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Domingo 19 de Agosto del 2007

El problema del pecado
Pastor Tony Hancock

Introducción

En cierta ocasión, un periódico inglés pidió a sus lectores que contestaran la siguiente pregunta: ¿Cuál es el peor problema que enfrenta el mundo actual? El escritor G.K. Chesterton respondió con la siguiente frase: Soy yo.

Estoy seguro que hubo muchas respuestas más a esta pregunta, tales como el crimen, la pobreza, la guerra, el gobierno y muchas más. Sin embargo, la de Chesterton fue realmente penetrante. La realidad es que el peor problema que enfrentamos - el problema que afecta cada aspecto de nuestra vida, y que es capaz de condenarnos a la destrucción eterna - no es un problema externo a nosotros, sino que está dentro de nuestro ser.

Es, sencillamente, el problema del pecado. A causa del pecado del hombre la sociedad se descompone, los hogares se destruyen y las vidas se desmoronan. Es un problema que el hombre mismo es incapaz de resolver, aunque tiene miles de años de intentarlo. Sin embargo, sí tiene solución.

Hoy veremos de dónde surgió el problema del pecado, pero veremos también la solución que puede liberar a cada uno de nosotros.

Lectura: Génesis 3:1-7

3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3:3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
3:5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

En esta historia vemos el origen de nuestro problema, el problema del pecado. No es solamente un detalle interesante de la historia, sino que podemos vernos reflejados aquí. Como descendientes de Adán y Eva compartimos su debilidad y su culpabilidad.

Por este motivo, podemos aprender mucho al considerar lo que ellos enfrentaron en

I. La tentación

La historia se recuenta sin mucho detalle, y hay algunas cosas que tenemos que deducir en base a otros pasajes. La serpiente, por ejemplo, parece ser simplemente uno de los animales silvestres. En otros pasajes, sin embargo, descubrimos que - detrás de la serpiente - está Satanás, el ángel rebelde que se opone a Dios.

Observemos la forma en que él tienta a Eva, porque la tentación viene a nosotros de la misma manera. El primer paso en la tentación es causar dudas acerca de la bondad de Dios. Satanás pretende pintar a Dios de aguafiestas, como alguien que sólo prohíbe lo que cualquier persona normal podría disfrutar.

Exagera, por supuesto, la prohibición de Dios; Dios no les había prohibido que comieran de todos los árboles del jardín, sino de uno solo de ellos. Satanás, sin embargo, exagera para hacer que Dios parezca muy tacaño. El siempre trata de hacer lo mismo.

Quizás tus amigos te dicen: ¿Qué haces en la iglesia? ¡Es tan aburrido! ¡Allí no te dejan hacer nada! Ellos emplean la misma lógica que empleó el enemigo. El siempre trata de hacer que Dios parezca un aguafiestas, un amargado que no quiere que nadie se divierta.

La reacción de Eva es típica. El ser humano, frente a la tentación del pecado, frecuentemente pone limitaciones extras sobre las leyes de Dios. Pensamos quizás que, si somos más estrictos que Dios, no vamos a pecar. Eva hizo esto cuando declaró que no podían siquiera tocar la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Ahora bien, probablemente era buena idea no tocarlo, porque éste sería el primer paso hacia comerlo; pero Dios no les había prohibido esto. Sólo les había prohibido comer la fruta. Eva, entonces, toma el camino religioso para tratar de responder a la tentación.

A lo que me refiero con la palabra religión es al conjunto de leyes y normas que los hombres inventan, mucho más allá de lo que Dios ha establecido. Los fariseos del día de Jesús fueron expertos en esto. Tomaron la ley de Dios y le agregaron un sinfín de aclaraciones, de definiciones, de normas adicionales para tratar de hacer una barda alrededor de la ley.

Esta estrategia, sin embargo, no funcionó. De hecho, preparó a Eva para caer en la trampa de la serpiente. Aunque ella no había aceptado por completo su declaración acerca de los árboles, sí había agregado algo más a lo que Dios había declarado.

Ella está preparada, entonces, para la siguiente declaración de la serpiente. Habiéndola preparado, él ahora declara que lo que Dios había dicho no era cierto. En lugar de morir, la humanidad alcanzaría niveles jamás soñados. La mujer tomó la carnada; agarró la fruta, y la compartió con su esposo.

El error fatal de la mujer se nota en una frase: ella "vio que era bueno". ¿Quién es el que ha determinado hasta aquí lo bueno y lo malo? Es Dios, por supuesto. Aquí, sin embargo, Eva toma sobre sí misma ese papel, y se equivoca desastrosamente.

El pecado siempre viene cuando nosotros por nuestra propia cuenta decidimos determinar lo bueno y lo malo. Sólo Dios puede decidir lo que es bueno para nosotros. Sólo El tiene suficiente perspectiva para hacerlo. Nosotros no somos capaces de decidir lo que realmente nos conviene. Sólo Dios lo sabe.

Tengan mucho cuidado con esta tendencia. Nos lleva precisamente a

II. La vergüenza

Lectura: Génesis 3:8-13

3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
3:11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

Al final del capítulo dos habíamos leído que el hombre y la mujer estaban desnudos, pero no sentían vergüenza. Ahora, sin embargo, se llenan de vergüenza. Se dan cuenta de su desnudez, y se avergüenzan de su condición. Es más, se avergüenzan de estar frente a Dios.

El pecado siempre causa una ruptura en las relaciones. Rompe nuestra relación con los demás, y rompe nuestra relación con Dios. Cada pecado, de una o de otra forma, resulta tarde o temprano en la disminución de la relación abierta que Dios quiere ver entre nosotros y con El.

En nuestro orgullo, preferimos esconder el pecado a reconocerlo y arrepentirnos de él. Somos como el esposo que llegó tomado a la casa y entró silenciosamente para no despertar a su esposa. En el transcurso de la noche se había peleado, así que entró al baño para limpiarse las cortaduras y ponerles curitas antes de acostarse.

Al día siguiente, su esposa lo confrontó: Llegaste tomado anoche, ¿verdad? El lo negó. Su esposa entonces le preguntó: Si no llegaste tomado, ¿quién llenó de curitas el espejo del baño?

Jesús mismo nos dijo que no hay nada oculto que no será descubierto. Es mucho mejor reconocer nuestro pecado y confesarlo, en lugar de tratar de esconderlo. Si te das cuenta de que te estás portando como Adán y Eva, reconoce que esto no te llevará a nada bueno.

Veamos ahora

III. La sanción y la solución

Lectura: Génesis 3:14-20

3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
3:16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
3:17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
3:18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
3:20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

Dios ahora describe las consecuencias para cada uno de los que participaron en este evento tan trágico. En un momento regresaremos a las consecuencias para la serpiente. Notemos lo que Dios declaró acerca del hombre y de la mujer.

Es importante notar que Dios castiga la desobediencia, pero también declara las consecuencias del pecado. Cada pecado tiene consecuencias, aparte de la culpa que nos causa ante Dios. Por ejemplo, si observamos lo que Dios le dijo a Eva, notamos que El la castiga con la multiplicación de sus dolores de parto. En esto, El la castiga en el aspecto más importante de su vida como mujer.

En cambio, El declara las consecuencias que tendría el pecado sobre su vida familiar. Dios no causa estos resultados, sino que son la consecuencia del pecado. Lo que sucedería es que, en lugar de tener una relación abierta de apoyo con su marido, la mujer desearía dominarlo. Este es el sentido de la palabra desearás a tu marido. Sin embargo, no lo lograría.

El pecado ha afectado la vida matrimonial, y no existe matrimonio perfecto en este mundo. Sin embargo, cuando el hombre y la mujer buscan a Cristo y lo ponen al centro de su hogar, poniendo en práctica sus enseñanzas, el efecto del pecado sobre la vida familiar puede ser contrarrestado por el poder de Jesús. En un hogar donde Jesús está al centro, no es necesario que los esposos se lleven de la forma que describe este verso. Se puede restaurar, en gran medida, el plan original de Dios.

De igual forma, Dios declara que el trabajo del hombre - para el cual había sido colocado en el jardín - ahora se convertiría en labor pesado, en lugar de ser un deleite. Hasta el día de hoy, aunque sabemos que tenemos que trabajar - y de hecho, nos sentimos incómodos si no somos productivos - el trabajo generalmente no es un gozo, sino algo pesado.

En las palabras pronunciadas por Dios a la serpiente encontramos su mensaje de esperanza para todos nosotros. El verso 14 describe el castigo simbólico sobre el animal que fue usado por Satanás; su bajeza física sería evidencia de su bajeza espiritual.

En el verso 15 encontramos el mensaje de esperanza. Cuando Dios declara en el verso 15 que habría enemistad entre la simiente de la mujer y la serpiente, no se refiere simplemente al hecho de que no nos gustan las víboras. Esta es una profecía del Descendiente de la mujer que llegaría para aplastar a la serpiente, ganando la victoria en su muerte y resurrección.

De hecho, así como la condenación vino por medio de un árbol, así también vendría la salvación. Eva tomó la fruta de un árbol y la consumió, para su condena; por este motivo, la ley declara que cualquier persona colgada de un árbol está bajo maldición de Dios (Deuteronomio 21:22-23: " Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.").

Cuando Jesús, entonces, fue colgado de un madero, El tomó sobre sí la maldición de nuestro pecado y lo pagó. Al resucitar, venció a Satanás; le dio el golpe mortal. Aunque fue herido en el talón, la herida no fue espiritualmente mortal; resucitó. A Satanás, en cambio, sí le dio un golpe letal.

Ahora cada uno de nosotros tiene que decidir con quién nos vamos a identificar. ¿Seguiremos bajo la influencia del pecado, o nos uniremos por fe a Jesús? ¿Seguiremos caminando en las sendas de Adán y Eva, o viviremos en la vida nueva de Jesús?

Jesús es el que vino para destruir las obras de Satanás. No importa lo que hayas hecho, en El puedes ser perdonado y restaurado. Ven a El hoy.


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