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Domingo 14 de Abril del 2002

La razón por la que Jesús no regresa aún
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Alguna vez te has hecho la pregunta, por qué no ha regresado Jesús todavía? Después de todo, si Jesús volviera, podría arreglar todos los problemas del mundo. Ya no habría gobiernos corruptos, aprovechándose de sus ciudadanos; ya no habría crimen, ya no habría guerra, ya no habría terremotos y otros desastres naturales.

Entonces, ¿por qué no regresa Jesús para arreglar todas estas cosas? Quizás se ha olvidado de nosotros. Quizás está tan cómodo allá en el cielo, que no tiene muchas ganas de dejar su lugar allá y regresar a este mundo tan cruel que ya le rechazó una vez. O quizás está ocupado en otras cosas.

Pero si examinamos la Biblia, vemos que no es ninguna de estas cosas la que mantiene a Jesús en el cielo. Hay una razón mucho más importante, algo que debe transformar nuestra vida si lo consideramos. Jesús está esperando algo. Veamos qué es.

Lectura: 2 Pedro 3:3-9

3:3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
3:4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
3:5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,
3:6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;
3:7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
3:8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Los que estudian tales cosas nos dicen que uno de los errores que constantemente se presentan en la lógica humana es el de sacar conclusiones con datos insuficientes. Hace algunos años, hice un viaje a Texas con un grupo musical para una convención. Con nosotros estaba una joven violinista. Por casualidad, los primeros dos días que estuvimos en Texas, hubo fuertes tormentas con aguaceros y relámpagos. Comentó la muchacha: ¿es verdad que llueve todos los días en Texas? Cualquier tejano respondería, ¡Por supuesto que no! Hay largos períodos en que la lluvia es muy escasa. Ella había sacado su conclusión en base a unos datos muy incompletos.

Este es el error que cometen tantos hoy en día. Ven que las cosas siguen sin cambio, como siempre han sido en su experiencia, y creen que siempre será así. Nada va a cambiar, todo seguirá igual. Esa idea de que Jesús va a regresar para juzgar el mundo es una vieja fábula. La idea de que este mundo físico que habitamos tendrá un fin es un mito. Quizás el mundo tiene un final para cada persona cuando se muere, pero este mundo seguirá igual.

Seguramente hemos oído tales ideas expresadas. Pero hay un problema; excluyen de sus cálculos el dato de que el mundo ya fue destruido una vez, que una vez toda la humanidad murió ahogada, y sólo se salvó una familia.

La realidad es que Jesús va a regresar visiblemente a la tierra, y entonces el mundo será destruido. La misma poderosa palabra de Dios que creó el universo y que soltó el juicio del diluvio sobre la tierra, ahora mantiene la tierra reservada para el juicio final.

Pero entonces, ¿por qué no regresa ya, para juzgar y establecer la justicia? La respuesta se encuentra en el último versículo que leímos. Cristo no ha regresado porque está esperando a que más personas se arrepientan. Y esto nos lleva a dos conclusiones:

I. El pronto regreso de Cristo nos anima a llevar su mensaje de salvación a los que aún no lo han recibido

Si Dios ha estructurado su plan para el mundo alrededor de la respuesta que hace la gente a su evangelio, entonces es obvio que es algo muy importante para El. Si nos consideramos hijos suyos, entonces lo que a El le interesa nos debe de interesar a nosotros.

Es un mal hijo el que no se interesa por los negocios de su padre. Es un cristiano inútil el que no se preocupa por lo que su Padre celestial desea ver en este mundo. Lo que nuestro Padre celestial desea es que más personas se comprometan con El, le entreguen su corazón, y se dediquen a servirle.

Debe ser nuestro afán también ver que suceda lo mismo. Quizás no podemos evangelizar a todo el mundo; pero sí podemos compartir el evangelio con algunos. Podemos empezar con nuestros amigos y familiares. Todos tenemos un círculo de influencia que podemos tocar.

Pero quizás tú estás pensando en este momento: todo eso lo sé. ¿No crees que me siento culpable por no compartir el evangelio? Pero ¡el problema es que no sé cómo! No soy Billy Graham, no puedo pararme ante miles de personas para predicarles de Jesús, y cuando trato de compartir el evangelio así no más, se me esfuman las palabras y me quedo mudo.

La realidad es que somos muchos los que sentimos lo mismo. Hay pocos que encuentran gran facilidad en la tarea de evangelizar, por lo menos al principio. Quiero darles algunas sugerencias para que esto pueda ser más fácil. He aquí algunos pasos para llevar el mensaje antes de que Cristo regrese:

  1. En primer lugar, empieza a orar diariamente por dos o tres personas que necesitan la salvación. Cada día, pídele a Dios que les revele su propia necesidad de un Salvador. Si conoces de algún estorbo en sus vidas, como una adicción o una mala experiencia previa con el evangelio, entonces pídele que les ayude a superar esa barrera. Pídele al Padre que mande al Espíritu Santo para empezar la obra en esa persona. Sobre todo, no te desanimes en orar. Yo personalmente he visto respuestas a este tipo de oración que llegaron años después de que empecé a orar por la persona.

  2. En segundo lugar, pídele a Dios que te provea una oportunidad para testificar, y sé atento a las oportunidades que El presenta. Quizás no será la oportunidad de dar una presentación completa del evangelio; quizás podrás dar tu propio testimonio de salvación, o hablar de alguna bendición en particular que Dios te ha dado, o simplemente ofrecerte a orar con la persona por alguna necesidad. Si estás atento, verás que las oportunidades empiezan a presentarse.

  3. En tercer lugar, confía en que el Espíritu Santo te dará las palabras en el momento que las necesites. Es importante saber cómo presentar el evangelio. Sin embargo, hay un peligro en tener una presentación memorizada del evangelio; ese peligro es que te enfoques tanto en recordar las palabras exactas de la presentación que se te olvide confiar en que el Espíritu Santo hable a través de ti. Cuando te des cuenta de que ha llegado una oportunidad para testificar, en vez de permitir que el temor te controle, pídele al Espíritu Santo que vive en ti que te dé las palabras para testificar.

Pero quizás tu que oyes este mensaje aún no te has entregado a Cristo. También hay una palabra para ti.

II. El pronto regreso de Cristo te llama a recibir su salvación antes de que sea muy tarde

No dejes que te engañen. Muchos te dirán que Cristo no volverá, que no habrá ningún juicio, que no importa cómo vives ahora. Es una mentira. Vamos hacia un enfrentamiento con el Dios que nos ha creado - y tenemos que decidir ahora si será un encuentro con un amigo que nos acogerá o con un enemigo que nos destruirá en su ira.

Dios se dilata porque quiere que tú recibas la salvación. El desea que aceptes a Cristo antes de que sea muy tarde. El pagó el precio supremo de enviar a su único Hijo a dar su vida en sacrificio por ti. Quiere perdonarte. Ahora te está dando la oportunidad de arrepentirte.

Las palabras del antiguo himno lo expresan con claridad (*):

¿Te sientes casi resuelto ya?
¿Te falta poco para creer?
El "casi" nunca te servirá
En la presencia del justo Juez.
¡Ay del que muere casi creyendo!
¡Completamente perdido está!

Dios no quiere castigarte. El no desea que pases a la eternidad separado de El, ni que vivas tu vida ahora sin conocer su presencia y su amor. El está esperando para que vengas a El arrepentido, con un corazón de fe.

Pero un día se acabará la oportunidad. Si no quieres aceptar su oferta de perdón, un día se terminará el plazo - y El se encontrará obligado a condenarte. No es su deseo. El versículo 9 dice que el Señor no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.

Pero Dios es un caballero. El no obliga a nadie a recibir su salvación. Si tú quieres esperar mientras poco a poco tu corazón se va endureciendo, si tú insistes en postergar ese día del arrepentimiento mientras la arena baja en la ampolleta, si estás decidido que no te vas a decidir, entonces le dejarás a Dios sin opción.

Dios no quiere condenarte; pero su justicia le obliga a hacerlo si no te arrepientes, porque Dios no puede actuar en contra de su carácter santo.

Conclusión

Ahora la pregunta que te confronta es ésta: ¿aceptarás su oferta? ¿aprovecharás la oportunidad antes de que sea muy tarde?

No cometas el error que yo cometí. Recientemente pensé comprar un estéreo. Encontré un precio que me gustó, pero me dilaté en pedirlo. Cuando finalmente me animé a comprarlo, me topé con que ya no había más del modelo que yo buscaba. Era muy tarde.

Si tú esperas demasiado para arrepentirte y aceptar a Cristo, llegará un día en que será muy tarde. Ya no habrá más oportunidad de arrepentimiento. Y te perderás mucho más que un estéreo. Perderás la vida.

Dios sólo te pide que reconozcas tu pecado, te arrepientas de él, y pongas tu confianza en Cristo, quien pagó el precio de tus pecados con su muerte en la cruz. Cuando hagas eso, recibirás la promesa de vida eterna, recibirás un propósito en la vida, y tendrás la bendición de conocer como Padre al Creador de todo.

¿Qué esperas? ¡Acéptalo hoy!


(*) El himno citado es "¿Te Sientes Casi Resuelto Ya?" escrito por P. P. Bliss y traducido por Pedro Castro.


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