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Domingo 1 de Abril del 2007

Todo hecho nuevo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Es interesante - y a veces humoroso - contemplar los medios que usan los comercializadores para vender sus productos. La mercadotecnia se ha convertido en una ciencia, y - como el Chapulín Colorado - todos sus movimientos están fríamente calculados.

Los que se encargan de hacernos comprar sus productos saben que hay ciertas palabras que nos llaman la atención. Una de esas palabras es "gratis". En más de una ocasión, los vendedores han aumentado el precio de un producto, para luego aumentar también el tamaño del envase y declarar: ¡25% GRATIS!

Otra de las palabras muy usadas es la palabra "nuevo". En varias ocasiones he visto productos con la palabra NUEVO escrita en letras grandes y llamativas sobre una estrella en el envase. Al acercarme, he descubierto que - en letras mucho más pequeñas - dice: envase NUEVO, mismo producto. ¡Todo lo que han hecho los fabricantes es cambiar el embalaje del producto, pero el producto mismo sigue igual!

Ellos saben que nos llama la atención lo nuevo. Quizás estén en contacto con una realidad básica del ser humano, un reconocimiento de que las cosas como están no andan bien, y que nos hace falta una renovación. Su solución - vendernos cada vez más productos NUEVOS, sin embargo, no es la solución correcta.

La Biblia nos habla de un momento en el que todo será renovado. Mucho más que una simple calcomanía o cambio de embalaje, esto se tratará de la llegada de una nueva creación. El deseo de Dios es prepararnos a ti y a mí para vivir en esa nueva creación. Nuestra vida aquí en este mundo es una preparación para ir al lugar de castigo que describimos la semana pasada, o para vivir en la creación nueva que vendrá de Dios.

Veamos, entonces, cuál es el final de la trayectoria para los que se someten a la voluntad divina.

Lectura: Apocalipsis 21:1-8

21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.
21:2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
21:3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
21:5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
21:6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
21:7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Cada uno de nosotros se está preparando para ir a uno de dos lugares. Si estamos siguiendo a Cristo, Dios nos está preparando para vivir en este mundo nuevo que El hará. En el mundo nuevo, será quitada la maldición que vino por causa del pecado humano.

Ya no habrá llanto, sino que Dios, como una madre amorosa, secará las lágrimas de su pueblo y creará un lugar donde el dolor no podrá entrar. No habrá muerte; jamás nos tendremos que despedir de un ser querido. Nuestras amistades durarán para siempre.

De la manera en que Dios caminaba con Adán en el jardín del Edén y tenía comunión con él, Dios morará en el nuevo cielo y la nueva tierra con nosotros. Nuestra experiencia de la presencia de Dios será constante. Siempre estaremos con El.

¿Qué más podemos decir acerca de lo que Dios nos está preparando para recibir? En primer lugar,

I. Dios nos está preparando para vivir en justicia

Para ver esto, consideremos un par de versículos de la segunda carta de Pedro. En el capítulo 3, versos 13 y 14 leemos: "Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él".

El cielo nuevo y la tierra nueva serán tan maravillosos porque serán lugares de justicia. ¡Imagínense como sería nuestro mundo si tan solamente vivieran las personas en justicia! Podríamos comprar un carro usado con confianza, porque ningún vendedor nos mentiría acerca de su condición. Podríamos andar por cualquier calle a cualquier hora, sin temer a los asaltantes. No habría guerras. No habría pobreza.

Es emocionante, ¿verdad? Pero me fascina la conclusión que saca el apóstol Pedro de esta realidad. Nosotros solemos tratar la esperanza del cielo como un consuelo, como algo para soñar despierto. Pedro lo ve, en cambio, como una gran motivación para vivir ahora en justicia y santidad.

¿Por qué? ¡Porque Dios nos está preparando para vivir en justicia! Si vamos a caminar en las sendas de Dios por toda la eternidad, nos conviene empezar ahora. Saben, los atletas olímpicos entrenan años, entre 10 y 14 horas al día, por el sueño de disfrutar de una victoria atlética que no durará mucho tiempo.

¡Cuánto más deberíamos de entrenarnos para vivir como Dios quiere! Dios nos está preparando para vivir en justicia, y lo está haciendo llamándonos a vivir ahora según su voluntad.

A veces queremos creer que hemos sido salvados, así que lo único que nos queda es morirnos e ir al cielo. La verdad es mucho más emocionante. ¡Dios nos está llamando a vivir ahora en la justicia que conoceremos en el cielo! El nos ha dado su Espíritu para que podamos vivir como El quiere. Pero eso no es todo.

II. Dios nos está preparando para vivir en comunión

¿Cuántos de ustedes han visto los cuadros que representan el cielo como si fuera un lugar donde los ángeles flotan sobre nubes, tocando arpas? ¿Cuántos de ustedes quieren ir a un lugar tan aburrido? ¡Yo tampoco! Felizmente, ése no es el cielo de la Biblia.

Al contrario, notamos algo muy interesante. La Biblia nos dice que la vida humana empezó en un jardín, y terminará en una ciudad - la nueva Jerusalén, que Dios preparará para morada de los suyos. La próxima vez que estemos juntos para estudiar este libro, conoceremos más acerca de esa ciudad.

Por ahora, nos enfocamos en lo que esto representa. Significa que la creación nueva que Dios hará será un lugar dinámico, un lugar de acción, un lugar de movimiento. Dios no escogió algún lugar rural, donde el único sonido es el mugir de las vacas, para describir la nueva creación; escogió una ciudad.

Toda ciudad es un lugar de vida, de actividad, de interés, de gente. Pero esta ciudad carecerá de todos los problemas que caracterizan las ciudades de hoy. Habrá vida, sin muerte. Habrá actividad, sin crimen. Habrá interés, sin actividades malsanas. Habrá gente, sin pecado.

Es interesante comparar el concepto bíblico con el del hinduismo, donde la meta es perder la personalidad como una gota en el mar. La Biblia nos habla de un futuro donde toda nuestra humanidad, la personalidad que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros, encontrará su pleno desarrollo y función, porque entonces seremos libres de pecado.

Viviremos, no en soledad, sino en comunión. Conoceremos a todos los hermanos de todas las edades que han seguido al mismo Señor que nosotros. Celebraremos a nuestro Señor, sirviéndole de formas que quizás aún no nos podamos imaginar.

Dios nos está preparando para vivir en comunión. Pero no tenemos que esperar hasta llegar al cielo. Podemos empezar a aprender ahora cómo vivir en comunión con los demás. Podemos aprender a ser personas que perdonan, que se enfocan en las necesidades de los demás en lugar de sus propios deseos, que comparten y que aman.

Pero quizás lo más emocionante es esto:

III. Dios nos está preparando para vivir con El

Dice el verso 3: "Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios". ¡Qué emocionantes palabras!

Desde el comienzo, éste ha sido el propósito de Dios. El moró en el tabernáculo de Israel, manifestándose sobre el arca del pacto. El hecho de que Jehová tenía su templo en medio de ellos era lo que separaba al pueblo de Israel de todas las demás naciones del mundo.

Cuando vino Jesús, la presencia de Dios tomó una forma especial. Ahora Dios estaba presente en forma humana. Fue una manifestación superior al templo. En otras palabras, el cuerpo de Jesús fue el nuevo templo. Por eso, dijo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Juan 2:19).

Ahora, la Iglesia - que consiste en todo verdadero creyente - es el templo de Dios, donde El mora por Su Espíritu. Vendrá un día, en la nueva creación, cuando el drama tendrá un acto cuarto. En ese entonces, Dios morará con nosotros de una forma especial, visible, palpable. Tendremos más que decir acerca de esto en semanas futuras.

Pero notamos un aviso muy importante al final del pasaje. Todo esto es para el vencedor, el que triunfe sobre el mundo. La victoria que vence al mundo es nuestra fe, según 1 Juan 5:4. Triunfar es cuestión de caminar con Jesús, confiar en El, seguirle como Señor y Salvador.

Observemos la lista de personas que no triunfan. Los cobardes son los primeros que se mencionan. Aquí no se refiere a los que les tienen miedo a las arañas o a las abejas. Se refiere a los que temen más a los hombres que a Dios, y cuando se presenta la prueba, niegan su fe.

Los incrédulos son los que simplemente no creen lo que Dios ha dicho. Los abominables son los que se han dejado corromper por las cosas de este mundo. Los asesinos pecan contra Dios al destruir a un ser creado a su imagen. Recordemos que Jesús dijo que el odio está relacionado con el homicidio.

Los que cometen inmoralidades sexuales son los que no siguen el plan divino, sino que cometen fornicación o adulterio, se acuestan con personas de su mismo sexo o tienen relaciones con animales. Todas estas cosas Dios las detesta, y dice que quienes las practican no entrarán en su Reino celestial.

Frente al libertinaje actual, donde las personas se juntan sin estar casadas, se promueve la aceptación de la homosexualidad y el divorcio se hace cada vez más fácil, es bueno meditar sobre estas palabras.

También se mencionan a los que practican artes mágicas, pues no se puede mezclar el poder de Dios con el poder oculto. Los idólatras no podrán entrar en un lugar donde sólo a Dios se le adora. Dios también nos dice que los mentirosos serán excluidos de su presencia.

¿Cuántos de nosotros nos sentimos justificados en decir una mentirita, con tal de que no nos "cachen"? Si nadie lo sabe, a nadie le importa; así pensamos, por lo menos. Ah - pero Dios sí sabe, y según su Palabra, El odia los labios mentirosos. El problema con la mentira es que pronto nos empezamos a engañar a nosotros mismos.

Pero tenemos que decir algo aquí. Ninguna de las cosas que hemos mencionado te tiene que descalificar para el cielo. No es cuestión de nunca haber hecho alguna de estas cosas, sino de no haberte arrepentido de ellas. Dicho de otro modo, si cualquiera de las cosas que hemos mencionado forma parte de tu presente, toma en serio la advertencia, y arrepiéntete ante Jesús antes de que sea muy tarde.

Si forman parte del pasado, en cambio, y están bajo la sangre de Jesús, no tienes que preocuparte. ¡Ya no eres lo que fuiste! Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí, todas son hechas nuevas. Esta es la promesa bíblica para ti.

Ahora te pregunto: ¿Te estás preparando para ser parte de esa creación nueva? ¿Estás permitiendo que Dios obre en ti, preparando tu vida para gozar cuando El venga? No te pierdas el cielo por nada en este mundo. Más bien, camina con Cristo y camina en triunfo.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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También está disponible la página de Lecturas Bíblicas diarias del Pastor Tony. En dicha página encontrarás una lectura bíblica para cada dia de la semana relacionada con el Sermón Dominical, junto con preguntas para meditación y aplicación.

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