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Domingo 8 de Julio del 2007

El niño no se cría solo
Pastor Tony Hancock

Introducción

El día que cumplió los dieciséis años, el joven se acercó a su papá y le dijo: Papi, tengo dieciséis años. Cuando me saque la licencia, ¿puedo usar tu carro?

El papá lo miró y le dijo: Hijo, uno tiene que ser adulto para manejar un carro, y tendrás que mostrarme que has alcanzado un buen nivel de madurez si te voy a entregar esa responsabilidad. Continuó el padre: En primer lugar, tus calificaciones en la escuela tienen que subir. Son muy bajas. En segundo lugar, tendrás que leer tu Biblia cada día. Finalmente, tendrás que cortarte el pelo. La melena que traes se ve horrible.

El hijo comenzó a cumplir con los requisitos que le había puesto su padre. Sin embargo, había uno que no quería cumplir. No quería cortarse el pelo para nada. Cuando llegó el reporte de la escuela, se lo llevó a su papá con una sonrisa. Mira, papi, mis calificaciones son muy buenas. ¿Ahora me das permiso para usar tu carro?

- Bueno, hijo, tus calificaciones han subido mucho. Te felicito. ¿Has leído tu Biblia? - Sí, papi, le respondió el joven. Todos los días me he puesto a leer. - Magnífico, hijo, casi has llegado. Pero, ¿cuándo te vas a cortar el pelo? Pues, mira, papi - respondió el joven-. Yo no entiendo por qué me tengo que cortar el pelo. Jesús tuvo el pelo largo, ¿no? ¿Por qué me lo tengo que cortar yo? El padre lo miró y respondió: Es verdad que Jesús tenía el pelo largo, hijo. Pero Jesús tampoco tuvo carro. ¡El siempre caminó!

Sabemos que los hijos inventan cualquier cosa para tratar de salirse con la suya. ¡Hay que ser muy listos, como lo fue aquel padre, para poder responder a sus argumentos! ¿Cuál es el plan divino para la crianza de los hijos? ¿Será que se crían solos? Creo que todos sabemos que no es así. Veamos lo que nos dice la Biblia acerca del tema.

Lectura: Efesios 6:1-4

6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.
6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
6:4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

Este pasaje incluye enseñanzas que nos pueden ayudar a hacer las cosas como Dios quiere. En forma de comparación, vamos a considerar lo siguiente:

I. Cómo criar hijos rebeldes

"Ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos", nos dice el pasaje. ¿De qué habla cuando menciona "hacer enojar" a nuestros hijos? ¿Se refiere a no darles todos sus antojos, porque si no, van a llorar? No se refiere a esto. Se refiere a causar resentimiento o rencor en el corazón de nuestros hijos.

Una de las mejores formas de hacer que crezca el rencor en el corazón de nuestros hijos es que exista una contradicción entre lo que hacemos y lo que decimos. El ejemplo que damos es sumamente importante, porque los niños aprenden por ver, no por oír.

Consideremos algo que sucedió en la vida de Abraham para ver esta lección. Busquen conmigo Génesis 12:10-20:

12:10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.
12:11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;
12:12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.
12:13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
12:14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.
12:15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.
12:16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.
12:17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.
12:18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?
12:19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.
12:20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

Sabemos que Abraham fue un hombre temeroso de Dios; de hecho, es un héroe de la fe. Sin embargo, tuvo una falla; por su temor, decidió mentir, y decirle también a su esposa que mintiera.

Vemos que a Dios no le agradó esta mentira, y castigó al faraón para que se diera cuenta de lo que había sucedido. Ahora vamos a adelantar la cinta un poco, y ver lo que sucede en Génesis 26:6-11:

26:6 Habitó, pues, Isaac en Gerar.
26:7 Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.
26:8 Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.
26:9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella.
26:10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.
26:11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.

Isaac, el hijo de Abraham, ¡había aprendido muy bien del ejemplo de su padre! De seguro Abraham le habló de la importancia de decir la verdad, pero su ejemplo fue otro.

Haces bien en enseñarle a tu hijo a decir siempre la verdad. Sin embargo, si luego llama alguien con quien no quieres hablar en ese momento, y tú le dices a tu hijo: "Dile que no estoy", acabas de cancelar por completo lo que le has enseñado.

Haces bien en enseñarle a tu hijo a orar. Sin embargo, si él nunca te ve a ti orar, no prestará mucha atención a tus instrucciones. Haces bien en enseñarle a usar palabras decentes; pero si él te escucha decir palabrotas, seguirá tu ejemplo, no tus enseñanzas.

Si quieres criar un hijo rebelde, entonces, asegúrate de que haya una gran discrepancia entre tus palabras y tus hechos. ¿Cuántos de ustedes quieren tener hijos rebeldes? Si no los quieren tener, esfuércense para que sus palabras y sus hechos concuerden.

Una segunda forma de hacer crecer la amargura y la rebeldía en nuestros hijos es ser injustos con ellos. Tengan cuidado de no castigar a sus hijos simplemente porque están enojados con ellos. Esto puede producir un desahogo, pero el niño no aprende más que a tenerle miedo a su padre.

Mejor es tener reglas determinadas para el hogar, y hacerlas respetar. Hay muchos padres que ni siquiera tienen reglas. Nunca se han sentado con sus hijos para hacer una lista de reglamentos con castigos correspondientes para la casa.

Imagine que las carreteras funcionaran así. Vamos a imaginarnos la escena. No hay límites de velocidad, ni altos, ni semáforos. Un día, vas manejando por la carretera a 60 millas por hora cuando ves las luces azules brillando en el retrovisor. Orillándote, bajas el vidrio y escuchas al policía decirte: Tengo que darle una multa. Usted va muy rápido.

Pero, oficial, -alegas -, aquí no hay límites de velocidad. No importa, -responde el policía-, yo creo que usted va muy rápido. Será mejor que pague la multa.

Al día siguiente, pasas por la misma carretera a 40 millas por hora, muy despacio, cuando de repente ves nuevamente las luces azules en el retrovisor. Orillándote exasperado, le preguntas al oficial: ¿Ahora qué hice? El oficial te dice: Yo creo que iba muy despacio, y aquí decido yo. Voy a darle una multa.

¡Qué frustración sería vivir en un mundo tal! Sin embargo, si no tenemos reglas claras que se aplican con igualdad, les condenamos a nuestros hijos a vivir precisamente en ese mundo. Les causamos frustración e incertidumbre.

Padres, separen un tiempo para sentarse con sus hijos y dialogar con ellos acerca de las reglas justas para el hogar. Con su ayuda, hagan una lista de reglamentos y consecuencias. Luego, aplíquenselos con igualdad. Ustedes, padres, tienen que tomar la iniciativa en esto. El hombre debe de tomar la iniciativa para mantener el orden del hogar.

La oficina del Sheriff en cierta ciudad en Texas colocó la siguiente lista en la pared. Titulado: "Cómo tener a un delincuente en su propia familia", decía así:

  • Comenzando en la infancia, déle al niño todo lo que quiere. Así pensará que el mundo le debe.
  • Recoja todo lo que el niño deje tirado. Así él aprenderá a darles a otros sus propias responsabilidades.
  • Defiéndalo antes los que lo acusan. Es imposible que su hijo haga algo malo.
  • Finalmente, prepárese para una vida de aflicción. La tendrá.

Bueno, si así es como no se debe de hacer, ¿cómo debemos de criar a nuestros hijos? Consideremos ahora

II. Cómo criar hijos obedientes

La primera cosa que nos dice nuestro pasaje es que lo hagamos con disciplina. No con crueldad, no con abuso, pero sí con disciplina. La palabra "disciplina" en sus orígenes tiene que ver con el aprendizaje. Están relacionadas las palabras "discípulo" y "disciplina".

El enfoque de la disciplina, entonces, está en que los niños aprendan. Deben de aprender a obedecer, lo cual implica aplicar el castigo justo cuando hay desobediencia. Deben de aprender a amar, lo cual implica que recibirán el amor de sus padres. Este es el ingrediente más importante.

Deben de aprender a conocer: cómo vivir bien, qué hacer y qué no hacer, cuáles son las cosas que a Dios le agradan, cómo es Dios. La disciplina es aprendizaje, y es un proceso continuo.

Todos nacemos con instintos que tienen que ser encaminados, guiados y corregidos. Cuando el padre comprensivo y amoroso encamina a su hijo con disciplina, le da un impulso sumamente valioso hacia el éxito en la vida.

La disciplina, entonces, es sumamente importante; con ella va la instrucción bíblica. Deuteronomio 6:6-9 nos habla de la importancia de incluir la instrucción bíblica como parte de la vida cotidiana:

6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;
6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
6:8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;
6:9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

Muchos padres consideran que, con llevar a sus hijos a la iglesia, han hecho bastante. Bueno, debemos decir que es mucho mejor llevarlos que mandarlos, pero una o dos horas de instrucción bíblica no son suficientes. Lo que aprenden en la iglesia debe de ir respaldado por lo que aprenden en el hogar también.

¿Lees la Biblia con tus hijos? Si no, ¿por qué no? ¿Les hablas de la fe que tienes en Dios? La cosa más valiosa que les puedes dar a tus hijos es una fe transparente en Dios. Háblales de El, pero no porque yo te dije que lo hicieras; hazlo porque tienes una fe en Dios que tienes que compartir con tus hijos.

Conclusión

Si Dios te ha dado hijos, son una encomienda de El. Son una responsabilidad que El te ha dado. Lo que tú haces con esa responsabilidad puede tener efectos eternos.

Alguien hizo una vez un cálculo de la descendencia de dos hombres del siglo XVIII. Uno de ellos era Max Jukes; él no creía en Cristo, ni permitía que sus hijos fueran a la iglesia. Insistentemente se rehúso a que sus hijos tuvieran una educación cristiana.

Para la fecha del cálculo, este hombre tenía mil veintiséis descendientes. De ellos, trescientos fueron a la cárcel por un promedio de trece años. Ciento noventa fueron prostitutas. Seiscientos ochenta fueron alcohólicos.

Un contemporáneo de Max Jukes fue Jonathan Edwards, el famoso líder de la iglesia. Dio a sus hijos una buena educación cristiana. Tuvo novecientos veintinueve descendientes, de los cuales cuatrocientos treinta se convirtieron en ministros, ochenta y seis en profesores universitarios, trece en presidentes de universidades, setenta y cinco en autores y siete en congresistas.

¡Qué gran diferencia entre el producto de estas dos vidas! ¡Qué diferente sería el mundo si hubieran tomado decisiones diferentes! No te puedes imaginar la diferencia que podrá haber en las generaciones futuras en base a la forma en que tú educas a tus hijos. El niño no se cría solo; Dios te lo encomienda para que lo críes en la disciplina y el temor suyos. Es mi oración que las familias de esta iglesia sean familias que impacten al mundo para Cristo, porque crían a sus hijos para seguir y servir al Señor.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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