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Domingo 8 de Abril del 2007

El poder de la resurrección
Pastor Tony Hancock

Introducción

Me imagino que la mayoría de nosotros ha experimentado, en alguna ocasión de la vida, una pesadilla recurrente. Esto sucede, al parecer, cuando tenemos alguna preocupación o ansiedad que se expresa en nuestra mente subconsciente, mientras dormimos.

Hubo un período en mi vida cuando soñaba repetidamente con un evento de la escuela que, felizmente, nunca sucedió. En mis pesadillas, me apuntaba para una clase de matemáticas, pero luego se me olvidaba asistir a la clase. Cuando me daba cuenta de que ya estaba a punto de terminarse el semestre de estudios, recordaba la clase.

Me iba entonces a entrevistarme con el maestro de la clase a la que nunca había asistido, y éste me decía que podía terminar la clase con una nota satisfactoria - pero sólo si realizaba un trabajo que era imposible de terminar antes de la fecha indicada. En ese momento de la pesadilla me sentía totalmente desesperado, porque enfrentaba la posibilidad de perder mi buen récord estudiantil - o matarme en una tarea imposible. Casi siempre despertaba en ese momento.

¡A veces hasta valía la pena tener la pesadilla sólo para poder despertar y darme cuenta de que no era realidad! Imaginen conmigo ese momento de desesperación, de total inutilidad. Quizás lo hayas sentido tú también - esa sensación de impotencia frente a la vida.

No es tan difícil, a veces, sobrevivir; simplemente levantarse, trabajar, comer, dormir y repetir el ciclo. Pero vivir - eso es algo muy distinto. ¿Cómo podemos vivir de verdad? Éste es el mejor día para hacer esa pregunta, porque el poder que nos hace falta para vivir es, en realidad, el poder de la resurrección.

Lectura: Filipenses 3:10-11

3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,
3:11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

El hombre que escribió estas palabras había avanzado mucho en su propio campo de superación, el campo de la religión. El creía que, por este medio, él podría superarse y alcanzar la realización personal. Según los criterios de sus contemporáneos, él lo estaba logrando; era una estrella en ascenso dentro del sistema religioso de su día. Su nombre era Saulo.

Sin embargo, sucedió algo que cambió su dirección por completo. Tuvo un encuentro con un hombre que había fracasado en todo lo que a Saulo le había parecido tan importante. En lugar de llegar a la cumbre de la influencia, había sido condenado a muerte por los mismos líderes religiosos.

Este hombre, sin embargo, fue victorioso de una forma que Saulo jamás podría soñar. Tuvo victoria, no sobre las circunstancias adversas o sobre algún rival, sino sobre la muerte misma. Saulo - cuyo nombre se cambió a Pablo - reconoció que él deseaba compartir esa victoria también.

Si nosotros queremos compartir esa victoria, debemos de adoptar la actitud de Pablo. El se encontró cara a cara con el Jesús resucitado, y esto transformó su vida.

I. El poder para vivir de verdad procede de la resurrección de Jesús

Pablo nos dice: "Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección..." El poder de la resurrección es un poder único, un poder que no encontramos en ninguna otra parte, un poder que transformará nuestra vida, si se lo permitimos.

¿Por qué resucitó Jesús? ¿No podría haberse ido directamente al cielo, habiendo pagado por nuestros pecados con su muerte? La resurrección de Jesús es una parte íntegra de su obra salvadora, porque por medio de su resurrección, nosotros entramos en una vida nueva también. Por medio de la fe en Cristo, llegamos a ser partícipes del poder que obró en su resurrección.

Es interesante notar que la predicación de la resurrección de Jesús en el día de Pentecostés enfatizó su humanidad. Es decir, la predicación del apóstol Pedro en aquel día puso énfasis en el hecho de que el Jesús que había resucitado era un hombre.

Esto implica que la vida humana puede ser transformada por medio de la resurrección de este hombre. Dicho de otra forma, la resurrección de Jesús no fue algún espectáculo divino, ante el cual la humanidad registra su asombro para luego continuar con la vida de siempre.

No; Jesús resucitó como hombre para transformar la vida de los hombres y las mujeres que lo siguen. Esto de ninguna forma es para negar que Jesús es Dios; la Biblia lo declara claramente. Sin embargo, no debemos de olvidar que Jesús también es completamente hombre. Es por esto que El es el Salvador perfecto.

Ahora, ¿cómo transforma nuestras vidas este poder de la resurrección? En primer lugar, trae esperanza a la vida. Esto lo comenta el verso 11. Por medio de Cristo tenemos la esperanza de alcanzar la resurrección. Frente a un mundo que no sabe lo que sucederá después de la muerte, Jesús nos da la seguridad de que nuestros cuerpos serán resucitados.

La esperanza cristiana de la resurrección no es la esperanza de ser almas flotando en el espacio. Es la esperanza de la resurrección de estos cuerpos que tenemos ahora, pero en un estado perfeccionado. Es la esperanza de una vida mucho mejor de la que ahora vivimos, de que la muerte no será el final.

Además de traer esperanza a nuestras vidas, trae victoria también. ¿A qué clase de victoria me refiero? ¿La victoria de siempre tener todo lo que queremos? ¿La victoria de nunca tener un día desagradable? No es precisamente esta clase de victoria la que Jesús nos ofrece.

Más bien, es la victoria de saber que El siempre está con nosotros, ayudándonos a resistir la tentación y superar los problemas que vienen hacia nosotros. Es por haber resucitado que Jesús nos pudo prometer: "Estoy con vosotros siempre" (Mateo 28:20). Uno de los secretos para la victoria en la vida cristiana es darnos cuenta de la presencia constante de Cristo.

Debido a nuestro trasfondo cultural y religioso, podemos tener la imagen mental de un Jesucristo colgado en la cruz, sufriendo, muriendo. Jesús hizo algo muy importante cuando murió, pero ése no es su estado actual. El ahora vive, y quiere compartir contigo su vida, haciendo de tu vida parte de la suya. Pero hay algo muy importante que tienes que entender:

II. El poder para vivir de verdad opera en nosotros cuando morimos al viejo yo

Esto queda claro en la segunda parte del verso 10, donde Pablo dice algo que nos gustaría mucho brincar. Sin embargo, si tratamos de hacerlo, no podremos experimentar la vida victoriosa que Cristo desea darnos.

Estamos hablando de algo más que simplemente dejar alguna mala costumbre. Este es el error que muchas veces cometemos. Pensamos que seguimos a Cristo porque hemos dejado de tomar, o porque hemos dejado de decir groserías, o porque hemos dejado alguna otra mala costumbre.

Todo eso puede ser un buen testimonio del poder de Cristo en nuestra vida, pero eso no es todo lo que Dios quiere para nosotros. El quiere convertirnos en personas totalmente nuevas. Quiere quitarnos todo lo que no le agrada.

Si queremos disfrutar de la vida nueva en Cristo, entonces, tenemos que dejar morir la vida vieja que estaba centrada en nosotros mismos, en nuestros deseos, en nuestra voluntad. De la misma forma en que el poder que resucitó a Jesús se expresó después de su muerte, ese poder para andar en una vida nueva se expresará en nosotros cuando hacemos morir el viejo yo.

Ese viejo yo es el que buscaba refugio en cualquier cosa menos Dios. Es el que se creía el centro del universo. Es el que buscaba su propia satisfacción en lugar de buscar las cosas de Dios. Cuando ese yo muere, Cristo puede vivir en nosotros.

Conclusión

En este domingo de resurrección, te invito a considerar si el Cristo que resucitó vive ahora en ti. ¿Estás caminando en su victoria? ¿Estás muriendo a lo que eras antes, para caminar en su vida? Cristo vive - es una de las declaraciones elementales de nuestra fe. Pero es mucho más que eso - significa que El quiere vivir en ti también.

En este día, puedes conocer ese mismo poder en tu vida. Celebra que Cristo salió vivo de la tumba, y dale la bienvenida a tu corazón.


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