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Domingo 22 de Abril del 2007

Ven
Pastor Tony Hancock

Introducción

Es una palabra de sólo tres letras, pero juega un papel vital en la vida. El padre que la usa con su criatura se entusiasma cuando el bebé la obedece. El predicador se emociona cuando sus oyentes responden a ella. El padre de un adolescente se frustra cuando parece que esta palabra se vuelve inaudible.

¿A qué palabra me refiero? A la palabra ven. Los que son padres de niños recordarán ese momento cuando su bebé estaba parado, sostenido por las manos de otra persona, y respondió a su ven dando sus primeros pasos. Ven. Es una palabra llena de posibilidades y de invitación.

Esta palabra está al centro del pasaje que hoy leeremos. Noten las veces que ocurre mientras leemos.

Lectura: Apocalipsis 22:6-21

22:6 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.
22:7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
22:8 Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
22:9 Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
22:10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.
22:11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.
22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
22:13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
22:14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.
22:15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.
22:16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.
22:17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.
22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.
22:20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
22:21 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

En este pasaje palpita una doble invitación. Es una invitación para que tú vengas, y una invitación a Cristo, para que El venga. Considera primero la invitación que Dios, como Padre amoroso, te hace a tomar tus primeros pasos hacia El:

Ven a Cristo

Todo lo que hemos visto a través del libro de Apocalipsis nos lleva a este llamado. Jesús nos habla, el ángel nos habla y el mismo apóstol Juan nos habla con un solo propósito: el de llamarnos a venir. ¿A qué venimos? Primero, Cristo te dice: "Ven a adorar".

Te lo dice por medio del ejemplo de Juan. Después de ver todas estas cosas, Juan perdió la cabeza y trató de hacer lo prohibido. Cayó ante los pies del ángel para adorarlo. El ángel que lo había guiado a través de su visión seguramente era un ser esplendoroso, y quizás Juan lo confundió con el Señor Jesús, ya que acababa de oír las palabras de éste.

Sin embargo, no importa cuán impresionantes sean los mensajeros de Dios, no debemos de adorarlos. Sólo a Dios debemos de adorar. Comparemos lo que sucedió con el ángel con lo que pasó cuando Jesús se encontró con Tomás, después de haber resucitado. Cuando Tomás lo vio, Jesús le invitó - quizás un poco jocosamente - a meter el dedo en sus heridas para comprobar que realmente era El. Según la Biblia: "Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! " (Juan 20:28).

Frente a la adoración de Tomás, cuando el discípulo le declara su Señor y su Dios, Jesús no pronuncia ninguna corrección; más bien, pronuncia una bendición sobre quienes comparten la fe de Tomás sin haber visto con ojos físicos a Jesús.

Ningún ángel es digno de adoración, pero Jesús sí lo es. Ven hoy a adorarle. Declárale el Señor, el jefe, el dueño de tu vida. Declárale tu Dios. Cristo te invita a venir a adorar.

También te invita: "Ven a cambiar". Si tú vienes a Cristo, no seguirás igual. No es posible encontrarse con Jesús y no ser transformado. Fíjate en lo que dicen los versos 10 y 11 de nuestro pasaje.

Tú dirás: ¡Pero esto dice precisamente lo contrario! ¡Dice que el malo debe seguir en su maldad, y el bueno en su justicia! Sí, pero el contexto indica que es una declaración irónica. Juan recibe esta instrucción: "No guardes en secreto" - es decir, no selles - "las palabras... de este libro" (v. 10). No se debía de sellar el libro para que cualquiera pudiera leerla y percatarse del plan de Dios para este mundo.

Pero, ¿qué caso tiene estar consciente del plan de Dios para el mundo, si no aprovechamos el conocimiento? Sería como alguien que supiera de antemano los números ganadores de la lotería, pero ¡no se comprara ningún boleto! No, la razón por la que Dios nos revela su plan y no lo sella es precisamente para que podamos hacer los cambios necesarios en nuestra vida y nuestro corazón, antes de que sea muy tarde.

Este libro no está sellado, pero sí llegará un momento en el que tu destino estará sellado. Es por eso que la Biblia dice que hoy es el día de salvación. Tiene que ser hoy, porque nadie puede estar seguro del mañana. Varios de ustedes están entre sí y no en su compromiso con el Señor. Se ve en su asistencia a la iglesia y su interés en las cosas del Señor que Dios los está llamando, pero todavía no han hecho ese compromiso con El.

Tomen en serio este llamado. Cristo te dice: "Ven a cambiar", porque mañana puede ser muy tarde. No te quedes atrapado en tu destino. Más bien, ven a Cristo, y "Ven a lavarte". Dice el verso 14: "Dichosos los que lavan sus ropas".

A la ciudad celestial sólo podrán entrar los que vienen con ropa limpia. Ninguna lavandería en este mundo servirá para blanquearte suficiente las prendas, sin embargo. Sólo la sangre de Cristo lo puede hacer.

No me refiero, por supuesto, a la ropa que traes puesta esta mañana. Me refiero a la ropa que trae tu hombre interior, que consiste en tus acciones, tus pensamientos, tus actitudes. Eso es lo que Dios ve cuando El te mira. Si está sucio, no podrás entrar en su presencia.

Jesús contó una historia que ilustra muy bien este punto. Un rey dio una fiesta de bodas para su hijo. Era el evento social, no sólo del año, sino del siglo. Toda la gente más importante estaría presente.

Según la costumbre del día, el rey daba a cada invitado un traje especial para ponerse en ese día. De esta forma, todos se verían bien para el gran día de su hijo. Cuando llegó la fiesta, el rey entró al salón. A primera vista, todo estaba en orden; los músicos tocaban, la comida estaba preparada y los invitados ocupaban sus lugares.

De pronto, sin embargo, los ojos del rey notaron algo insólito. Uno de los invitados, en lugar de traer la bella y lujosa ropa que el rey le había dado gratis, traía puesto su propio traje - si en realidad pudiera llamarse "traje" la colección de trapos sucios y malolientes que vestía.

La reacción del rey fue inmediata. Cuando el hombre no pudo dar ninguna explicación satisfactoria por su falta de vestimenta apropiada, el rey mandó echarlo fuera de la fiesta y le asignó un lugar de sufrimiento.

Si tú tratas de llegar mal vestido a la fiesta de Dios, lo mismo te sucederá. Es por esto que las palabras del libro no están selladas. Es para que puedas venir y prepararte. Puedes lavar tus ropas viniendo a Cristo, reconociendo tu pecado, pidiéndole perdón, arrepintiéndote de corazón y aceptando su sacrificio por ti. Cristo te llama: "Ven a lavarte".

Cuando lo haces, encontrarás algo más. El llamado de venir a Cristo incluye también esto: "Ven a refrescarte". Lo dice el verso 17: "El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida". Tú puedes tener, en lo más profundo de tu ser, un agua que te dará la satisfacción que tu alma necesita.

Esta invitación no es para un futuro lejano. No te invita a venir para tener la esperanza de tomar algún día del agua de la vida. No; dice, "el que quiera, tome... del agua de la vida". Puedes experimentar ahora, en esta vida que llevas actualmente, lo que pensaste nunca poder encontrar - esa agua pura y limpia para tu alma. "Ven a refrescarte", te invita Cristo.

Ven a Cristo. Es la invitación que este pasaje te hace, y si no has respondido, te invito a hacerlo en esta mañana. Entonces podrás unirte a la multitud que hace la segunda invitación:

Ven, oh Cristo

La segunda invitación que palpita en el corazón de este pasaje es el llamado de la Iglesia a su Salvador. "El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven!; y el que escuche diga: ¡Ven! " (v. 17) "Amén. ¡Ven, Señor Jesús!" (v. 20)

Es una de las expresiones más antiguas de la Iglesia. En arameo, se expresa con la palabra "Maranata". Ven, Señor. Es el anhelo de todo creyente que ama a su Señor y que se entristece al ver la injusticia y el sufrimiento que cunden en este mundo.

Quizás algunos de ustedes tuvieron, durante la etapa de su compromiso para casarse, un tiempo de separación. Me imagino que, durante ese tiempo, las llamadas a su comprometida o comprometido eran constantes, las cartas volaban como aves en la primavera, y se distraían en su diario quehacer por pensar en aquella persona a quien tanto extrañaban.

Eso es lo que siente la Iglesia hacia su Señor. Esa es la emoción detrás de su llamado: "Ven". Cuando llegamos a conocer a Jesús, ansiamos su regreso. Por amor a El, queremos que regrese para verlo, para estar en su presencia. "Ven, oh Cristo", es el gemido de nuestro corazón.

Cristo vendrá a recompensar. Lo dice el verso 12: "¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho". Si estás viviendo para el Señor, esto será algo glorioso. Quizás el mundo no te agradece lo que tú haces por el Señor. Quizás te dicen tus amigos que estás perdiendo el tiempo.

Cuando Jesús regrese, El te recompensará conforme a lo que has hecho para El. En ese día, todos los sacrificios que has hecho por Cristo más que valdrán la pena. En cambio, si no estás viviendo para Cristo, será un día de llanto y de dolor. Porque también tus obras - todas las cosas malas, la vanidad en la que estás viviendo - las tendrás que pagar.

En este mundo, hay muchas cosas que parecen ser importantes. Nos esforzamos por tener casa propia, y es una buena meta - pero un día, esa casa se convertirá en escombros. Nos esforzamos por tener un poco de independencia económica, y es una buena meta - pero no nos podremos llevar nada cuando muramos.

La realidad más importante es la realidad de que habrá un día de juicio y un día de paga. Cada uno recibirá lo que le corresponde. Si has venido a Cristo y vives para El, no recibirás lo que merecen tus pecados; pues ya están pagados. Sólo recibirás la recompensa de tu servicio a El. En cambio, si no has aceptado la oferta de perdón que Cristo te hace, tendrás que pagar por todo lo que has hecho.

Cristo vendrá a reinar. El es la raíz y descendencia de David, el gran rey. Cuando El venga a reinar, todo será distinto de lo que es ahora.

Conclusión

Y ahora, ven. ¿Escuchas la voz de Cristo, hablándole a tu corazón, llamándote a venir? Ven a El, y no dilates. Acércate en tu corazón a El, la fuente de agua viva, el único que puede lavarte y purificarte, y prepárate para decirle también, "Ven".


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