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Domingo 16 de Septiembre del 2007

Una vida de alabanza
Pastor Tony Hancock

Introducción

Sucedió en una conferencia cristiana. Cada asistente recibió un globo con la idea de soltarlo en algún momento de la sesión en el que quisiera expresar el gozo que sentía en el corazón. Los planificadores de la conferencia se imaginaban a los globos subiendo al cielo, como incienso al Señor. ¡Sería una bella escena!

Cuando terminó la conferencia, la tercera parte de los globos seguían en manos de los congregantes. No los habían soltado.

Los globos, por supuesto, representan la alabanza. Nuestras alabanzas reflejan nuestra respuesta a la grandeza y las bendiciones de Dios. Fuimos creados para alabar a Dios. Sin embargo, muchas veces guardamos nuestras alabanzas, como los globos, en lugar de abrir nuestro corazón y alabar a Dios con libertad y con gozo.

Hoy vamos a considerar la importancia de la alabanza, y trataremos de contestar un par de preguntas acerca de ella. La primera es ésta:

I. ¿Cuándo debo alabar?

Encontramos la respuesta en nuestra primera lectura.

Lectura: Salmo 34:1

"34:1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca."

La respuesta es muy clara: ¡todo el tiempo! Toda nuestra vida debe de estar llena de alabanza. Alabar a Dios no es sólo algo que hacemos el domingo en la iglesia; es algo que debemos de hacer siempre. El apóstol Pablo repite la misma idea; en Efesios 5:19-20 dice: "Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo".

No quiero que me malentiendan. Lógicamente, hay momentos en los que no podemos alabar conscientemente a Dios. Por ejemplo, en el trabajo, nos tenemos que concentrar en algunas actividades. Cuando estamos dormidos, no controlamos directamente nuestros pensamientos.

Sin embargo, como creyentes podemos cultivar una actitud de alabanza en nuestra vida. Si la Biblia nos llama a alabar a Dios de una forma constante, significa que tenemos que aprender a hacerlo. Tenemos que aprender a hacer de la alabanza una parte constante de nuestra vida.

Nosotros solemos esperar para alabar a Dios hasta que sintamos el deseo de hacerlo. Quizás sólo cuando nos sucede algo muy especial, decidimos que debemos de darle gracias. Déjenme hacerles una pregunta: ¿Cuándo no se merece Dios nuestra alabanza? ¿En qué momento no es digno de toda nuestra adoración?

¡Dios siempre es merecedor de nuestra alabanza! Muchas veces, cuando no tenemos ganas de alabar a Dios es cuando más lo debemos de hacer. Cuando estamos cansados, cuando se nos ha ido la esperanza, cuando nos sentimos inseguros - es en esos momentos que más falta nos hace alabar a Dios.

Si nos dejamos llevar por nuestros sentimientos, alabaremos poco. Nuestros sentimientos son traicioneros. Muchas veces no reflejan la realidad de la vida. Más bien, cuando empezamos a alabar, nuestros sentimientos empiezan a cambiar también.

Me sucede con frecuencia que me levanto en la mañana con el enfoque equivocado. Empiezo a pensar en todo lo que tengo que hacer en ese día, en todos los problemas que tengo, en la oposición que enfrento o en algo más. Cuando empiezo a orar, sin embargo, o leo un salmo, o escucho una canción de alabanza, mis emociones empiezan a cambiar.

En lugar de estar enfocado en mis propios problemas, me enfoco en la grandeza de Dios y en su poder. ¿Saben qué? ¡Esto me da poder para enfrentar el día y sus problemas! No es una forma de escape; es, más bien, reorientar la atención hacia la realidad.

La alabanza es también una buena forma de vencer la tentación. Un amigo compartió conmigo que, cuando él se siente tentado, su reacción es poner música de adoración o empezar a alabar a Dios con sus instrumentos. La tentación se debilita cuando empezamos a alabar a Dios. Cuando empezamos a contemplar la grandeza y la majestad de Dios, el pecado ya no parece tan atractivo.

¿Cuándo debemos de alabar a Dios, entonces? ¡Todo el tiempo! Tenemos que tomar acción para que la alabanza sea una realidad en nuestra vida. Como ya hemos comentado, no es algo que sucederá automáticamente. Tenemos que desarrollar la costumbre de alabar.

Déjame preguntarte: ¿qué música sueles escuchar en el carro? ¿Es música que eleva tu mirada a Dios, o es música que te hace pensar en otras cosas? El trayecto desde el trabajo a la casa puede convertirse en un culto de adoración, si tú quieres.

Cuando sientas el deseo de cantar, recuerda lo que dijo Pablo: "Canten y alaben al Señor con el corazón". En lugar de cantar canciones sin sentido, entona alabanzas a Dios. Cuando ores, ten cuidado de no sólo pedirle cosas a Dios; alábale por lo que El es y por lo que ha hecho.

Puede ser que estés pensando: Ya estoy convencido de que debo de alabar a Dios, pero ¡no sé cómo! Éste es la siguiente pregunta que trataremos de contestar:

II. ¿Cómo puedo alabar?

Tenemos que entender primero qué es la alabanza. La alabanza es la actividad de glorificar a Dios en su presencia con nuestra voz y nuestro corazón. Es, en otras palabras, la reacción de nuestro ser cuando contemplamos lo que Dios ha hecho y lo que Dios es.

Es como lo que sucede cuando vemos algún paisaje hermoso o una jugada impresionante. ¿Qué hacen los fanáticos de algún equipo cuando se mete un gol? ¿Lo observan fríamente, diciendo: Ah sí, un gol, qué bueno? ¡Claro que no! Se alborotan, gritan, bailan - ¡celebran lo que ha sucedido!

¿Qué hacemos cuando vemos un paisaje hermoso? Nos quedamos boquiabiertos, queriendo absorber toda la grandeza de lo que estamos observando. Así es la alabanza. La alabanza surge cuando contemplamos la grandeza de Dios y de sus obras, y le respondemos con nuestra boca y nuestro corazón.

Claro está que los jugadores de fútbol no se dan cuenta de los gritos y la celebración del grupo de fanáticos reunidos frente al televisor. Dios, sin embargo, sí escucha nuestra alabanza, y se goza con nosotros. Le alabamos cuando, estando conscientes de su presencia con nosotros, meditamos en El y en lo que ha hecho, y le expresamos nuestra reacción.

No tenemos que estar en la iglesia para hacerlo, aunque lo podemos hacer de una manera especial cuando estamos reunidos con nuestros hermanos. Sabemos que Dios está en todas partes, y podemos alabarle en todas partes también.

Hay muchas razones por las que podemos alabar a Dios. En nuestra lectura diaria esta semana leeremos varios pasajes que nos dan diferentes razones para alabar a Dios. Les animo a usar las lecturas diarias como una celebración de alabanza.

Ahora vamos a considerar como ejemplos algunas razones por las que podemos alabar a nuestro Señor. En primer lugar, podemos alabar a Dios por su obra y provisión en nuestras vidas. Por ejemplo, leemos en Deuteronomio 8:10-11: "Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios".

Una hermana de la iglesia compartía con nosotros que nuestras quejas fácilmente se pueden compartir en alabanzas al Señor. Por ejemplo, si nos quejamos por tenernos que levantar temprano, ¿por qué mejor no le damos gracias a Dios por tener trabajo? Si nos quejamos de tener que cocinar, ¿por qué mejor no le damos gracias a Dios porque tenemos comida?

Dios provee por nuestras necesidades de formas tan abundantes; todo lo que tenemos viene de El. Cultivemos la costumbre de alabar a Dios por su provisión por nuestras necesidades.

En segundo lugar, podemos alabar a Dios por su dirección. Leemos en el Salmo 16:7: "Bendeciré al Señor, que me aconseja; aun de noche me reprende mi conciencia". Si estamos caminando con el Señor, su Espíritu nos va guiando. Aun cuando nos demuestra nuestros errores, es para nuestro bien.

¿Se acuerden del asno de Balaán? Este hombre era un profeta que había sido contratado para profetizar en contra del pueblo de Dios, pero Dios no se lo iba a permitir. Cuando Balaán iba camino a cumplir con su tarea, un ángel le cerró el camino. Balaán no podía ver el ángel, pero su burro sí. El animal se rehusó a seguir caminando, y Balaán, pensando que era por pura terquedad, lo castigaba.

Por fin, Dios le dio palabras al asno para que reprendiera a Balaán, y le abrió los ojos para que viera el ángel. Balaán se había enojado por el contratiempo, pero no sabía que su burro lo estaba protegiendo. ¿Cuántas veces no hacemos lo mismo? Algún contratiempo podría ser, más bien, una protección divina. Podemos darle gracias a Dios por su dirección.

En tercer lugar, y más importante, podemos darle gracias por la gloriosa gracia que El nos da en Cristo. Efesios 1:3 dice: "Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo".

Si nosotros tenemos a Cristo, lo tenemos todo. Si Dios nos ha amado tanto que incluso estuvo dispuesto a enviar a su único Hijo para salvarnos, ¿cómo no nos dará todo lo demás con El? Si tenemos a Cristo, ¡ya tenemos lo único que realmente importa!

Cristo es la bendición más grande que podríamos recibir, y la mayor razón que tenemos para alabar a Dios. En Cristo vemos todo lo que Dios es, y al contemplar su hermosura, no podemos más que responder con alabanzas.

Conclusión

Hoy te invito a comprometerte con Dios en desarrollar una vida de alabanza. Te aseguro que, si tomas el tiempo necesario para alabar a Dios, tu vida cambiará. Tus sentimientos y tu perspectiva serán diferentes. Fuiste creado para alabar.

No dejes que las cosas de este mundo te distraigan. Levanta tu mirada hacia el Señor todos los días, y alábale por lo que es y por lo que ha hecho. Tu vida nunca será igual.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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