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Domingo 22 de Julio del 2007

¿De dónde vengo? - Parte 1
Pastor Tony Hancock

Introducción

En cierta ocasión, una niña le preguntó a su madre: Mami, ¿de dónde vengo? La mamá había pensado que esta conversación la tendrían algunos años más tarde, pero ya que su hija le había hecho la pregunta, empezó a darle una explicación acerca de la reproducción, tratando de adaptar la realidad de la vida a lo que su hija podría captar.

Al final de la explicación, la madre le preguntó a su hija: ¿Entendiste la explicación? La hija le respondió: Si, mami. Todo está bien. Yo sólo quería saber de dónde vengo, porque mi amiga Cecilia dice que ella viene de Veracruz.

Claramente, la madre no había comprendido bien la pregunta de su hija. La niña quería conocer algo acerca de sus orígenes para conocer su identidad. A fin de cuentas, el lugar de donde somos forma parte de lo que somos. Su madre, sin embargo, se enfocó en la manera en que su hija había llegado a nacer, en la mecánica del nacimiento.

Todos queremos tener una respuesta a la pregunta que hizo la niña, pero como adultos hacemos la pregunta con un sentido mucho más profundo. Más allá de la mecánica, ¿de dónde vengo? Hallaremos la respuesta a esta pregunta y otras en el pasaje de hoy.

Lectura: Génesis 1:24-31

1:24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.
1:25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
1:30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.
1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

Empezamos nuestra lectura en el verso 24 para ver el contexto, pero vamos a enfocarnos en los versos 26-31. La primera pregunta que nos haremos ya la hemos presentado, y es ésta:

I. ¿De dónde viene el hombre?

La respuesta es muy clara; el hombre fue hecho por Dios. No es un accidente, no es algo que surgió de la nada sin propósito o sin razón. El hombre fue hecho por Dios, con un propósito. Es más, Dios tomó especial cuidado al hacer el hombre.

Al crear el resto de la creación, Dios dijo la palabra, y se hizo. Con el hombre, sin embargo, se introduce algo diferente en la narrativa. Antes de crear al hombre, Dios considera lo que va a hacer. Lo contempla, lo medita. Esto significa que hay algo de especial en la creación del ser humano. Aunque los planetas, los animales, las montañas y los mares son espectaculares y finamente diseñados, en el ser humano hay algo especial.

Esto significa que cada ser humano tiene valor. Aun el ser humano que no ha nacido, el bebé en el vientre de su madre, tiene valor personal. No podemos destruir la vida de otro ser humano sin quedar culpables ante Dios, el Creador de la vida humana. El hombre fue hecho por Dios.

Esta realidad nos da una dignidad que nadie nos puede quitar. No importa si eres un mendigo o un presidente, el hecho de ser creación de Dios te da dignidad e importancia. Eres una creación especial del Dios altísimo; nunca lo olvides. Eres alguien especial.

El hecho de ser creación de Dios también implica que no somos de nosotros mismos. Como dice el Salmo 100:3: "Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos". Si Dios me creó, yo le pertenezco a El. Esta es la base de mi responsabilidad moral ante Dios.

Todos reconocemos que nos pertenece lo que hacemos. ¿Qué sentiría un estudiante, si las notas se asignaran al azar? ¡Sólo se conformaría si fuera mal estudiante! El buen estudiante desea las buenas notas que se ha ganado. De igual manera, el ama de casa que hace una buena comida con mucho esfuerzo se pondrá furiosa al descubrir que el perro se la ha comido. Era de ella, porque lo hizo.

Dios nos hizo a ti y a mí, y por eso El se merece nuestra obediencia. Cada vez que desobedecemos las normas que El nos ha dejado para nuestro comportamiento, le estamos negando sus derechos sobre su propia creación. Ninguno de nosotros se pertenece a sí mismo.

¿De dónde vengo? Vengo de Dios. Esto significa que tengo un valor incalculable, pero también significa que soy de El, no de mí mismo. Esto nos lleva a la siguiente pregunta:

II. ¿Qué clase de Dios hizo al hombre?

Alguien comentó en cierta ocasión que Dios hizo al hombre a su imagen, y desde entonces, el hombre ha tratado de corresponderle el favor. Hay un sinfín de conceptos de Dios en este mundo, ya que cada uno de nosotros quisiera tener un dios que nos permitiera hacer lo que nos da la gana.

He hablado con personas que tratan de usar a Dios para justificar sus formas inmorales de vivir. Se han visto personas que, en nombre de Dios, matan a otras. Si tratamos de descubrir quién es Dios tomando una encuesta de todas las ideas que tiene la gente, nos quedaremos en una confusión de sueños e ideas.

Si queremos vivir en la realidad, y no en un mundo de fantasía de nuestra propia creación, tenemos que descubrir cómo es el Dios que nos hizo. Tenemos que dejar atrás los sueños de un dios hecho a nuestro antojo, y buscar al Dios de la Biblia.

Aquí descubrimos dos cosas muy importantes acerca del Dios que nos hizo. En primer lugar, descubrimos que es un Dios multi-personal. En el desarrollo de la revelación que viene conforme la Biblia se sigue escribiendo, aprendemos mucho más acerca de la multi-personalidad de Dios; aprendemos que Dios es un Dios trino, existiendo en tres personas.

Aquí vemos sólo la semilla de esta enseñanza, pues dice Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". ¿Por qué dijo, "Hagamos"? Algunas personas se han imaginado que Dios está dialogando con los ángeles, pero esto no puede ser; el hombre no fue hecho a imagen de los ángeles. El verso 27 dice claramente que el hombre fue creado a imagen de Dios, no de Dios y los ángeles.

Obviamente, entonces, cuando Dios dice: "Hagamos", no está dialogando con alguien fuera de sí mismo. Otras personas han pensando que es un plural de majestad, así como los reyes europeos se refieren a sí mismos en el plural. El problema está en que los reyes hebreos no lo hicieron; si existiera para la mente hebrea el plural de majestad, esperaríamos ver otros ejemplos de la misma clase de expresión en otras partes del Antiguo Testamento.

Después de investigar todas las opciones, nos quedamos con la conclusión de que aquí empieza la enseñanza bíblica acerca de Dios, que no es una persona solitaria, sino que existe eternamente en tres personas. Dios habla consigo mismo, no porque sea esquizofrénico, sino porque El es tres personas en un sólo y único Dios.

Vemos también que el Dios que nos hizo es un Dios generoso y amoroso, que provee en abundancia para su creación. Al principio, el hombre era vegetariano; Dios sólo le dio permiso para consumir carne después del diluvio. Su provisión para el hombre y para los animales fue amplia y completa; le dio todas las plantas verdes para su alimentación.

En la extraordinaria variedad de la vegetación vemos la desbordante generosidad de Dios. Hay una inmensa variedad de frutas, verduras y granos que podemos consumir, y seguramente muchos más que se han perdido a través de los siglos. Nuestro Dios es un Dios generoso, un Dios de abundancia.

Vemos, entonces, que el Dios que nos creó es un Dios trino y un Dios generoso y amoroso. El nos creó. Surge una pregunta más:

III. ¿Para qué fue creado el hombre?

En los antiguos mitos mesopotámicos, el hombre es creado por los dioses como un esclavo, ya que los dioses se cansan de trabajar. ¡Qué diferente es el cuadro bíblico! Los mitos paganos desprestigian al hombre, mientras que la revelación bíblica lo eleva.

En primer lugar, descubrimos que el hombre fue hecho para tener dominio sobre la creación. Dios le dio dominio sobre toda la vida que existe en el mundo: los peces, los reptiles, los animales, las aves. El hombre fue creado para ser el representante de Dios sobre la tierra.

Tenemos que considerar con cuidado lo que significa la palabra "dominio". Es una palabra que se refiere a la autoridad que tiene un rey, por ejemplo, sobre sus súbditos. No es una palabra que se refiera al control absoluto, que permita la destrucción o el abuso. Un buen rey es un rey que hace que su pueblo prospere. De igual forma, el dominio que Dios dio al hombre debería de hacer que la creación prospere.

Cuando vemos la destrucción del medio ambiente en nombre del dominio, entonces, debemos de comprender que el hombre está abusando de su posición dominante. Cuando contaminamos esta tierra, nos estamos portando como políticos chuecos que sólo abusan de la gente, en lugar de ayudarles.

No te imagines que el dominio que Dios nos dio significa que podemos abusar de la creación. Más bien, la creación es un encargo. Si la vemos así, respetaremos a los animales que comparten con nosotros este mundo. No tiraremos aceite usado, basura y otras cosas que la contaminan. Éstas no son acciones dignas de personas que conocen al Dios de la creación, y que reconocen su responsabilidad como encargados.

Dios nos hizo, entonces, para tener dominio - autoridad - sobre la creación. También nos creó para conocer y amarle a El, lo cual es nuestro mayor bien. Nos dice el verso 27: "Y Dios creó al hombre a su imagen". Ninguno de los animales fue hecho a imagen de Dios. Sólo el hombre lo fue. Esto significa que sólo el hombre tiene la capacidad de relacionarse con Dios.

Podemos gozarnos con nuestras mascotas, pero sólo otra persona puede relacionarse con nosotros de una forma profunda. De igual forma, Dios se goza con las otras cosas creadas; pero sólo a nosotros nos hizo con la capacidad de relacionarnos con El, de conocerle, de amarle. En esto encontramos nuestro propósito.

Conclusión

Algo sucedió para romper esa relación que Dios nos creó para tener con El, algo que veremos en semanas futuras. Por ahora, reconozcamos que Dios nos creó para tener comunión con El, y que nunca seremos felices hasta entrar en esa relación. Cuando conocemos a Dios, la vida tiene sentido; sin Dios, la vida no significa nada. ¿De dónde vengo? Dios me hizo para El - y a ti también te hizo para El. ¿Lo conoces?


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