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Domingo 10 de Junio del 2007

¿Siervo, seguidor o simpatizante?
Pastor Tony Hancock

Introducción

Dios ha puesto como fundamento en toda la creación el proceso del crecimiento. Toda cosa viviente tiene que crecer. Lo que no crece, muere. Aunque el crecimiento no sea visible, siempre tiene lugar. Una persona adulta no cambia visiblemente de tamaño, pero sus células se regeneran constantemente.

Consideremos las mariposas. Empiezan la vida como huevos colocados en alguna hoja. Al nacer, se convierten en orugas. Como orugas, se pasan el tiempo alimentándose. No tienen atractivo alguno. Luego, la oruga se convierte en crisálida. La crisálida es totalmente distinta a la oruga; parece ni siquiera tener vida.

De la crisálida, sin embargo, emerge la mariposa adulta. Con toda su belleza y su esplendor, es necesario que pase por las etapas de huevo, larva y crisálida para poder llegar a la madurez.

Muchas personas han notado el parecido que existe entre la vida de las mariposas y la vida del creyente. Todos hemos sido llamados a progresar durante varias etapas para poder llegar a la madurez. Recuerdo una pequeña decoración que tenía de niño; bajo el dibujo de una oruga, decía: Por favor, tenga paciencia. Dios aún no ha terminado conmigo.

De la forma en que la mariposa para por diferentes etapas, nosotros también pasamos por diferentes etapas en el camino hacia la madurez. Si pudiéramos ver los miembros de esta congregación en forma de mariposa, algunos serían orugas, otros crisálidas y otros mariposas maduras.

¿Cuáles son las etapas por las que pasamos hacia la madurez? Es bueno hacernos esta pregunta, pues a distinción de las mariposas, nuestro progreso hacia la madurez no es automático. Nosotros podemos tomar decisiones que nos ayudarán a avanzar hacia el propósito que Dios tiene para nosotros.

Lectura: Mateo 4:18-25

4:18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
4:19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
4:20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
4:21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
4:22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
4:23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
4:24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.
4:25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

Jesús llamó a estos cuatro hombres a caminar con El, aprender de El, ser sus discípulos. Juan nos da a entender que ésta no fue la primera vez que ellos habían visto a Jesús, lo cual nos ayuda a entender la rapidez de su respuesta. Mateo, sin embargo, sólo registra este momento de decisión.

Cristo los llamó a ser sus seguidores. "Vengan, síganme", fueron sus palabras. De la misma manera,

I. Cristo nos llama a ser sus seguidores

El propósito de Jesús en llamar a estos hombres a seguirle fue enseñarles. Quería prepararlos para una misión muy especial. El les dice: "Vengan, síganme, y los haré pescadores de hombres". Todas las cosas que vivieron durante los tres años que pasaron con Jesús tuvieron el propósito de ayudarles a prepararse para una misión.

Era sólo al seguirle que estos hombres podrían convertirse en líderes y siervos. Este es el llamado que Jesús nos hace a nosotros también. Nos llama a ser sus seguidores, a aprender de El, a someternos a su enseñanza para que El nos forme.

El mundo necesita seguidores, pero necesita seguidores de la persona correcta. Se cuenta la historia de una muchacha que solicitó entrada a cierta universidad. Como parte de la solicitud, se le preguntó: ¿Se considera usted líder?

Siendo una muchacha honesta, ella se vio obligada a responder que no, que ella se consideraba más seguidora que líder. La respuesta a su solicitud le sorprendió. Recibió una carta que decía: "Estimada solicitante, un estudio de las solicitudes de entrada revela que nuestra universidad este año tendrá 1.452 nuevos líderes. A usted la hemos aceptado como estudiante porque consideramos que es necesario que tengan por lo menos un seguidor."

¡Todo el mundo se cree líder! Pero sólo puedes ser un buen líder si primero has sido seguidor. Cualquiera que sea tu destino en la vida, Cristo te llama antes que nada a seguirle.

Ahora bien, si observamos nuestro pasaje, descubrimos que había muchas personas que seguían a Jesús que no eran discípulos o seguidores suyos. Según nos cuentan los versos 23-25, había personas que lo buscaban para recibir ayuda con sus problemas, para sanar sus enfermedades, etc.

Vemos a estas grandes multitudes que seguían a Jesús, juntamente con sus verdaderos seguidores. ¿Saben? La situación en la Iglesia de hoy es la misma. Dentro de casi toda congregación hay un grupo de seguidores, que más o menos será conformado por los que se han bautizado y son miembros de la Iglesia. Dentro de este grupo, por supuesto, puede haber diferentes niveles de compromiso, pero todos se han comprometido en seguir a Cristo.

Sin embargo, habrá otros que asisten a la iglesia por otros motivos. Son simpatizantes. Encuentran algo en la iglesia que llena alguna necesidad suya. Quizás encuentran en la iglesia compañerismo, y esto los atrae. Otros quizás reciben en la iglesia ayuda con sus necesidades, y por este motivo vienen.

Oiganme bien. Esto no tiene nada de malo. Jesús no criticó ni se enojó con los que le seguían por estas razones. Todos llegamos inicialmente a la iglesia por diferentes motivos. Muy pocos de nosotros vinimos por primera vez simplemente porque queríamos conocer a Jesús. Quizás vinimos porque teníamos una necesidad familiar, o porque buscábamos ayuda, o porque alguien nos trajo y simplemente asistimos para complacer a ese amigo.

Repito: Esto no tiene nada de malo. Lo que tenemos que entender es que Jesús nos llama a progresar. Si estás aquí hoy como simpatizante, está bien; pero Jesús te está llamando a convertirte en seguidor. El te llama a tomar el siguiente paso, a no quedarte estancado en la etapa inicial en la que te encuentras.

Es necesario aclarar que, con progresar a otra etapa, hay mayor responsabilidad. Por ejemplo, el simpatizante no está bajo disciplina de la Iglesia. Si un simpatizante vive en pecado, por ejemplo, la Iglesia no lo disciplinará públicamente. No se ha puesto bajo autoridad de la Iglesia, porque no se ha sometido a la autoridad de Dios.

La persona que ha pasado de ser simpatizante a ser seguidor, en cambio, tiene mayores privilegios como seguidor de Cristo, en especial el privilegio de la salvación; pero también tiene mayores responsabilidades. Si cae en pecado y no se arrepiente, se expone a que la Iglesia lo discipline. El mayor privilegio conlleva mayor responsabilidad.

Hemos hablado a los simpatizantes. Pero, ¿Qué tal si ya eres seguidor? ¿Cuál es el siguiente paso para ti? Debes de comprender que

II. Cristo quiere convertir al seguidor en siervo

Cristo estaba preparando a sus seguidores para una misión. Esa misión empezó cuando El aún estaba en esta tierra. Leamos lo que nos dice Marcos 6:7: "Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.". Aquí Jesús envía a los que había llamado a ser sus seguidores. Ahora se estaban convirtiendo en siervos.

Por supuesto, hubo un tiempo de preparación para ellos. Jesús les mostró cómo ministrar, llevándolos en sus giras de enseñanza. De esta manera, ellos veían lo que El hacía, escuchaban sus enseñanzas y se preparaban para predicar, sanar y enseñar como El lo hacía.

El patrón para nosotros como creyentes es el mismo. Cristo nos llama a ser sus seguidores para que aprendamos de El, y entonces podamos servirle. Esto no significa, por supuesto, que todos nos dedicaremos a predicar a tiempo completo. Quizás una minoría de nosotros llegarán a ser predicadores, evangelistas o siervos a tiempo completo.

Lo que tenemos que entender, sin embargo, es que el ser seguidor no es el final del camino. Cristo nos llama a seguirle para que aprendamos, y entonces podamos compartir con otros también. Dijimos a los simpatizantes que Cristo los está llamando a ser seguidores. A los seguidores les decimos que Cristo los llama a convertirse en siervos.

Sin embargo, así como hay mayor responsabilidad cuando uno pasa de ser seguidor a ser simpatizante, también hay mayor responsabilidad para el siervo. Pablo le dijo a Timoteo, acerca de los ancianos: "A los que pecan, repréndelos en público para que sirva de escarmiento" (1 Timoteo 5:20).

Lo que se aplica a los ancianos también se aplica a otros líderes en la iglesia, en diferente medida. El líder de la iglesia - sea anciano, diácono, maestro u otro líder - que falla en lo moral, debe ser disciplinado como escarmiento. Esto podrá incluir retirarle su cargo por un tiempo. La restauración sólo podrá venir cuando hay arrepentimiento.

En estos casos, por supuesto, el liderazgo de la iglesia tiene que guiarse por la enseñanza bíblica a no admitir acusaciones contra un líder a menos que haya 2 o 3 testigos. Sin embargo, cuando el pecado es público o conocido, no puede quedarse sin comentario. El líder tiene una mayor responsabilidad que el seguidor, y éste tiene más responsabilidad que el simpatizante.

Hay muchas formas de servicio al Reino. Algunos serán evangelistas; otros, maestros; otros, músicos; otros se encargan de servir las necesidades físicas de la comunidad. Hay muchas formas de servir al Señor. La clave es que todos hemos sido llamados a servir.

Pero quizá dirás: Pastor, yo estoy aprendiendo aún. Está bien; si te acabas de convertir, debes de aprender algunas cosas primero. Pero si tienes años de haber conocido al Señor, y todavía estás aprendiendo, algo está mal. Es hora de que progreses de ser seguidor a ser siervo.

Dios tiene un lugar de servicio para ti. Puede ser un lugar humilde. Puede ser un lugar que nadie más verá, pero El te llama a servirle a El, y El te recompensará.

Conclusión

Ahora te pregunto: ¿dónde estás en este día? ¿Eres siervo, seguidor, o simpatizante? ¿Qué decisión necesitas tomar para progresar al próximo nivel? Si eres simpatizante, Cristo te está llamando a convertirte en seguidor suyo. Te está invitando a aceptarle como tu Señor y Salvador.

Si eres seguidor, Cristo te llama a servirle. El te invita a unirte a El en su misión, buscando tu lugar de servicio en su Reino. Pídele que te enseñe dónde quiere que le sirves. No te estanques. Continúa hacia la meta que Dios tiene para ti.


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