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Domingo 2 de Septiembre del 2007

Jesús, nuestro camino
Pastor Tony Hancock

Introducción

Cuando yo era un niño muy pequeño, mi madre me llevó para acompañarla mientras hacía una diligencia en otra parte de Lima. La sección de la ciudad a la que fue le era desconocida, y al regresar a casa, ella se perdió.

Resultó ser que la sección de la ciudad donde estábamos no era muy buena; más bien, fue una sección muy peligrosa de la ciudad. Siendo una mujer joven, no quiso detenerse para pedir direcciones, porque no se sentía segura frente a las amenazas que podrían existir.

Esto sucedió, por supuesto, en los días antes de que existieran los teléfonos celulares; y mi madre manejaba, dando vueltas y vueltas, buscando alguna calle conocida, mientras veía que el nivel de combustible en el tanque bajaba cada vez más. Duró varias horas perdida.

Por fin, encontró un lugar conocido, y pudo llegar a casa. Gracias a Dios, no sucedió nada indebido. Mi madre pasó, sin embargo, varias horas de creciente preocupación y ansiedad. En su experiencia, vemos la terrible condición de la persona que no encuentra el camino. No sólo cuando manejamos, sino en la vida, es terrible estar perdido.

En algunos casos, por supuesto, nos perdemos porque simplemente no queremos detenernos para averiguar el camino. No es por temor al peligro, como en el caso de mi madre; es por simple terquedad. Creo que los hombres solemos ser más propensos a esto que las mujeres; muchas veces sucede que la esposa pregunta: ¿Por qué no te detienes para averiguar dónde estamos? Y su esposo responde: No, creo que ya sé dónde estoy.

Pero en la vida, como en la carretera, es sumamente importante saber cómo llegar al destino que deseamos. Los discípulos de Jesús, en cierta ocasión, se hallaron inseguros del camino. Veamos lo que su respuesta a ellos nos puede enseñar a nosotros.

Lectura: Juan 14:5-14

14:5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
14:7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
14:8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
14:9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
14:10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
14:11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.
14:13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14:14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Recordemos la situación. Jesús está hablando con sus discípulos antes de su muerte, y los trata de preparar para lo que está a punto de suceder. Ellos no comprenden lo que Jesús les quiere decir; aunque El trata de confortarlos con la seguridad de que su partida es para el bien de ellos, los discípulos reaccionan como si Jesús les hablara en un lenguaje desconocido.

Esta es la situación que confrontaban los discípulos; quizás la podemos comprender, porque también nos hemos sentido inseguros. Aunque existen muchos motivos, al fondo de todos está la realidad de que fuimos creados para Dios, y que sin El, no hallamos la paz.

Agustín comentó: "Inquieto es nuestro corazón hasta que descanse en Ti". Hasta llegar a Dios, nunca vamos a encontrar el verdadero gozo; porque El nos ha creado para sí mismo. El camino que más nos interesa encontrar, entonces, es el camino a Dios. Por esta razón, estas palabras de Jesús son tan importantes:

I. Jesús es el único camino para conocer a Dios Padre

Leamos juntos el verso 6. Jesús es el camino precisamente porque El es la verdad y la vida. Ahora, es importante notar algo. Jesús no dice: Yo les demuestro el camino. Jesús dice: "Yo soy el camino". Esta diferencia es muy importante. Es lo que separa a Jesús de todos los simples maestros religiosos que han existido en este mundo.

Hay muchas personas que pretenden enseñarnos cómo vivir una vida íntegra, provechosa y próspera; muchas de sus enseñanzas son buenas. Jesús no se incluye entre ellas. El no vino sólo a enseñarnos el camino; El vino porque El es el camino.

En ocasiones, me ha dicho alguna u otra persona que Jesús vino para enseñarnos a vivir, o para enseñarnos a morir. Supongo que esto podría ser cierto en algún sentido, pero siempre me pregunto si la persona realmente habrá entendido para qué vino Jesucristo. El vino para hacer mucho más que decirnos cómo vivir; El vino para ser nuestra vida. El no sólo vino para decirnos la verdad; El es la verdad.

Esto significa que la única forma verdadera de conocer el poder transformador de Jesús en nuestra vida es ponerle a El al centro de nuestra vida. Si lo tomamos sólo como un gurú, no como Jefe o Señor, El no podrá hacer su obra en nosotros.

¿Alguna vez has tratado de sacar un tornillo con un martillo, o cortar un árbol con una cuchara? ¡Igual de inútil te será el poder de Jesús si insistes en verlo sólo como tu copiloto! Los discípulos no pudieron comprender que era su relación con Jesús, su confianza en El, su obediencia y su obra de muerte y resurrección que los llevaría al Padre, a Dios.

Sólo es por Jesús que podemos llegar al Padre, para vivir siempre con El. Sólo es por Jesús que podemos conocer al Padre, descubriendo el propósito y la razón de nuestra existencia. Jesús es el camino, y si no lo conoces, puedes conocerlo hoy. Jesús es el único camino al Padre. Pero hay más:

II. Jesús es el único camino para vivir con poder

Observen el verso 12. Jesús aquí habla de hacer obras mayores de las que El hizo. ¿A qué se refería? Nuestro primer pensamiento es recordar los milagros que Jesús realizó. ¿Será que realizaremos milagros aun más grandes que los de Jesús? Esto es difícil de imaginar; ¿qué obra más grande hay, por ejemplo, que resucitar a un muerto?

No quiero negar que Dios pueda hacer milagros a través de nosotros, pero Jesús aquí se refiere a algo mucho más importante. La clave está en la frase: "porque yo vuelvo al Padre". Las cosas mayores que Jesús menciona son cosas que nosotros como sus seguidores podemos hacer en virtud de que su obra principal ya está completada.

Jesús nos está hablando de lo que nosotros podremos hacer tomando la autoridad que El nos otorga en base a su victoria sobre el pecado y la muerte. Piénsenlo: cuando Jesús estaba en la tierra enseñando, relativamente poca gente creía en El; incluso la mayoría de los que creyeron luego se alejó de El. Desde que El regresó al cielo, sin embargo, millones y millones de personas han creído en El gracias al testimonio de sus seguidores.

Si creemos en Cristo, si nosotros nos hemos entregado a El, podemos vivir con poder. Podemos ver respuestas a nuestras oraciones. Podemos ver vidas transformadas por el poder del evangelio. Podemos ver que el poder de Cristo obra alrededor de nosotros de formas que ni siquiera nos imaginamos - porque Cristo nos da la victoria.

Jesús es el único camino para vivir con poder. Hay poderes falsos que te prometen mucho. La astrología, el ocultismo, la brujería y cosas semejantes te prometen poder sobre tu destino. Lo que no te dicen es que ese poder viene con un costo muy alto. Puede costarte el alma.

El poder de Jesús es muy diferente. Es un poder que trae vida, no muerte; libertad, no esclavitud. Sin embargo, nosotros los creyentes - que deberíamos de conocer ese poder mejor que nadie - muchas veces vivimos como si no lo conociéramos.

Sucedió en un desfile que una de las carrozas decoradas de repente se detuvo. La carroza estaba decorada con gran belleza y detalle, pero se le había agotado la gasolina, y todo el desfile se detuvo hasta poder conseguir más. La gran ironía pronto se notó: la carroza representaba a una empresa petrolera.

Nosotros también, siendo representantes de Jesús, podemos vivir sin su poder. Quizás esa es tu situación en esta mañana. Has creído en Jesús, pero no estás viviendo con su poder en tu vida. Hay una clave para experimentar su poder en tu vida, y es ésta:

III. Jesús es el único camino para la oración

Leamos juntos el versículo 13. Aquí vemos una gran promesa de parte de nuestro Señor. Tenemos que entender lo que significa orar en el nombre de Jesús. Es más que simplemente pronunciar su nombre al final de cada oración.

Cuando Jesús nos habla de orar en su nombre, nos está hablando de orar por su autoridad, de acuerdo a su voluntad y confiando en El. Si nosotros oramos pidiendo cosas egoístas, entonces, realmente no estamos orando en el nombre de Jesús. Es a esto que se refiere Santiago cuando escribe: "Cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones". (Santiago 4:3)

Orar en el nombre de Jesús es orar en base a nuestra relación con El, buscando lo que El desea. No es decir: Señor, dame esto, y esto, y esto; en el nombre de Jesús, amén. Es disponer nuestro corazón a unirse en oración a la voluntad de Dios. Después de todo, Jesús mismo nos enseñó a orar: Hágase tu voluntad.

Hay gran poder en la oración, pero no hemos entendido como tener acceso a ese poder. ¿Será que la promesa de Jesús nos ha fallado? ¡La promesa no ha fallado! Nosotros somos los que frecuentemente fallamos, porque no oramos realmente en el nombre de Jesús.

Será sólo cuando aprendamos a orar conscientes de la presencia de Jesús con nosotros al orar, buscando en nuestra oración lo que El realmente desea para este mundo que veremos el cumplimiento del verso 13.

Un prisionero en uno de los campos soviéticos era notable por su oración diaria. Un día, uno de los otros prisioneros se burló de él, diciendo: Tus oraciones no te ayudarán a salir de aquí más pronto. El respondió: No oro para salir de aquí, sino para hacer la voluntad de Dios.

Ese hombre había entendido algo que nosotros hemos olvidado. La oración no es una forma de conseguir todo lo que queremos; es una forma de alinear nuestro corazón con el corazón de Dios. Cuando lo empezamos a lograr, vemos cosas grandes e inesperadas. Ese es mi anhelo para nosotros: que aprendamos a orar en el nombre de Jesús, para ver su poder en nuestras vidas y en nuestra Iglesia.

Conclusión

Jesús es nuestro camino. Es el único camino para vivir con poder, y es el único camino para la verdadera oración. Es el único camino al Padre.

Ningún camino nos sirve si no lo tomamos. Si no empezamos a andar por ese camino, no importa su condición - de nada nos va a servir. Yo te invito en esta mañana a tomar cualquier decisión que necesites acerca de Jesús.

Si no lo conoces, recíbelo hoy como tu Señor y Salvador. Si no estás viviendo por su poder, te invito a invitarle a ser el centro de tu vida. Cristo es el camino; ¿lo estás tomando?


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