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Domingo 29 de Abril del 2007

El poder de tus palabras
Pastor Tony Hancock

Introducción

En estos días tomé un entrenamiento especial para intérpretes. Fue muy interesante para mí considerar todas las cuestiones que envuelve la transferencia de un mensaje de un idioma a otro.

Una de las cosas en las que nos enfocamos en la clase fue la elección de la palabra precisa. En documentos legales, instrucciones médicas y muchas otras situaciones, puede ser esencial escoger la palabra justa para captar un significado.

Supimos de un caso triste en el que no se encontró la palabra precisa. Sucedió cuando un latino llegó a un hospital en los Estados Unidos quejándose de estar intoxicado. La enfermera, que no hablaba mucho español, creía que estaba borracho, y lo mandó a descansar en un cuarto.

Resultó ser que tenía una embolia, y salió tetrapléjico. Levantó una demanda multimillonaria contra el hospital. En este caso, la palabra incorrecta le costó al hombre el uso de brazos y piernas, y podría costarle al hospital muchísimo dinero.

Las palabras son tan importantes que, cuando Dios quiso comunicarse con nosotros, lo que nos envió fue una Palabra. La Biblia, el libro donde encontramos su mensaje para nosotros, se conoce como la Palabra de Dios. Jesucristo, la persona por medio de la cual conocemos a Dios, es la Palabra de Dios viva.

Las palabras que tú usas también tienen mucho poder. A veces creemos que lo que decimos no importa, que a fin de cuentas nadie lo va a recordar. Sin embargo, nuestras palabras son la forma principal que tenemos para relacionarnos con otras personas.

Hoy vamos a ver tres cosas que la Biblia nos dice acerca del poder de tus palabras. En primer lugar, debemos de entender de dónde salen las palabras que usamos. Para ver esto, consideremos lo que nos dice el siguiente pasaje:

Lectura: Lucas 6:43-45

6:43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
6:44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Recuerdo una ocasión en mi niñez en la que sembré un pequeño jardín de vegetales. No sabía muy bien lo que estaba haciendo, y no preparé el suelo adecuadamente, ni usé el fertilizante apropiado.

Sembré algunos rábanos, unas zanahorias y no recuerdo qué más. Al final de cuentas, cuando coseché lo que había sembrado, creo que recogí dos o tres rábanos pequeños, y nada de zanahorias.

Los resultados muy pobres de mi experimento se debieron a mi falta de preparación para la jardinería. Sin embargo, aunque recogí muy poco, habría sido altamente sorprendente si hubiera cosechado lechuga, habiendo sembrado zanahorias; o que hubiera cosechado tomates, habiendo sembrado rábanos.

En la semilla que se siembra está el producto que nace. De igual forma, nos dice Jesús, la semilla de nuestras palabras se encuentra en nuestro corazón. Las palabras que decimos nacen de nuestro corazón; si nuestro corazón es bueno, también lo serán nuestras palabras.

Esto significa algo muy importante. Significa que, si quieres cambiar tus palabras, en realidad tiene que cambiar tu corazón. Quizás puedas maquillar tu habla un poco, substituyendo frases más corteses por las groserías y las vulgaridades, pero tarde o temprano te saldrá lo que está en tu corazón - quizás cuando estés cansado, enojado, frustrado.

Esas palabras tienen sombras muy largas. Pueden herir, lastimar, destruir; o pueden edificar, sanar, levantar. Si la fuente de las palabras es el corazón, tenemos que preguntarnos por qué salen las palabras de nuestro corazón que nuestra boca pronuncia.

Por ejemplo, quizás hablamos de una forma áspera porque así nos hablaron nuestros padres, y nuestro corazón se quedó endurecido. Va a ser muy difícil para nosotros cambiar nuestra forma de hablar, hasta que hayamos resuelto el problema en nuestro corazón que nos está llevando a hablar de esa forma.

Otro ejemplo: si tiendes a decir mentiras, busca el por qué. ¿Crees que Dios es incapaz de sostenerte, y que tienes que mentir para que las cosas te vayan mejor? ¿Crees que la gente no te va a querer si te llegan a conocer en realidad? Busca lo que está en tu corazón que te está llevando a pronunciar las palabras que dices.

Es importante hacerlo, pues nuestras palabras tienen gran poder para ayudarnos o para perjudicarnos. Veamos la sabiduría aplicada a nuestras palabras.

Lectura: Proverbios 22:11

22:11 El que ama la limpieza de corazón,  Por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey.

En cualquier sociedad, es conveniente tener amistades y conocidos de influencia. En una cultura monárquica, como la de Salomón, el mejor amigo que pudiera tener uno es el rey. Nosotros como creyentes sabemos que tenemos como Amigo al Rey de Reyes y Señor de Señores, ¿no es cierto?

¡Y lo tenemos gracias a la confesión de fe que han hecho nuestros labios! Más allá de esto, nos puede ser de gran ayuda tener amigos que nos puedan ayudar. Una de las mejores formas de conseguir esta clase de amistades es por medio de nuestra forma de hablar.

Solemos pensar que la mejor forma de tener amigos es decirles a todos lo que quieren escuchar. Por ejemplo, si alguien nos invita a una fiesta el sábado a las 5:00, y otra persona luego nos invita a otra para la misma hora, a los dos les decimos que sí. ¡Queremos quedar bien con todos!

Sin embargo, cuando llega el sábado, queda claro que no podremos estar en los dos lugares al mismo tiempo. Con alguien vamos a quedar mal. ¿Cuál será el resultado de no tener una forma sincera y honesta de hablar? Con el tiempo, la gente dejará de confiar en nosotros.

En cambio, si nos expresamos de una forma honesta pero gentil, llegaremos a ser conocidos como personas de confianza, personas con quienes da gusto estar. De esta forma, hasta las personas de influencia podrán llegar a confiar en nosotros.

Dime, ¿te estás ganando amigos con tu forma de hablar? No porque les dices lo que crees que quieren escuchar, sino porque eres honesto y gentil en tu forma de hablar - ésa es la forma de ganar amigos. Los amigos que te ganas de esa manera serán amigos que valdrá la pena tener.

Vamos a leer otro pasaje para aprender más acerca del poder de las palabras.

Lectura: Proverbios 12:18

12:18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;  Mas la lengua de los sabios es medicina.

Las palabras mal pensadas o dichas sin reflexión son como balas tiradas a lo loco. Es posible que no pase nada, pero lo más probable es que, tarde o temprano, alguien salga horriblemente lastimado por ellas.

Tenemos gran poder para lastimar y herir con nuestras palabras, si las decimos sin considerar su efecto sobre quien las escucha. Por otra parte, tenemos gran poder para sanar y restaurar por medio de una palabra llena de gracia, de amor, de verdad.

Padres, las palabras que ustedes les dicen a sus hijos son increíblemente importantes. Si constantemente los comparan con sus hermanos, no permitirán que desarrollen su propio carácter, ni que se sientan bien por sus propias cualidades.

Si constantemente les gritan, crearán un ambiente frío e inhóspito que será como hielo sobre su tierna sensibilidad. Para algunos, es muy fácil hablar de una forma dura y enojada sin siquiera darse cuenta. Sin embargo, los efectos son duraderos.

Si no saben ser firmes con ellos de una forma amorosa y edificante, nunca aprenderán a disciplinarse. El amor no siempre significa apapachar y susurrar. Cuando nuestros hijos son rebeldes, les hace falta oír la voz de corrección.

Las palabras que ustedes les dicen a sus hijos ahora - palabras de disciplina, de amor, de consuelo - se quedan en sus corazones, y definirán lo que ellos llegan a ser el día de mañana.

Esposos, las palabras que usan con su pareja son de gran importancia. Con sus palabras, pueden crear un ambiente de armonía y de confianza - o pueden decepcionar y frustrar a su pareja. Tengan cuidado con las críticas, las comparaciones, los comentarios. Usen sus palabras para sanar, no para destruir.

Algunos años atrás, un grupo de investigadores trató de determinar por qué los matrimonios terminaban en divorcio. Estudiaron a muchas parejas, y descubrieron un dato sorprendente acerca de las parejas que permanecían casadas.

No importaba lo enamorados que decían estar los novios al casarse; no importaba el afecto que se mostraban, o la forma en que peleaban. Lo que determinaba, en caso tras caso, si el matrimonio iba a durar o no era la forma en que se hablaban.

Para concretizar: las parejas que intercambiaban más ofensas eran mucho más propensas a terminar en el divorcio que las parejas que aprendían a comunicarse de una forma edificante y amable. Uno de los investigadores hizo el siguiente comentario: "Las ofensas hostiles actúan como células cancerosas que, si no se controlan, destruyen la relación con el transcurso del tiempo".

Conclusión

Ahora te pregunto: ¿cómo estás usando la boca? ¿La estás usando para edificar, para ayudar, para decir la verdad en amor? ¿O disparas tus palabras como flechas sin puntería, sin ver adónde pueden caer?

Por supuesto, las palabras más importantes que puedas decir son las que usas para decirle que sí a Jesús. La Biblia nos dice que la salvación se recibe creyendo en el corazón y confesando con la boca. Es con las palabras que declaramos que Jesús es nuestro Señor, y esto forma parte de recibir la salvación.

Nuestras palabras, en realidad, tienen mucho poder. No tienen poder mágico; no podemos hacer que las cosas lleguen a existir por nuestras palabras. Pero sí tienen mucho poder para impactar las vidas de las personas que nos rodean. Ese impacto podrá ser eterno, si las impactamos para la salvación.

Te invito a hacer el siguiente compromiso conmigo en voz alta: "Señor, quiero edificar con mis palabras". Repitamos con sinceridad: "Señor, quiero edificar con mis palabras". Recuerda que tus palabras tienen poder.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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