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Domingo 4 de Marzo del 2007

La restauración de todas las cosas
Pastor Tony Hancock

Introducción

El predicador Carlos Swindoll comparte lo siguiente. Algunos años atrás, un hombre airado corrió por el Museo Rijks en Amsterdam hasta llegar al famoso cuadro "Vigilia nocturna", de Rembrandt. Sacando una navaja, empezó a rajarlo hasta que los guardias lo detuvieron.

Poco tiempo después, un hombre angustiado y hostil se metió a la catedral de San Pedro en Roma con un martillo y empezó a hacer añicos la bella escultura de Miguel Angel llamada "Pietá". Las dos bellas obras de arte fueron severamente dañadas.

¿Qué hicieron los oficiales con estas obras? ¿Las tiraron a la basura, olvidándose de ellas? ¡Claro que no! Usando los mejores expertos, sin escatimar ningún gasto, hicieron todo lo posible para restaurar estos tesoros.

Dios también creó una bella obra de arte, más espectacular que cualquier creación de los hombres. De hecho, lo mejor del arte humana sirve solamente para señalar hacia el arte de Dios. Sin embargo, esta bella obra de Dios también fue terriblemente dañada por un ser malévolo y cruel.

Dios tampoco destruyó su bella obra de arte. Aunque fue profundamente dañada, El está obrando para restaurarla. El plan de Dios incluye la restauración de todas las cosas. Entre esas cosas que El está trabajando para restaurar están la vida tuya y la mía.

Hoy veremos en visión la restauración de todas las cosas.

Lectura: Apocalipsis 19:1-10

19:1 Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro;
19:2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
19:3 Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.
19:4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!
19:5 Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.
19:6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!
19:7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.
19:8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.
19:9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
19:10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.

En la Biblia hay una línea de redención, como un río creciente de restauración. En esta visión de Juan, vemos retratada la culminación de ese plan que empieza en el jardín del Edén, cuando Dios promete aplastar la cabeza de la serpiente mediante la descendencia de la mujer.

Esa línea de redención llega a un crescendo, un primer momento de gran expresión, en el momento en que Dios libera a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Por su gran poder, Dios quitó a su pueblo de las garras del imperio más poderoso de aquel tiempo.

Cada año, el pueblo judío hacía memoria de ese evento de liberación en la celebración de la Pascua. Con el transcurso de los siglos se escribieron varios salmos que se cantaban como parte de la celebración de la Pascua. De hecho, cuando leemos en Mateo que Jesús y sus discípulos cantaron un himno al final de la Santa Cena, es una referencia a estos salmos - los Salmos 113-118. La Santa Cena de Jesús fue, después de todo, una celebración de la Pascua judía.

La Pascua señalaba hacia la redención que el gran Cordero pascual, Jesucristo, realizaría por medio de su sacrificio en la cruz. Su sangre aplicada a nuestros corazones trae liberación, así como la sangre de los corderos trajo libertad y salvación a los judíos.

La línea de la redención corre a través de la Pascua, pero encuentra su más plena expresión en Jesús. No se ha terminado el plan, sin embargo. Habrá una culminación cuando la redención será completa. Las alabanzas que se registran en este pasaje dan eco a los salmos de la Pascua, conectando los puntos en la línea de la redención.

Hemos llegado, entonces, al desenlace final. Hemos llegado al cumplimiento del plan de Dios para restaurar a su creación caída. Consideremos ahora las cosas que forman parte de esta restauración.

I. Dios destruirá a la prostituta que nos había seducido

En el justo juicio de Dios, El destruye el sistema maligno y satánico que actualmente aprisiona a toda la humanidad. ¡Este es motivo de gran celebración! ¿Recuerdan, años atrás, cuando cayó el muro de Berlín? Se veía gente bailando en las calles, besándose, agarrando pedazos de la muralla para llevarse de recuerdo.

¡Fue una celebración espontánea que envolvió a la ciudad entera! La ciudad había sido liberada de la opresión que representaba aquella pared, y todos celebraron. ¡Cuánto más grande será la celebración de los redimidos del Señor, al ver que toda la opresión, toda la maldad, todo aquel sistema corrupto y pecaminoso ha sido destruido!

Vimos la semana pasada cómo se lamentarán los que se han asociado con la prostituta, pues llegarán a su fin todo el lujo y toda la riqueza asociados con ella. Los que se han unido a Cristo, en cambio, regocijarán. Será un día de celebración, porque por fin seremos libres de la prostitución espiritual que representa la gran ciudad.

Esta destrucción será completa. El verso 3 comenta que "el humo de ella sube por los siglos de los siglos". Es un eco de Isaías 34:10, un juicio sobre la Babilonia antigua que había hostigado a los judíos. Allí leemos: "Ni de día ni de noche se extinguirá, y su humo subirá por siempre. Quedará desolada por todas las generaciones; nunca más transitará nadie por ella". Hasta el día de hoy la ciudad de Babilonia queda en ruinas.

Ayer estuvimos quemando maleza afuera de la Iglesia. Las ramas pequeñas con sus hojas prendieron fuego rápidamente, y rápidamente se terminaron de quemar. Algunos de los troncos grandes demoraron más en prenderse, pero cuando por fin se prendieron, su fuego duró largo rato. Era de esperar que, al llegar esta mañana, aún subiera humo de algunos de ellos.

Esos troncos humeantes jamás volverán a brotar. Habiéndose quemado, con su humo ascendiendo al cielo, están completamente destruidos. De igual forma, el sistema mundano de prostitución espiritual que tiene su expresión en las grandes urbes será completamente destruido.

Con todo su lujo, con todo su esplendor, con todas sus maravillas pasará al olvido. Te pregunto: ¿de veras quieres invertir tu vida en algo tan efímero? ¿De veras quieres vivir para algo con tan poco futuro? Hay una mejor opción. Puedes pertenecer a un grupo selecto, porque

II. Dios está redimiendo para sí a un pueblo preparado

Es una gran bendición recibir una invitación al evento que se menciona en el verso 7, la cena matrimonial del Hijo de Dios. Como dice el ángel: "¡Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero! " (v. 9).

Jesús contó una historia acerca de algunas personas que fueron invitadas a la cena de bodas del hijo de un rey. Era un privilegio enorme recibir esta invitación, pero todos estuvieron muy ocupados con otras cosas - y ninguno llegó. Uno estaba ocupado con sus negocios, otro con su terreno, otro con su esposa, y ninguno de ellos respondió a la invitación.

Como resultado, el rey extendió la invitación a otros, que sí supieron responder en la afirmativa. Dios va a llenar la cena de bodas de su hijo con personas que gozarán de las más ricas bendiciones que se pudieran imaginar. De esto no cabe duda. Como dice el ángel: "Estas son las palabras verdaderas de Dios".

La pregunta es ésta: ¿cómo responderemos a la invitación? ¿Nos encontraremos entre los que se quedan afuera, o los que participan de toda la grandeza de esa boda? La invitación está abierta, pero para ser un convidado, tienes que aceptarla. De otra forma, te encontrarás excluido.

Ahora bien, si has aceptado esa invitación, ahora se te dice lo que debes de estar haciendo. Debes de estarte vistiendo para esa celebración. Leía recientemente que muchas mujeres demoran hasta cuatro horas en alistarse para salir a una cita, sobre todo con un hombre que les interesa.

Los hombres tenemos la ventaja de no estar bajo tanta presión para vernos bien, pero me pregunto: si nos esforzamos tanto para vernos bien por algunas pocas horas, ¿cuánto más deberíamos de estarnos preparando para la cena de bodas del Cordero? ¡Esta sí será la fiesta más grande de todas las edades!

Debemos de preparar nuestro vestido con buenas obras. Aquí cambia un poco la comparación, porque no somos solamente convidados, sino que formamos parte de la novia también. La novia es la Iglesia, la esposa de Cristo. Su vestimenta - la que nos debemos de poner en preparación - se explica en el verso 8. Esa ropa fina son las obras justas que hacemos para el Señor.

Es interesante considerar la diferencia entre esta ropa y la vestimenta de la prostituta Babilonia, lujosa y bella por cierto, pero presuntuosa y cursi también. Las obras de quienes siguen a la prostituta son egoístas y desagradables a Dios. ¿Cómo te estás vistiendo tú?

Notamos algo fascinante. Consideren estas dos frases: "Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente". ¿Se dan cuenta? Nosotros tenemos la responsabilidad de prepararnos, pero las buenas obras que hacemos no las hacemos por nuestra propia cuenta. Dios nos la da.

En nosotros, en nuestra carne, no mora bien alguno. Tenemos que recibir esa justicia que nos viene por medio de Cristo, y en esa justicia vivimos. No nos ganamos el cielo con las buenas obras; las recibimos de Dios. Sin embargo, fuimos creados para hacerlas, y con ellas nos preparamos para la cena de bodas.

Si queremos estar totalmente preparados, tenemos que reconocer que

III. Dios llama a su pueblo a la verdadera adoración

¿Vieron esto? Aun el apóstol Juan, un profeta y discípulo de Jesús, cayó en la idolatría queriendo adorar al ángel. Es una tentación constante para quienes se están acercando a Dios querer adorar a sus mensajeros en lugar de a El. Tenemos que cuidarnos siempre de adorar a los mensajeros de Dios, en lugar de adorar a Dios.

Aprendemos algo aquí también acerca de Jesús. Cuando Jesús fue adorado, cuando la gente se postraba ante El, El recibió la adoración. El sí la merecía. El, siendo Dios, pudo ser adorado. El ángel no; Jesús sí, y a El debemos de adorar. Así podemos ser parte del pueblo redimido y restaurado.

Conclusión

En una mansión escocesa se derramó un jarro de agua sobre la pared, dejando una mancha sobre la pintura. Un famoso pintor que fue huésped de la familia se quedó en casa un día, y se encargó de hacer algo con la mancha. En lugar de taparla, cosa que sería imposible, la convirtió en el centro de un bello cuadro representando una catarata.

Así también, Dios está tomando el desastre que hemos hecho de este mundo y está obrando para su restauración. Un día, todas las cosas serán restauradas. Podemos ser parte de esa restauración, uniéndonos al pueblo redimido del Cordero; o podemos quedarnos fascinados por las luces y la acción de este mundo. La decisión está en nosotros.

De la forma en que Dios está obrando para restaurar este mundo, El también quiere restaurar tu vida. No importa lo que hayas hecho o dónde estés, El te ama y es experto en reparaciones. Ven a El hoy, e invítale a restaurar lo que el enemigo ha destruido en ti.


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