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Domingo 11 de Marzo del 2007

La segunda vez, será diferente
Pastor Tony Hancock

Introducción

En la película Groundhog Day (Día de la marmota), el protagonista enfrenta un problema inusual. Se encuentra atrapado en el 2 de febrero. Cada mañana se despierta, y amanece el mismo día - 2 de febrero. Vuelve a repetir las mismas experiencias, conocer a las mismas personas y experimentar lo mismo cada día.

El hombre aprovecha su situación al principio, robando bancos y dándose cualquier gusto, sabiendo que al día siguiente volverá a despertar con el día anterior borrado. Con el tiempo, sin embargo, se encuentra insatisfecho. Todas las cosas que logra hacer no le traen la satisfacción. Empieza a vivir para ayudar a otros en lugar de para satisfacerse a sí mismo.

Con el tiempo, él aprende a mirar hacia fuera en lugar de sólo considerar sus propios deseos. Por fin, llega la mañana en que amanece 3 de febrero. Aprendiendo a vivir para otros, el hombre se había escapado del ciclo de repetición.

Felizmente, nuestra vida no es así. Las cosas no se vuelven a repetir interminablemente. De hecho, las cosas casi nunca suceden de la misma forma dos veces seguidas. Si visitamos un lugar hoy, la visita de mañana será distinta.

Me gusta visitar una preserva natural que queda cerca de mi casa, y cada vez que voy el lugar es distinto. Los animales son diferentes, por ejemplo; un día podría ver una nutria, otro día un gavilán, otro día un pájaro carpintero. Cada vez es distinta.

Lo mismo es cierto en un sentido cósmico. Algunas personas creen que el universo está atrapado en un ciclo eterno de repeticiones. Lo que ha sido volverá a ser, y no hay escapatoria. Esta no es la perspectiva que Dios nos muestra en la Biblia.

Bíblicamente hablando, la historia humana está progresando hacia una meta. Tuvo un principio, y también tendrá un fin. De la manera que, en nuestras vidas, la segunda vez suele ser diferente, así también la segunda venida de Cristo será distinta a su primera venida. La segunda vez, será diferente.

Lectura: Apocalipsis 19:11-16

19:11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
19:12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
19:13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.
19:14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.
19:15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.
19:16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

En la visión de Juan vemos el glorioso regreso de Jesús a la tierra. ¡El cuadro es muy distinto, la segunda vez! Vamos a considerar en esta mañana algunas de las diferencias entre su primera y su segunda venida.

I. La primera vez, Jesús vino para servir; la segunda vez, vendrá para reinar

Jesús no carecía del derecho de reinar sobre la tierra cuando vino por primera vez. El, por derecho, tenía la autoridad para reinar. Sin embargo, si El hubiera establecido su reino cuando vino por primera vez, lo habría tenido que hacer aplastando a todos sus enemigos.

Vino a un mundo rebelde. Si hubiese establecido su reino la primera vez, habría tenido que aplastar la rebelión por la fuerza. ¿Qué habría significado esto? Significaría que no habría posibilidades de salvación para ninguno de nosotros. Nosotros también nos encontraríamos condenados por nuestros pecados, juntos con todos los demás.

Jesús tuvo todo el derecho de hacer esto la primera vez que vino. Sin embargo, no lo hizo. De hecho, El mismo declaró: "el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45).

Teniendo todo el derecho de ser servido, El vino para servir. Su gran amor lo motivó a darnos a todos una oportunidad para alcanzar la salvación. En lugar de venir para aplastar toda resistencia con su gran poder, El vino la primera vez para ofrecer a todos sus enemigos la oportunidad de cambiar de lealtad.

El vino y pagó con su propia muerte lo que nosotros debíamos, para que pudiéramos ser perdonados y entrar a su ejército vencedor. Es una oferta increíble, en realidad. Es como si la policía llegara para arrestar a un delincuente, y uno de los policías mismos ofreciera pagar su condena. Humanamente hablando, tales cosas no suceden; pero el amor de Dios es distinto.

Jesús vino por primera vez para hacernos esa oferta. El vino para servir. La segunda vez, sin embargo, El vendrá para reinar. Ya no vendrá como aquel hombre humilde, que entró en Jerusalén montado sobre un asno. Ahora vendrá sobre un caballo blanco, un caballo de guerra.

Aquellos ojos comprensivos y amorosos ahora resplandecerán como llamas de fuego. En lugar de una corona de espinas, llevará en la cabeza muchas diademas, pues todos los reinos del mundo pasarán a ser de El. En lugar de traer un nombre vituperado por los soldados, tendrá un nombre que sólo El conoce.

En lugar de vestirse con la ropa humilde de un campesino galileo, vestirá un manto teñido en sangre. Esa sangre que El derramó es su triunfo sobre la muerte. En lugar de tener como seguidores una banda de hombres que no lo entendían, y que lo abandonaron en su momento de mayor necesidad, vendrá al frente de los ejércitos del cielo.

En lugar de traer palabras de salvación en la boca, vendrá con una espada afilada. Con ella herirá a las naciones, las mismas naciones que lo hirieron a El. Ya no tendrá un toque suave; con puño de hierro establecerá su gobierno sobre toda la tierra. La segunda vez, será diferente.

¿Dónde te encontrarás tú en aquel día? ¿Formarás parte de los ejércitos del cielo, habiéndote entregado a Cristo y vestido con el lino fino, que es una vida de justicia y rectitud? ¿O serás parte de la gran masa de rebeldes que verá el lado filoso de la espada? Considéralo mientras seguimos leyendo.

Lectura: Apocalipsis 19:17-21

19:17 Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios,
19:18 para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.
19:19 Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército.
19:20 Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.
19:21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.

La primera vez que vino Jesús, El ofreció su propia carne y sangre como un sacrificio. El mismo dijo: "De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Juan 6:53). En la cruz, ofreció su cuerpo por nosotros. Ahora nos invita, por fe, a recibir su alimento espiritual.

La segunda vez que venga Jesús, la comida será muy diferente. En lugar de ofrecerse a sí mismo, preparará un banquete para todas las aves.

II. La primera vez, Jesús vino para salvar; la segunda vez, vendrá para conquistar y juzgar

La conquista será completa. El ángel extiende una invitación a las aves para que coman la carne de toda clase de personas. No sólo los ricos, ni sólo los pobres; no sólo los poderosos, ni sólo los marginados; todos los que hayan rechazado a Jesucristo como Señor de sus vidas sufrirán el castigo que se merecen.

La bestia y el falso profeta - las fuerzas espirituales que han engañado a todo el mundo - serán lanzados directamente al lugar de castigo eterno, el lago de fuego y azufre. Es un lugar de castigo eterno, preparado para ellos. Los seres humanos morirán frente a la llegada de Jesús, aunque luego resucitarán para ser juzgados.

Jesús viene para conquistar en fidelidad y verdad. Su mismo nombre, mencionado en el verso 11, lo declara. El no vendrá para desquitarse; vendrá para castigar toda la maldad y el pecado humano. Ese pecado está en cada uno de nosotros. Si nosotros no hemos aceptado su oferta de perdón, tendremos que responder por cada cosa mala que hayamos hecho. Será horrible para la persona que no conoce a Cristo estar vivo en ese momento.

Ahora bien, puede ser que la imagen de Jesucristo que te presenta este pasaje no cuadra con la idea que tú tienes de El. Quizás tú te lo imaginas como un hombre gentil, amoroso, servidor. Posiblemente hasta lo veas un poco débil.

Te diré que, si tan sólo leyeras los evangelios con cuidado, te darías cuenta de que El no es así. Es un hombre de verdad, más hombre que cualquiera de nosotros, un hombre fuerte y sensible a la vez. Sin embargo, es un hombre que puede ser un buen Amigo, un buen Maestro, un buen Rey.

Cómo lo conoces depende totalmente de tu respuesta a El. Puedes conocerlo como aquel que te transforma, que te salva, que te renueva y te lleva a un lugar mejor, o puedes conocerlo como el guerrero que te destruirá. Si tú te acercas a El con arrepentimiento, si le entregas tu vida y buscas su ayuda para vivir como El quiere, no tendrás que conocerlo como lo describe este pasaje.

El te ama, y no quiere que tú sufras este destino. Sin embargo, el amor no obliga. Si obliga, ya no es amor sino violación. Por eso, El te invita a recibir su salvación. Si tú la rechazas, sin embargo, le dejas sin alternativa.

Conclusión

La vida no es un ciclo interminable de repeticiones. Vamos hacia un desenlace final. La historia de este mundo tiene un propósito. Tu vida tiene un propósito y un destino. Ahora te pregunto: ¿dónde estarás en aquel día, si estás vivo?

Pongamos las cosas en claro. Podrás estar detrás de la espada de Cristo, formando parte de su ejército celestial. O podrás estar delante de su espada, exponiéndote a su castigo y a la destrucción de todos los enemigos de Dios. De ti depende dónde estarás.


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