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Domingo 24 de Marzo del 2002

Hecho a la imagen del hombre
Pastor Tony Hancock

Introducción

Hace algunos años, un conocido se me acercó en la iglesia y me empezó a hablar. Después de saludarnos y comentar las cuestiones ordinarias del clima, me dijo: "Te vi el sábado en la feria. Espero que te hayas divertido. Oye, ¿por qué no me saludaste cuando te hice señales?". "Bueno, le respondí, sencillamente porque no estaba en la feria el sábado. Estuve en otro lado." Mi amigo juraba haberme visto, pero yo no había estado allí. Había estado en un lugar totalmente diferente. Era un caso de identidad equivocada.

Seguramente todos hemos tenido la misma experiencia. Se dice que cada uno de nosotros tiene un doble en alguna parte del mundo. Si sea cierto o no, no lo sé; pero lo cierto es que muchas veces confundimos a un desconocido con alguno de nuestros amigos.

El pasaje que veremos hoy de la Biblia también se trata de un caso de identidad equivocada. Su resultado fue mucho más serio que lo que me sucedió, que simplemente resultó en algunas explicaciones; en este caso, se perjudicó el destino de toda una nación.

Lo que sucedió fue que las personas identificaron equivocadamente a Jesús. Sí, lo reconocieron como Jesús; hasta citaron varios títulos que eran suyos por derecho. Pero estas personas fallaron en reconocer a Jesús como realmente era. Insistieron en tratar de hacer a Jesús a su imagen, viendo en El lo que ellos querían ver, en vez de buscar lo que El realmente vino a mostrarles.

Nosotros podemos caer también en la misma trampa. Seguimos con el intento de hacer a Dios y a su Hijo, Jesús, a nuestra imagen, según lo que nosotros deseamos. Veamos lo que sucedió para protegernos contra el mismo error.

Lectura: Lucas 19:28-44

19:28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén.
19:29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,
19:30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.
19:31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.
19:32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
19:33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
19:34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.
19:35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.
19:36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino.
19:37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,
19:38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!
19:39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
19:40 El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.
19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,
19:42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
19:43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,
19:44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

Sabemos que, en el principio, Dios hizo al hombre a su imagen. El hombre cayó en pecado, y esa imagen fue torcida y arruinada. Desde entonces, el hombre ha estado tratando de corresponder al favor y hacer un dios a su propia imagen.

Los compatriotas de Jesús cayeron en este peligro - y nosotros podemos caer también. Examinemos:

I. La facilidad de hacer un dios a nuestra imagen

Es una realidad de la vida que muchas veces vemos lo que queremos ver. Sólo tenemos que mirar la luna para observar esta realidad. Algunas personas, al mirar la luna llena, ven en ella una cara sonriente. Otros ven un conejo. A mí me parece muy similar al conejo usado en los anuncios de las pilas Energizer.

Es muchos más peligroso cuando vemos en Jesús sólo lo que queremos ver. Era, sin embargo, lo que hizo el pueblo judío. Ellos tenían ciertas expectativas acerca de lo que sería y haría el Mesías. Por supuesto, como en cualquier asunto religioso, había una diferencia entre lo que esperaba la gente común y lo que esperaban los líderes.

La expectativa popular nacía de una lectura muy superficial de las profecías del Antiguo Testamento, y la experiencia de opresión bajo el imperio romano. Ellos esperaban a un conquistador militar - una especie de Simón Bolívar o José de San Martín, pero con poderes sobrenaturales.

Jesús se estaba mostrando ahora públicamente como Mesías. Al entrar de tal modo en el pueblo, montado sobre un burro, Jesús estaba conscientemente cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9: "Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna". El estaba declarando claramente que El era el Mesías. La aclamación de la gente demuestra que ellos lo entendieron así. Lo que no entendieron era qué clase de Mesías era Jesús. Ellos no sabían que El tenía que morir para cumplir su misión. Cuando se dieron cuenta de que El no iba a librarlos del yugo opresor de los romanos, gritaron "¡Crucifícale!" sólo una semana después.

Hoy en día, no se ha acabado la generación de quienes ven en Jesús sólo lo que quieren. En vez de examinar las Escrituras para encontrar lo que Jesús mismo dijo acerca de su misión y acerca de lo que significa ser seguidor suyo, sacan algunos versículos fuera de contexto y crean a un salvador hecho a su imagen, listo para satisfacer sus deseos.

Algunos adoran a un Jesús que existe para ayudarles en sus problemas. En vez de reconocer que Jesús llamó a sus discípulos a una vida de servicio y sacrificio, pretenden usar a Jesús como un fetiche, algo que les trae suerte en todo lo que hacen.

Otros adoran a un Jesús que apoya su condenación farisaica de los demás. Sacan de las enseñanzas de Jesús sus condenaciones contundentes del pecado, y las usan para criticar y condenar a cualquiera que les caiga mal - ignorando las enormes fallas en sus propias vidas.

Hay una gran variedad de señores - hechos justo a la orden para lo que tú desees. Pero hay un problema con escoger un señor hecho a la medida - está en:

II. El peligro de hacer un dios a nuestra imagen

Noten lo que sucede en los versículos 41 al 44. Es una de las ironías más grandes en la Escritura. Aquí en este momento en que Jesús es aclamado por todo el pueblo, su gran momento de victoria, se acerca a Jerusalén y... ¿llora? ¡Llora!

¡Qué cosa más increíble! ¿Por qué escogería este momento para llorar? ¡Parece que es su momento de mayor victoria! Pero Jesús sabía lo que estaba en el corazón de los que le recibían con tanto aplauso. El sabía que su aceptación no era profunda ni verdadera; era superficial y egoísta.

Jesús vio, cuarenta años más adelante, que la ira de Dios contra su pueblo rebelde y reacio tomaría la forma de permitir la destrucción de Jerusalén por los invasores. El sabía que su pueblo realmente no lo estaba recibiendo; que aunque El había venido ofreciéndoles salvación, ellos no lo recibirían. Qué tragedia que, teniendo al Hijo de Dios en su presencia, no lo reconocieran.

Me pregunto cuántas personas habrá hoy en día que se consideran cristianos, pero han recibido a Cristo de la misma manera que los judíos de su era. Me pregunto cuántos de nosotros habremos aceptado a un señor hecho a nuestra imagen, y cuando veamos la desilusión de que El no hace por nosotros lo que deseamos, lo negaremos en nuestras vidas y gritaremos "¡Crucificale!"

Quizás nos hicimos cristianos porque creíamos que Jesús nos libraría de toda enfermedad, de toda dolencia, de todo sinsabor. Bueno, es cierto que lo hará; pero para llegar a ese lugar celestial, tenemos que pasar muchas pruebas. El problema es que esa clase de fe no es suficiente. Así como los habitantes de Jerusalén se condenaron a sí mismos porque no reconocieron a Jesús en verdad, así nosotros también nos condenamos cuando no reconocemos a Jesús.

Por eso es tan importante reconocer:

III. La solución: dejar que Dios nos haga a su imagen

Para ver este ejemplo, tenemos que pensar en las otras personas que estaban presentes en aquel día. Me refiero a los discípulos. Los discípulos, en realidad, eran algo simples. Les costó mucho trabajo entender todo lo que Jesús les decía acerca de su persona y su misión.

Tampoco eran muy valientes. Tenían una valentía muy frágil; después de que Pedro le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote, se les esfumó el valor y no quisieron identificarse con Jesús.

¿Qué separó, entonces, a los discípulos de la multitud? ¿Por qué es que Jesús lloró por Jerusalén, pero oró por sus discípulos? A pesar de todas las imperfecciones que ellos tenían, ellos estaban dispuestos a que El les enseñara. En vez de exigir de Jesús lo que ellos querían, en vez de moldearle a su propia imagen, ellos aceptaron lo que El les decía - a veces con trabajo, pero lo aceptaron.

Tenían un compromiso con Cristo que superaba sus propios deseos, su propio egoísmo, aún sus propias fallas. Cuando fallaron, lo reconocieron. Cuando no entendían, aceptaban la corrección de Jesús.

Ser discípulo aún se trata de lo mismo. Recibir a Jesús en verdad siempre envuelve una examinación de nuestras creencias y nuestros valores. Si seguir a Cristo no te está causando una transformación de tus opiniones, de tu manera de ver el mundo, de tus acciones y tus actitudes, entonces examínate para ver si de veras lo estás siguiendo.

¿Cómo resolver el problema de hacer un dios a nuestra imagen? Dejar que Dios nos haga a su imagen. Esto significa someternos a lo que El dice. Significa dejar de insistir en que El haga lo que nosotros queremos, y más bien preguntarnos qué es lo que El quiere de nosotros, y que es lo que nos ofrece.

Conclusión

Recientemente, un farmacéutico fue demandado por alterar el contenido de algunas de las medicinas que él vendía. Básicamente diluía las cápsulas, para así ahorrar dinero. Las cápsulas eran idénticas a las que le vendía la compañía médica, pero tenían sólo una fracción del ingrediente eficaz.

Uno de sus clientes murió por no recibir la medicina que necesitaba, y todo salió a la luz. Y ¿sabes qué? Así es con esos señores hechos a tu imagen. Parecen ser idénticos al original - pero si sigues a uno de ellos, vas a morir. Sólo la fe en el Jesús verdadero, el que existe para que le sigamos y sirvamos, y no para cumplir nuestros deseos erróneos - sólo ese Jesús nos puede traer vida, satisfacción, y salvación verdadera.

¿Conoces tú a ese Jesús?


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