nuestra voluntad escoge malas acciones en lugar de buenas. Somos prisioneros del pecado, que nos mueve como títeres a seguir su destructora voluntad. No podemos hacer nada para salvarnos a nosotros mismos.

Sin Cristo, estamos perdidos. ¿Qué podemos hacer? La respuesta es ésta:

II. Sólo en Cristo puedes ser salvo

Si estamos, como ya vimos, muertos en el pecado, alguien tiene que venir de afuera para darnos vida. Más bien, alguien tiene que dar su vida por nosotros. Sólo así podemos tener vida en lugar de la muerte que es nuestra por el pecado.

Nuestro verso de memoria, Hechos 4:12, lo declara claramente: "En ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos". Hay muchos buenos maestros en este mundo; hay muchos buenos filósofos y buenos líderes, pero sólo hay un Salvador. Sólo en Cristo podemos ser salvos.

Nadie más fue capaz de dar su vida por la nuestra, porque nadie más ha vivido una vida inmaculada; nada más ha obedecido a Dios sin falta alguna. Sólo Jesús pudo ofrecer la obediencia perfecta de su vida, y su muerte inocente, para tomar nuestro lugar.

¿Cómo exactamente funcionó todo esto? No te puedo explicar todos los detalles; quizás nuestra mente humana es incapaz de comprenderlos. Sabemos que Jesús hizo satisfacción por nuestro pecado. Como sacrificio derramó su sangre para cubrir nuestro pecado.

Yo tampoco comprendo a fondo cómo funciona la electricidad, pero tengo luz en mi casa. No me he quedado en la oscuridad por no entender perfectamente cómo funciona la luz. Tengo una comprensión muy limitada de la forma en que funcionan los motores de gasolina, pero hoy manejé un carro para llegar hasta acá.

Simplemente porque no comprendamos a fondo cómo funciona la salvación, no debemos de alejarnos de sus beneficios. ¿Cómo es posible que Dios se hiciera hombre? No lo sé, pero cada Navidad lo celebramos. ¿Cómo pudo su muerte pagar por mis pecados? No lo sé, pero la Biblia lo asegura. ¿Cómo es posible que El me dé vida nueva tan sólo con creer? No lo sé, pero lo creo.

Ahora bien, si la salvación sólo está disponible en Cristo, ¿cómo la podemos recibir? Vamos a buscar la respuesta en Efesios 2:8-9:

2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Este pasaje contiene varias enseñanzas muy importantes. Antes que nada, tenemos que comprender que la salvación es un regalo de la gracia de Dios.

Hay una distinción absoluta entre la gracia y las obras. Si es de gracia, no es por obras; si es por obras, no es por gracia. Esto significa que no podemos pagarle absolutamente nada a Dios a cambio de nuestra salvación. Tenemos que aceptarlo como un regalo, o no lo podemos recibir.

No es algo que nace de nosotros. "No procede de ustedes", dice el pasaje. ¿Cómo podría proceder de nosotros? ¡Estamos muertos! Es un regalo que Dios nos da, y así lo tenemos que recibir. Sin embargo, la gran mayoría de las personas - aun las que han oído acerca del sacrificio de Cristo - siguen tratando de ganar la salvación por lo que hacen.

Si quisiéramos preparar unos huevos revueltos, ¿cuál será el resultado de usar cinco huevos frescos, y un huevo podrido? ¿Resultará algo comestible? ¡Claro que no! Pero de alguna forma, pensamos que nuestras buenas obras - que la Biblia describe como trapos de inmundicia - se podrán mezclar con lo que Dios ha hecho, y producir la salvación para nosotros.

Tenemos que entender que no podemos sumarnada a la obra completada de Cristo en la cruz. No podemos comprar la salvación; no está a la venta. No la podemos ganar. Sólo la podemos aceptar por fe, creyendo que Jesús murió por nosotros y pagó la pena de nuestro pecado.

Comentó D.L. Moody acerca del ladrón crucificado junto a Jesús: "El ladrón tenía clavos en ambas manos, así que no podía trabajar; tenía un clavo atravesando cada pie, así que no podía hacerle mandados a Jesús. No podía levantar ni la mano ni el pie para ganarse la salvación, pero Cristo le ofreció el regalo de Dios, y él lo aceptó. Jesús le alcanzó un pasaporte, y lo llevó al paraíso".

¡Cada uno de nosotros está en la misma situación! No podemos hacer nada para merecer la salvación. Lo tenemos que recibir como un regalo. Aquí precisamente se confunde la mayoría de las personas. No comprenden la relación que llevan las obras con la salvación.

Piensan que la salvación es producto de las obras; es decir, hago buenas obras, y así me salvo. Es al revés; la salvación produce las buenas obras. Esto lo podemos ver si seguimos leyendo Efesios 2, verso 10: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Es sólo después de haber sido salvos por medio de Cristo que podemos hacer obras que le agradan a Dios; no para ganarnos la salvación, sino porque hemos sido salvados y transformados por Jesucristo.

Si tú estás trabajando para tratar de ganarte la salvación, deja el trabajo. Deja el esfuerzo, y ven a Cristo para recibir la salvación que El te quiere regalar. Cuando lo hayas conocido, entonces podrás servirle a El con gozo.

Conclusión

Martín Lutero comentó en cierta ocasión que la vida del cristianismo consiste en pronombres posesivos. Una cosa es decir: Cristo es el Salvador, y otra muy distinta es decir: Cristo es mi Salvador y mi Señor. El diablo puede decir el primero; él sabe que Cristo es un Salvador. Sólo el verdadero creyente puede hacer la segunda declaración.

Te pregunto: ¿has recibido de Cristo la salvación? ¿Has venido a El, dejando atrás tus propios esfuerzos, confiando sólo en lo que El hizo por ti en la cruz? Sólo así podrás recibir de Dios la salvación. Esta es la verdad acerca de la salvación: es un regalo, y sólo se recibe confiando en Cristo y su obra al morir y resucitar.

¿Es Cristo tu Salvador en este día? Si no lo has aceptado, recíbelo hoy. Arrepiéntete de tu pecado y acepta a Cristo como tu único y suficiente Salvador.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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