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Domingo 1 de Julio del 2007

Un sacrificio agradable
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un hombre había desayunado avena cada día por muchos años. Era un ritual matutino inviolable que llegara el plato de avena, recién preparado, y se colocara frente al hombre, con el vapor subiendo como humo a sus narices.

Llegó el día, sin embargo, en que no había en la alacena nada de avena. La mujer no se imaginaba cómo decirle a su esposo que, por primera vez en muchísimos años, se iba a tener que quedar sin su plato de avena. Buscó por todos lados, pero no había nada de avena.

Por fin, se armó de valor, se presentó ante él y le dijo: Querido, lo siento muchísimo, pero parece que no te vamos a poder dar tu avena esta mañana. Luego, se preparó para enfrentar el enojo de su esposo. La respuesta de su marido fue sorpresiva. Bajando el periódico que leía, le dijo: No te preocupes, querida. La verdad es que nunca me gustó la avena.

Puede ser que el hombre haya dicho esto solamente por cortesía, pero imaginemos por un momento que decía la verdad. ¿Con cuánto cuidado y dedicación le habían preparado la avena cada mañana para presentárselo, sin saber que no era realmente lo que él quería? Si esta fue la situación, no podemos culpar sólo a la mujer por darle a su esposo lo que realmente no quería; también tenemos que culpar al hombre por no dejar en claro lo que realmente le gustaba.

Nosotros a Dios le presentamos muchas ofrendas y muchos sacrificios. Algunas personas le presentan a Dios el sacrificio de una peregrinación a algún lugar de significado espiritual. Otros creen que le complace a Dios que se porten bien mientras esté presente el pastor. Otros ponen un dólar en el plato de la ofrenda, y se imaginan que Dios ha de estar muy complacido con ellos.

Dios no nos ha dejado con dudas acerca de lo que El realmente desea. El nos ha dicho claramente lo que le agrada. Ahora te pregunto: ¿Le estás dando a Dios lo que El realmente quiere? Si no estás seguro, observa lo que dice el siguiente pasaje.

Lectura: Romanos 12:1-2

12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

¿Cuál es el sacrificio que realmente le agrada a Dios? Es el sacrificio de nuestra vida. Nosotros podemos vivir de tal forma que Dios se complace con nosotros. Este es el sacrificio que El realmente desea de cada uno de nosotros.

I. Dios desea que nuestras vidas sean un sacrificio de alabanza a El

Si tú quieres agradar a Dios, el mejor sacrificio que le puedes dar es el sacrificio de tu vida. Si tú vives en pecado, tu vida será como algo podrido, que apesta y da asco. Si vives en servicio a Dios y a los demás, en pureza y santidad, tu vida será como perfume, un olor fragante y agradable al Señor.

Ahora bien, ¿por qué debemos de procurar que nuestras vidas sean agradables a Dios? Existen varias razones, pero aquí se menciona la principal: porque Dios ha sido muy misericordioso con nosotros. "En vista de las misericordias de Dios", dice Pablo. Si perdemos de vista la increíble misericordia que Dios nos ha mostrado en Cristo, podremos preguntarnos por qué tratar de agradable. Cuando recordamos lo que Cristo hizo por nosotros, en cambio, nuestra reacción lógica será la de buscar la forma de mostrarle nuestra gratitud.

Recuerda donde estábamos sin Cristo. Nosotros merecíamos la muerte. Por nuestro pecado, por haber escogido nuestro propio camino, por haber hecho lo que nos daba la gana en vez de lo que Dios quiere, merecíamos estar separados de él por siempre. Si Dios nos mandara a cada uno al infierno, estaría perfectamente justificado en hacerlo. No tenemos nada que ofrecerle para pagar la gran deuda de nuestro pecado.

En su amor, Cristo vino - enviado por el Padre - y tomó en su cuerpo todo el castigo de nuestra rebelión. El sufrió en nuestro lugar, siendo el único que no tenía por qué sufrir. En su espíritu experimentó el rechazo que nuestros pecados nos traen.

Nosotros éramos incapaces de salir de la trampa en la que nuestros pecados nos habían metido. Tomamos la carnada que el diablo nos puso, y nos quedamos atrapados. Cristo mismo se metió a la trampa, enfrentó al enemigo y ganó la victoria para que fuéramos librados por medio de la fe en El.

Si lo hemos aceptado, ¿cuál es la forma en que podemos mostrarle nuestra gratitud? Ya lo saben - es por medio de nuestra vida. Ahora bien, ¿cómo podemos vivir para Dios? Es un tema muy amplio. No es posible en un solo mensaje mencionar todas las formas de agradar a Dios. Vamos a considerar solamente dos cosas que nos podrán ayudar a vivir como Dios quiere. La primera de ellas es la siguiente:

II. Podemos agradar a Dios si aprendemos a vencer la tentación

La tentación es, en realidad, una de las cosas principales que nos estorba en nuestro esfuerzo por vivir una vida agradable a Dios. Si no sabemos cómo vencer la tentación, por más que queramos vivir para el Señor, el pecado se nos pegará y nos hará inaceptables ante Dios. En lugar de dedicarnos a servirle, nos veremos obligados a arrepentirnos y confesar constantemente nuestro pecado. El pecado que nos separa de Dios empieza como tentación.

Adán y Eva vivían en comunión con Dios, agradándole con sus vidas, hasta que llegó una tentación que no supieron resistir. Las tentaciones llegarán; tenemos que aprender a vencerlas. No es posible vivir libre de tentación, pero sí es posible tener victoria sobre ella. Quiero mencionarles tres claves que nos pueden ayudar a tener victoria en la tentación. La primera clave nos la demuestra José, el hijo de Jacob que fue vendido como esclavo en Egipto. José era un joven apuesto, y la esposa de su amo se fijó en él.

La mujer lo acosaba constantemente, hasta que llegó el día en que ella y José se encontraban solos en la casa. ¡Por fin había llegado su oportunidad! Agarró a José por la túnica y le suplicó que se acostara con ella. ¿Qué hizo José en ese momento? ¿Se quedó a discutir con la mujer? ¿Le dijo que solo le podría dar un besito, pero más de eso no podría hacer?

¡No! Salió huyendo, aunque tuvo que dejar la túnica en manos de la mujer. Ante la tentación, la mejor reacción es huir. Hace poco, me encontraba frente a un plato de galletas y empecé a comer más de lo que debía. ¿Tentación irresistible? No, con ir a otro cuarto, ya no tuve problemas con resistir la tentación de comer demasiadas galletas. En muchas ocasiones, podemos evitar la tentación con una simple decisión.

Por ejemplo, es mejor que los novios eviten estar a solas mucho tiempo, sobre todo dentro de la casa. ¿Por qué? Simplemente porque la tentación es muy grande de tener la intimidad física que Dios reserva para el matrimonio. Si la pareja de novios evita las situaciones que podrían prestarse a la tentación, pueden evitar muchos problemas.

La segunda clave la encontramos en Mateo 26:41:"Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil". Los discípulos de Jesús estaban con él en el jardín, pero se habían dormido. Jesús les dice que estén alerta y oren, para no caer en tentación. Noten algo interesante: Jesús no les dice que no serán tentados si se mantienen alertas y oran, sino que no caerán en tentación.

Las tentaciones vendrán; pero vienen con más fuerza y son mucho más difíciles de resistir si no estamos caminando con los ojos abiertos, y si somos negligentes en la oración. ¿Cuánto tiempo pasas con Dios cada día en oración? Si no pasas tiempo con él, no te sorprendas si las tentaciones se vuelven muy difíciles de resistir. Con poca oración hay poco poder.

La tercera clave está en 1 Corintios 10:13: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar".  Este verso nos presenta una enseñanza muy preciosa. Nos enseña que ninguna tentación es imposible de resistir. A veces sentimos que no hay salida frente a la tentación. Sin embargo, la Palabra de Dios nos asegura que siempre hay una salida. Si le pedimos a Dios que nos muestre la salida, podremos resistir.

No podemos resistir en nuestra propia fuerza, pero sí podemos resistir cuando buscamos la salida que Dios proveerá. Si te sientes tentado, el enemigo tratará de convencerte que ya no puedes resistir. No lo creas. En cada tentación hay una salida. Búscala, en oración. Ahora bien, hemos dicho que tenemos que aprender a tener victoria sobre la tentación si queremos que nuestras vidas sean agradables para Dios. La tentación nos llevará a vivir de una forma que a Dios no le agrada. Otra clave es la siguiente:

III. Dios se revela a quien lo anhela de todo corazón

El Salmo 42:1: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía", entre muchos pasajes, es un ejemplo de esto. Si nos metiéramos a la mente de un venado cuando camina en lugares desérticos, su obsesión sería el agua. Buscaría por todas partes hasta hallar una fuente o un oasis para refrescar su alma.

En este mundo seco, hay muchos espejismos que parecen ofrecer satisfacción para la sed que todos tenemos de algo más. Sin embargo, sólo hay Uno que puede darnos satisfacción verdadera. Muchos de nosotros hemos tenido que probar el agua de muchas fuentes para descubrir que no satisface. Como agua salada, el agua que nos ofrecen las parrandas, la borrachera, el dinero o la falsa religión sólo nos deja con más sed.

Dios está buscando a las personas que lo anhelan, que lo desean con toda el alma. A tales personas Dios se complace en revelarse. Jeremías 29:13 dice: "Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón". Encontraremos a Dios cuando lo anhelamos de todo corazón.

Déjenme ponerles una comparación. Muchos de nosotros queremos estar en forma. Sin embargo, queremos más la comodidad de quedarnos en el sofá viendo la televisión en lugar de hacer ejercicio. Queremos más la libertad para consumir los alimentos azucarados y grasosos que nos gustan. Nunca estaremos en buena forma física hasta que queramos la salud y el bienestar más que el ocio y la comida.

De igual manera, nunca podremos conocer a Dios y agradarle con nuestra vida hasta que lo queramos más que cualquier otra cosa. Y te pregunto: ¿de veras quieres conocer a Dios más que cualquier otra cosa? ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar por conocerle?

El mayor bien para tu vida es Dios. La mejor forma de vivir es ofreciéndole tu vida a Dios como sacrificio agradable. ¿Lo quieres? ¿Lo anhelas? ¿Tienes ansias de Dios? ¿O te estás distrayendo con las cosas del mundo?

Te invito hoy a comprometerte de nuevo con Dios. Dile: Quiero vivir para Ti. Te deseo más que cualquier otra cosa. Ven hoy a decírselo a Dios.


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